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El día que Frank Sinatra acabó detenido en Málaga y la "fobia a lo norteamericano" hizo el resto
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El día que Frank Sinatra acabó detenido en Málaga y la "fobia a lo norteamericano" hizo el resto

Sale a la luz el informe policial sobre el incidente protagonizado por la estrella de Hollywood en el Hotel Pez Espada. El artista estaba en Málaga para el rodaje de 'El coronel Von Ryan'

Foto: Frank Sinatra, en un concierto en el Royal Albert Hall de Londres en 1992. (Reuters/Dylan Martínez)
Frank Sinatra, en un concierto en el Royal Albert Hall de Londres en 1992. (Reuters/Dylan Martínez)

Un vaso salió volando y cambió para siempre la imagen de Frank Sinatra en la Costa del Sol. En La Parrilla del Hotel Pez Espada de Torremolinos, uno de los epicentros del turismo internacional de la España del desarrollismo, un fotógrafo capturaba una imagen de La Voz junto a la intérprete cubana Ondina Cañibano torciendo la escena. Lo que comenzó como un altercado terminó en un choque con la autoridad española sobre el que, seis décadas más tarde, documentos desclasificados del Archivo Histórico Provincial de Málaga arrojan nuevos detalles. La sanción sobre el cantante y actor se percibió en el público como un escándalo y un símbolo del clima de "fobia contra todo lo norteamericano" que se vivía en aquellos años.

Todo comenzó el 16 de septiembre de 1964, cuando Sinatra aterrizó en Málaga para rodar El coronel Von Ryan, el clásico que narra la huida a Suiza de prisioneros aliados en la Segunda Guerra Mundial. El rodaje tuvo lugar en los escarpados parajes del desfiladero de los Gaitanes y los túneles de El Chorro, incluyendo escenas sobre las vías del tren, que tuvieron que hacerse sobre la marcha ante la negativa de las autoridades a detener los convoyes. La estrella llegó en jet privado —fue junto a Elvis Presley pionero en estas lides—, escoltado por guardaespaldas y se alojó con el equipo de producción en el establecimiento torremolinense, que ya era emblema del lujo. Era la quinta vez que Sinatra pisaba el país entre rodajes y persecuciones a Ava Gardner, quien ya era contemplada como el animal más bello del mundo. Ninguna de ellas quedó exenta de complicaciones.

En sus cerca de 70 años de historia, el Pez Espada ha visto pasar desde miembros de la realeza como la princesa Soraya de Irán, hasta nombres de talla internacional como Charlton Heston, Anthony Quinn, Orson Welles, Elizabeth Taylor, Sean Connery, Alain Delon o Sofía Loren. La literatura también le ha sido propicia. Juan Goytisolo o Fernando Sánchez Dragó lo incluyeron en sus manuscritos. Atraía porque su modernismo rompía con la tradición del barrio de pescadores de La Carihuela, que mudaba la piel para convertirse en centro del glamour y fiestas que a menudo acababan en noches memorables. Fue lo que ocurrió ese día, justo después de que el fotógrafo del diario Pueblo Juan Francisco Avellaneda hiciera saltar el flash, inmortalizando de improviso a El Divo y a la actriz cubana, que se había compinchado con el paparazzi, en un brindis que daba a entender otra cosa.

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La reacción tras el altercado fue inmediata. Sinatra fue conducido al despacho del director del hotel, Robert Aletti, quien intentó tranquilizarlo. Pero al reparar en el retrato oficial de Franco colgado en la pared el cantante estalló, comenzó a proferir insultos y le lanzó un escupitajo. Se dio aviso al jefe de Seguridad, que a su vez informó al comisario de Málaga, Eugenio Barranco, quien ordenó la intervención de la Policía Armada. Al día siguiente, los grises acudieron al hotel para tomar declaración al ganador del Oscar al Mejor Actor de Reparto por De aquí a la eternidad. El intérprete se encerró en su habitación, se negó a hablar, trató de ejercer su influencia a través del personal de la embajada estadounidense en Madrid y la Secretaría de Estado de Washington y comparó a los agentes con la Gestapo tras decir que se le trataba "como a un criminal". No sería gratuito.

