La joyería cordobesa abre la carrera nacional por la denominación de origen industrial
Este sector ha sido el primero en registrarse para obtener el nuevo sello europeo que también piden la cerámica de Manises, los cuchillos de Albacete o la piel de Ubrique
La joyería cordobesa ha sido el primer sector artesanal español en activar su candidatura para obtener una Indicación Geográfica Protegida (IGP), una figura que Bruselas abrió el pasado 1 de diciembre y que pretende trasladar al ámbito industrial un modelo que durante décadas ha funcionado en el sector agroalimentario.
La iniciativa forma parte del nuevo sistema de “denominaciones de origen” para productos artesanales e industriales aprobado por la Unión Europea en 2023. El reglamento extiende a productos manufactureros una figura de protección que hasta ahora estaba reservada a alimentos y bebidas.
El modelo replica el funcionamiento de esas IGP tradicionales. Si una candidatura obtiene el reconocimiento europeo, el nombre del producto queda protegido frente a imitaciones en todo el mercado comunitario y su uso queda vinculado al territorio donde se produce y a unas características técnicas concretas.
En el caso de esta candidatura, el nombre "Joyería de Córdoba" reforzará la reputación de un sector que concentra más del 60% de la producción joyera española y genera alrededor de 15.000 empleos directos e indirectos en la provincia, según explica a El Confidencial la secretaria técnica de la Asociación Provincial de Joyeros, Plateros y Relojeros San Eloy de Córdoba.
La candidatura se apoya en un tejido empresarial formado por más de 1.200 empresas vinculadas al sector, entre talleres artesanales, fabricantes y firmas comercializadoras. Una parte importante de esa actividad se concentra en el Parque Joyero de Córdoba, uno de los mayores complejos especializados de Europa, que agrupa a centenares de empresas dedicadas al diseño, producción y comercialización de piezas de oro, plata y piedras preciosas.
En paralelo, otras comunidades autónomas también han empezado a mover ficha. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, ya se ha presentado una solicitud vinculada a uno de sus sectores artesanales históricos: la cerámica de Manises, otro de los oficios tradicionales que aspiran a acogerse al nuevo sistema europeo de protección del origen.
España parte con un amplio potencial para aprovechar esta figura. Diversos sectores han comenzado a estudiar su posible registro, desde la cuchillería de Albacete hasta el encaje de Camariñas, pasando por la cerámica de Talavera o la histórica manufactura gallega Sargadelos, actividades cuya reputación está estrechamente ligada al territorio en el que se producen.
Más de 60 sectores con potencial en Andalucía
En el caso de Andalucía, la comunidad cuenta con hasta 62 productos industriales y artesanales con potencial para obtener una indicación geográfica. Así lo explicó el consejero de Industria, Energía y Minas de la Junta, Jorge Paradela, durante la presentación en Sevilla de la campaña 'El poder del origen', con la que el Gobierno andaluz pretende acercar a empresas y artesanos el nuevo sistema europeo de protección del origen.
En el acto participaron, además, representantes de varios de los sectores andaluces que estudian acogerse a este reconocimiento. Entre ellos estuvieron la joyería de Córdoba, el mármol de Macael, el arte sacro de Sevilla, la piel de Ubrique, el calzado artesanal de Valverde del Camino, la tonelería vinculada al Marco de Jerez y distintos representantes del sector cerámico andaluz, como los de Granada, Bailén, La Rambla o Mijas.
El proceso se inicia ante la administración autonómica, que actúa como primera instancia antes de que la solicitud sea trasladada a la Oficina Española de Patentes y Marcas y, posteriormente, a la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, organismo encargado de conceder el reconocimiento definitivo.
La puesta en marcha de este sistema responde a una estrategia más amplia de la Unión Europea para reforzar la competitividad de productos ligados al territorio. Igual que ocurrió durante décadas con el vino, el aceite o el queso, Bruselas busca ahora trasladar esa lógica al ámbito industrial y artesanal.
El nuevo sistema europeo busca precisamente eso: reconocer productos cuya calidad, reputación o características están asociadas a su origen geográfico. Además de proteger el nombre frente a imitaciones, la indicación geográfica permite reforzar el posicionamiento del producto en el mercado y convertir ese origen territorial en un activo económico.
Más allá del reconocimiento simbólico, Bruselas considera que este tipo de sellos puede convertirse también en una herramienta de desarrollo territorial. Las indicaciones geográficas contribuyen a dinamizar economías locales, mantener empleos vinculados a oficios tradicionales y reforzar la visibilidad internacional de estos productos.
Si el sistema termina consolidándose, el concepto de denominación de origen dejará de ser exclusivamente gastronómico. Europa empieza a convertir el origen también en una herramienta de política industrial.
La joyería cordobesa ha sido el primer sector artesanal español en activar su candidatura para obtener una Indicación Geográfica Protegida (IGP), una figura que Bruselas abrió el pasado 1 de diciembre y que pretende trasladar al ámbito industrial un modelo que durante décadas ha funcionado en el sector agroalimentario.