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Un vasco se va de Erasmus con andaluces y esta es su experiencia: "Me puse un poco nervioso"
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Un vasco se va de Erasmus con andaluces y esta es su experiencia: "Me puse un poco nervioso"

Lo que comenzó como una simple incorporación a un grupo de WhatsApp previo a un Erasmus acabó convirtiéndose en una experiencia marcada por los nervios, los prejuicios y un inesperado choque cultural

Foto: Un vasco se va de Erasmus con andaluces y esta es su experiencia. (TikTok/@unaanuue)
Un vasco se va de Erasmus con andaluces y esta es su experiencia. (TikTok/@unaanuue)

Irse de Erasmus suele implicar descubrir nuevos países, idiomas y costumbres, pero también convivir con realidades culturales inesperadas. Eso es precisamente lo que vivió un estudiante del norte de España cuando, tras entrar en un grupo de WhatsApp previo a su estancia en Italia, comprobó que más de la mitad de sus futuros compañeros procedían de Andalucía. La situación le generó inquietud desde el primer momento porque era consciente de que existían diferencias culturales marcadas que podían derivar en un choque difícil de gestionar. Esa sensación inicial de nerviosismo marcaría sus primeros días fuera de casa.

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El protagonista de esta experiencia es Julen Unanue, un joven vasco que ha relatado con detalle cómo vivió ese primer contacto con sus compañeros andaluces durante el Erasmus en Italia. Según explica, antes incluso de viajar ya era consciente de sus propios prejuicios y decidió afrontarlos con cierta preparación emocional. “Yo sabía que había un choque cultural en cuanto a los vascos y los andaluces”, reconoce. Aun así, optó por mantener una actitud abierta. Sin embargo, la primera noche confirmó sus temores: bromas que no entendía, expresiones desconocidas y un ambiente festivo que le descolocó por completo. “Me puse un poco nervioso”, admite al recordar aquel inicio tan intenso.

Un primer choque cultural lleno de incomodidad

El momento que más le impactó llegó en una reunión social en casa de unas compañeras, cuando, al quedarse de pie sin sitio para sentarse, uno de los sevillanos le soltó: “Quillo, ¿qué eres, el segurata de la casa?”. La frase le dejó descolocado y sin reacción. A esa anécdota se sumaron horas de palmas, cánticos y un ambiente que contrastaba radicalmente con su forma de relacionarse. La sensación de no encajar fue tan intensa que, según relata, estuvo a punto de llamar a sus padres para plantearse volver a casa antes de tiempo.

Con el paso de los días, la experiencia dio un giro. La convivencia diaria permitió que ambas partes se entendieran mejor y ajustaran expectativas. Julen reconoce que, aunque vascos y andaluces son “totalmente distintos”, esa diferencia no tiene por qué ser negativa. Él se define como más tranquilo y reservado, frente a compañeros a los que describe como “una bomba” de energía. Lejos de romper el grupo, esa diversidad acabó enriqueciendo la experiencia. El balance final fue positivo: surgieron buenas relaciones y una certeza clara tras el Erasmus, la de que, pese a los prejuicios iniciales, un vasco y un andaluz pueden convivir y llevarse bien.

Irse de Erasmus suele implicar descubrir nuevos países, idiomas y costumbres, pero también convivir con realidades culturales inesperadas. Eso es precisamente lo que vivió un estudiante del norte de España cuando, tras entrar en un grupo de WhatsApp previo a su estancia en Italia, comprobó que más de la mitad de sus futuros compañeros procedían de Andalucía. La situación le generó inquietud desde el primer momento porque era consciente de que existían diferencias culturales marcadas que podían derivar en un choque difícil de gestionar. Esa sensación inicial de nerviosismo marcaría sus primeros días fuera de casa.

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