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La división de la izquierda se ha multiplicado por cuatro desde la unidad de Julio Anguita
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ELECCIONES EN ANDALUCÍA

La división de la izquierda se ha multiplicado por cuatro desde la unidad de Julio Anguita

Con el paso de los años cambian solamente las siglas y los nombres de los protagonistas, pero se mantienen dos cosas: los objetivos y los enfrentamientos entre los líderes

Foto: Acto electoral de Por Andalucía en Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)
Acto electoral de Por Andalucía en Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)
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A Julio Anguita lo han traicionado sus herederos, los últimos en los que confió, los que lo tomaron como el profeta verdadero. A pocos días de que se celebren unas nuevas elecciones andaluzas, donde todo comenzó, si el político cordobés levantara la cabeza, vería que la historia de la izquierda es una constante involución, un coqueteo permanente con la irrelevancia electoral. Desde que el califa de Córdoba, como lo llamaban, impulsó la primera Plataforma para la Izquierda Unida, la paradoja consiste en que se ha consolidado el discurso de la unidad, con múltiples formas y denominaciones, y el resultado demoledor de que la izquierda andaluza está cuatro veces más dividida que entonces.

En España, igual: la ‘suma’ de Yolanda Díaz no es más que una nueva división, esta vez con Podemos. Lo comprobaremos con lo ocurrido en Andalucía, que, como queda dicho, es la cuna de todo, partiendo de los conceptos generales de esta división exponencial, casi celular, de la izquierda, que finalizará con el insólito caso de Luisito el Trotsko, un personaje político de la Sevilla de los años noventa que explica cuanto ocurre y cuanto ocurrirá en ese espacio político. En realidad, solo con el extraordinario ejemplo de Luisito el Trotsko ya sobrarían todas las explicaciones, pero siempre conviene ir por pasos. Así que arrancaremos del origen.

Foto: Ilustración: Laura Martín.

En Andalucía, el primero que se percató de ese mal endémico fue el primer alcalde de Córdoba, Julio Anguita, el único regidor comunista de una capital de provincia tras las primeras elecciones municipales de la democracia. Comprobó Anguita que para que la izquierda pudiera aspirar algún día a gobernar tenía, necesariamente, que superar sus rivalidades internas y unirse en un solo proyecto. Una aclaración antes de continuar: en este artículo, cuando se mencione la palabra izquierdas, no se incluye al Partido Socialista, de la misma forma que no lo consideraba así Julio Anguita, ni ninguno de sus discípulos más aventajados. Siguiendo su famosa teoría de las dos orillas, el PSOE solo puede ser considerado como un partido 'progresista', pero no como un partido de izquierdas, porque está en la otra orilla, con planteamientos de política económica, laboral, europea e institucional similares a los de la derecha.

placeholder Inma Nieto y Yolanda Díaz en el mitin de Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)
Inma Nieto y Yolanda Díaz en el mitin de Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)

La izquierda, por tanto, desde este punto de vista es aquella que no ha accedido nunca a ingresar en la ‘casa común’ del PSOE. En la época en que Julio Anguita creó Convocatoria por Andalucía, estaba el Partido Comunista (PCA, en sus siglas andaluzas), seguido de otras formaciones menores como el Partido de Acción Socialista (Pasoc) y el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPA, en sus siglas andaluzas), del que, por cierto, era líder Manuel Monereo, que con el paso de los años reaparecería como ‘padre político’ de Pablo Iglesias. Así nació la Plataforma de la Izquierda Unida. Cuando se unieron luego la CUT, el partido jornalero de Juan Manuel Sánchez Gordillo y Los Verdes, pasó a denominarse Izquierda Unida-Los Verdes Convocatoria por Andalucía.

Foto: El candidato del PSOE a la Junta de Andalucía, Juan Espadas, junto a Pedro Sánchez. (EFE/Pepe Torres)

El texto fundacional, conocido como ‘Documento de las amapolas’, es un acuerdo del Comité Central del Partido Comunista de Andalucía de noviembre de 1984 (¡hace 38 años!) y del mismo se pueden extraer párrafos enteros que la izquierda sigue repitiendo con, exactamente, las mismas intenciones. Por ejemplo, esta literalidad del ‘Documento de las amapolas’ que, con seguridad, se repetirá otra vez en cualquiera de los documentos que aprueba o aprobará la nueva plataforma de Yolanda Díaz, el nuevo referente electoral del Partido Comunista de España: “Una situación histórica como la presente, repleta de problemas y de momentos de crisis, desborda la acción de un solo partido y, a la vez, propicia el desarrollo de formas ricas de pluralismo y de amplia participación social. Con la perspectiva de crear un amplio bloque social que pueda sostener una política de progreso, llamamos a los hombres y mujeres, a los sindicatos, a los colegios profesionales y asociaciones sectoriales, a los hogares de pensionistas, al movimiento vecinal y a las cooperativas, a las asociaciones de pequeña y mediana empresa, a los colectivos ecologistas y culturales. En definitiva, a todos los que saben que el progreso y la historia la hacen los pueblos”.

Con el paso de los años, que son decenios, cambian solamente las siglas y los nombres de los protagonistas, pero se mantienen dos cosas: los objetivos y los enfrentamientos entre los líderes, cada vez más aislados y minoritarios y, paradójicamente, más autoritarios. Julio Anguita, en su etapa de liderazgo, acumuló tantas frustraciones, tantas traiciones y deslealtades, tantas veces se fracturó la unidad, que cuando al cabo de los años despegó Podemos a partir de 2014 y puso en jaque al PSOE, exhaló, gozoso, un grito de alegría: “Pablo Iglesias ha conseguido lo que yo quería”. Fue su último error.

