El Opus, el obispo y las "intrigas mafiosas": lo que se juega León XIV en la diócesis de Barbastro-Monzón
La disputa en torno al santuario de Torreciudad entre la Obra y el obispo, a quien el difunto Francisco le pidió no ceder, puede suponer la primera prueba de fuego del nuevo Papa
Vista del santuario de Torreciudad. (EFE/Manolo Garrido)
"Ángel, no cedás". Así, en una nota manuscrita, le pidió en 2023 el fallecido papa Francisco al obispo de la pequeña diócesis oscense de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, que no diese marcha atrás en el litigio que mantenía con el Opus Dei a cuenta del estatuto que rige el emblemático santuario de Torreciudad. Es la otra gran obra querida e impulsada por el fundador Josemaría Escrivá de Balaguer, pero nunca la pudo inaugurar porque falleció apenas dos semanas antes del 7 de julio de 1975.
Es un litigio que comenzó hace cinco años, que llegó hasta los juzgados civiles, que obligó al Vaticano a nombrar a un comisario para que dictase una resolución que se espera en breve y que, por momentos, parecía que iba a acabar con una nueva y sonora humillación para la Obra, la poderosa institución eclesial creada por aquel sacerdote nacido en Barbastro. El Opus alcanzó su cénit durante el pontificado de Juan Pablo II, quien la convirtió en la única prelatura personal existente en la Iglesia católica. Wojtyla canonizó a Escrivá en un proceso que a no pocos se les antojó meteórico –para los tiempos de la Iglesia–, mientras que Bergoglio apenas podía disimular que tenía enfilada a la Obra.
Por eso, la resolución de este entuerto –que ahora parece inclinarse de manera más favorable para el Opus Dei, si se escucha bien la homilía que Pérez Pueyo pronunció emocionado en la misa de la patrona de Barbastro, el lunes pasado– va a suponer, en realidad, la primera prueba de esfuerzo para testar la capacidad de liderazgo del nuevo papa León.
Tal vez no sea muy consciente Robert F. Prevost de que está algo más en juego que la dignidad de un obispo que decidió plantarse ante el Opus Dei cuando este ofreció en 2020 renovar los estatutos del complejo de Torreciudad. Entonces, Pérez Pueyo quiso aprovechar para que se actualizasen otras cuestiones jurídicas, canónicas y pastorales, además de unas cuotas irrisorias de hace medio siglo (poco más de 19 euros en la actualidad) para un enclave religioso que recibió en 2024 a 185.000 personas y generó unos ingresos de 1.677.646 euros.
¿Desautorizar al papa Francisco?
Podría estar en juego también la desautorización al papa Francisco, que apoyó en esta causa al obispo de Barbastro. Por eso Pérez Pueyo, utilizando la figura bíblica de Eleazar, advirtió en esa misa que tampoco él se plegaría ante "presiones para aceptar lo que no puedo aceptar", lo que se ha interpretado como un aviso de su posible renuncia, y desveló, en lo que parecía una salida a la desesperada, lo que Francisco le había confiado al respecto de este asunto en varias ocasiones.
"Desde hace ya cinco años venimos pidiendo, casi suplicando, que se respete la dignidad de nuestro pueblo: humilde y pequeño, sí, pero con una dignidad gigante", comenzó diciendo el obispo. "El papa Francisco acogió esta súplica durante la visita ad Limina, en diciembre de 2021, y se interesó e hizo suyo el sentir de nuestro pueblo, que se vio reflejado en una carta suya manuscrita en 2023 con una indicación clara a vuestro obispo con su particular acento argentino: 'Ángel, no cedás', para que llevara de vuelta a nuestra Madre a su ermita originaria [desde el templo de Torreciudad, donde se encuentra ahora]. Posteriormente, en audiencia pública en la plaza de San Pedro, el 18 de septiembre de 2024, siete meses antes de su fallecimiento, me expresó de manera clara y directa al saludarme: 'Ángel, ¿bajaron ya la Virgen?". Con esas palabras, el papa Francisco se refería a una talla de la Virgen custodiada en la ermita en torno a la cual se construyó el santuario, pero que el Opus trasladó al nuevo recinto una vez construido.
