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Sequía e inflación: ¿Ya no hay sitio para más invernaderos en Almería?
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Sequía e inflación: ¿Ya no hay sitio para más invernaderos en Almería?

La crisis de los precios en origen que dura más de una década, los problemas con el agua y la mala imagen “ecológica” del modelo cuestionan los límites del milagro de los plásticos

Foto: Vista general de los invernaderos de El Ejido. (EFE/Pedro Armestre)
Vista general de los invernaderos de El Ejido. (EFE/Pedro Armestre)

En la última campaña agrícola, la de 2020-2021, la provincia de Almería produjo 3,7 millones de toneladas de frutas y hortalizas, 3,5 de ellas bajo plástico, lo cual supuso unos ingresos para el sector de 2.300 millones de euros. Parecen grandes cifras, pero los propios productores advertían del descenso de la rentabilidad de los cultivos, que este arranque de 2022 ha puesto aún más en duda: inflación, guerra de Ucrania, pérdidas provocadas por el paro de transportes… Sin embargo, el límite puede estar a punto de llegar por otro elemento clave y que el sector tradicionalmente presume de optimizar: el agua.

A finales de marzo, la Junta de Andalucía denegaba el cambio de uso de forestal a agrícola de una finca de más de 130 hectáreas en el término municipal de Almería, el conocido como Cortijo Mazorque. La razón era que la propiedad no podía justificar cómo iba a regar las 104 hectáreas que quería dedicar a cultivo de tomate en invernadero. La administración denegaba la petición por proponer el uso de agua de desaladora, un recurso que la actual normativa solo permite utilizar para sustituir derechos de agua.

Foto: Embalse de La Viñuela, en Málaga, la semana pasada. (EFE/J. Zapata)

Se trataba de una decisión coherente con la actual situación de sequía que sigue afectando al campo andaluz —aunque el caso almeriense sea particular— y con la Directiva Marco Europea del Agua, que actualmente obliga a España a recuperar sus acuíferos sobreexplotados, como el del Campo de Níjar. El riesgo para el Gobierno central o para la Junta de Andalucía son multas europeas, similares a las que nuestro país fue condenada a pagar 53,4 millones de euros en 2018 por incumplir el tratamiento de aguas residuales.

No se conceden nuevos regadíos y los que hay se mantienen con agua de mar desalada —más cara por el gasto energético que necesita— para recuperar acuíferos como el del Campo de Níjar —donde se ubicaría la finca anterior— y no solo evitar la multa europea, también garantizar el futuro del sector en la provincia de Almería y su célebre “mar de plástico”.

placeholder Los tomates de invernadero de Almería son los más valorados de Europa. (D.B.)
Los tomates de invernadero de Almería son los más valorados de Europa. (D.B.)

Sin embargo, el informe 'Análisis de campaña hortofrutícola de Almería 2020/2021' de Cajamar apuntaba un dato: el número de superficie de invernaderos aumentó en dicho periodo un 1,6%, hasta las 32.554 hectáreas sobre un total 64.672 hectáreas de regadío. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento de Níjar presumía en redes sociales que de las 125 nuevas hectáreas nuevas en la provincia durante el año natural de 2021, 108 fueron en la localidad. ¿Está presumiendo el consistorio de sobreexplotar el acuífero y saltarse la norma europea? No exactamente.

"Dejadez en la vigilancia"

Pepe Rivera, portavoz del Grupo Ecologista Mediterráneo, acusa a la Junta de Andalucía de “dejadez” a la hora de vigilar que efectivamente no se creen más regadíos y advierte de que el desfase viene de “como muchas parcelas se presentan en proyectos de menos de 10 hectáreas, que no necesitan informe de impacto ambiental y pasan por los ayuntamientos, no por la Consejería de Agricultura, que los aprueban todos”.

Foto: Pimientos de Almería arrojados al suelo para denunciar los bajos precios. (EFE)

Rivera critica que “desde que se establece un plan para sequías o para recuperar un acuífero, se queda anticuado, porque se hace para un consumo de agua sobre una superficie de regadío que no es real cuando se empieza aplicar”. Y advierte de lo que para él es un “sinsentido”: gran parte sustancial de lo que se produce se tira porque los precios no son rentables para los agricultores. “Se venden a Europa productos de primera categoría, pero el resto se tira. Si hay grandes cantidades de tomates que en el mejor de los casos se usan como pienso de ganado, estamos hablando de desperdicio. Si la producción se optimizase, no haría falta más superficie ni más agua”.

En parte los datos le dan la razón. Por ejemplo, el informe de Cajamar situaba el melón y la sandía como los dos cultivos que más crecieron en la provincia en la pasada campaña, un 16,6% y un 17,5% respectivamente, hasta alcanzar las 132.734 y 578.129 toneladas de producción. Pues bien, la asociación de agricultores Asaja Almería calculó en 75 millones las pérdidas que provocó el descenso brusco de precios de ambos productos el pasado junio, al final de la campaña.

