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Explosivos fabricados por los nazis devastaron Cádiz y nadie lo asume 75 años después
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Explosivos fabricados por los nazis devastaron Cádiz y nadie lo asume 75 años después

Este 18 de agosto se cumple el aniversario de la explosión, una tragedia silenciada que marcó a la generación de la posguerra en este territorio y cuyos documentos secretos salen ahora a la luz

Foto: Vista aérea de la zona tras la explosión. (J. A. A.)
Vista aérea de la zona tras la explosión. (J. A. A.)

El rumor recorre España de sur a norte y llega hasta Santander, donde Franco reúne a su Consejo de Ministros durante sus vacaciones: “Cádiz ha desaparecido”. El ministro de Marina tomará un avión hacia Jerez, donde ya se notan los efectos de la explosión. El eco ha llegado a Sevilla (a 120 km) y la nube de gas naranja que cubre el cielo de la capital gaditana se ve desde Huelva (200 km): desde la distancia se especula sobre si es un meteorito o la bomba atómica. Nada de eso. Este jueves se cumplen 75 años de la mayor tragedia del siglo XX en la capital gaditana. Al menos 152 personas fallecieron y más de 5.000 —algunas fuentes lo elevan a 10.000— resultaron heridas, según las cifras oficiales.

A las 21:45 del 18 de agosto de 1947, unos 200.000 kilos de explosivos se han llevado por delante la barriada obrera de San Severiano, levantada en conexión con el astillero de Cádiz. Unas 1.600 cargas almacenadas ante la posible entrada de España en la II Guerra Mundial dos años después del fin del conflicto: las armas que servirían para proteger la ciudad han acabado destrozándola por una negligencia que nadie asumirá jamás.

placeholder El interior de artilleros, tras el estallido. (J. A. A.)
El interior de artilleros, tras el estallido. (J. A. A.)

En la Base de Defensas Submarinas, origen del estallido, se ha formado un cráter de 14 metros de largo y dos metros de profundidad. Las Puertas de Tierra, murallas defensivas que durante siglos protegieron la ciudad de los invasores, han minimizado los efectos en el casco histórico, pero la zona de expansión de la ciudad está devastada y unos 500 edificios, destruidos.

En las playas, las casetas que habitualmente se usaban como vestuarios se convierten en confesionarios improvisados

La ciudad se ha quedado a oscuras y la sensación es que lo peor está por llegar. La Guardia Urbana pide a los gaditanos que se desplacen a espacios abiertos por temor a una segunda explosión y se viven escenas apocalípticas: unos huyen, otros acuden a la zona cero en busca de sus familiares y largas colas de heridos se dirigen al hospital para ser atendidos. En medio del caos, muchos asumen que se trata del fin del mundo. En las playas, las casetas que habitualmente se usaban como vestuarios se convierten en confesionarios improvisados. El pánico cunde de tal forma que los sacerdotes dan la extremaunción incluso a los supervivientes.

La explosión de 1947 marcó a la generación de la posguerra, que apura sus últimos años de vida sin una versión oficial: las víctimas nunca recibieron una disculpa porque nunca nadie se hizo responsable de esta tragedia silenciada.

placeholder 150 personas perdieron la vida, según cifras oficiales. (J. A. A.)
150 personas perdieron la vida, según cifras oficiales. (J. A. A.)

“La Marina sabía cuál era la causa, pero siempre lo ocultó”, resume José Antonio Aparicio, presidente del Instituto Español para la Reducción de los Desastres. Este gaditano ha liderado la investigación de la tragedia en las últimas décadas y recientemente ha publicado ' Una catástrofe anunciada. Los papeles secretos de la explosión de Cádiz', un libro que ofrece detalles hasta ahora ocultados por las autoridades.

Especulaciones y acusaciones

El informe oficial no aclaró el motivo por el que explotaron las bombas y abrió la puerta a todo tipo de especulaciones: desde un sabotaje de grupos contrarios al régimen, pasando por un experimento fallido en colaboración con técnicos nazis y hasta un supuesto intento de robo de chatarra en los almacenes de minas. Sin embargo, todas las investigaciones apuntan a una explicación mucho más sencilla: fue un accidente y podría haberse evitado.

En julio del 43, cuatro años antes de la explosión, un teniente coronel que visitó la ciudad para valorar el estado del material emitió un primer informe en el que alertaba del peligro de voladura, lo que supondría una “catástrofe nacional”. Los diferentes alcaldes que se sucedieron en el cargo y otros cuerpos militares insistirían en la necesidad del traslado, máxime cuando la II Guerra Mundial había finalizado. Sin embargo, la falta de recursos económicos y materiales durante los años de autarquía demoraron la operación.

Foto: Soldados alemanes en Stalingrado (Fuente: Wikimedia)

“Lo raro es que no hubiera explotado antes”, adelanta Aparicio, quien ha contrastado durante años los registros de la base para llegar a una conclusión: la Armada almacenaba a pocos metros de viviendas un material que, por sus características, explotaría por sí solo con el paso del tiempo.

