El reto de Moreno y Montero en 2026: cortar el auge de Vox y movilizar al socialista desanimado
El presidente de la Junta afronta la recta final del mandato con la absoluta en riesgo por el crecimiento del partido de Abascal mientras que la líder del PSOE-A toma nota del batacazo en Extremadura, con una sociología muy parecida a la andaluza
Juanma Moreno y María Jesús Montero conversan en un acto en Bruselas. (EP / Jasper Jacobs)
Ahora sí, empieza el año electoral en Andalucía. Juanma Moreno sigue guardándose bajo la manga el as de la fecha definitiva, pero siempre habla de la primavera, es decir, entre marzo y junio. Cuando el presidente se quite el betún del disfraz de rey Baltasar en la cabalgata de Sevilla, la legislatura habrá entrado en los minutos de descuento. Quedan por delante algunas leyes por aprobar, probablemente en un pleno extraordinario en enero, y los fastos del día de Andalucía, 28 de febrero. Pero cualquier día el jefe del Ejecutivo andaluz pulsará el botón y la precampaña pondrá la quinta marcha, llegará la hora de las listas, el registro de las coaliciones y la presentación de los programas. Y aunque es evidente que el barón popular llega en mejor situación que su principal contrincante, María Jesús Montero, los dos tienen asignaturas que aprobar antes de examinarse.
Las elecciones extremeñas han servido a los líderes de los dos principales partidos como exámenes parciales antes de enfrentarse al final. Moreno tendrá que tomar nota del traspié de María Guardiola, que no logró separarse de Vox lo suficiente para gobernar con tranquilidad. Y Montero hará lo propio con la debacle de Miguel Ángel Gallardo, que ha caído porque ha sido incapaz de movilizar a su electorado, que ha castigado su campaña y su imputación en el caso del hermano del presidente del Gobierno con una abstención que ha dejado al PSOE en los huesos.
A priori, Moreno y Montero están mejor que sus compañeros de la comunidad vecina y que la diferencia de población y de sistema electoral es abismal. Pero la proximidad sociológica de Andalucía y Extremadura es un factor que deberán tener en cuenta quienes diseñen la campaña de uno y otro. Como bien saben en San Telmo, las elecciones andaluzas no las gana la oposición, sino que las pierde la Junta. No parece que la oposición esté en condiciones de darle la vuelta a las previsiones y la imposibilidad de que PSOE, la izquierda y Vox se entiendan es un comodín para el político malagueño. Pero es cierto que está en el peor momento en valoración de su gestión desde que llegó al poder.
¿Significa eso que Juanma Moreno perderá la Junta después de las elecciones? Probablemente no, pero la crisis de los cribados ha generado un descontento sobre su gestión. Y las encuestas indican que es Vox quien se está alimentando de esa insatisfacción. "El adversario es Vox", afirmaba hace unas semanas el entorno del barón popular, restando así importancia a Montero. El líder del PP andaluz se ha abonado a la tesis de la "mayoría de estabilidad", es decir, lo mismo que hizo en 2022. La idea es que el jefe del Ejecutivo se presente como la única opción posible para evitar un mayor peso de la formación de Santiago Abascal en la toma de decisiones en Andalucía.
Así logró la mayoría absoluta de 2022, pero en su entorno recuerdan cada vez que tienen ocasión que los 58 escaños fueron una hazaña difícil de conseguir en un sistema electoral con ocho circunscripciones. Preparan así el terreno para perder la mayoría absoluta, un escenario como el extremeño y probablemente parecido al que se verá en Aragón y Castilla y León. Hace unas semanas era lógico pensar que la pugna entre los ultraconservadores y los barones del PP podrían servir para apuntalar esa imagen de estabilidad que quiere encarnar Juanma Moreno, pero antes incluso de la victoria pírrica de Guardiola hubo quien empezó a restar importancia a los pellizcos ideológicos de Vox.
