Los conflictos internos en Cádiz, Almería y Córdoba complican a Montero el diseño de las listas
La dirección regional mantiene "contactos fluidos" con los líderes provinciales y trabaja contrarreloj para llegar al Comité Director sin una guerra abierta ante la mala expectativa electoral
María Jesús Montero, entre Francisco Rodríguez y María Márquez, en Sevilla. (EFE/Julio Muñoz)
El PSOE andaluz está en plena melé para la elaboración de las listas que presentará a las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo. El calendario oficial echó a andar el lunes con las primeras asambleas locales y no terminará hasta el viernes, cuando un Comité Director las refrende. De por medio, centenares de reuniones, llamadas telefónicas e intentos por evitar una guerra abierta en un momento complejo para el partido. Hay territorios donde la situación es más tranquila, aunque ninguno se libra de tensiones. Pero los principales dolores de cabeza para María Jesús Montero están en la siempre ruidosa provincia de Cádiz y también en Córdoba y Almería.
Las candidaturas que acompañarán a Montero son una herramienta más de movilización, ya que suelen responder al difícil equilibrio entre familias dentro de cada provincia. A ese encaje de bolillos más local hay que sumar las prioridades de la propia secretaria general, poco amiga de los navajazos propios de la vida orgánica. Su número tres, Francisco Rodríguez, es quien tiene delegado el día a día del partido, pero se da por hecho que la exministra de Hacienda será quien tenga la última palabra. Tiene legitimidad para hacerlo, ya que uno de los motivos que la llevaron a dirigir la mayor federación del partido era el consenso que generaba entre las distintas sensibilidades del PSOE de Andalucía.
Eso no significa que su tránsito hacia la elaboración de las listas esté siendo un camino de rosas. Ni siquiera en las provincias donde el PSOE andaluz mantiene poder institucional, Sevilla y Jaén, el enlace es sencillo. Esto es así porque no hay ninguna encuesta que, por el momento, pronostique que los 30 escaños que tienen hoy los socialistas en la Cámara autonómica vayan a aumentar de forma ostensible. Este miércoles se celebran los comités provinciales que deberán aprobar las listas que luego irán al comité regional, sobre el que Montero tiene capacidad de decisión.
Lo ideal es que lo que ocurra el miércoles en las sedes territoriales llegue igual al final del proceso. Pero nadie garantiza que eso vaya a ser así. Fuentes de la dirección desvelan que Montero ha activado un "diálogo fluido" con los dirigentes provinciales para intentar deshacer los nudos, pero al mismo tiempo admiten que todo puede llegar abierto prácticamente al último minuto. Ya hubo contactos discretos semanas atrás con los secretarios generales provinciales, pero no todos llegaron a buen puerto.
El más complicado de los conflictos abiertos (aunque hasta cierto punto soterrados) es el de Cádiz, donde el PSOE logró sólo tres escaños en las últimas elecciones. El líder provincial, Juan Carlos Ruiz Boix, ganó hace un año las primarias provinciales por un escaso margen y sus críticos aseguran que "no ha hecho ni un gesto" desde entonces por integrar a los perdedores de las elecciones internas. Entre ellos está uno de los puntales del equipo de Montero en el regional, Fernando López Gil, que ejerce de jefe de campaña para el 17-M y no mantiene buenas relaciones con el jefe territorial.
La situación en Cádiz está muy enconada, hasta el punto de que en algunas de las asambleas que se celebraron el lunes ni siquiera se votó una propuesta de lista. La apuesta de Ruiz Boix es Juan Cornejo, hijo del número dos de Susana Díaz en sus últimos tiempos al frente del PSOE-A, lo que relega a López Gil al número tres de la candidatura. El problema no está sólo en el reparto de puestos, sino también en la confección de la propia lista en una provincia que históricamente ha dado cabida a referentes del partido como el propio Manuel Chaves, Luis Pizarro o Manuel Jiménez Barrios.
