Petaqueros, los becarios del narco adictos al dinero rápido: "No tienen nada que perder"
El lucrativo negocio del combustible para las lanchas de hachís es visto como una "cantera" de la actividad ilícita. La nueva ley contra la multirreincidencia contempla penas de tres a cinco años para este tipo de delitos
Una de las lanchas usadas por el narco para el tráfico de droga. (Guardia Civil)
"Tienen entre18 y 25 años, nada que perder y se creen los amos del mundo. Son una auténtica cantera". Es el perfil trazado por un guardia civil de Almería bregado en la lucha contra el narcotráfico sobre los petaqueros: encargados de obtener el combustible para las lanchas que traen el hachís desde Marruecos.
El trabajo de estos becarios del narco se desarrolla en gasolineras low cost a horas intempestivas. "Cargan varios coches o furgonetas alquiladas hasta los topes y van haciendo acopio, lógicamente sin ninguna medida de seguridad". No es extraño que, debido a estas condiciones, se hayan registrado casos de vehículos que han saltado por los aires. "A veces es que ni usan bidones: meten la manguera directamente en un depósito de 1.000 litros en el interior del vehículo", explica este agente aEl Confidencial.
El fenómeno del petaqueo desborda en todo el litoral andaluz. Pero en Almería ha alcanzado tal magnitud que la Guardia Civil y las propias estaciones coordinan sus esfuerzos para frenarlo, con avisos cada vez que se venden más de60 litros a particulares, el tope legal que se puede llevar en envases. "La complicación está en que acuden a las que son autoservicio, sin trabajadores".
El cerco también se ha estrechado en este frente, con sanciones a las gasolineras desatendidas que no retiran el sistema que fija el gatillo al surtidor, ni limitan el suministro a tres minutos y 75 litros por repostaje. Aunque estos grupos no paran de reinventarse, a veces sin pudor ante las autoridades. "Hemos llegado a ver cómo alguno se ha sacado el carnet ADR para transportar mercancías peligrosasy han llenado camiones".
El boom se remonta a 2018, cuando España prohibió el uso y fabricación de las lanchas semirrígidas. Ese endurecimiento legal, lejos de acabar con ellas, las desplazó mar adentro; de forma que solo tocan tierra para descargar los fardos. Todo lo que la embarcación y la tripulación necesitan se les acerca. No solo combustible: comida, mecánicos, ropa.
"Si hay gomas, hay petaqueros que las sirven. Y en el Campo de Gibraltar se ven gomas casi a diario", relata a este periódico un mando destinado en la provincia de Cádiz. "Sancti Petri y Chiclanason zonas calientes: conocen el terreno y saben que pueden usar el paisaje de esteros y caños a su favor".
La logística de estos Fórmula 1 del mar, capaces de cruzar el Estrecho de Gibraltaren 20 minutos, proporciona un resultado tan simple como seductor: dinero rápido con poco esfuerzo. En el mercado narco, la garrafa de 25 litros de gasolina —la petaca— se paga hasta a 300 euros, diez veces por encima del valor de venta al público en un surtidor.
Entre 45.000 y 120.000 euros
La suma dista de ser millonaria, pero se trata de un negocio con alta escalabilidad. "Incluso pequeños clanes que se dedicaban a la droga se han pasado a la gasolina", apostilla un agente con base en Huelva. Solo hay que echar cuentas para entenderlo: una intervención policial puede sacar de la circulación entre 150 y 400 bidones; un avituallamiento por el que las organizaciones criminales pagarían entre 45.000 y 120.000 euros.
La huella en tierra firme de este repunte de interés por el petaqueo es evidente: los centenares de garrafas que amanecen varadas en las orillas tras los temporales son ya un "problema grave" en espacios protegidos comoDoñana.
El caso más emblemático de enriquecimiento a través de esta fórmula es el del clande Los Lateros, desarticulado en junio de 2024 en el barrio de Puente del Río, en Adra (Almería), durante la operación Ovidio. El golpe supuso el fin de la mayor red de suministro de combustible al narcotráfico del Mediterráneo. La intervención conjunta de la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria se saldó con 50 detenidos y la incautación de 5,7 millones de euros, 25 embarcaciones, 33 vehículos o 40.000 litros de gasolina, entre otros bienes.
A pesar de ello, ninguno de los múltiples delitos que se les atribuyeron —organización criminal, tráfico de drogas, blanqueo de capitales…— tuvo que ver con la provisión de combustible, que en la mayoría de los casos supone una mera sanción administrativa.
