Miedo a "morir de éxito": atascos perpetuos en la Costa del Sol por falta de inversión y la demografía
El incremento de la población sin unas infraestructuras acordes rompe las costuras de la movilidad en la provincia. Los problemas de tráfico agitan el miedo a 'morir de éxito'
Atasco en la A-7 a la altura de Mijas, Málaga. (EFE)
Pablo Bravo reside en Rincón de la Victoria desde hace más de dos décadas. Apenas un puñado de kilómetros le separan de su centro de trabajo, el colegio de La Asunción, en Pedregalejo, pero el tiempo que tarda en llegar puede irse hasta cerca de una hora por culpa de los atascos. La única opción factible para él es montarse en su moto, avanzar por la A-7 sorteando los vehículos que circulan a velocidad de tortuga y llegar a su destino en unos 15 minutos. O puede coger el coche, desesperarse tras el volante y culminar el trayecto en más de 50, igual que los conductores que transitan cada día por la Costa del Sol.
Las carreteras malagueñas acumulan más de una decena de puntos negros con los accesos a los grandes municipios costeros y del interior como eslabones más débiles. De una punta a la otra, el problema se reproduce de Puerto Banús a Vélez-Málaga, mientras que proyectos alternativos como el sempiterno tren litoral entre Nerja y Algeciras, con 60 millones de usuarios potenciales anuales, siguen a 12 o 16 años vista de ser tangibles.
Las razones tras los atascos son múltiples y van desde el desplazamiento de la población a los municipios del área metropolitana por las alzas estratosféricas del precio de la vivienda hasta el empuje poblacional extranjero, pasando por la falta de planificación e inversión. Unas carencias de luces largas y apuesta financiera que se dan también en el plano de las infraestructuras hidráulicas o eléctricas, agitando el miedo a ‘morir de éxito’.
"Ahora todas las personas que se han ido a vivir fuera de la capital y trabajan aquí tienen que venir, pero es muy difícil que lo hagan en transporte público. El autobús no tiene carril propio, va por el mismo que los coches haciendo la cola", ilustra el ingeniero de transportes Vicente Jordá, miembro de la Plataforma Infraestructuras Málaga, que abandera la lucha por vertebrar mejor el territorio.
Este tipo de déficits, recalca, son norma en casi todos los municipios de mayor tamaño. "La A-7 tiene un tramo en Marbella que se ha convertido en un bulevar. Y las rotondas a la salida de las autovías son raquíticas: no absorben el tráfico de los tres carriles que les llegan en uno".
El experto incide en que la provincia "tiene un problema muy grave y de difícil remedio" con la movilidad al haberse desarrollado obviando las previsiones de crecimiento. Sin demasiado espacio libre en el que trazar nuevos viales, la solución que dibuja como más eficiente es quitar coches de las carreteras con un transporte público de alta capacidad.
"Hay que mejorar el Cercanías, que está colapsado, y gastar para que el tren de la Costa sea subterráneo y vaya por Mijas y Estepona. Colgar el trazado por Alhaurín y Coín y que haya que coger el coche no parece que vaya a ser atractivo. Hay que conseguir que trayectos largos se queden en 20 y 40 minutos", considera Jordá. Con la circulación en jaque, y sin medidas a corto plazo planteadas por el Ministerio de Transportes, el guante ha sido recogido por el Ayuntamiento de Málaga y la Diputación, que no desaprovechan la oportunidad para salir al choque y liderar la acción ante el lento caminar de Óscar Puente.
El pasado 11 de septiembre ambos organismos presentaron un estudio en el que cifraban en 14 millones el coste para atajar las retenciones actuando en los enlaces entre la capital y la Axarquía. El tráfico en esta ronda ha crecido hasta un 79% en diez años en su tramo más crítico, superando el umbral de los 95.000 vehículos diarios. Cualquier accidente o alcance en hora punta provocan atascos tan kilométricos como infernales. "No es dinero para el presupuesto del Ministerio y no es nada para todo lo que resuelve", enfatizó el presidente de la Diputación, el popular Francisco Salado.
El departamento liderado por Óscar Puente, por el contrario, tiene entre sus últimos movimientos otro estudio para ver cómo acabar con las caravanas en los 100 kilómetros que separan Torremolinos de Torreguadiaro. El documento no estará listo hasta avanzado el próximo año. Transportes también ha desdeñado, por enésima vez, la posibilidad de eliminar o bonificar más el peaje de la AP-7, uno de los más caros de toda España.
Del freno económico al daño a la imagen de destino
La masificación de las carreteras centra las preocupaciones de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM). En palabras de su vicepresidenta ejecutiva, Natalia Sánchez, la red malagueña "no está a la altura del crecimiento que está experimentando la provincia" y necesita "una respuesta planificada, sostenida en el tiempo y con visión de futuro, que permita no frenar su desarrollo económico y social".
Sánchez recuerda que sin Presupuestos Generales del Estado la inversión en infraestructuras se complica. Y afirma que el problema no se limita a las carreteras. "Lo vemos en el sistema ferroviario, con incidencias continuas y la ausencia de conexión hacia las costas oriental y occidental". Salpicada por averías y retrasos, la línea C-1 del Cercanías Málaga-Fuengirola se encuentra al límite de su capacidad. "Esto limita tanto la movilidad de las personas como la actividad económica".
Sectores estratégicos como el turismo se muestran igual de insatisfechos con la falta de soluciones y afirman que los cuellos de botella en las autovías y autopistas les penalizan. "Suponen un impacto negativo en la satisfacción de los visitantes y, por tanto, tienen sus consecuencias en la fidelización y en la prescripción", asevera el vicepresidente de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (Aehcos), Javier Hernández.
"Las caravanas son un lastre no solo para los turistas, sino para los empleados de los establecimientos hoteleros, que sufren retrasos en la incorporación a sus puestos de trabajo". Hernández pide "medidas paliativas inmediatas" e insta a anticiparse reclamando que se estudien los movimientos por carretera con proyecciones hasta el año 2050. Pero mientras la burocracia sigue su curso, los atascos seguirán colapsando las carreteras.
Pablo Bravo reside en Rincón de la Victoria desde hace más de dos décadas. Apenas un puñado de kilómetros le separan de su centro de trabajo, el colegio de La Asunción, en Pedregalejo, pero el tiempo que tarda en llegar puede irse hasta cerca de una hora por culpa de los atascos. La única opción factible para él es montarse en su moto, avanzar por la A-7 sorteando los vehículos que circulan a velocidad de tortuga y llegar a su destino en unos 15 minutos. O puede coger el coche, desesperarse tras el volante y culminar el trayecto en más de 50, igual que los conductores que transitan cada día por la Costa del Sol.