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Juanma Moreno y la ceja de Ivan Drago
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Fernando Matres

El Zaguán

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Juanma Moreno y la ceja de Ivan Drago

Al presidente de la Junta le llegan los disgustos más por algún colectivo ciudadano enfadado que por la acción directa de una oposición débil

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, abandonó el pasado día 10 el salón de plenos durante la sesión de control en el Parlamento andaluz
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, abandonó el pasado día 10 el salón de plenos durante la sesión de control en el Parlamento andaluz
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Hace una semana, Juanma Moreno abandonaba la sesión de control en el Parlamento de Andalucía dejando una pregunta a medio responder como acto de protesta ante "el bochornoso espectáculo" de un PSOE al que acusó de reventar premeditadamente el debate. Que no acabara de contestar carecía de importancia, porque era un tema planteado por el propio portavoz popular, una de esas cuestiones pactadas que los partidos que gobiernan utilizan para el lucimiento personal, por lo que deberían iniciar cada intervención con el clásico "me alegra que me haga esa pregunta". Pero la imagen en sí tenía una fuerza simbólica, con el presidente marchándose del pleno con el paso acelerado entre el griterío de la oposición.

No fue un día especialmente agradable para Moreno, al margen de su estudiada sobreactuación, que consiguió convertir su ofendida espantada en la noticia, en lugar de la fiscalización de sus adversarios. Y no lo fue porque con los alterados gritos y reproches de los socialistas ya contaba, forman parte del espectáculo de la política de la hora, pero seguro que no esperaba tener que escuchar sucesivamente las críticas de mujeres de un barrio de Sevilla pidiendo más pediatras, vecinos de Cazorla exigiendo un centro de salud, un grupo de enfermeras reclamando que se actualice la bolsa de empleo y los sindicatos sanitarios protestando contra los recursos de la planificación veraniega del Servicio Andaluz de Salud. De todo y por su orden.

Poco acostumbrado a generar rechazo en lo que convenimos en llamar "la calle", más habituado a cosechar aplausos y coleccionar besos de mujeres y niños que a escuchar recriminaciones, el presidente andaluz debió acusar el golpe. Más por lo inesperado que por lo importante. No es que su privilegiada situación en los sondeos se resienta, ni mucho menos, ni que ni al más pesimista de los peperos se le pase siquiera por la cabeza que la mayoría corre peligro a día de hoy, pero…

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Son solo detalles, pero expresan una cosmovisión, Julio Cortázar dixit. Un gesto, como el del esclavo que susurra "memento mori" (recuerda que eres mortal) al oído del general romano que desfila victorioso en su cuadriga para que no cometa el error de creerse un dios. Como, disculpen la frivolidad, ese momento en el que Rocky Balboa, que está recibiendo una paliza, logra conectar un derechazo en la ceja de Iván Drago. Y se abre una pequeña herida. Y brota de ella un hilo de sangre. Y en el rostro del gigante ruso surge la duda, y desde ese momento deja de ser una máquina perfecta para convertirse en humano.

Ocurre que esos pequeños disgustos le llegan a Juanma Moreno más por el enfado de algún colectivo que no se siente atendido como cualquier ciudadano merecería por sus servicios públicos que por la acción directa de un PSOE que trata sin demasiado éxito de liderar las protestas en ámbitos como la sanidad y la educación, que tanto daño hacen a un Gobierno, como ya comprobó en sus propias carnes en el pasado. Porque el impulso que supuso para sus alicaídas filas el relevo de Juan Espadas por María Jesús Montero se ha ido difuminando hasta prácticamente desaparecer. El ejemplo del hotel del Algarrobico es una metáfora perfecta, pues comenzó su etapa con un llamativo golpe de efecto, al contraprogramar una rueda de prensa de Juanma Moreno en Doñana con un acto en el que anunció por sorpresa que el polémico edificio estaría derribado en un plazo de cinco meses. Un tiempo que ya ha pasado sin que la piqueta haya hecho su aparición en la playa almeriense.

Esta oposición a tiempo parcial de la vicepresidenta del Gobierno, más preocupada de sofocar los numerosos incendios que la rodean a nivel nacional que de erosionar al presidente de la Junta, no alcanza para nada. Y además este pensará como Napoleón, que no hay que distraer a tu enemigo cuando se está equivocando, porque el PSOE le pone en bandeja debates que sepultan esas críticas y ayudan a engordar su imagen de institucionalidad y moderación. Ahora, con la comisión entre el Gobierno central y la Generalitat para hablar de financiación.

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Pese a los esfuerzos de Montero por desvincularse del acuerdo, no dar explicaciones ni al terminar la reunión ni tras el Consejo de Ministros y ni tan siquiera aparecer en la foto, como si en lugar de la Ministra de Hacienda fuera una simple candidata a la Junta de Andalucía que ni siquiera pasaba por allí, el hecho le brinda una ocasión perfecta a Juanma Moreno para volver a airear sus profundas contradicciones. No se puede defender los intereses de los andaluces los fines de semana y vicepresidir de lunes a viernes un Gobierno que permite un trato fiscal singular a Cataluña.

Poco importa que el "Acuerdo de la comisión bilateral sobre la financiación singular de Cataluña" en realidad concrete poco o casi nada, porque a Pedro Sánchez le permite ganar tiempo, a los partidos independentistas catalanes seguir profundizando en sus exigencias, al PP sobreactuar un poco más por ese concepto tan flexible de que España se rompe y a Moreno volver a ponerse el traje de hombre de Estado y liderar un frente común autonómico, tan sensato que hasta Ayuso medita sumarse.

A menos de un año para que se celebren las elecciones autonómicas, la única manera de que la situación dé un vuelco como el que le llevó a él mismo a San Telmo, es que se enrede en debates nacionales o se preocupe más de una oposición débil que de esas familias que piden ser atendidas por su médico cuando están enfermas o que sus hijos puedan estudiar en condiciones dignas. Con un rival que no solo chupa rueda siempre, sino al que se le sale la cadena de vez en cuando, el problema sería frenarse a estirarse el maillot y levantar los brazos antes de cruzar la meta sin mirar atrás, ni ocuparse de cerrar esa pequeña herida de la ceja.

Hace una semana, Juanma Moreno abandonaba la sesión de control en el Parlamento de Andalucía dejando una pregunta a medio responder como acto de protesta ante "el bochornoso espectáculo" de un PSOE al que acusó de reventar premeditadamente el debate. Que no acabara de contestar carecía de importancia, porque era un tema planteado por el propio portavoz popular, una de esas cuestiones pactadas que los partidos que gobiernan utilizan para el lucimiento personal, por lo que deberían iniciar cada intervención con el clásico "me alegra que me haga esa pregunta". Pero la imagen en sí tenía una fuerza simbólica, con el presidente marchándose del pleno con el paso acelerado entre el griterío de la oposición.

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