Foto: Teresa Rodríguez y Esperanza Gómez en una foto de archivo. (EFE/Muñoz)

También fue la penúltima traición de los herederos, porque otra vez ha vuelto a suceder lo mismo: las disputas de las élites políticas han quebrado la unidad de la izquierda. Hasta Manuel Monereo, que antes se citaba porque Pablo Iglesias se abrazó a él emocionado, en una foto que se hizo viral, terminó abandonando el proyecto en 2019, a los tres años de empezar, con la amistad ya rota con los nuevos dirigentes; si antes lo veían como un oráculo, ahora, ya cercano el poder, empezaron a tratarlo como a un viejo cascarrabias, desconectado de la juventud. “A nadie le gusta que le digan las verdades a la cara”, resopló Monereo en algunas entrevistas cuando dejó su escaño de diputado, ya alejado de Pablo Iglesias. Todos acaban peleados contra todos, como bien sabe, de la misma forma, uno de los mejores teóricos de Izquierda Unida de todos los tiempos, Luis Carlos Rejón, con quien esa formación consiguió los mejores resultados en el Parlamento andaluz, incluso en los tiempos de sólida hegemonía socialista.

En un artículo de opinión en 'El Mundo' de Andalucía, Rejón dejó escrito hace ocho años, justo cuando comenzaba a despegar Podemos, este pronóstico premonitorio de lo que iba a pasar, incluyendo aquel episodio del chalé de Galapagar: “Como solía repetir Orson Welles, uno que no traicionó, lo malo de la izquierda americana es que traicionó para salvar sus piscinas. Lo malo de la izquierda andaluza, en la que no incluyo al PSOE porque yo nunca los incluí, es que no necesitó a un macartismo, ni a un Rajoy, ni a un Juanma Moreno, para ser casi destruida. Como continuaba diciendo Orson Welles, ‘las izquierdas no fueron destruidas por McCarthy. Fueron ellas mismas las que se demolieron, dando paso a una nueva generación de nihilistas”.

Foto: La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Daniel Pérez) Opinión

La izquierda andaluza se crea y se destruye, en un proceso infinito de división que, en algunos casos, acaba siendo celular. En estas elecciones andaluzas, se presentan tres coaliciones (Por Andalucía, Adelante Andalucía y Andaluces Levantaos) que suman un total de 17 partidos políticos que, entre todos, se disputan entre siete y 10 escaños, según los sondeos. El Parlamento andaluz tiene 109 diputados… De los cuatro partidos que se unieron inicialmente en la Plataforma de la Izquierda Unida, en estas elecciones andaluzas multiplican por cuatro la división inicial. Y es ahora cuando llega la increíble historia, contundente y clarificadora, de Luisito el Trotsko.

placeholder La ministra Ione Belarra en el mitin de Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)
La ministra Ione Belarra en el mitin de Dos Hermanas. (EFE/José Manuel Vidal)

La cuenta otro antiguo dirigente, Luis Pizarro, líder estudiantil de los ochenta y uno de los rostros más reconocidos y respetados de Izquierda Unida. En su etapa como candidato a la alcaldía de Sevilla, Pizarro recibió formalmente la invitación de acudir a un acto púbico organizado por el Partido Obrero Socialista Internacionalista. Se personó en el lugar indicado y, al llegar, lo esperaban en la puerta tres personas: en el centro estaba Luisito el Trotsko, secretario general del partido en la provincia, reconocido en los ambientes de la izquierda sevillana de la época. Se saludaron como camaradas que eran y lo invitaron a entrar.

Foto: Yolanda Díaz e Inma Nieto, candidata de Por Andalucía, en una imagen de la campaña de la coalición.

Recorrieron un largo pasillo y la estupefacción de Pizarro fue indescriptible al comprobar que, en realidad, todo el partido lo componían aquellas tres personas, además de Luisito el Trotsko, su mujer, que lo acompañaba en el Comité Central, y, lo mejor de todo, “el obrero muestra, un trabajador de Construcciones Aeronáuticas”, porque su presencia testimonial era vital para darle a la organización su necesaria pátina de clase obrera. No habrá en la historia ningún ejemplo mayor, ni más patético, de hasta dónde puede llegar la división de la izquierda marxista, en especial la trotskista, como esta de Luisito el Trotsko con su 'obrero muestra'.

Carlos Marx enunció el principio que sirve para explicar la historia de la humanidad y sus discípulos le dieron la razón cuando se despedazaron entre ellos, ciegos de poder. Lo que dijo Marx junto a Federico Engels es conocido por todos: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”. Y la aplicación práctica más perversa de esa frase es la que han construido sus discípulos a lo largo de toda la historia del marxismo, en todas las variantes que han existido y existen: “La historia de todos los partidos marxistas que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de las élites políticas”.

A Julio Anguita lo han traicionado sus herederos, los últimos en los que confió, los que lo tomaron como el profeta verdadero. A pocos días de que se celebren unas nuevas elecciones andaluzas, donde todo comenzó, si el político cordobés levantara la cabeza, vería que la historia de la izquierda es una constante involución, un coqueteo permanente con la irrelevancia electoral. Desde que el califa de Córdoba, como lo llamaban, impulsó la primera Plataforma para la Izquierda Unida, la paradoja consiste en que se ha consolidado el discurso de la unidad, con múltiples formas y denominaciones, y el resultado demoledor de que la izquierda andaluza está cuatro veces más dividida que entonces.

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