Otro de los puntos calientes está en Córdoba, donde la secretaria general, Rafi Crespín, ha mostrado su disposición a encabezar la lista. Es habitual que los líderes territoriales puedan decidir si acuden en las candidaturas, pero las formas no han sentado muy bien en la provincia. Crespín hoy ocupa un escaño en el Congreso de los Diputados y su marcha abre una difícil sustitución en la Cámara Baja. El descontento ha provocado que Isabel Ambrosio, que fue alcaldesa de Córdoba, haya concitado consenso para poder discutir, al menos, el procedimiento elegido por Crespín, históricamente cercana a Santos Cerdán. También hay que tener en cuenta el nombre de Ana Romero, miembro de la Ejecutiva Federal y ahora parlamentaria andaluza.
La tercera incógnita está en Almería, una de las provincias donde el PSOE tiene más debilidad. Lo lógico es que la lista fuera encabezada por alguien cercano al secretario general, José María Martín. El subdelegado del Gobierno en la circunscripción más oriental no ha mostrado su intención de dejar el cargo y representa una renovación en un territorio donde los socialistas tienen escaso poder institucional. Lo llamativo es que ha surgido el nombre de Rodrigo Sánchez Haro, exconsejero andaluz y alineado en la corriente de Susana Díaz.
Montero siempre ha dejado claro que su intención es contar con todas las familias del partido para así activar la maquinaria del antaño poderoso PSOE andaluz. Su enorme dirección regional respondió a ese intento por integrar a todas las sensibilidades. Y se da por hecho en las listas del 17-M contarán con miembros afines a la expresidenta. En Almería admiten la extrañeza por el nombre de Sánchez Haro, algo que no ocurre con Verónica Pérez en Sevilla.
La antigua mano derecha de Díaz volvió al Parlamento con la marcha de Juan Espadas y ha dado cuenta de sus dotes de trabajo en la Cámara, lo que hace pensar que irá en puesto de salida en la lista de Sevilla. La candidatura que encabezará Montero será una conjugación de las corrientes que conviven en el PSOE sevillano, la de Dos Hermanas, la próxima a Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, la cercana a la expresidenta y los afines al actual secretario general, Javier Fernández.
En el resto de territorios hay más tranquilidad, pero no porque haya calma chicha, sino porque los entuertos llegaron medio solucionados al momento de la confección de las candidaturas. El caso de Huelva es paradigmático. La papeleta irá liderada por la vicesecretaria general del partido, María Márquez, que llevará como número dos a Mario Jiménez. El histórico dirigente acumulará así otra legislatura más a su larga trayectoria, pero es clave en el equipo de Montero. Así lo ha entendido la secretaria general onubense, Maru Limón, a pesar de que no mantiene buena sintonía con Jiménez.
Algo similar ha ocurrido en Jaén, donde Ángeles Férriz será la número dos a pesar de que plantó cara a la dirección provincial en manos de Juan Latorre, alcalde de Arjona. Latorre está alineado con el presidente de la Diputación, Paco Reyes, que encabezará la lista y dejará su puesto en la institución provincial antes de tiempo para estar en el Parlamento andaluz. "Hay gente que tiene el partido en la cabeza y son generosos", apunta una fuente con larga experiencia en la vida orgánica del partido para contraponer estas ententes con la situación que se vive en Cádiz.
En Málaga y Granada encabezarán los líderes territoriales, Josele Aguilar y Pedro Fernández, respectivamente. El primero mantendrá su puesto en la Cámara y lo compartirá con su antecesor y contrincante orgánico, Daniel Pérez. Fuentes del PSOE malagueño indican que es la forma que tiene Aguilar de forzar el relevo en el Ayuntamiento de Málaga para las próximas municipales. Y en Granada se da por hecho que el actual delegado del Gobierno en Andalucía dejará su puesto en la Plaza de España de Sevilla para cambiar la gestión por el legislativo después de décadas en el poder.
El PSOE andaluz está en plena melé para la elaboración de las listas que presentará a las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo. El calendario oficial echó a andar el lunes con las primeras asambleas locales y no terminará hasta el viernes, cuando un Comité Director las refrende. De por medio, centenares de reuniones, llamadas telefónicas e intentos por evitar una guerra abierta en un momento complejo para el partido. Hay territorios donde la situación es más tranquila, aunque ninguno se libra de tensiones. Pero los principales dolores de cabeza para María Jesús Montero están en la siempre ruidosa provincia de Cádiz y también en Córdoba y Almería.