El traje de lunares de Zara y los vestidos 'low cost' que amenazan a la moda flamenca
El buque insignia de Inditex pone a la venta un traje de inspiración flamenca que compite con los diseños elaborados de forma artesanal en un sector consolidado en Andalucía, pero amenazado por las nuevas intrusiones
Una mujer y dos niñas pasean por la Feria con un traje de flamenca tradicional. (EP / M. J. López)
Cuando Grace Kelly, ya entonces princesa de Mónaco, visitó la Feria de Sevilla no existían ni la moda flamenca como tal ni mucho menos Inditex. La protagonista de Crimen perfecto se dejó ver por el Real en la primavera de 1966, cuando Amancio Ortega apenas llevaba tres años en el negocio textil y su empresa se llamaba Confecciones Goa. Para entonces, Marcelina Fernández, Lina, ya era la referente para la clase alta a la hora de vestirse de flamenca. Además de a Kelly, que aquel año llevó un vestido blanco con detalles en rosa, la modista sevillana vistió también a la reina Sofía cuando todavía era princesa en su desembarco en la Feria. Hoy en día, sus hijas, Mila y Rocío, mantienen la marca y también la solera dentro de un sector cada vez más puntero y, a la vez, con amenazas cada vez más visibles.
En las calles de adoquín y albero del Real de Los Remedios, donde en la noche del lunes al martes comenzó la Feria de Abril, este año podrán verse trajes de Lina no muy distintos a los que llevaron la princesa de Mónaco o la reina Sofía, pero también un vestido que Zara ha puesto a la venta esta primavera de clara inspiración flamenca. Se trata de un vestido de tirantas finas y escote de pico con una falda con tres volantes en color azulina y con grandes lunares negros. El buque insignia de Inditex no es la primera gran marca ajena a la moda flamenca que hace una incursión en los volantes —nunca faralaes— y los lunares, pero esta apuesta sí es, quizás, la que más se aproxima.
Sólo hay que acudir a las hemerotecas del papel cuché, que cada abril se dejan caer por la capital andaluza para captar a famosas con el traje de flamenca. Hace unos años la hoy diseñadora Vicky Martín Berrocal llevó un vestido similar, salvando las distancias. "En aquel traje los volantes eran de capa y no caídos, como este, pero guarda muchas similitudes con el que Martín Berrocal llevó a la Feria en 2007", expresa Pilar Larrondo, periodista y responsable del portal Wappissima, especializado en moda flamenca.
La experta sevillana está a punto de terminar la temporada alta del traje de gitana, que comienza en enero con la pasarela We Love Flamenco, seguida por el Salón Internacional de la Moda Flamenca (Simof), que lleva tres décadas marcando la tendencia en un sector históricamente vinculado a la economía sumergida, pero que hoy cuenta con más de 400 empresas, muy feminizado y con un valor que estiman en hasta 100 millones de euros. Un traje de flamenca tradicional, con el trabajo de artesanía que lleva detrás, puede adquirirse desde 200 euros, más el coste de las telas, en las muchas costureras que trabajan en sus casas o en pequeños talleres, pero las marcas asentadas pueden llegar a cobrar más de 1.000 euros en función del trabajo que lleve detrás la confección y todos los detalles.
"De un tiempo a esta parte, con el boom de la Feria de Abril, todo el mundo se quiere vestir de flamenca y determinadas compañías low cost han empezado a sacar sus propias versiones del traje de flamenca", ilustra Larrondo. La periodista recuerda la polémica generada hace un par de años cuando Shein y Aliexpress se apuntaron a esta tendencia con diseños con un valor máximo de 100 euros. "Por supuesto, con una tela de licra y mal confeccionado", añade antes de afirmar que la moda flamenca "no es sólo el diseño". "Es cómo está cosido el forro, la tela, las tiras bordadas o los madroños, lo que hace que un diseño sea diferente a otro", abunda la responsable de Wappissima, que explica que los trajes producidos en cadena son muy sencillos y, por lo tanto, baratos de confeccionar.
