Caída y auge de Paco Salazar, el superviviente andaluz en la nueva Moncloa de Sánchez
El dirigente sevillano se mantiene en el núcleo duro del presidente tras la salida del tándem Hernando-López, con quienes volvió al gabinete tras caer en desgracia junto a Iván Redondo
Paco Salazar no es del selectísimo club de los primeros sanchistas, pero casi. No estuvo en la cena del Orixe, un restaurante de la Cava Baja, en La Latina, donde cenaron los padres fundadores del mito del presidente del Gobierno. Eran los tiempos del "este chico no vale, pero nos vale" que acuñó Susana Díaz, aunque luego se le volvió en contra. Salazar es de la segunda hornada, que nació al mismo tiempo que la conexión del presidente del Gobierno con Dos Hermanas, la localidad sevillana que Sánchez eligió para resucitar, apadrinado por el veterano Francisco Toscano, el pope del sanchismo andaluz. Desde entonces, con un impasse de un año de desencuentro, este sevillano (Montellano, 1968) siempre ha tenido un papel fundamental en el núcleo duro del líder socialista. Y así seguirá siendo si no hay uno de esos giros de guion a los que Sánchez es aficionado, ya que Salazar fue confirmado en el pasado Consejo de Ministros como uno de los miembros del nuevo equipo que encabeza Diego Rubio en el Palacio de la Moncloa.
Apenas hay supervivientes de esas dos hornadas de sanchistas, lo que hace aún más meritorio el logro del secretario general de Coordinación Institucional, el puesto que ostenta ahora Salazar en el renovado organigrama. José Luis Ábalos, Adriana Lastra o Carmen Calvo se fueron alejando del presidente, a veces de forma drástica. A Óscar López y Antonio Hernando los recuperó después de posicionarse en su contra en la crisis del Comité Federal del 1 de octubre de 2016, pero ahora salen de Moncloa camino del Ministerio de Transformación Digital. Salazar se queda en el cuartel general, donde ya estuvo con Iván Redondo, ya que fue adjunto al primer director del gabinete que tuvo Sánchez después de ganar la moción de censura que le hizo presidente del Gobierno.
Ahora, Salazar se mantendrá dentro del equipo de jóvenes académicos, el grupo de tecnócratas que lidera Rubio, la mayoría de ellos ajenos a la vida orgánica del PSOE. Y ese es el papel que se le atribuye a Salazar, hacer de nexo entre los equipos de Moncloa y de Ferraz. Los momentos en que las dos maquinarias no han tenido una correa de transmisión han generado dolores de cabeza a Sánchez, por lo que tiene sentido que opte por un perfil sólido, alejado de cualquier experimento. No obstante, hay quien, en privado, considera que la continuidad del sevillano en el palacio presidencial puede tener un segundo capítulo cuando se celebre el Congreso del PSOE en su provincia de origen.
Salazar es secretario de Estudios y Análisis en la Ejecutiva Federal socialista que se renovará en el cónclave de la capital andaluza, que se celebra entre el 30 de noviembre y el 2 de diciembre. Quienes conocen al político de Montellano no descartan que Sánchez opte por darle la Secretaría de Organización si decide prescindir de Santos Cerdán. El perfil de Salazar encaja perfectamente en la labor de fontanero que tiene encomendada el número tres del partido, aunque su trabajo en los últimos años haya estado más relacionado con la estrategia electoral.
Fuentes socialistas explican que la figura de Francisco Toscano fue clave para el viaje que Salazar hizo hasta el núcleo duro del presidente del Gobierno. El exalcalde de Dos Hermanas, que se retiró en 2022 después de casi 40 años como regidor, tuvo un papel relevante en la decisión de Pedro Sánchez de dar la batalla orgánica. El veterano socialista nazareno dio un paso atrás, pero el PSOE de Dos Hermanas y el clan Toscano sigue siendo influyente dentro del partido, como denotan las visitas recurrentes del presidente del Gobierno a este viejo bastión. Pero ya hace años que Salazar vuela solo y ha sabido volver a coger altura a pesar de que, durante un tiempo, tuvo que aterrizar.
