Robots, buzos y encauzamientos: Málaga pone a punto sus presas para evitar inundaciones
El objetivo es reducir el impacto de la fuerza del agua en unas infraestructuras aún con varios retos pendientes
Seis fallecidos, trabajadores aislados y 50.000 millones de pesetas en daños (unos 300 millones de euros al cambio). Fue el balance arrojado por las inundaciones de 1989 en la provincia de Málaga. En la capital, durante la jornada del 14 de noviembre, la más devastadora del episodio, llegaron a caer 150 litros por metro cuadrado en menos de dos horas. La escasa capacidad de absorción de un suelo saturado, una red de saneamiento insuficiente y el colapso de varios arroyos provocaron un caos que todavía hoy marca a quienes lo vivieron. Pero si algo puso de manifiesto este suceso es la importancia de blindarse ante las trombas con infraestructuras.
La presa de El Limonero, situada al norte de la ciudad y en funcionamiento desde 1983, evitó entonces peores consecuencias en el centro urbano al regular el río Guadalmedina. A raíz de aquello se optaría por levantar una segunda presa, la de Casasola, encargada de hacer lo propio en el río Campanillas, una zona muy castigada por las riadas. Ahora, estas dos construcciones claves para la protección de la capital se han sometido a una puesta a punto para aumentar su seguridad, según detallan fuentes de la Consejería de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía consultadas por El Confidencial.
La mayor parte de los esfuerzos se han concentrado en la presa de Casasola, en la que los técnicos llevan trabajando siete meses en un complejo operativo. Las lluvias de febrero y marzo alzaron el pantano hasta el 115% de su capacidad y taponaron su desagüe de fondo. El atasco hizo imposible liberar agua de forma controlada y voluntaria y hubo que dejar que se vertiese por los aliviaderos superiores.
La administración andaluza siempre mantuvo que no existió riesgo pese a que las precipitaciones triplicaron las previsiones meteorológicas. De hecho, la infraestructura fue capaz de reducir a la mitad la cantidad que se vertía al río hasta los 250 litros por segundo. Pese a ello, el riesgo de desbordamiento llevó a la Junta a ordenar el desalojo de 368 viviendas. El cauce acabaría inundando algunas calles cercanas, aunque con escasas consecuencias, a diferencia de anteriores ocasiones. La última, en enero de 2020, con coches arrastrados y más de un metro de agua en algunas casas.
En estos meses, se ha intervenido con robots, batimetrías, maquinaria pesada y buzos para localizar el origen del problema y retirar cañas, lodos y otros sedimentos. También se ha realizado una obra de emergencia para instalar una conducción de carácter permanente que permita dar salida al líquido elemento de forma alternativa. Los trabajos, según destacan desde la Consejería a este periódico, finalizarán dentro de unos días tras restablecer el funcionamiento del desagüe de fondo y comprobar el funcionamiento de la tubería que tuvo los problemas. En la lista de pendientes queda analizar otra canalización y que los buzos inspeccionen unos bloques de arcilla compactada encontrados cerca del desagüe.
Por el contrario, no llegará a tiempo para esta temporada de lluvias, ni se le espera a corto plazo, el encauzamiento del río Campanillas, del que se cumplen dos décadas de su primer proyecto. La actuación en el cauce supondría ganar en protección, sobre todo en su tramo urbano. No es lo único. Sin esta obra, valorada en unos 70 millones de euros, tampoco se puede impulsar uno de los grandes desarrollos inmobiliarios de la ciudad: la construcción de 7.339 nuevas viviendas en este distrito. De ellas, 4.140 serán protegidas y 3.199, libres.
La otra gran operativa para blindar Málaga de las lluvias es la realizada en El Limonero, aunque esta es más bien un cambio sobre el papel. La presa ha reducido su nivel máximo de llenado de 21 hectómetros cúbicos a 14. Esto quiere decir en que solo almacenará más de 14 hm³ cuando se produzcan precipitaciones torrenciales.
Hasta ahora, la altura máxima que podía alcanzar el agua embalsada dentro de límites seguros ascendía a 104 metros, mientras que en adelante se fijará en 94, otorgando así un mayor margen. La modificación reduce su capacidad de acumular recursos, pero aumenta la seguridad ante posibles inundaciones. A pesar del escenario de sequía casi permanente en la provincia esta no es una maniobra que deba preocupar. Tanto El Limonero como Casasola son reservas estratégicas: únicamente se utilizan en ocasiones muy puntuales (turbidez del sistema) para garantizar el consumo.
Aguas abajo de la presa el gran anhelo del Ayuntamiento de Málaga siempre ha sido coser la gran cicatriz del río Guadalmedina, que divide el centro urbano en dos mitades. La última propuesta dada a conocer por el Consistorio, y presupuestada en 298,4 millones de euros, pasa por la construcción de cinco puentes-plaza en forma de ‘X’, 76.000 metros cuadrados de zonas verdes y el soterramiento parcial del tráfico en varios tramos. También se deberá garantizar que el cauce soporte hasta 460 metros cúbicos por segundo.
El proyecto no ha quedado exento de críticas de los grupos de oposición. El portavoz del PSOE, Daniel Pérez, calificó el plan como "otra de sus ocurrencias [del alcalde, Francisco de la Torre] que nunca verá la luz". Al tiempo que la portavoz adjunta de Con Málaga, Toni Morillas, lo consideró "una operación de ‘greenwashing’ y propaganda" y un "embovedamiento encubierto". Pero mientras el debate continúa, la ciudad sigue perfilando cómo debe ser su relación con su río.
Seis fallecidos, trabajadores aislados y 50.000 millones de pesetas en daños (unos 300 millones de euros al cambio). Fue el balance arrojado por las inundaciones de 1989 en la provincia de Málaga. En la capital, durante la jornada del 14 de noviembre, la más devastadora del episodio, llegaron a caer 150 litros por metro cuadrado en menos de dos horas. La escasa capacidad de absorción de un suelo saturado, una red de saneamiento insuficiente y el colapso de varios arroyos provocaron un caos que todavía hoy marca a quienes lo vivieron. Pero si algo puso de manifiesto este suceso es la importancia de blindarse ante las trombas con infraestructuras.