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'Las Setas', el (polémico) icono de la Sevilla contemporánea que se reinventa para crecer
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URBANISMO

'Las Setas', el (polémico) icono de la Sevilla contemporánea que se reinventa para crecer

La controversia por su impacto urbanístico y por el alto coste para las arcas municipales envolvió de demagogia un hito arquitectónico que aún goza de más reconocimiento internacional que en la propia ciudad

Foto: Un ciclista pasta por delante de 'Las Setas' de Sevilla. (Reuters)
Un ciclista pasta por delante de 'Las Setas' de Sevilla. (Reuters)

Se las conoce popularmente como 'Las Setas' de Sevilla, aunque su verdadero nombre es Metropol-Parasol. Su diseño no está inspirado en hongos, sino en los ficus centenarios de la cercana plaza de San Pedro y las bóvedas de la Catedral. Una arquitectura de vanguardia levantada en el corazón de la trama urbana que se ha convertido en un icono de la Sevilla contemporánea, con firma del alemán Jürgen Mayer y que, once años después de su inauguración, sigue teniendo asignaturas pendientes que justifican su reinvención, sin obviar la polémica que sigue coleando por su alto coste.

El que es el edificio de madera más grande del mundo ha sido estos días escenario de varios eventos deportivos, por ejemplo, un encuentro de LaLiga de fútbol profesional y también una competición de pádel que se ha jugado en una pista a la sombra de esta obra faraónica. Eventos que relanzan fuera de Sevilla la impactante imagen de una infraestructura que fue reconocida fuera antes que dentro y que dio por primera vez la vuelta al mundo cuando se convirtió en el epicentro del movimiento 15-M en la capital andaluza. Poco después de su inauguración, en marzo de 2011, 'Las Setas' crecieron fuera de España, con premios, reseñas y artículos en publicaciones especializadas de arquitectura y turismo, pero también en el New York Times, un eco que consagró el proyecto como un hito y sumó un atractivo más a una ciudad que, sin dejar de ser eterna, buscaba las vanguardias.

placeholder Protesta del 15-M en Sevilla. (EFE/Juan Ferreras)
Protesta del 15-M en Sevilla. (EFE/Juan Ferreras)

Aunque hay quien ha comparado el revulsivo que supuso para Sevilla con el efecto Guggenheim de Bilbao, lo cierto es que el Metropol-Parasol ha propiciado un revival para la hostelería y el comercio de esta zona del centro de la ciudad, dando pie a la creación del conocido como Soho Benita, un oasis dentro de la trama más tradicional, un foco de creatividad y cultura que se sale de la habitual oferta y que entronca con el estilo de las grandes capitales. También ha impulsado la hotelería, con la apertura de hasta 4 nuevos establecimientos en los últimos dos años en la plaza de la Encarnación, donde se enclavan 'Las Setas’. La zona ha visto cómo el metro cuadrado, antes de la pandemia, superaba los 3.000 euros y se colocaba entre los más cotizados de la ciudad.

Precisamente, antes de la crisis sanitaria, éste era uno de los monumentos más visitados de la ciudad, entre los tres primeros junto al imbatible Alcázar y la plaza de toros de la Maestranza, que bate también récords. Bajo los parasoles, este atractivo turístico encierra el Antiquarium, un espacio de gestión municipal que muestra restos arqueológicos de la etapa romana descubiertos durante las obras y que se sitúa también en el top ten de los lugares con más demanda por parte de los visitantes. En 2018, los gestores en las redes sociales de las cuentas del área de Turismo de la ciudad constataron que 'Las Setas' despertaban más interés que la propia Catedral y Giralda entre quienes tenían pensado visitar la ciudad.

¿Qué piensa el sevillano?

El proyecto dividió en su momento a la sociedad sevillana entre detractores y entusiastas. Y ha tenido que pasar una década para que 'Las Setas' se asimilen. Hoy, el debate sobre la oportunidad de esta propuesta, ideada en época de bonanza, está zanjado. Pero pocos han mirado hacia arriba para presumir de una instalación que, sin duda, hubiera sido imposible levantar algunas décadas atrás. La culpa es del envoltorio, con gran dosis de demagogia, que ha cubierto este proyecto desde antes de ser inaugurado.

Para entender la polémica conviene hacer un viaje al pasado: 1832, año en el que se construyó el primer mercado de abastos de la ciudad sobre un antiguo convento medieval agustino y que vivió grandes momentos de esplendor con más de 400 puestos. En 1973, esa plaza fue demolida para adaptar la zona a las nuevas necesidades urbanísticas y se dispusieron unas instalaciones aledañas provisionales que se alargaron por 37 años dejando un enorme solar vacío en pleno centro de la ciudad. Fue en 2006 cuando empezaron las obras, que supusieron un reto paisajístico pues, después de un concurso internacional, el Ayuntamiento de Sevilla eligió la propuesta de Mayer: el edificio de madera más grande del mundo, una estructura única de 150x70 metros y una altura de 28,5 metros en la que se emplearon 3.500 piezas unidas por 3.000 nudos y 16 millones de tornillos y tuercas. Una estructura mastodóntica que resurge en medio del caserío y que muchos entendieron como una auténtica agresión al patrimonio y al paisaje sevillano.