En Génova hay cabezas pensantes que creen que hay que tener a Vox en la recámara como garantía para la continuidad de Juanma Moreno. Si cae la absoluta, Vox es un aliado lógico. Así va encauzándose la relación, bendecida desde Madrid. Y en San Telmo recuerdan en privado que el pacto con Vox en Castilla y León en 2021 no erosionó en absoluto a Moreno cuando le tocó ir a las urnas apenas cuatro meses después. Los mensajes que salen del entorno del barón popular, aunque hay preocupación por los de Abascal, son optimistas. Pero lo son sobre todo porque consideran que el PSOE no es una amenaza a pesar de que, por primera vez, el barómetro del Centra ha detectado que la mayoría de los andaluces considera que la gestión de la Junta del PP es mala o muy mala.
Con esos datos demoscópicos un dirigente socialista con experiencia, como es Mario Jiménez, habló hace unos días de "fin de ciclo" y de un ambiente similar al de los últimos meses de Susana Díaz en la Junta. Hubo una encuesta que tenía similitudes con el sondeo del Centra y que después se confirmó precisamente en una victoria insuficiente en diciembre de 2018. Aquel zurriagazo se explica exactamente por el mismo motivo que explica la derrota histórica de Miguel Ángel Gallardo: en la abstención del votante socialista.
La prueba de aquella desmovilización se vio unos meses después, cuando Pedro Sánchez convocó elecciones y los números del PSOE se recuperaron. Desde entonces existe una bolsa de 400.000 votantes socialistas que sólo se levantan del sofá cuando hay que elegir el Congreso de los Diputados y prefieren no hacerlo en autonómicas. Ese es el reto de María Jesús Montero en su vuelta a Andalucía, aunque el retorno físico no se producirá hasta que Moreno disuelva el Parlamento y la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del Gobierno deje sus cargos en Madrid para poder encabezar la lista de su partido.
Hay una forma de animar el voto que los socialistas andaluces consideran casi automática y es la celebración de elecciones conjuntas. Pedro Sánchez no tiene intención de darle el gusto a su número dos, sobre todo porque no tendría opciones de seguir gobernando. La otra fórmula es la difícil y es a la que se encamina la secretaria general del PSOE andaluz. Pasa por convencer a los votantes desencantados que las autonómicas de la próxima primavera son un plebiscito sobre la sanidad pública, el principal problema de la comunidad y para los propios andaluces según el citado sondeo del Centra.
La demoscopia, por el momento, no le da la razón a Montero cuando se muestra convencida de que será la próxima presidenta de la Junta. En su entorno, en privado, son más medidos. "Hay partido", expresa un colaborador, que alude al recorte de la brecha de intención directa de voto en la encuesta delCIS andaluz, ya que ha pasado de casi 20 puntos a sólo 5. Es cierto que esa buena noticia para los socialistas no llega de su buen desempeño, lastrado por los casos de corrupción que circundan al Gobierno central, los casos de acoso y la vinculación de su candidata a un presidente muy mal valorado. Pero en San Vicente también saben que las elecciones andaluzas no las gana la oposición, sino que las pierde la Junta.
Ahora sí, empieza el año electoral en Andalucía. Juanma Moreno sigue guardándose bajo la manga el as de la fecha definitiva, pero siempre habla de la primavera, es decir, entre marzo y junio. Cuando el presidente se quite el betún del disfraz de rey Baltasar en la cabalgata de Sevilla, la legislatura habrá entrado en los minutos de descuento. Quedan por delante algunas leyes por aprobar, probablemente en un pleno extraordinario en enero, y los fastos del día de Andalucía, 28 de febrero. Pero cualquier día el jefe del Ejecutivo andaluz pulsará el botón y la precampaña pondrá la quinta marcha, llegará la hora de las listas, el registro de las coaliciones y la presentación de los programas. Y aunque es evidente que el barón popular llega en mejor situación que su principal contrincante, María Jesús Montero, los dos tienen asignaturas que aprobar antes de examinarse.