Acabaría detenido, multado con 25.000 pesetas por desacato a la autoridad y obligado a abandonar España vía París hasta Estados Unidos. "Nunca volveré a ese maldito país", se asegura que dijo el mito al picar billete de vuelta. Antes de que su salida se materializara sin remedio, Eduardo García Maroto, jefe de producción de la película, consiguió llegar a un acuerdo con Barranco para que terminara de grabar algunas escenas en "tres o cuatro días".

placeholder Fotografía fechada en 1959 del Hotel Pez Espada. (EFE)
Fotografía fechada en 1959 del Hotel Pez Espada. (EFE)

Los pormenores sobre la disputa en La Parrilla del Pez Espada siguen siendo una incógnita. Algunas fuentes sostienen que la violencia escaló y hubo puñetazos, y otras lo rebajan a un tumulto con forcejeo tras el que la cámara del gráfico de Pueblo terminó hecha añicos, igual que la copa que Ondina Cañibano le lanzó a Sinatra. Los documentos desclasificados ahora no despejan la incógnita, pero sí hacen una curiosa radiografía de la época, en la que, según dan fe los registros policiales, la sanción "tuvo buena acogida en la opinión pública, más que por el incidente en sí, por el clima de fobia que contra todo lo norteamericano reinaba en aquellos días".

En un ejercicio llamativo, el informe reservado relaciona lo sucedido en Torremolinos con el ataque estadounidense a un buque mercante español en aguas cubanas ocurrido por esas mismas fechas. Con ello pretendía explicar el clima de sentimiento antiyanqui del momento, que habría facilitado la aceptación social de la detención y diluido la polémica inicial. "Es de señalar que el público en general, antes de que la prensa lo indicara de forma más o menos velada, afirmó, unánimemente, la culpabilidad del Gobierno norteamericano de la agresión al carguero español Sierra Aránzazu", indica al respecto.

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La frustración del actor se condensó en su famoso telegrama a Franco: "Felicidades en el veinticinco aniversario de su benevolente régimen. Muérase". Los informes destacan incluso que la figura del dirigente cubano ganaba enteros en demérito de la nación más poderosa del mundo, ahondando en el relato. "Ha causado tal repugnancia la conducta de los Estados Unidos con respecto al hecho indicado que, como reacción, se ha observado que Fidel Castro ha ganado algunos puntos aún entre los más convencidos anticomunistas".

Seis décadas después de aquel incidente, este sigue siendo un ejemplo de cómo la realidad puede ser más tozuda que la ficción. Sinatra, que llegó a Málaga para liderar la fuga de un campo de prisioneros en la ficción, terminó viviendo su propia escena de huida, escoltado por la policía mientras un país observaba, aunque sin que a la mayoría pareciera importarle demasiado.

placeholder Edificio decorado con un grafiti del actor y cantante Frank Sinatra en la localidad de Torremolinos. (EFE/Daniel Pérez)
Edificio decorado con un grafiti del actor y cantante Frank Sinatra en la localidad de Torremolinos. (EFE/Daniel Pérez)

La Voz acabó rompiendo su promesa de no volver a España con un concierto en el Santiago Bernabéu en 1986, donde al no llenar el estadio se acabaron regalando 16.000 entradas a miembros de la Policía Nacional y militares de la base de Torrejón de Ardoz. Y todavía regresaría una vez más en 1992, esta vez, con doble parada en A Coruña y en una Barcelona que ostentaba el cetro olímpico. En la cafetería del Pez Espada, hoy reconvertida en el Frankie’s Café en honor a su polémico huésped, todavía se recuerda aquella noche en la que Hollywood, la política española y un vaso lanzado por los aires armaron un lío a su manera.

Un vaso salió volando y cambió para siempre la imagen de Frank Sinatra en la Costa del Sol. En La Parrilla del Hotel Pez Espada de Torremolinos, uno de los epicentros del turismo internacional de la España del desarrollismo, un fotógrafo capturaba una imagen de La Voz junto a la intérprete cubana Ondina Cañibano torciendo la escena. Lo que comenzó como un altercado terminó en un choque con la autoridad española sobre el que, seis décadas más tarde, documentos desclasificados del Archivo Histórico Provincial de Málaga arrojan nuevos detalles. La sanción sobre el cantante y actor se percibió en el público como un escándalo y un símbolo del clima de "fobia contra todo lo norteamericano" que se vivía en aquellos años.

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