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¿Hay solución a las riadas en Cártama? La localidad malagueña que se inunda cada vez que llueve
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¿Hay solución a las riadas en Cártama? La localidad malagueña que se inunda cada vez que llueve

El río Guadalhorce se desborda por tercera vez en poco más de un año. La Junta pide al Gobierno relanzar el proyecto de la presa de Cerro Blanco como blindaje ante las avenidas

Foto: Efectivos de Infoca erealizaban labores de limpieza de las calles en Estación de Cártama. (EFE/Carlos Díaz)
Efectivos de Infoca erealizaban labores de limpieza de las calles en Estación de Cártama. (EFE/Carlos Díaz)
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A las puertas de la casa de María del Carmen Navarro, un camión-pluma deposita un colchón empapado por el barro dentro de la cuba. Es domingo, día de los Santos Inocentes, pero 130 litros de lluvia por metro cuadrado en 12 horas no son una broma. Y menos en Cártama (29.300 habitantes), la zona cero de las inundaciones en la provincia, donde la orografía en forma de vega en la que prosperan los cítricos, la falta de actuaciones en el río y la proliferación de viviendas ilegales decantan siempre la balanza a favor del desastre.

"Lo único que tengo son ganas de llorar", confiesa Navarro, vecina del barrio de la Estación, el más damnificado por el desbordamiento del Guadalhorce, que se volvió a salir de su cauce por tercera vez en poco más de un año. "Llevo tres décadas viviendo aquí y jamás había visto nada igual", agrega justo antes de enjugarse las lágrimas con el reverso de la mano. A unos pasos, su hija y su nieta sacan del garaje enseres para tirar y los apilan sobre la acera.

Las dos anteriores ocasiones en las que se desbordó el Guadalhorce fueron durante la dana de noviembre de 2024 y el temporal del pasado marzo. Entonces, la peor parte se la llevó la zona de Doña Ana (175 vecinos). La mayoría de las familias lo perdió todo, con pocos meses de diferencia. Cuando se recuperaban del primer envite, llegó el siguiente. Fue aún más fuerte: el Grupo Subacuático de la Guardia Civil tuvo que rescatar a 12 personas de sus viviendas ante el temor de que el agua entrase por las ventanas. Pero lo cierto es que el municipio cartameño está acostumbrado a estos sucesos, como demuestra su larguísimo historial de riadas. Se produjeron en 2016, 2012, 2010, 1995, 1989, 1988, 1970, 1969…

Esta última vez todo empezó durante la tarde-noche del sábado. A las 21:15, la Agencia de Emergencias de Andalucía envió notificaciones ES-Alert a los móviles de 27 municipios de la provincia y elevó el aviso por precipitaciones a nivel rojo ante una situación de "peligro extraordinario". El alcalde, Jorge Gallardo, lo plasmó en directo en Instagram con un vídeo junto al Puente de Hierro, la pasarela peatonal paralela a la carretera que conecta la Estación con Cártama Pueblo. "Esto pinta regular", reseñaba el primer edil, cuando la lámina de agua rozaba la cota de los tres metros.

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Apenas una hora y media más tarde, el río ya se había salido del lecho con fuerza y entraba a viviendas y comercios. La lluvia y el granizo elevaron el caudal y el Guadalhorce estableció un nuevo récord a su paso por el municipio: 5,7 metros de profundidad y más de un millón de litros por segundo (1.056 m³/s). Algunas casas se quedaron sin luz y la A-7057, principal acceso a la Estación, se cortó por la acumulación de balsas. No habría que lamentar daños personales en Cártama; aunque sí en Alhaurín el Grande, donde dos hombres perdieron la vida al ser arrastrado el vehículo en el que viajaban por el río Fahala, afluente del Guadalhorce.

"El nivel subió enseguida; como nunca", explican Mercedes Casado y Paco Ruiz, ambos blandiendo cepillos de barrer para retirar el lodo del interior de la casa, con ayuda de familiares y amigos. "El agua nos llegaba por las rodillas y nos quedamos en principio en la escalera", relata ella. "Llamamos dos veces al 112, pero nos decían que estaba todo igual y no llegó a venir nadie". Finalmente, pasarían la noche en casa de una vecina. "No dormimos, claro", lamenta esta residente, quien se reconoce "impotente" ante este tipo de situaciones.

