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El corresponsal en la UE que vuelve y zamoranos en busca de otra Semana Santa: Sevilla, capital cofrade
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Procesión magna en Sevilla

El corresponsal en la UE que vuelve y zamoranos en busca de otra Semana Santa: Sevilla, capital cofrade

Un grupo de cofrades de la ciudad castellanoleonesa formará parte del millón de visitantes que se esperan en la capital andaluza para la macroprocesión del 8 de diciembre. "Es un ejercicio radiofónico sobresaliente", expresa el responsable de la SER

Foto: La Virgen de la Esperanza Macarena, en la basílica. (EFE / Raúl Caro)
La Virgen de la Esperanza Macarena, en la basílica. (EFE / Raúl Caro)
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Es muy probable que, sin saberlo, Óscar Coscarón y Enrique García Pozo vayan a cruzarse estos días por el centro de Sevilla. El primero, zamorano, no ha estado nunca en Sevilla en Semana Santa, pero quiere escuchar el crujido de la madera del paso de Jesús del Gran Poder porque en su ciudad natal no existe nada parecido. El segundo, sevillano, sabe perfectamente cómo suena esa obra maestra del barroco sobre la que camina el Señor de Sevilla aunque ahora le queda un poco lejos, ya que desde el pasado septiembre vive en Bruselas, donde trabaja como corresponsal para la Cadena SER. No se conocen, pero los dos harán cientos de kilómetros para estar en la capital andaluza los días 7 y 8 de diciembre para ver la procesión magna que tiene a la ciudad patas arriba y que congregará, según las previsiones, a un millón de personas en la capital andaluza.

García Pozo y Coscarón son dos de las miles de personas que viajarán a Sevilla para una procesión que no tiene precedentes y que pondrá a prueba la capacidad de la ciudad para organizar eventos. El periodista sevillano cogió dos aviones en la tarde noche del jueves para llegar a su ciudad natal y recorrer los 2.000 kilómetros que separan a Bruselas de la capital andaluza. El cofrade zamorano, por su parte, llegó en coche desde la ciudad castellanoleonesa el viernes después de hacer 520 kilómetros hasta el apartamento del barrio de San Lorenzo donde se quedará para conocer, por primera vez, una Semana Santa muy distinta de la suya a pesar de que las luces de Navidad están y puestas y todavía faltan 109 días para el Domingo de Ramos.

"Vivir una Madrugá tiene que ser espectacular, pero es muy complicado irse de Zamora el Jueves o el Viernes Santo", cuenta Coscarón, que en su tierra tiene un pódcast sobre Semana Santa e impulsó una asociación, la Santa Merienda, que vincula las cofradías con la gastronomía. La magna que clausurará el II Congreso de Religiosidad Popular es "una oportunidad de ver algo que normalmente no podemos ver", explica este zamorano, que tiene curiosidad no solo por las procesiones más populares, sino también por las más sobrias. En su ciudad, explica, las cofradías siempre van a ritmo de tambor para facilitar a los cargadores el trabajo. En Sevilla no es así, como podrá comprobar con el Gran Poder. "Yo he cargado en Zamora y lo de ir sin tambor debe ser un esfuerzo brutal", abunda Coscarón.

Conocedor de la Semana Santa castellanoleonesa, recuerda cómo hay lugares, como Salamanca o Valladolid, donde se empiezan a extender costumbres sevillanas, como la presencia de costaleros bajo los pasos. Y esto provocó un cierto enfado e incluso un apercibimiento desde la autoridad eclesiástica. "Yo lo único que defiendo es la identidad", apunta Coscarón, que admite que hay cofrades en su tierra que critican los modos de la Semana Santa andaluza sin conocerla, solo por lo que aparece en los telediarios cuando llegan los días de pasión. "Me encanta que Sevilla no copie a nadie", zanja al tiempo que reconoce que sería extraño ver cómo le cantan una saeta a una imagen en Zamora. "Nosotros somos lo que somos y hacemos lo que hacemos, pero mientras mantengas tu esencia y no critiques al otro...".

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"Tenemos una oportunidad de ver algo que normalmente no podemos ver", expresa este cofrade zamorano que irá con otros cinco amigos, aunque tienen a un cicerone que ya se ha pateado la capital andaluza y que les llevará por una ciudad que se espera abarrotada. "Cuando escuchas que van a aforar algunas calles te abruma un poco", asegura, aunque cuatro de los integrantes del grupo han conseguido algunas de las sillas que se dispondrán en el recorrido oficial. En total son 21.500 asientos que se agotaron apenas en unas horas, lo que da cuenta de la expectación del evento: habrá en Sevilla más de 2.000 policías y el Ayuntamiento de Sevilla ha puesto a disposición de los visitantes 18.000 plazas de aparcamiento y 2.000 para autobuses.