A la competencia que llegó desde China ahora llega Zara con un traje por 150 euros con "un diseño muy sencillo que lo mismo sirve para ir a una boda de invitada o ir a la Feria y no te apetece vestirte de flamenca". Para Larrondo, el diseño de la firma de Arteixo es un paso más en una práctica habitual en las marcas españolas como Zara o Mango, que por estas fechas suelen lanzar colecciones con "inspiración flamenca" con lunares y volantes habitualmente en blusas o pantalones que se suelen llevar, por ejemplo, en la noche del alumbrao, cuando todavía el canon dicta que no hay que ponerse el traje. "Pero esto es un diseño prácticamente idéntico en un color que va a estar muy presente, el azulina, que ha estado en auge este año en las pasarelas como Simof y We Love Flamenco", expone la periodista.
"Contra eso es muy difícil competir", reconoce Larrondo, que cuenta que los diseñadores del ámbito comienzan a preparar en noviembre las colecciones que luego presentan en enero y febrero. Más allá que colocar volantes a una base, detrás de un traje de flamenca está la elección de la tela, adaptar la hechura a las tendencias de ese año, sumado a la labor de artesanía que han valorado grandes de la moda como Dior, que en 2022 presentó su colección crucero en la Plaza de España de la capital andaluza tras colaborar con algunos de estos artesanos. "La gente quiere ahora un traje de flamenca cada día", expresa la periodista de Wappissima, que también alude al efecto de las redes sociales y el desembarco de influencers que ya es habitual en los días de farolillos.
Larrondo admite que las copias están a la orden del día y que las marcas como Zara se inspiran también en diseños de grandes firmas de moda, pero hay un hecho diferencial: esas empresas tienen capacidad para pelear en los tribunales, pero las firmas de moda flamenca no. "Si a una firma pequeñita de Sevilla que hace una colección de 30 trajes para vivir todo el año y llega una marca low cost y le copia uno, no tiene cómo defenderse", lamenta la responsable de Wappissima, que además asegura que esta práctica tiene una consecuencia después en las calles del Real de Los Remedios: "Hay trescientos trajes iguales porque hay quien opta por comprarse varios mantoncillos y varios pendientes y ya parece distinto".
"Tiene que ver con la forma de consumir de hoy en día", expresa Carmen Latorre, creadora y presidenta de Qlamenco, la entidad que agrupa a varios de los productores de moda flamenca. Latorre relaciona este fenómeno con el acceso de generaciones más jóvenes a los trajes de flamenca, que van perdiendo su condición de herencia familiar cuando prima el interés por estrenar uno cada año. Y también alude al efecto que provocan las influencers en este público menos tradicional. "Hay quien piensa en comprarse uno de 100 euros y el año que viene se compra otro", lamenta.
Aunque admite que en esta temporada ha habido una reducción en las ventas, la modista asegura que las firmas asentadas tienen menos problemas para capear el temporal y que son los noveles quienes sufren más la competición con las versiones low cost del traje regional andaluz. Según la responsable de esta firma afincada en Mairena del Alcor la calidad de un traje de flamenca artesanal no se puede comparar con estas nuevas fórmulas. "Hay traje que son joyas, que se los ponen abuelas, hijas y nietas", cuenta Latorre, que defiende que este tipo de creaciones tienen "historia y recuerdos". "Son una tradición y tienen detrás una labor artesanal, igual que otros trajes regionales", apunta, al tiempo que defiende la "esencia" del traje de flamenca y hace un llamamiento a defender este traje regional.
Cuando Grace Kelly, ya entonces princesa de Mónaco, visitó la Feria de Sevilla no existían ni la moda flamenca como tal ni mucho menos Inditex. La protagonista de Crimen perfecto se dejó ver por el Real en la primavera de 1966, cuando Amancio Ortega apenas llevaba tres años en el negocio textil y su empresa se llamaba Confecciones Goa. Para entonces, Marcelina Fernández, Lina, ya era la referente para la clase alta a la hora de vestirse de flamenca. Además de a Kelly, que aquel año llevó un vestido blanco con detalles en rosa, la modista sevillana vistió también a la reina Sofía cuando todavía era princesa en su desembarco en la Feria. Hoy en día, sus hijas, Mila y Rocío, mantienen la marca y también la solera dentro de un sector cada vez más puntero y, a la vez, con amenazas cada vez más visibles.