Al sur del sur
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Ignorancia, o mala fe con Málaga y la generación del 27
La celebración del centenario del movimiento literario ha generado un debate sobre el papel de la ciudad andaluza en esta conmemoración nacional. Conmemorar el centenario del 27 sin colocar a Málaga en su centro no es solo un error, es una distorsión
El centenario de la generación del 27 – que ahora parece querer reducirse a un grupo de amiguetes que de vez en cuando se reían y fantaseaban – que se celebrará en 2027, ha generado un debate sobre el papel de Málaga en esta conmemoración nacional. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha enfatizado que la celebración es un proceso abierto en el que puede participar todo aquel que de alguna forma se sienta concernido. Algo así como la versión culta de la frase indecente de "si necesitan ayuda, que la pidan". Así que ya pueden el Ayuntamiento de Málaga, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Torremolinos ponerse en plan de "una limosnita para el Domund", que decíamos cuando éramos pequeños y la caridad primaba sobre la justicia, o la solidaridad. No es la primera vez que ocurre. Ya se nos ha negado un auditorio, solo como ejemplo de negativas. Aunque lo haremos.
Conmemorar el centenario del 27 sin colocar a Málaga en su centro no es solo un error, es una distorsión histórica. La narrativa dominante ha privilegiado una visión madrileña del 27, anclada en el acto simbólico del Ateneo de Sevilla, cuando en realidad fue Málaga la que ofreció el suelo fértil, los instrumentos y la energía creativa para que ese grupo de poetas se transformara en una verdadera generación literaria, en la que cada cual cumplía su papel y tuvo un final acorde con las vivencias, los sentimientos, la ideología, o el valor que a cada cual se le intuía.
La revista Litoral, nacida en 1926 bajo el impulso de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, no fue, ni es, una mera publicación, fue y sigue siendo una declaración de principios, una plataforma ética y estética, una imprenta viva. En sus páginas convivieron la poesía pura, el simbolismo europeo, las vanguardias, la mística española, la raíz mediterránea. Litoral no acompañó al 27, lo definió, lo cohesionó y lo proyectó.
Opinión Sin Málaga, no hay imprenta Sur, no hay Litoral, no hay puente entre lo popular y lo moderno, entre lo andaluz y lo universal. Y eso lo sé personalmente muy bien, porque mi padre fue uno de los escasamente liberales que financió con su dinero la salida de Litoral en su segunda época después de la guerra civil y la llegada del último ejemplar que acabara de salir fresco de la imprenta era un acontecimiento en nuestra casa, porque a todos nos gustaba el olor a papel y tinta y leer la dedicatoria con la que José María Amado, su aguerrido y valiente director, enviaba un abrazo agradecido a mi padre.
Crecimos leyendo Litoral y eso unido a las clases de literatura de los jesuitas, hizo que el 27 fuera nuestro querido y díscolo compañero de adolescencia. Y Alberti desde la arboleda perdida de Roma enviaba a veces algún dibujo suyo dedicado a mi padre, aunque nunca se conocieran, y una sirena, o una paloma llegaban y se colaban para siempre en nuestro mundo. Por eso se me ocurrió en una ocasión hacer un llamamiento por redes para que el poema de Vicente Aleixandre se colocara a la vista de todos en la ciudad que el poeta siempre consideró su madre.
Y se hizo, pero con tan poco acierto y tanta desgana, que hoy es una cartela ilegible y quizás pudiéramos decirle a Urtasun que no lo necesitamos, que solo con llenar las calles de Málaga con los versos a ella dedicados por aquellos jóvenes amantes de la luz, podemos hacer la más hermosa conmemoración que pudiera soñarse. No necesitamos a nadie para esto. Nos desbordan los versos, solo hace falta sacarlos de las páginas de los libros y colocarlos a nuestro paso para gloria de ellos y consuelo de nuestras tristezas cotidianas.
Opinión Desde los talleres del Palo hasta los cafés de la calle Larios, desde la humildad editorial hasta el refinamiento tipográfico, Málaga fue acción poética, no solo escenario. José María Hinojosa, radical en vanguardia y en pensamiento, a pesar de su origen alto burgués, junto a las otras figuras esenciales, especialmente Prados y Altolaguirre, construyeron aquí un espacio de libertad intelectual y humano, una isla de atrevimiento en una Andalucía pacata, donde la poesía se imprimía con las manos manchadas de tinta y el salitre de los cuerpos al sol.