Foto: Pantano del Ebro en Yesa. (EFE)

Todo esto en un contexto en el que, según datos de la misma Asaja del pasado 6 de abril de este 2022, los agricultores almerienses se enfrentan a la campaña agrícola (la actual, 2021-2022) más cara de la historia. La subida media de costes del 33%, con fertilizantes, electricidad o plástico en el 50%. El incremento del coste se calcula en 1,60 euros el metro, es decir, 16.000 euros más por hectárea cultivada. Sin embargo, en ese mismo informe la asociación agraria advierte que los precios de los productos en origen apenas han subido el 20%, con las posibles pérdidas asociadas.

"Siempre estamos en sequía"

Volviendo al agua, las asociaciones agrícolas rebajan las críticas ecologistas o las negativas de la Administración. Antonio López, presidente Comunidad de Usuarios de la Comarca de Níjar (CUNC), atiende al El Confidencial para restar importancia a la cuestión: “En Almería siempre estamos en sequía. Que se deniegue el uso a fincas que no eran de regadío es lógico, pero no es que haya llegado el límite porque existen fincas con derechos de agua que no están en uso. Lo que hace falta es que se pongan en uso las desaladoras con precios mínimos de consumo y garantías de sostenibilidad, para recuperar el acuífero”.

Por su parte Roque García, vicesecretario general de Desarrollo Rural, Agua y Acción Sindical de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) de Andalucía, pide “no especular” con el agua, ni a nivel económico ni político. Opina que se ha vendido “humo” con que la zona de Níjar se iba a poner entera en regadío e incide en el tema del agua: “Pedimos que las desaladoras funcionen al 100% y que el precio del metro cúbico de agua que venga de la misma tenga un precio fijo para la agricultura y no esté sometido a los vaivenes del mercado”.

placeholder Vista de un invernadero de Almería. (EFE/Carlos Barba)
Vista de un invernadero de Almería. (EFE/Carlos Barba)

García acusa a la Junta de Andalucía y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) de no estar planificando adecuadamente las sequías. “Si la planificación hubiese estado desde el principio, todos habríamos sabido la cantidad de hectáreas que se podrían haber dedicado a invernaderos y cómo se iba a gestionar el recurso. De ser así, a día de hoy no tendríamos problemas. Como no lo hemos hecho, ahora está la amenaza del incumplimiento de la directiva de la UE”.

También descarta la comparación con el polémico decreto de legalización en Doñana, que vuelve a calificar de “especulación electoral. En ningún momento va a ser posible tener 1600 hectáreas más de regadío. No es real. En Almería o en Huelva tenemos que huir de ese modelo del pelotazo, del modelo especulativo o de especular para conseguir votos”. En su opinión, el nuevo Plan Hidrológico de las Cuencas Mediterráneas 2022-2027, que se encuentra en periodo de consultas y deberá estar listo para octubre, “sigue sin tener planificación para periodos de sequía como el actual”. Las proyecciones “tienen que ir a 10 años y no a dos”.

​La reputación

Marcos Diéguez, de Ecologistas en Acción Almería, zanja: “Hay que apostar más por calidad que por la cantidad porque en cantidad nos van a ganar en otros países. El modelo puede estar abocado al fracaso de aquí a una década. Si se han alcanzado unos límites es por agua, plásticos y todo, pero no tiene sentido seguir cambiando hectáreas de uso o poniendo invernaderos nuevos si todos los años hay agricultores que tiran toneladas de producto porque no es rentable. Se quejan de que el agua desalada es muy cara y al mismo tiempo quieren ampliar regadíos con esa agua. El agua desalada consume mucha energía eléctrica, si los precios de la energía siguen subiendo, solo se va a encarecer. No se pueden eludir esos gastos fácilmente”.

Foto: Parque Nacional de Doñana.

Y añade, por cierto, un problema paralelo al de la supuesta “mala imagen” de los problemas ecológicos de Doñana ante los principales clientes de la fresa, en el norte y el centro de Europa: “Más invernaderos es más contaminación con plásticos y residuos agrícolas. Es un problema de imagen gordísimo, nos cansamos de recibir a periodistas extranjeros que vienen a criticar el modelo de invernadero almeriense”.

En la última campaña agrícola, la de 2020-2021, la provincia de Almería produjo 3,7 millones de toneladas de frutas y hortalizas, 3,5 de ellas bajo plástico, lo cual supuso unos ingresos para el sector de 2.300 millones de euros. Parecen grandes cifras, pero los propios productores advertían del descenso de la rentabilidad de los cultivos, que este arranque de 2022 ha puesto aún más en duda: inflación, guerra de Ucrania, pérdidas provocadas por el paro de transportes… Sin embargo, el límite puede estar a punto de llegar por otro elemento clave y que el sector tradicionalmente presume de optimizar: el agua.

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