Pero no acabaron ahí las confidencias a los atónitos asistentes a la misa que le había hecho el papa Bergoglio al obispo aragonés. "Os confieso que este reclamo de nuestra dignidad no ha sido fácil. Tampoco lo ha sido alzar la voz para defender que nuestro pueblo no se merece menos. El mismo papa Francisco me advirtió, en una carta manuscrita fechada el 13 de octubre de 2024, que tuviera cuidado con las ‘intrigas mafiosas que están en curso’ en torno a este asunto".
Pero hubo más. Faltaba el símil con Eleazar, el órdago del obispo que a lo largo de estos cinco años ha demostrado que no se arredra, pero que ahora ya sabe que no son los tiempos de Francisco, en quien tenía un aliado para esta causa. "Gustosamente vengo luchando hasta la extenuación en defensa de nuestro pueblo, de su dignidad, de su devoción y religiosidad popular, sin importarme ningún sacrificio. Por eso, si me viera obligado, como pastor repetiría las mismas palabras del anciano Eleazar, ante las presiones para aceptar lo que no puedo aceptar: que no puedo hacerlo ‘sin atraer mancha y deshonra a mi vejez’ que pueda servir de mal ejemplo a mis feligreses".
Pérez Pueyo dejaba ahora la pelota en el tejado del Vaticano, implicando directamente a León XIV, por quien esperaba ser recibido oficialmente en una audiencia privada. A estas alturas sólo consta entre ambos un saludo informal el pasado 30 de mayo, al final de una audiencia general del nuevo Papa, en donde los obispos presentes se acercan unos segundos a saludarlo. A quien sí recibió el sucesor de Francisco fue a la cúpula del Opus Dei seis días después de su elección pontificia, el 8 de mayo. "Fue un encuentro breve, en el que el Papa manifestó su cercanía y su cariño. El Santo Padre, entre otras cosas, preguntó por el actual estudio de los Estatutos de la Prelatura. León XIV escuchó con mucho interés las explicaciones que se le dieron", señaló la Obra en un comunicado, con evidentes signos de satisfacción por una audiencia en la que, se apunta, había "un ambiente familiar de confianza".
¿Cambio de cromos con Torreciudad?
Ni una palabra en ese comunicado del Opus Dei sobre la cuestión de Torreciudad. Pero tampoco desde el Vaticano, que se limitó a informar de que se había producido ese encuentro. Quizás porque, efectivamente, la suerte sobre el santuario está echada y el Papa agustino, que parece tener como seña de identidad en estos primeros compases la del mantenimiento de la unidad en la Iglesia tras las tensiones vividas con los sectores más conservadores durante el pontificado de Bergoglio, prefiera centrarse en lo que se considera más ‘sustancial’.
¿Y cuál es el ‘sapo’ más gordo que ha dejado Francisco encima de la mesa con respecto al Opus Dei? ¿La gestión de un templo convertido en lugar de peregrinación internacional de los miembros del Opus o los nuevos estatutos que el Papa argentino les pidió ya en 2022?
Aquel año, y el siguiente, Bergoglio sometió a la Obra a una severa cura de humildad, con disposiciones que les quitaban privilegios como que su prelado pudiese ser obispo, y sacando por tanto su control del Dicasterio para los Obispos y trasvasándolo al del Clero, algo que supuso un gran golpe de efecto, dado que, de los 93.000 miembros de la entidad, apenas 2.000 son curas… ¿Qué pasará con los otros 90.000? ¿Cómo se estructurará su adhesión a la institución? ¿De qué organismo vaticano dependerán? ¿Perdería el Opus su control?... En estas estaba la Obra, preparando unos borradores de estatutos que se iban atragantando, cuando el pasado 21 de abril falleció Francisco.
Mientras tanto, a los pies de los Pirineos, el obispo iba viendo que, quizás, no había medido bien sus fuerzas y pidió la ayuda de Francisco, una manera de involucrar directamente a la Santa Sede. Imposible pensar en hacer frente desde las oficinas diocesanas al entramado legal del Opus, cuna y criadero de destacadas firmas de bufetes en todo el mundo. Y Bergoglio nombró a un comisario pontificio "plenipotenciario" el pasado 9 de octubre, es decir, cuatro días antes de confesarle al obispo "las intrigas mafiosas en torno a este asunto". Alejandro Arellano sería desde entonces el encargado de encontrar solución a "las diferencias con la Prelatura del Opus Dei sobre la regularización jurídica, canónica y pastoral del complejo de Torreciudad", informó el Vaticano.