Después de ser el director adjunto del gabinete del presidente del Gobierno, cayó en desgracia junto con Iván Redondo. Antes, se le atribuyó el diseño de la estrategia por la cual Salvador Illa pasó de Sanidad a ser candidato del PSC en las catalanas de 2021 para convertirse en el partido más votado. Fue nombrado presidente de la sociedad que gestiona el Hipódromo de la Zarzuela, pero apenas se mantuvo un año al frente del organismo antes de volver a Moncloa como secretario general de Planificación Política. Quienes no lo conocen de sus primeros pasos en política no se extrañan por los caminos que ha tomado la carrera de este sevillano, de quien destacan su ambición política.
Fue alcalde en su localidad natal entre 2003 y 2008 y después fue director general de Memoria Histórica en los últimos años de Manuel Chaves al frente de la Junta de Andalucía. En 2012 trabajó como técnico en el Ayuntamiento de Dos Hermanas que dirigía Toscano antes de su alianza con Sánchez y el paso a la política nacional. Ha sido diputado en tres legislaturas, pero siempre acaba dejando el escaño para ocupar su puesto en Moncloa, como ocurrió después de los comicios del 23 de julio de 2023. Licenciado en Políticas por la UNED, también es ingeniero técnico agrícola por la Universidad de Sevilla.
La presencia de Salazar coincide con una proliferación llamativa de sevillanos en la sala de máquinas del Gobierno. Junto a él, uno de sus colaboradores, el publicista Antonio Hernández, como director del departamento de Coordinación Política. Y entran en el equipo el periodista y antropólogo Ángel Alonso después de una larga carrera en la OCDE, y Silvia Calzón, nacida en Utrera y secretaria de Estado de Sanidad durante la pandemia de covid con Salvador Illa. Él será el director adjunto y trabajará codo con codo con Rubio y ella será la responsable de Atención y Respuesta a la Ciudadanía después de encargarse de la Agencia Antidopaje en los últimos meses.
No todo son piropos cuando se pregunta por Salazar, pero de lo que no hay duda es que Pedro Sánchez se fía de este antiguo concejal de pueblo que conoce el partido de abajo a arriba. Sabe lo que es una recogida de avales con efecto sorpresa, como ocurrió en aquellas primarias de 2017. Entonces Susana Díaz logró más votos que avales, mientras que Pedro Sánchez sorprendió precisamente por el elevado número de firmas que presentó en unas elecciones internas que dejaron claro la importancia de ganarse a la militancia a pesar del rechazo de los cuadros. El exalcalde de Montellano fue un peón primordial en aquella pugna y siete años después sigue susurrando de cerca al oído del presidente en otro momento complicado para su futuro político.
Paco Salazar no es del selectísimo club de los primeros sanchistas, pero casi. No estuvo en la cena del Orixe, un restaurante de la Cava Baja, en La Latina, donde cenaron los padres fundadores del mito del presidente del Gobierno. Eran los tiempos del "este chico no vale, pero nos vale" que acuñó Susana Díaz, aunque luego se le volvió en contra. Salazar es de la segunda hornada, que nació al mismo tiempo que la conexión del presidente del Gobierno con Dos Hermanas, la localidad sevillana que Sánchez eligió para resucitar, apadrinado por el veterano Francisco Toscano, el pope del sanchismo andaluz. Desde entonces, con un impasse de un año de desencuentro, este sevillano (Montellano, 1968) siempre ha tenido un papel fundamental en el núcleo duro del líder socialista. Y así seguirá siendo si no hay uno de esos giros de guion a los que Sánchez es aficionado, ya que Salazar fue confirmado en el pasado Consejo de Ministros como uno de los miembros del nuevo equipo que encabeza Diego Rubio en el Palacio de la Moncloa.