La nueva ley contempla penas de tres a cinco años
Ahora, esa situación estaría cerca de cambiar tras la aprobación en el Congreso este jueves 12 de febrero de la ley de multirreincidencia —que aún debe pasar por el Senado— y que contempla penas de tres a cinco años contra toda la cadena productiva de los petaqueros. Esto es la adquisición, tenencia, depósito, almacenamiento, transporte o suministro de cualquier forma de combustibles líquidos al margen de los supuestos legalmente permitidos, y que generen un riesgo para la vida, la integridad física o la salud de las personas, o para el medio ambiente.
La tipificación de esta actividad como delito penal era una reivindicación histórica de jueces, colectivos antidroga o la propia Fiscalía Superior de Andalucía, que la ha venido incluyendo en sus memorias anuales. Hasta la llegada de la aprobación de la nueva norma, gran parte de las esperanzas estaban puestas en que el Tribunal Supremo unificase criterios y marcase un camino claro después de años de interpretaciones dispares.
Tanto es así que ya en enero el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía abrió una nueva vía al anular la absolución de un petaquero por considerar que su conducta es delito penal acorde al artículo 568 del Código Penal. El alto tribunal andaluz aceptó el recurso de la Fiscalía y elevó la pena del acusado de contrabando y narcotráfico de cuatro años y medio a 12, tras aplicar el delito de combustible con el agravante de multirreincidencia. El acusado tenía tres condenas previas por delitos contra la salud pública.
"Todo lo que no ha sido vincular el suministro de la gasolina a otros delitos ha sido siempre, como quien dice, trabajo perdido; y además con medios muy insuficientes", recuerdan a este diario desde Jupol Málaga. También en la provincia malagueña el fenómeno tiene presencia, fundamentalmente, en las costas occidentales de Marbella, Mijas o Estepona y ha continuado ensanchándose hacia el otro extremo, La Axarquía, más alejado de la mayor vigilancia de la frontera gaditana.
La imagen más poderosa de la impunidad del narco se vio a finales del pasado mes de enero, cuando una goma, por primera vez, se resguardó de la mala mar en el puerto pesquero de la Caleta de Vélez, con la tripulación saludando a la cámara que los grababa.
El negocio de la gasolina como trampolín
El problema de fondo, más allá de lo que pueda remendar la nueva ley de multirreincidencia, es que el suministro de combustible es solo el primer eslabón de una compleja cadena delictiva. "Funciona como un trampolín para las ambiciones más grandes". La mano de obra del narco "no se conforma" con mover garrafas de gasolina y procura hacer méritos para escalar a negocios todavía más lucrativos.
"A veces es igual que el mercado laboral. Incluso se establecen contactos entre clanes porque un miembro se ha puesto enfermo y necesitan a otro". Es en este caldo de cultivo donde surgen las oportunidades para subir en el escalafón. "Pueden llegar a ascender a pilotos de las narcolanchas o encontrar hueco en las redes del hachís a las que sirven el carburante", aseguran las fuentes del Instituto Armado consultadas.
Aunque, en términos de dinero, pocas tareas son tan rentables como el explosivo cóctel que resulta de mezclar inmigración irregular y tráfico de drogas.El resultado son los llamadosnarcotaxis, una suerte de servicio de tráfico de personas ultrarrápido en el que el pasaje hacia España "puede costar entre 6.000 y 10.000 euros por cabeza".
Las embarcaciones, dependiendo de su eslora, tienen capacidad para alojar hasta 25 personas, lo que dispara el montante a 250.000 euros en el mejor de los casos. Un botín que las mafias no están dispuestas a poner en peligro. "La competencia entre clanes es feroz y la pasta manda. Los inmigrantes son tratados como sacos. Si algo sale mal, se deshacen de ellos sin contemplaciones".
Hace una década, la inmigración irregular era más simple. "Llegaba una patera, se bajaban los ocupantes y se abandonaba la embarcación", sin embargo, ahora son las potentes gomas, que "hacen viaje de vuelta a por fardos", contra las que se lucha en las playas. "Es una industria circularque los jóvenes están inflando a pulmón". Y no pocos de ellos comenzaron siendo petaqueros.
"Tienen entre18 y 25 años, nada que perder y se creen los amos del mundo. Son una auténtica cantera". Es el perfil trazado por un guardia civil de Almería bregado en la lucha contra el narcotráfico sobre los petaqueros: encargados de obtener el combustible para las lanchas que traen el hachís desde Marruecos.