El señor Urtasun debería saber las circunstancias personales, vitales, existenciales que rodearon el mundo del 27, que en gran parte vivieron en Málaga. Si el ministro y algún otro más cercano físicamente no lo sabe, cualquiera de las decenas de asesores que rodean a esta situación confusa en que creemos que vivimos, deberían conocer que hubo un Premio Nobel, Vicente Aleixandre, que dedicó Ciudad del Paraíso “a mi ciudad de Málaga”, “donde aprendí a leer, que es otra forma de nacer”, que corría cada mañana de calle Córdoba a calle Strachan a recoger a Emilio Prados llamándolo desde debajo de la ventana para llegar a tiempo al colegio de la esquina de Sánchez Pastor, corriendo Larios arriba tirándose versos a la cabeza, que dice José María de Loma.
Opinión Y las contadas veces que fui a Velintonia, gracias a Gustavo Pérez de Ayala, aun el azul de los ojos de don Vicente se intensificaba como el mar en los días de terral, en los que adquiere una tonalidad de acero, de alguna forma, como un melancólico rencor a la vida cuando pensaba en Málaga. Y los García Lorca veraneaban en la década de los años diez en el hotel Hernán Cortés, después Caleta Palace, cuya belleza se mantiene todavía en pie a pesar de su revestimiento administrativo. Y José María Hinojosa los paseaba en su coche y los invitaba porque era el único que manejaba dinero, mientras la flor de California empezaba a verdear en la Caleta, allí donde en las rocas del paseo marítimo, que siempre tuvieron un halo de sensualidad tolerada, Cernuda era libre de las ataduras moralinas que le aprisionaban en su Sevilla natal y Lorca se desligaba igualmente de la melancolía del Paseo de los Tristes de Granada – ay, mi Granada – y resbalaban sobre la piedra amable.
María Zambrano pensaba y repensaba en estaciones de ferrocarril hacia el tiempo y el infinito y no sabía por qué - ay, Dios – y Gerardo Diego dedicaba a la Catedral el soneto del nacimiento de la pura geometría, blanca en la mente azul delineante - solo por ese soneto debería existir una avenida a su memoria dedicada – y Jorge Guillén pensaba en pasar sus últimos años en un piso con persianas que dibujaran rayas paralelas de luz en la pared blanca del paseo marítimo y pasar el resto de la eternidad junto al mar en el cementerio marino de los ingleses, Ortega y Gasset – los dos – interno en el colegio del Palo recordaba la burbuja de luz en la que imperó durante aquellos años en Málaga y Alberto Jiménez Fraud dejaba la Cañada de los Ingleses para ir a dirigir en Madrid la Residencia de Estudiantes, a lo mejor intuyendo el resfriado eterno que iba a coger en Oxford, si las cosas se torcían, como a veces parecía que se iban a torcer. Y se torcieron…
Como escribió Emilio Prados "somos lo que recordamos y lo que nos recuerda". Hoy recordar a la generación del 27 sin Málaga es recordar a medias, cuando no olvidar por omisión. Porque el centenario debe ser ante todo un acto de justicia cultural. Porque Málaga no fue invitada, fue anfitriona y protagonista estelar como Gloria Swanson en La caída de los dioses. Pero ella dura, nunca desciende bajo la luna eterna, junto al agua negra, olor de mar y jazmines, noche malagueña. No necesitamos nada de ningún ministerio. Si acaso ellos nos necesitan. Y no podremos atenderles porque estaremos colgando versos de los balcones.
El centenario de la generación del 27 – que ahora parece querer reducirse a un grupo de amiguetes que de vez en cuando se reían y fantaseaban – que se celebrará en 2027, ha generado un debate sobre el papel de Málaga en esta conmemoración nacional. El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha enfatizado que la celebración es un proceso abierto en el que puede participar todo aquel que de alguna forma se sienta concernido. Algo así como la versión culta de la frase indecente de "si necesitan ayuda, que la pidan". Así que ya pueden el Ayuntamiento de Málaga, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Torremolinos ponerse en plan de "una limosnita para el Domund", que decíamos cuando éramos pequeños y la caridad primaba sobre la justicia, o la solidaridad. No es la primera vez que ocurre. Ya se nos ha negado un auditorio, solo como ejemplo de negativas. Aunque lo haremos.