Coscarón ya ha visto a la Esperanza de Triana y a la Macarena en sus templos en otras visitas a Sevilla, pero tiene la asignatura pendiente del Cristo del Cachorro, una de las obras cumbres del barroco español. "Son tallas espectaculares, todo el mundo me dice que voy a alucinar", explica el cofrade zamorano, que espera el momento en el que se vea de lejos llegar a la cofradía y se haga el silencio, como suele ocurrir en Sevilla

Ese silencio es el que Enrique García Pozo captó cuando, después de años trabajando en radio, se ofreció a los compañeros de Radio Sevilla para echar una mano en las retransmisiones. "Es un ejercicio radiofónico sobresaliente, una de las experiencias más bellas que he experimentado", cuenta después de recordar la entrada del misterio Santa Marta el Lunes Santo de 2022. "Ves llegar el paso, apagan las luces y cuando llegó opté por el sonido, lo más primigenio de la radio; metí el micrófono casi debajo del paso para que el oyente escuchara el andar de los costaleros y el crujir de la madera", relata este joven, que ahora pasa los días entre el edificio de la Comisión Europea y el del Parlamento y sigue "flipando" cada vez que ve a Volodímir Zelenski una cumbre en Bruselas.

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Llevaba varios años viviendo en Madrid hasta que este verano se convirtió en el corresponsal comunitario de la SER, pero se pidió un par de días libres. "No aguantaba más, necesitaba el sol, la comida y algún que otro oloroso", bromea García Pozo, que en esta ocasión no sostendrá el micrófono amarillo. "Me hizo mucha ilusión, pero le tenía mucho respeto y casi prefería cubrir alguna movida política rara", confiesa este joven sevillano, que perdió el miedo cuando optó por contarlo "desde la emoción, como yo lo vivo".

Su forma de vivir la Semana Santa pasa por echarse a la calle con su madre y, sobre todo, con su padre, con quienes tiene previsto disfrutar de la procesión magna de este domingo. Para el corresponsal de la SER en Bruselas, se trata de un "rito que va más allá de la religiosidad o la espiritualidad" y que tiene mucho de "experiencia compartida". "En un momento en el que estamos escasos de rituales es bonito mantenerlos y vivirlos", profundiza. Ese rito comenzó hace ya días, cuando comenzó a planear el fin de semana con su padre. "Somos dos hombres de generaciones distintas y que no tenemos tantos intereses comunes", expone García Pozo, que se decidió a viajar a Sevilla para revivir en diciembre el "vínculo emocional" con la persona que le enseñó la Semana Santa y todo lo que la rodea.

"Cuando uno está fuera y pasa menos tiempo con sus padres busca cualquier excusa y para mí esta es fundamental, me emociona mucho", reconoce este sevillano que tiene ganas de ver a la Virgen de Consolación de Utrera por las calles de la capital o a la Macarena en la calle Parras. "Pero hay un nudo en el estómago inevitable que se me forma con la Esperanza de Triana; y si le tocan los campanilleros ya me pongo a llorar". Y esto es algo que no siempre es sencillo de explicar fuera de la capital andaluza. A sus compañeros de Bruselas no les ha comentado el motivo del viaje, pero García Pozo estaba ya acostumbrado a las respuestas de asombro cuando, en Madrid, explicaba que cogía el AVE para volver a Sevilla cada Semana Santa. "A mucha gente le sorprende que un tío del siglo XXI viva esto con pasión siendo tan joven", apunta el periodista. Está habituado ya, aunque admite un cierto hartazgo, a que le digan que no parece sevillano. "Y va más allá del acento, como si hubiera una única forma de ser sevillano".

Es muy probable que, sin saberlo, Óscar Coscarón y Enrique García Pozo vayan a cruzarse estos días por el centro de Sevilla. El primero, zamorano, no ha estado nunca en Sevilla en Semana Santa, pero quiere escuchar el crujido de la madera del paso de Jesús del Gran Poder porque en su ciudad natal no existe nada parecido. El segundo, sevillano, sabe perfectamente cómo suena esa obra maestra del barroco sobre la que camina el Señor de Sevilla aunque ahora le queda un poco lejos, ya que desde el pasado septiembre vive en Bruselas, donde trabaja como corresponsal para la Cadena SER. No se conocen, pero los dos harán cientos de kilómetros para estar en la capital andaluza los días 7 y 8 de diciembre para ver la procesión magna que tiene a la ciudad patas arriba y que congregará, según las previsiones, a un millón de personas en la capital andaluza.

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