Fiesta en Sevilla por el ficus centenario de la polémica: "Salvamos un símbolo de Triana"
El nuevo alcalde popular firma un acuerdo con la Iglesia para frenar la tala del histórico árbol, que había provocado una oleada de críticas contra su antecesor. Los activistas han convocado actos para celebrar la decisión
La parroquia de San Jacinto del barrio sevillano de Triana, con el ficus centenario que hace un año fue salvado de la poda gracias a una movilización ciudadana. (EFE/Fermín Cabanillas)
Por
Fran M. Galbarro
Hace un año, Inés y Javier accedieron al recinto de una parroquia de Triana y treparon a la copa del árbol más antiguo de su barrio. Ese día, junto a las personas que se encadenaron en la verja, acapararon los focos y convirtieron la tala de un ficus por parte de la Iglesia en el mayor quebradero de cabeza del Gobierno municipal. Serían desalojados tras seis horas de protesta y el árbol quedaría reducido a la mitad, pero este jueves, en el mismo lugar y en el aniversario del conflicto, inauguraron la fiesta convocada por los activistas para celebrar que han cumplido su objetivo.
El nuevo alcalde del PP, José Luis Sanz, ha alcanzado un acuerdo con la comunidad de dominicos que gestiona el espacio para que el Ayuntamiento se haga cargo del mantenimiento y la conservación de lo que queda del árbol. De esta forma, logra evitar una tala completa que había sido paralizada por un juzgado y que había provocado una importante movilización ciudadana y una oleada de críticas contra su antecesor, el socialista Antonio Muñoz, por autorizar la actuación de la parroquia. Según fuentes municipales, el Consistorio pretende conservar el ficus para que pueda renacer y aprovechar el espacio para abrir una especie de parque público. De esta forma, el nuevo Gobierno local asumirá los costes y toma el camino "que el anterior Gobierno descartó": "Municipalizarlo y ofrecerlo a los sevillanos".
Los frailes propietarios del templo y del recinto donde se levanta el árbol pretendían eliminar el ejemplar por su peligrosidad y el elevado coste de su mantenimiento. Ante la falta de cuidados, la caída de las ramas del árbol centenario habían provocado varios incidentes en los últimos años. El más grave estuvo a punto de matar a una vendedora de cupones, quien llegó a obtener la incapacidad por las secuelas. El Ayuntamiento, basándose en informes técnicos, decidió autorizar la tala solicitada por los dominicos.
La parroquia inició los trabajos en agosto, provocando la movilización de vecinos y activistas, que convirtieron la supervivencia del árbol en un asunto capital. “Quisieron matar moscas a cañonazos: el 17 de agosto sabían que el juez iba a dictar resolución en 24 horas y, en vez de parar, aceleraron la tala hasta las 11 de la noche. Llegó a haber 52 policías para detener a 100 personas que nos manifestábamos pacíficamente”, explica David López Viera, portavoz de la plataforma constituida en defensa del árbol. Al día siguiente, cuando el árbol de 24 metros había sido reducido a la mitad y apenas quedaba el tronco, el juez paralizó la poda, lo que dio la razón a los manifestantes y puso al barrio en contra definitivamente. Más tarde, otro juzgado abriría una investigación por prevaricación contra la Corporación municipal por haber autorizado la tala. Un año después, empiezan a verse los tallos verdes, pero el árbol tiene por delante años de regeneración.
Elevado coste
Siempre estuvo de fondo la pregunta de si realmente era imprescindible eliminar el árbol, aunque la parroquia había descartado la conservación por su elevado coste. Solo la poda de emergencia tras el grave incidente de 2021 costó unos 12.000 euros. En 2018, cuando una rama cayó sobre una cruz de mármol, la Iglesia tuvo que desembolsar casi 4.000 euros. Ahora, esos costes, si vuelven a producirse incidentes, serán asumidos por el Ayuntamiento, que está perfilando “cuestiones jurídico-legales” y firmará el convenio de cesión del espacio en los próximos días. Según fuentes municipales, el gasto a asumir será inferior al de la parroquia, ya que el Consistorio sí cuenta con medios y personal de jardines. Es decir, sí habrá un mantenimiento profesional y periódico.
El Ayuntamiento sostiene que el coste de mantenimiento será inferior desde lo público
“Siempre fue una cuestión de dinero, y la anterior Corporación lo autorizó por intereses particulares y contra el de la ciudad”, expone López Viera, de la plataforma contra la tala, quien aplaude la decisión del PP. “Si la propiedad no se gastaba el dinero, tendrá que hacerlo el Ayuntamiento”, valora. El Consistorio está cerrando los detalles del acuerdo de cesión, que tendrá “vocación de continuidad” y una duración de varias décadas. El objetivo es cerrar en el convenio un horario de visita al público, ya que el jardín cedido cuenta con otras especies vegetales, además del ficus. Incluso se estudia la posibilidad de organizar actividades de la mano del distrito y de otras entidades. “Será una especie de parque público”, adelantan desde el Consistorio.
"Era cuestión de voluntad, de querer sentarse con la comunidad parroquial y de llegar a un acuerdo que fuera beneficioso para ambas partes", expresó el nuevo alcalde de la ciudad, José Luis Sanz, quien también ha anunciado que cancela el estudio encargado al CSIC por la anterior Corporación para analizar las opciones de supervivencia del árbol. El contrato costaría "más de 111.000 euros" e iba a tardar "varios años". "Queremos dar prioridad a la resolución del problema y garantizar la supervivencia del ficus", expuso el primer edil.
Los activistas y vecinos que se organizaron para frenar la tala celebran el compromiso del Consistorio con el patrimonio ecológico y medioambiental de la ciudad, y convocaron este jueves una fiesta para celebrar el renacimiento del árbol. Entre una performance audiovisual, música y monólogos, se incluía la lectura de un manifiesto por parte de los manifestantes que se subieron a un árbol o la intervención crítica de un exconcejal socialista. “Éramos gente de toda ideología, yo, por ejemplo, soy católico practicante. No pretendíamos atacar a la Iglesia, pero era muy fácil acusarnos de eso en una ciudad como Sevilla. El árbol tiene 110 años, es un símbolo del barrio y trasciende de la parroquia”, expone el portavoz de la plataforma.
Hace un año, Inés y Javier accedieron al recinto de una parroquia de Triana y treparon a la copa del árbol más antiguo de su barrio. Ese día, junto a las personas que se encadenaron en la verja, acapararon los focos y convirtieron la tala de un ficus por parte de la Iglesia en el mayor quebradero de cabeza del Gobierno municipal. Serían desalojados tras seis horas de protesta y el árbol quedaría reducido a la mitad, pero este jueves, en el mismo lugar y en el aniversario del conflicto, inauguraron la fiesta convocada por los activistas para celebrar que han cumplido su objetivo.