placeholder Foto tomada el 5 de marzo de 2011, un día antes de la inauguración de 'Las Setas'. (EFE/Juan Ferreras)
Foto tomada el 5 de marzo de 2011, un día antes de la inauguración de 'Las Setas'. (EFE/Juan Ferreras)

El debate estético fue muy ruidoso, pero aún lo fue más el económico. De hecho, todavía se desconoce con exactitud a cuánto ha ascendido la factura final, pues a los desvíos presupuestarios del momento se han ido sumando sentencias condenatorias e indemnizaciones. El montante ha superado ya los 100 millones de euros, lo que supone el doble de lo previsto. Un escándalo porque el Gobierno municipal, entonces una coalición de PSOE e IU, agotó el dinero de otros convenios urbanísticos para hacer frente a esta obra en detrimento de otras. Sin embargo, si entonces las cuentas que se hacían eran cuánto más se podría haber hecho en Sevilla con el coste de 'Las Setas', ahora los cálculos se centran en cuántas inversiones han atraído hasta la ciudad.

La Universidad de Sevilla está ultimando un estudio que determinará la rentabilidad de este proyecto, pero ya hay algunos como el geógrafo Enrique Hernández, exdirector del Plan Estratégico de Sevilla 2010, que asegura que 'Las Setas' han devuelto a la ciudad con creces lo que costaron en su día. Es una de las conclusiones que saca tras analizar con detalle en un libro los cambios que transformaron la capital hispalense en la década de 2000-2010, siendo alcalde el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín. Inversiones que Hernández sitúa al nivel de las que se hicieron en el 92, exceptuando el AVE.

Foto: La esfera bioclimática, uno de los símbolos de la Expo 92. (EFE/Julio Muñoz)

Inauguración precipitada

'Las Setas' se inauguraron tras cinco años de obras y sin concluir, el 6 de marzo de 2011, con la premura de un alcalde que, ante la amenaza del cambio político, quiso hacer la foto oficial hora antes del pistoletazo de salida de la campaña electoral donde resultó vencedor su rival, el popular Juan Ignacio Zoido, que había llegado a plantear la demolición o reconversión del proyecto. Y, una vez abiertos los 250 metros de pasarelas para el disfrute de sevillanos y turistas, ese espectacular y sorprendente mirador sobre la ciudad se convirtió en un terreno vetado durante mucho tiempo incluso a los políticos, que no se atrevían a sacar pecho por una infraestructura vinculada irremediablemente al derroche y la polémica.

placeholder Mitin de Podemos en junio de 2016 bajo 'Las Setas' de Sevilla. (EFE/Julio Muñoz)
Mitin de Podemos en junio de 2016 bajo 'Las Setas' de Sevilla. (EFE/Julio Muñoz)

El hoy alcalde, el socialista Antonio Muñoz, fue de los pocos que se atrevieron a posar en las escalinatas de esta particular plaza, cuatro años después de su inauguración. Firme defensor de la Sevilla contemporánea y la necesidad de caminar hacia las vanguardias, en plena pandemia propició una estampa impensable años atrás al escoger 'Las Setas' como fondo de una fotografía que simbolizó una alianza sin precedentes en la ciudad pues toda la sociedad civil, desde el Ejército al Arzobispado, dieron la mano al Ayuntamiento en defensa de un plan para impulsar el turismo y recuperar la economía local. “Los sevillanos ya han aceptado 'Las Setas' y coinciden en que hay que explotar este recurso; quizás lo que falta hoy es que haya actividades culturales, música, teatro y otras disciplinas artísticas, para que la ciudadanía se acostumbre a subir a este mirador y lo haga suyo”, defiende el alcalde.

Una propuesta que reforzaría la apuesta que, diez años después del inicio de su explotación, está realizando Sacyr, la que será concesionaria de Metropol-Parasol hasta 2051. La empresa ha invertido recientemente 14 millones de euros en mejoras que añaden un atractivo más al monumento: espectáculos y experiencias inmersivas de luz y sonido basadas en el uso de nuevas tecnologías que permiten, literalmente, ver, oír, palpar, oler y, en definitiva, sentir Sevilla en cada uno de sus rincones. Un ejemplo, según el gerente de este complejo, del compromiso con la ciudad y el turismo, apunta Pedro Parrilla. Junto al nuevo espectáculo, que se denomina 'Aurora', 'Las Setas' cuentan con una sala ubicada a 21 metros de altura y con 200 metros cuadrados de superficie con una pantalla curva que aporta un plus para presentaciones, foros y eventos de la ciudad.

La oferta renovada pretende superar las asignaturas pendientes del icono una década después y lograr que se consoliden como un elemento que, a día de hoy, es la panorámica que mejor refleja la intención de la nueva marca Sevilla promovida por los gestores de la ciudad: una ciudad muy famosa y también muy desconocida donde la tradición y la innovación se den la mano para desmontar los tópicos.

Se las conoce popularmente como 'Las Setas' de Sevilla, aunque su verdadero nombre es Metropol-Parasol. Su diseño no está inspirado en hongos, sino en los ficus centenarios de la cercana plaza de San Pedro y las bóvedas de la Catedral. Una arquitectura de vanguardia levantada en el corazón de la trama urbana que se ha convertido en un icono de la Sevilla contemporánea, con firma del alemán Jürgen Mayer y que, once años después de su inauguración, sigue teniendo asignaturas pendientes que justifican su reinvención, sin obviar la polémica que sigue coleando por su alto coste.

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