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En la casa de Daniel Vargas el río penetró alcanzando unos 60 centímetros. "Todo está para tirarlo, aunque tampoco se puede desechar todo a la vez porque algunas cosas quizá se salven y hagan falta", argumenta. También él piensa que esta ha sido la peor riada para la Estación. "El agua salía por la ducha, el bidé, el lavabo… Y ninguno de mis coches arranca". Uno de ellos solo se mojó; en cambio, su furgoneta Citroën gris, que estaba aparcada al final de la calle, amaneció frente a la casa tras llegar navegando.

De la limpieza del cauce a la presa de Cerro Blanco

¿Pero por dónde pasa la solución a las riadas? La respuesta tiene aristas. Los distintos alcaldes de Cártama reclaman medidas para el Guadalhorce y sus afluentes desde 1969, a pesar de eso, las intervenciones de calado en este tiempo han estado contadas. El encauzamiento del río Campanillas sigue sin realizarse dos décadas después, mientras se producen inundaciones en este distrito de la capital. Otra deuda histórica es la construcción de la presa de Cerro Blanco. Incluida en el derogado Plan Hidrológico Nacional, permitiría laminar las avenidas del río Grande y aportaría entre 60 y 80 hectómetros cúbicos para abastecer a Málaga.

La obra para esta infraestructura, catalogada de interés general del Estado, correspondería al Gobierno central y volvió a ser reivindicada el domingo por la delegada de la Junta de Andalucía en Málaga, Patricia Navarro, durante su visita a la Estación de Cártama junto a Gallardo. "En el pasado hubo dudas sobre su conveniencia, pero hoy prácticamente toda la comarca coincide en su necesidad", señaló Navarro, recordando el rechazo que en su día generó en agricultores, ecologistas y grupos políticos.

La urgencia de intervenir en el cauce se evidenció en las últimas riadas, cuando toneladas de cañas taponaron el Guadalhorce y provocaron desbordamientos en Álora, Pizarra y Cártama. Para prevenir nuevos episodios, la Junta de Andalucía destinó 12,5 millones de euros a la limpieza y acondicionamiento del río, retirando sedimentos y vegetación para facilitar el desagüe.

Una estrategia preventiva que el alcalde cartameño pide reforzar: "Es cierto que esta vez ha llovido mucho, por lo que su resultado puede haber quedado deslucido, pero tenemos que seguir excavando, profundizando, dándole caja al río y encauzando". Se trata, además, de una vieja demanda del sector agrícola. "Antes los agricultores decíamos: vamos a bajar al río; ahora decimos que vamos a subir. Están tan llenos de áridos que son más altos que las tierras de labor", ironiza al respecto el secretario de la Asociación de Regantes de Málaga, José Antonio Aguilar.

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En este sentido, el catedrático de Geografía Física de la Universidad de Málaga, José Damián Ruiz Sinoga, pone el foco en la importancia de mantener los cauces limpios y de preservar la vegetación de ribera, que actúa como un auténtico amortiguador natural frente a las riadas. "No se trata solo de retirar sedimentos", aclara, "sino de garantizar que los márgenes del río estén protegidos y preparados para absorber cuando sea necesario".

Este experto insiste en que también es necesario incorporar medidas de hidrotecnia, como pequeños diques de retención, especialmente en los tramos que reciben mayor aporte de sedimentos. "Aquí está la clave: controlar los caudales sólidos. El agua no baja limpia; arrastra suelo que termina en el litoral. El objetivo es que el río pueda depositar esos materiales de manera controlada, evitando que obstruyan el cauce y provoquen desbordamientos". El catálogo de medidas es extenso. Falta aplicarlas para nadie tenga que volver a ver su casa invadida por el barro.

A las puertas de la casa de María del Carmen Navarro, un camión-pluma deposita un colchón empapado por el barro dentro de la cuba. Es domingo, día de los Santos Inocentes, pero 130 litros de lluvia por metro cuadrado en 12 horas no son una broma. Y menos en Cártama (29.300 habitantes), la zona cero de las inundaciones en la provincia, donde la orografía en forma de vega en la que prosperan los cítricos, la falta de actuaciones en el río y la proliferación de viviendas ilegales decantan siempre la balanza a favor del desastre.

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