Solución intermedia… que no cuaja
Dos meses después de enterrado Francisco en la basílica de Santa Maria Maggiore se filtra lo que se presentó como principio de acuerdo entre las partes, a falta de cerrar flecos. Una solución intermedia, que reconocía un tanto la autoridad del obispo sobre el santuario, entre otras cosas, en cuanto que él nombraría al rector, pero de una terna propuesta por el Opus; también se sacaría dos veces al año en procesión la imagen de la Virgen –una talla románica que desde hacía más de mil años se veneraba en una ermita cercana, a donde los padres de Escrivá lo llevaron de niño tras curarse de una grave enfermedad–; y se incrementaría la dotación económica que la Obra pasaría a la diócesis, aunque nada trascendió de si eran los 600.000 euros que se filtró que reclamaba el obispo, lo que fue negado desde la diócesis.
Pero algo se acabó de romper entonces y el obispo optó por pedir que Torreciudad "sea reconocido y erigido canónicamente como Santuario Internacional, bajo la dependencia directa de la Santa Sede" y que, "como dependiente de la Santa Sede, sea esta quien audite y apruebe sus cuentas, así como las de las sociedades y fundaciones en torno al complejo, renunciando la diócesis a cualquier beneficio o remuneración por parte de ellas". A lo único que no renunciaba Ángel Pérez Pueyo era a la imagen de la Virgen, que pedía que fuera devuelta a la antigua ermita, así como a la pila bautismal de la catedral de Barbastro, donde fue bautizado Escrivá de Balaguer y que hoy se encuentra en la Casa General de la Prelatura del Opus Dei en Roma.
Era el 1 de julio. Casi dos meses y medio después, en las fiestas patronales de Barbastro, el obispo lanzó, por boca del difunto Francisco, lo de las "intrigas mafiosas", una bomba que ha resonado en el Vaticano con estrépito y que hará que, finalmente, la solución que traiga bajo el brazo el comisario pontificio vaya a ser interpretada, si la balanza se inclina demasiado hacia el lado de la Obra, como una cesión del nuevo Papa a los ‘hijos e hijas’ de san Josemaría. Pero el obispo hizo algo más: enmarcó ahora el tema en cuestiones muy sensibles a los fieles: la propiedad de la imagen de la Virgen y de la pila bautismal. Son de la diócesis, no del Opus. El patrimonio religioso de un pueblo, parte de sus señas de identidad. Palabras mayores. Y no todos quedarán contentos.
¿Seguirá el modelo de Chiclayo?
Quizás para saber, en definitiva, cómo acabará jugando sus propias cartas León XIV en esta partida que va más allá del complejo de Torreciudad y afecta a la misma esencia del Opus tras los cambios decretados por Francisco, haya que ver cómo afrontó su llegada como obispo en 2015 a la diócesis peruana de Chiclayo, fundada en 1956 y cuyos tres predecesores suyos pertenecían a la Obra, después de que el papa Wojtyla hiciese del país andino su laboratorio para la ‘contrarreforma’ a la Teología de la Liberación, que había nacido allí.
Irene Hdez. Velasco. RomaGráficos: Unidad de Datos
Llegaba el agustino Prevost hablando del Vaticano II, de sinodalidad, de corresponsabilidad… y pasó tres años malos, según las fuentes consultadas. Pero supo aglutinar efectivos y, siguiendo la máxima de San Agustín de "en lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad", consiguió ir sustituyendo un modelo eclesial por otro, lo que no le impidió, al año de su canonización, permitir que en la catedral de Chiclayo se colgase un retrato de Escrivá de Balaguer o presidir alguna misa en la catedral en memoria de san Josemaría.
"Ángel, no cedás". Así, en una nota manuscrita, le pidió en 2023 el fallecido papa Francisco al obispo de la pequeña diócesis oscense de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, que no diese marcha atrás en el litigio que mantenía con el Opus Dei a cuenta del estatuto que rige el emblemático santuario de Torreciudad. Es la otra gran obra querida e impulsada por el fundador Josemaría Escrivá de Balaguer, pero nunca la pudo inaugurar porque falleció apenas dos semanas antes del 7 de julio de 1975.