El Zaguán
Por
¿Una nueva mayoría absoluta en Andalucía? Como conducir por Londres
La principal inquietud en el Gobierno de Juanma Moreno es la gran penetración de los mensajes populistas de Vox entre los jóvenes
Tras convocar el Congreso Regional del PP andaluz para noviembre, escuchar a Pedro Sánchez decirle en Málaga que Vox saldrá a su rescate, comprobar cómo los de la ultraderecha siguen creciendo en los sondeos y con la cuenta atrás electoral ya activada, incluso con fecha fijada para las urnas en Castilla y León, Juanma Moreno sabe que tendrá que acostumbrarse a mirar más a su derecha que a su izquierda, como si estuviera conduciendo por Londres. La posibilidad de bajar de los 55 escaños, que le volverían a dar cuatro años de placidez, pasa más por los votos que le puedan robar a su diestra que a su izquierda y el ambiente en la política nacional, que siempre crea una marea cuyos efectos se notan "en las provincias", alienta esa preocupación.
Llega hasta tal punto en San Telmo la inquietud con la penetración que tienen los mensajes populistas en ciertos sectores, especialmente entre la población joven, que incluso alguien ha compartido confidencialmente con algún compañero del Consejo de Gobierno que entre los miembros de la pandilla de su hijo adolescente el comentario habitual es que votarán a Vox… y que no se atreve a descartar que él mismo lo haga.
La tremenda polarización que algunos alientan en la política nacional, hasta el punto de influir con una ridícula crudeza en una competición ciclista o en un certamen de música, crea un caldo de cultivo ideal para que germinen mensajes breves y demagógicos que pretenden simplificar la solución a problemas complejos, aprovechando el altavoz de plataformas donde se consumen noticias y entretenimiento, al albur del jodido algoritmo.
Ese tipo de relatos simples, a base de vídeos cortos, memes y lemas que convertir en hashtags o en canciones vergonzosas que corear en fiestas o conciertos, consigue captar la atención de personas desencantadas con la clase política, desalentadas por la falta de oportunidades laborales o económicas, de aquellas que quieren optar por un voto gamberro de castigo o de quienes desean buscar culpables de por qué no tienen la vida que creen que merecen mirando hacia abajo en lugar de hacia arriba.
El crecimiento de Vox entre los jóvenes refleja, por lo tanto, un cruce de factores económicos, culturales, de desconfianza institucional y de dinámicas de grupo basadas en el mimetismo o la rebeldía. El último CIS advierte de que el 25,1% de los jóvenes entre los 18 y los 24 años piensa votar al partido de Santiago Abascal. Y no es que sus sondeos puedan tomarse como el evangelio, vistos algunos precedentes, y seguro que hay algo de cocina para alentar ese cuento de Pedro de que viene el lobo, pero basta con relacionarse mínimamente con chavales de esa edad para saber que, lamentablemente, hay buena parte de verdad en ese porcentaje.
Ante esta realidad, hay quien se dedica a magnificar aún más su relevancia para postularse como única salvación posible, quien juega a disfrazarse de Vox sin caer en la cuenta de que, entre el original y la copia, el votante siempre escoge el original y quien trata de desactivarlos mostrando sus carencias y contradicciones. Porque no se le combate jugando a ser modernos, creando cuentas de TikTok con la misma gracia del señor Burns disfrazado de Jimbo con camiseta y gorro de lana; ni recurriendo a sus mismos argumentos pero cambiados radicalmente (nunca mejor dicho) de acera. Si el fascismo se cura leyendo, y el racismo, viajando; el mejor remedio contra la ultraderecha es demostrar la vacuidad de su discurso.
Opinión Eso es lo que logró Juanma Moreno con una enorme habilidad en su primer mandato, a pesar de que dependía del apoyo externo de Vox y de que debía hacer equilibrismo parlamentario entre este y su socio Ciudadanos. Y tanto lo consiguió que lo redujo a la insignificancia hasta alcanzar una aplastante mayoría absoluta. Y así lo ha seguido haciendo en lo que a él respecta en este mandato cercano a expirar, puesto que el crecimiento detectado responde más a los efectos de la ola nacional que a una brillante labor en Andalucía.
Además, debería estar lastrado por la extraña paradoja de para qué votar a un partido que está más cómodo en la oposición que en el Gobierno, porque para destruir bastan las consignas, pero para construir son necesarias las ideas. Por eso rompió los pactos autonómicos con la peregrina excusa de la acogida de los menores inmigrantes.
Las costuras se le ven en cuanto están lejos de la comodidad de los vídeos en las redes sociales, los argumentos de brocha gorda, la difusión de fake news y los mítines con un tono tan enfebrecido que hacen recordar aquello que decía Woody Allen de que cada vez que escuchaba más de media hora a Wagner le entraban ganas de invadir Polonia.
Opinión Se apreció con toda su crudeza ayer en la entrevista a su portavoz en Andalucía, Manuel Gavira, en Canal Sur Televisión, cuando defendió que su popularidad entre los jóvenes se debía principalmente a que "les seduce que lo que queremos en Vox sea solo su bienestar". "Pero eso lo quieren todos los partidos, ¿no?", le respondió la presentadora de Despierta Andalucía. Y ahí Gavira tiró de manual, "no, los demás no, porque priorizan las ayudas a los inmigrantes ilegales y a los menas". Ante la sorpresa de su interlocutora, añadió que "eso está en la Ley Andaluza del Menor". Y entonces, Silvia Sanz sentenció de manera brillante, sin necesidad de quitarse jamás el traje de entrevistadora para ponerse el de opinadora, como le ocurre a otras caras televisivas de la mañana: "La próxima vez, me viene con datos".
Tras convocar el Congreso Regional del PP andaluz para noviembre, escuchar a Pedro Sánchez decirle en Málaga que Vox saldrá a su rescate, comprobar cómo los de la ultraderecha siguen creciendo en los sondeos y con la cuenta atrás electoral ya activada, incluso con fecha fijada para las urnas en Castilla y León, Juanma Moreno sabe que tendrá que acostumbrarse a mirar más a su derecha que a su izquierda, como si estuviera conduciendo por Londres. La posibilidad de bajar de los 55 escaños, que le volverían a dar cuatro años de placidez, pasa más por los votos que le puedan robar a su diestra que a su izquierda y el ambiente en la política nacional, que siempre crea una marea cuyos efectos se notan "en las provincias", alienta esa preocupación.