Andalucía estima ya pérdidas del 20% de la producción agrícola regional por las fuertes lluvias
Las organizaciones agrarias reclaman a Gobierno y Junta unidad para afrontar los daños con agilidad y la declaración de zonas catastróficas en varias comarcas especialmente afectadas
Una vez puestas a salvo las personas y los núcleos de población más afectados, el campo andaluz también empieza a levantar la mano para pedir ayuda. Tras el paso de la borrasca Leonardo —y con nuevos episodios de inestabilidad aún por delante— los agricultores afrontan uno de los golpes más severos de los últimos años. De momento, es pronto para cerrar un balance definitivo: en muchas zonas ni siquiera se ha podido acceder todavía a las fincas. Pero el diagnóstico preliminar es compartido por todos los actores del sector: las pérdidas serán millonarias.
El consejero de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, Ramón Fernández-Pacheco, visitó este viernes la localidad sevillana de Cantillana, una de las áreas afectadas por las inundaciones, para comprobar sobre el terreno el alcance de los daños provocados por Leonardo, a la espera además de la llegada de una nueva borrasca a partir del fin de semana.
Allí, el responsable autonómico reconoció que aún es pronto para disponer de datos definitivos, pero avanzó que las primeras estimaciones apuntan a pérdidas equivalentes al 20% de la producción agrícola de Andalucía. No existe todavía una cifra oficial cerrada sobre el valor total de la producción agraria regional en 2025, pero las estadísticas más recientes y las comparativas europeas sitúan ese volumen en una horquilla de entre 13.000 y 16.000 millones de euros anuales.
Con esa referencia, el impacto económico del temporal se movería en un rango aproximado de entre 2.600 y 3.200 millones de euros, solo en términos de valor de producción agrícola. Una estimación que no incluye aún otros costes añadidos como los daños en infraestructuras rurales, caminos, invernaderos o maquinaria, ni el efecto a medio y largo plazo sobre plantaciones y suelos agrícolas.
Fernández-Pacheco explicó que, además de solicitar la declaración de zona gravemente afectada por una emergencia de protección civil, la Junta pretende movilizar ayudas con fondos europeos y recursos propios para paliar el impacto del temporal. En ese sentido, ha pedido al ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, que active la reserva de crisis de la PAC, así como que se valore el uso de fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR). Esta petición también ha sido trasladada a la vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, ante la necesidad de reforzar la seguridad y la resiliencia del sistema hídrico andaluz.
El consejero detalló, además, que son ya cientos los agricultores que están comunicando daños a las Oficinas Comarcales Agrarias (OCA) y que la Junta ha activado a los 910 profesionales de las 60 OCAs de Andalucía para que se desplacen al terreno en cuanto sea posible. El objetivo es evaluar con precisión las consecuencias de las lluvias y delimitar las zonas catastróficas, teniendo en cuenta los daños en cultivos, explotaciones agrícolas, caminos rurales e infraestructuras.
En paralelo, las organizaciones agrarias han comenzado a realizar sus propias valoraciones y coinciden en una reclamación central: unidad y coordinación entre el Gobierno de España y la Junta de Andalucía, además de agilidad en la puesta en marcha de las ayudas para evitar que el impacto económico termine siendo irreversible en muchas explotaciones.
Según ASAJA y COAG Andalucía, las comarcas más afectadas se concentran, por ahora, en amplias zonas del valle del Guadalquivir, la campiña sevillana y cordobesa, áreas de Jaén, así como comarcas agrícolas de Cádiz, Huelva, Granada, Málaga y Almería, con una afección transversal que alcanza tanto a regadío como a secano y a explotaciones ganaderas.
En cuanto a los cultivos, los mayores problemas se están registrando en el olivar, con una caída masiva de aceituna y un deterioro de la calidad del aceite; en los frutales y cítricos, donde la fruta se está pudriendo en los árboles por la imposibilidad de acceder a las fincas; y en hortícolas, leguminosas y cereales de invierno, muchos de ellos completamente anegados. A ello se suman los daños en invernaderos, caminos rurales y suelos agrícolas, con pérdida de la capa fértil y la necesidad de acometer trabajos adicionales antes de poder sembrar los cultivos de primavera.
Desde el campo, el tono es aún más severo. La presidenta de ASAJA Sevilla, María Morales Medina, advierte de que el temporal Leonardo ha sido la puntilla a un invierno ya extremo, con precipitaciones acumuladas desde octubre que rozan el 80% de un año hidrológico completo y que han bloqueado tanto la siembra como la recolección. En la provincia de Sevilla se concentran graves pérdidas en cereales de invierno, leguminosas y hortícolas, mientras que en frutales y cítricos la fruta se está pudriendo en los árboles por la imposibilidad de acceder a las fincas. En el olivar, la caída masiva de aceituna compromete no solo el volumen, sino también la calidad del aceite, con una fuerte reducción prevista del virgen extra.
En la misma línea, el secretario general de COAG Andalucía, Juan Luis Ávila, describe al campo andaluz como atrapado en una cadena devastadora de borrascas, con lluvias que siguen cayendo sobre terrenos ya encharcados y daños crecientes en todas las provincias. La organización subraya que la magnitud del impacto exige una intervención coordinada del Gobierno central y de la Junta de Andalucía, con ayudas urgentes, declaración de zonas gravemente afectadas y medidas excepcionales que eviten el colapso de explotaciones y la pérdida de empleo en el medio rural.
A estas valoraciones se suma UPA Andalucía, que advierte de que el exceso de agua está comprometiendo la viabilidad de muchas explotaciones familiares. La organización señala que el encharcamiento persistente está impidiendo labores básicas como la siembra, el abonado o la recolección y que la combinación de humedad y viento está agravando problemas sanitarios en cultivos y ganado, con sobrecostes y retrasos que amenazan la continuidad de numerosas explotaciones si no se adoptan medidas urgentes.
Para el sector, no hay dudas: Leonardo ha sido una de las tormentas más duras que ha vivido el campo andaluz. En una tierra donde el agua suele ser bienvenida tras años de sequía, la acumulación excepcional de lluvias en tan poco tiempo ha llevado a la agricultura a una situación sin precedentes, con suelos saturados, explotaciones bloqueadas y una campaña gravemente comprometida.
Una vez puestas a salvo las personas y los núcleos de población más afectados, el campo andaluz también empieza a levantar la mano para pedir ayuda. Tras el paso de la borrasca Leonardo —y con nuevos episodios de inestabilidad aún por delante— los agricultores afrontan uno de los golpes más severos de los últimos años. De momento, es pronto para cerrar un balance definitivo: en muchas zonas ni siquiera se ha podido acceder todavía a las fincas. Pero el diagnóstico preliminar es compartido por todos los actores del sector: las pérdidas serán millonarias.