Según su investigación, contrastada con expertos en la materia, el origen de la explosión estaría en unas 50 cargas de profundidad WBD fabricadas por el régimen nazi que extendieron su vida útil más allá de lo previsto. Suministradas a los italianos, fueron recepcionadas en septiembre de 1943 por los españoles en el puerto de Mahón en un delicado episodio bélico de rendición en el que la Regia Marina estuvo a punto de comprometer la neutralidad que España enarbolaba en el conflicto.

El Gobierno franquista concentraría en Cádiz todos los materiales de defensa submarina con los que contaba en aquellos años

El Gobierno franquista concentraría en Cádiz todos los materiales de defensa submarina con los que contaba en aquellos años, incluidos esos explosivos que, excepcionalmente, habían sido cargados con algodón pólvora, un material obsoleto para la época. Nadie sabe por qué los alemanes utilizaron una sustancia química tan desfasada, que en cualquier caso estaba pensada para fabricar y usar. “Ese material no se puede almacenar sin ningún tipo de control porque con el paso del tiempo acaba descomponiéndose por la humedad y el calor. Pero acabó en Cádiz”, resume Aparicio.

Una tragedia silenciada

El informe oficial de la Marina confirmó que el origen de la explosión estaba en unas cargas de profundidad sin espoletas, pero no aclaró si el material había explotado espontáneamente ni por qué, lo que dio lugar a las teorías conspirativas. Probablemente, se ocultó parte de la realidad “incluso a Franco, a los ministros y al resto de cuerpos militares”. Nadie quiso investigar una tragedia que podía poner en cuestión la responsabilidad de un régimen en consolidación y abrir brechas entre mandos militares con diferentes posicionamientos políticos que Franco necesitaba dejar atrás. “La Marina guardó silencio para sí misma”, resume Aparicio.

placeholder Las minas que amenazaban con una segunda explosión a escasos metros del estallido. (J. A. A.)
Las minas que amenazaban con una segunda explosión a escasos metros del estallido. (J. A. A.)

En 75 años, la Armada nunca ha asumido su responsabilidad en el suceso ni se ha manifestado a la hora de concretar el origen de la causa. Hasta hace unas semanas:

“Muchos especialistas que han tratado el tema apuntan a que entre el año 1941 y 1943 se almacenaron unas minas de fabricación alemana compuesta con nitrocelulosa —algodón pólvora— que tienen una capacidad pronta desde que se fabrica (…) Era un explosivo anticuado e inestable y muchos autores dicen que esa nitrocelulosa en mal estado provocó la explosión”.

placeholder Las cargas de profundidad WBD provocaron la explosión, según las investigaciones. (J. A. A.)
Las cargas de profundidad WBD provocaron la explosión, según las investigaciones. (J. A. A.)

Las declaraciones son de Inmaculada Benítez, directora técnica del archivo histórico del Instituto Hidrográfico de la Marina, en un programa especial de la Cadena COPE. Pueden parecer intrascendentes, pero suponen, en palabras de Aparicio, “lo más cercano a un reconocimiento tácito”: “Parece que estamos a las puertas de que se asuma institucionalmente. Eso liberaría por fin a todas esas personas que no tuvieron culpa de nada y fueron acusadas injustamente de un acto criminal que no cometieron”.

Una oportunidad perdida

El aniversario se presentaba como una oportunidad única para exigir explicaciones a nivel institucional. Sin embargo, pese a ser una ciudad comprometida con la memoria histórica, desde el Ayuntamiento de Cádiz tampoco se ha organizado un programa de actos de relevancia y la jornada pasará “sin pena ni gloria”.

“Cada vez quedan menos supervivientes de la generación que vivió aquella tragedia. Las víctimas no esperan indemnizaciones porque los hechos han prescrito, pero al menos sí un reconocimiento de culpa. Jamás se les dio una explicación completa de lo ocurrido y, al no haber responsables, ni siquiera recibieron una carta de pésame. Este aniversario era una oportunidad única, pero se ha perdido”, concluye Aparicio.

El rumor recorre España de sur a norte y llega hasta Santander, donde Franco reúne a su Consejo de Ministros durante sus vacaciones: “Cádiz ha desaparecido”. El ministro de Marina tomará un avión hacia Jerez, donde ya se notan los efectos de la explosión. El eco ha llegado a Sevilla (a 120 km) y la nube de gas naranja que cubre el cielo de la capital gaditana se ve desde Huelva (200 km): desde la distancia se especula sobre si es un meteorito o la bomba atómica. Nada de eso. Este jueves se cumplen 75 años de la mayor tragedia del siglo XX en la capital gaditana. Al menos 152 personas fallecieron y más de 5.000 —algunas fuentes lo elevan a 10.000— resultaron heridas, según las cifras oficiales.

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