El mar reclama su parte en Matalascañas tras el temporal y pone en riesgo la playa de Doñana
El Ayuntamiento de Almonte cifra en 9 millones los daños y carga contra Transición Ecológica después de que decenas de edificios corran peligro. La Junta, el Gobierno y el consistorio se reúnen de urgencia
La imagen más icónica de la playa de Matalascañas es la muestra perfecta del problema que viven hoy los vecinos de este núcleo costero en la provincia de Huelva: la vieja Torre de la Higuera, a la que muchos conocen como el tapón, rodeada de agua después del movimiento provocado por el terremoto de Lisboa en 1755 y el avance de la línea del océano en la costa onubense. No obstante, estos días la atención no está en torno a esta antigua torre de vigilancia construida en el siglo XVI, sino en los estragos que ha dejado el paso de la borrasca Francis por este núcleo que pertenece a Almonte enclavado junto al parque de Doñana y al que ha tenido que acudir la Unidad Militar de Emergencia para evitar males mayores.
Según el consistorio almonteño, dirigido por Francisco Bella, serán necesarios nueve millones de euros para arreglar los destrozos del temporal, que ha puesto en riesgo a medio centenar de edificios y provocó incluso el desalojo de uno de ellos. Hay que tener en cuenta que en Matalascañas apenas viven 2.500 personas, pero es una zona de veraneo muy popular para onubenses y sevillanos y alcanza con facilidad los 150.000 habitantes en los meses que van de junio a septiembre.
"Se sabía que iba a pasar", dijo Bella en una atención a los medios tras lanzar un dardo al Ministerio de Transición Ecológica, al que, asegura, reclamaron que iniciase los trabajos de regeneración de la playa por la zona del Poblado Andaluz, donde se han registrado los desperfectos. La subdelegada del Gobierno en Huelva, María José Rico, admitió el miércoles tras una reunión con la Junta y el Ayuntamiento almonteño que esa regeneración llegará al punto crítico en menos de una semana. La dirección general de la Costa y el Mar es la responsable de estos trabajos, que se sirven de una tubería de un kilómetro para recrecer la playa onubense.
La maquinaria expande arena en un área de 300 metros a su izquierda y su derecha con el objetivo último de recrecer la playa en 25 metros de anchura. Según Rico, la obra de Transición Ecológica también contempla la creación de espigones que sirvan para retener la arena en momentos críticos, como el paso de la citada borrasca, que se ha cebado con el suroeste de Andalucía en los primeros días del año. "El Gobierno mantiene el compromiso con Matalascañas"; abundó la subdelegada, que destacó también las labores de auxilio de la UME desde la noche del lunes para valorar la situación del edificio más afectado por el temporal.
El ayuntamiento almonteño solicitó el pasado día 5 la declaración de la zona como afectada gravemente por una emergencia, lo que antes se conocía como zona catastrófica. La subdelegación del Gobierno elevó esa petición al Ministerio de Política Territorial, que es quien debe decidir si los efectos de Francis merecen esta atención. La Junta de Andalucía, que participó en el encuentro por medio del delegado territorial en Huelva, José Manuel Correa, también se puso a disposición del consistorio onubense para abordar los trabajos de reparación.
De fondo hay un conflicto larvado entre el alcalde y el Ministerio que dirige Sara Aagesen, como dejó ver Bella en sus declaraciones. El regidor recordó que de los 56 kilómetros de costa que tiene Almonte, solo cuatro están edificados como paseo marítimo. "Y tiene todos los beneplácitos de todo el mundo, todos los ministerios, de todas las administraciones, a lo largo de todo el tiempo", abundó el dirigente local. Esa defensa del paseo tiene que ver con la propuesta que deslizó hace unos días el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, que afirmó que la solución estructural pasa por "reubicar el paseo tierra adentro".
Según Bella, esto supondría una cascada de expropiaciones e indemnizaciones, ya que afectaría a "más de 300 edificios" de este núcleo costero construido en los años 60 en pleno corazón de Doñana. De fondo hay un debate sobre el modelo vigente en Matalascañas, que no solo se ve afectado por los temporales y la dinámica de las costas, sino también por su relación con el espacio natural. La regeneración de las playas corresponde al marco de actuaciones que Transición Ecológica mantiene para la supervivencia del humedal, que también incluye la eliminación a largo plazo de las tomas que suministran el agua al núcleo y la sustituyen por recursos en superficie.
"Plantear [el retranqueo] cuando le estamos diciendo que nos estamos ahogando no tiene ningún sentido", sentenció el alcalde, que también se enfrentó con Transición Ecológica en el reparto de fondos para los ayuntamientos que circundan a Doñana. Bella apunta como responsable de la pérdida paulatina de arena de la playa a un espigón que se construyó "hace más de 50 años" y que impide el aporte natural de 300 metros cúbicos de arena al año a la playa onubense. "Esto no deben pagarlo los vecinos de Matalascañas", censuró.
Estos asuntos podrán abordarlos Bella y Morán en la reunión prevista en Madrid la próxima semana. Según avanzó el alcalde, el retranqueo de la línea de costa en Matalascañas sería una operación multimillonaria que no podría asumir el consistorio. El secretario de Estado de Medio Ambiente dijo también al lanzar la idea que los costes correrían a cargo la Administración central, pero el regidor ha reclamado también "un cierto consenso y no una imposición". Mientras tanto, exigió una "salvavidas", ya que hay un kilómetro y medio de playa que se vería muy afectado en caso de temporal, aunque las previsiones meteorológicas no van por ese camino. "Esperamos llegar a un acuerdo", apuntó la subdelegada del Gobierno sobre la reunión del próximo 14 de enero en el Ministerio de Transición Ecológica y en la que se buscarán "medidas definitivas" para un núcleo señero, pero que ve amenazada su supervivencia.
La imagen más icónica de la playa de Matalascañas es la muestra perfecta del problema que viven hoy los vecinos de este núcleo costero en la provincia de Huelva: la vieja Torre de la Higuera, a la que muchos conocen como el tapón, rodeada de agua después del movimiento provocado por el terremoto de Lisboa en 1755 y el avance de la línea del océano en la costa onubense. No obstante, estos días la atención no está en torno a esta antigua torre de vigilancia construida en el siglo XVI, sino en los estragos que ha dejado el paso de la borrasca Francis por este núcleo que pertenece a Almonte enclavado junto al parque de Doñana y al que ha tenido que acudir la Unidad Militar de Emergencia para evitar males mayores.