El Zaguán
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Votar con acento
El nuevo proyecto liderado por el alcalde de La Línea reedita una pregunta clave: ¿Tiene Andalucía un espacio político propio?
Hace dos años, en vísperas de las últimas elecciones generales, nos preguntábamos en este mismo Zaguán si había un voto andaluz. Planteábamos la incógnita de si la ausencia de 20 años de representación de un partido con sentimiento andalucista en el Congreso de los Diputados se debía a la falta de demanda o más bien a la ausencia de una oferta válida. Con el anuncio del alcalde de La Línea, José Juan Franco, de que su partido Unidos 100x100 concurrirá a las próximas elecciones autonómicas, como contaba el compañero Carlos Rocha, la cuestión vuelve a cobrar actualidad. ¿Tiene Andalucía un espacio político propio, diferenciado de los grandes partidos estatales?
Los datos nos dicen que no, porque hace 10 años que el Partido Andaluzista se disolvió y todos los intentos posteriores que ha habido por agarrar la bandera que dejaron libre, desde Compromiso por Andalucía hasta Andalucía Por Sí o el Adelante Andalucía liderado por Teresa Rodríguez, no han tenido demasiado éxito. Pero algo dice que sí, como el hartazgo porque la comunidad más grande y poblada de España no sea capaz de hacer escuchar su voz en Madrid o la envidia de observar cómo otras formaciones nacionalistas, regionalistas o provinciales obtienen prebendas para sus comunidades por convertirse en indispensables para la gobernabilidad dentro de un panorama muy fragmentado.
El extinto Partido Andalucista tuvo su auge por un sentimiento reivindicativo nacido para reclamar la autonomía plena y no ser considerada menos que las "comunidades históricas" y creció gracias al tirón personalista de líderes como Alejandro Rojas-Marcos, Luis Uruñuela o Pedro Pacheco. Y precisamente por el roce entre esas fuertes personalidades comenzó a desgastarse, por aquello de los diferentes gallos en el mismo corral.
A ese mismo efecto personalista apela ahora el proyecto de José Juan Franco, alcalde de La Línea de la Concepción desde 2019 y el primer edil más votado de toda España, con el 75% del apoyo. En principio solo tiene previsto presentar una lista por la provincia de Cádiz, aunque ya hay contactos para trasladar la idea a otras provincias, y apuesta más por la gestión que por los principios, hasta llegar a afirmar que su ideología es "la de las calles limpias y los pasos de cebra pintados". Su reclamo es su figura de persona sencilla, no de político al uso, más allá de izquierdas o derechas.
En su Ayuntamiento ha condenado al PSOE y al PP a la irrelevancia (dos y un concejales, respectivamente) y hasta bromea con ser "el único Franco al que no vota Vox". Presume de no hacer promesas en falso a sus vecinos y de hablar siempre con la verdad por delante, aunque sea para decirles algo que no les guste. Con su estilo sencillo, ha protagonizado episodios virales a nivel nacional, como en aquella ocasión en que un edil socialista le reclamó en un Pleno que se habilitara un aparcamiento porque había tenido que aparcar muy lejos. "Tiene usted un parking por 2,80 euros debajo del Ayuntamiento, las dietas que se pagan por asistencia pueden ser para eso o para comerse un bollo, lo que usted prefiera".
Es indudable que una personalidad así conquista a sus paisanos en las distancias cortas, como lo atestiguan sus resultados en las elecciones municipales, pero la incógnita es saber si con el tiempo podrá seducir también a un electorado mucho más amplio. Y si su figura es lo suficientemente atractiva para representar a ese sentimiento andalucista en todo el territorio, más aún en una comunidad con tantos recelos, e incluso rencillas y animadversiones, entre algunas de sus provincias.
Sí resulta evidente que, al menos entre las generaciones más jóvenes, existe un auge del orgullo andaluz. Las causas pueden ser múltiples, desde una reapropiación cultural frente a los estereotipos y los clichés hasta una rebeldía ante la precariedad y la desigualdad socioeconómica, pasando por una relectura histórica de símbolos, desde Blas Infante hasta Federico García Lorca, Camarón de la Isla o Lola Flores. En resumen, un sentimiento que combina orgullo cultural y reivindicación social, amplificado por las redes sociales y por referentes musicales o culturales que lo han puesto en el centro de la conversación.
Tras la caída del Partido Andalucista, el PSOE supo apropiarse de ese espíritu andalucista y de sus símbolos, desactivando la posibilidad de alternativas durante su larguísimo gobierno. Una habilidad que después también ha sabido tener Juanma Moreno desde que llegó a San Telmo, incluso impulsando la celebración del Día de la Bandera de Andalucía el 4 de diciembre y organizando actos con Alejandro Rojas-Marcos, gran referente del andalucismo.
Por eso, la gran incógnita a desvelar es si basta el sentimiento andalucista para sustentar un partido que obtenga un respaldo importante. Todo hace indicar que no, que a un proyecto ambicioso hay que unirle otros ingredientes fundamentales, como un líder de referencia con tirón y reconocimiento y la capacidad para aglutinar esa voluntad de que la voz de Andalucía se escuche en foros nacionales, más allá de ideologías.
En un popular anuncio de Cruzcampo, la imagen de Lola Flores presumía de sus raíces. "¿Tú sabes por qué a mí se me entendió en todo el mundo? Por el acento. Acento es que se te vean las costuras y los dobladillos, que se te escuche hasta el hipo. Da igual si eres de la Cochinchina o de la Línea de la Concepción...". Precisamente en La Línea tiene su epicentro este incipiente movimiento andalucista, a ver qué impacto tiene.
Hace dos años, en vísperas de las últimas elecciones generales, nos preguntábamos en este mismo Zaguán si había un voto andaluz. Planteábamos la incógnita de si la ausencia de 20 años de representación de un partido con sentimiento andalucista en el Congreso de los Diputados se debía a la falta de demanda o más bien a la ausencia de una oferta válida. Con el anuncio del alcalde de La Línea, José Juan Franco, de que su partido Unidos 100x100 concurrirá a las próximas elecciones autonómicas, como contaba el compañero Carlos Rocha, la cuestión vuelve a cobrar actualidad. ¿Tiene Andalucía un espacio político propio, diferenciado de los grandes partidos estatales?