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El PSOE andaluz teme que su votante rural abstencionista salte a Vox
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"Son los hijos de nuestros votantes"

El PSOE andaluz teme que su votante rural abstencionista salte a Vox

El voto al PSOE en los pueblos de menos de 10.000 habitantes cayó al 37% en 2018, cuando antes era la mitad de los electores. Los alcaldes socialistas advierten del alza de Vox en los municipios rurales

Foto: Juan Espadas. (EFE/Julio Muñoz)
Juan Espadas. (EFE/Julio Muñoz)
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El PSOE se dejó en el camino 400.000 votos en las elecciones andaluzas de diciembre de 2018. Fue la clave de aquellos comicios que propiciaron el cambio político en Andalucía después de 37 años. Los socialistas calculan que buena parte se quedó en la abstención y no hubo trasvases importantes a otros partidos. El partido cosechó la victoria más pírrica de su historia. También el PP sufrió un revés en sus bastiones urbanos más importantes. No hay que olvidar que Juan Manuel Moreno gobierna con la marca más baja de su partido en unas autonómicas. Ambas formaciones pelean por crecer y ambas se sienten, de una manera u otra, amenazadas por Vox, el partido que tiene más auge y potencial de crecimiento, según las encuestas.

Foto: El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, en un acto en Almería. (EFE/Carlos Barba)

Los socialistas, con Juan Espadas al frente, confían en poder recuperar voto urbano y también rural. En las zonas más pobladas de Andalucía, las ciudades grandes y medias, perdieron 200.000 votos en 2018. Fue su gran sangría. Pero en las localidades de hasta 10.000 personas, también notaron de forma drástica una caída del que había sido hasta entonces su electorado más fiel. En estos pueblos cosecharon el 50% de sus apoyos. En las últimas, el 37%. Son datos que maneja el PSOE y que atraviesan la estrategia de su campaña. El partido se alzó como fuerza más votada en 612 de los 778 municipios andaluces, 51 menos que en 2015. Muchos de los que se dejó en el camino eran esas pequeñas localidades donde durante años de hegemonía tejió su gran red de fieles.

La pelea del malestar

El PP peleará por que no haya trasvase de sus votantes a la extrema derecha de Santiago Abascal. "Nuestro principal adversario electoral es Vox", señalan los líderes populares. No solo ellos están preocupados. El PSOE tampoco le pierde la cara, porque teme que buena parte del voto de los pueblos, que perdió en las últimas autonómicas, pueda convertirse en un voto de castigo y vaya a Vox. Los alcaldes socialistas llevan mucho tiempo advirtiéndolo y el partido está cargando su argumentario para recuperar su conexión con el medio rural, donde Vox tiene en Andalucía un nicho de votos muy importante.

Foto: Grupo de jóvenes en Los Palacios frente a un cartel de Vox.

"Son los hijos de nuestros votantes", advierten en las filas del PSOE más pegadas al mundo rural. Hay mucho voto joven en el partido de Abascal. Pero también creen que pueden recuperar a sus abstencionistas, a los electores que cogían la papeleta del PSOE desde los tiempos de Felipe González y que en los últimos años han dado de lado estas siglas. Los socialistas no creen que el PP, que nunca ha tenido implantación en los pueblos andaluces, pueda pescar en esta bolsa. Claro que los de Moreno trabajan para llevarse 90.000 votantes del PSOE, muchos en las pequeñas localidades. Los dos partidos tradicionales insisten en que Vox no les marca el guion, pero lo cierto es que la extrema derecha sí que manda con claridad en el escenario, es una amenaza en todos los frentes y todos planifican cómo combatirla.

El Gobierno lleva semanas de gestos con el mundo rural, con guiños a sectores como la caza, con un censo de más de 250.000 cazadores en Andalucía. Incluso la abstención del PSOE en la votación del Parlamento andaluz en el plan de amnistía del regadío en Doñana, que finalmente decaerá si se convocan las elecciones, se explicó por sus dirigentes con el polvorín del campo y la necesidad de conectar con muchos municipios que habían sido bastiones socialistas en Huelva.

Foto: Momento de la gran manifestación en apoyo del mundo rural. (Sergio Beleña)

Hay división sobre esa teoría de que hay voto del PSOE que pueda ir a Vox. Hay expertos politólogos que avisan de que eso ya se ha demostrado. Ahí están Francia y la Agrupación Nacional de Marine Le Pen o el partido de Matteo Salvini en Italia, que se han nutrido de clase obrera o capas más bajas de la sociedad. Vox tiene su plan y aspira a esa izquierda rojiparda, al votante de izquierdas nostálgico de un tiempo pasado que fue mejor y que no entiende un mundo globalizado, posindustrial, al que le repele el debate del lenguaje políticamente correcto, del ecologismo o de la igualdad como las grandes banderas.

Ahí están las grandes protestas del campo contra el Gobierno o de los cazadores. Advierten quienes sí ven ese trasvase que si la izquierda ignora esta realidad se equivocará. En las filas del PSOE andaluz, cada vez menos dirigentes son ajenos. Votantes que se sienten huérfanos de la socialdemocracia, clase trabajadora sin estudios, con bajos recursos. Ya en las últimas elecciones hubo informes que señalaron que un 15% de exvotantes del PSOE se fue a Vox. Otra corriente opina con claridad que es falso que haya votantes de izquierda que se vayan la extrema derecha y que esa es una teoría para dividir a la izquierda.

Vox ya fue en las generales de noviembre de 2019 segunda fuerza política en pueblos jornaleros y tradicionalmente de la izquierda de Andalucía. Según los datos oficiales del Ministerio del Interior, nueve de los 10 municipios de más de 20.000 habitantes con la renta per cápita más baja (menos de 7.000 euros anuales) son andaluces. Vox consiguió quedar en primera posición en Níjar, Vícar y Adra (Almería), Alhaurín el Grande (Málaga) e Isla Cristina (Huelva). Quedó en segunda posición en Los Palacios y Villafranca (Sevilla), Barbate, Sanlúcar de Barrameda y Arcos de la Frontera (Cádiz). El décimo por índice de pobreza es Mazarrón, en Murcia, y también Vox quedó primero.

Todas las localidades andaluzas compartían elevados datos de paro. Es voto del malestar social. Desde entonces, los de Santiago Abascal han trabajado mucho este caladero. El de los pueblos andaluces, con planes de captación de simpatizantes perfectamente diseñados, y el de la indignación y el cabreo profundo de los más desfavorecidos.

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE/Kiko Huesca)

El PSOE combatirá la abstención

En los últimos comicios autonómicos andaluces, la abstención fue muy alta. La participación bajó del 60% por segunda vez desde 1982, se quedó en el 56,6%, la más baja desde 1990 (54,72%). Los socialistas creen que el PP juega a la desmovilización y achacan a Moreno que esté manoseando la fecha electoral para propiciar una abstención alta, que castiga más a la izquierda. Consideran que el PP calcula que su electorado irá a votarlo, pero el del PSOE, menos fiel, se quedará en casa. Por eso defienden que se ha llevado la fecha electoral tan atrás en junio. Podría ser el domingo 26 o incluso convocar un día entre semana, otra posibilidad que estuvo sobre la mesa.

El PSOE de Juan Espadas, que ha propiciado una profunda renovación en sus listas y enterrado definitivamente la etapa de Susana Díaz, sabe que cualquier dato que esté por debajo del millón de votos de 2018 sería un fracaso. En las elecciones generales de abril de 2019, cuatro meses más tarde de las andaluzas, ya el PSOE de Pedro Sánchez recuperó en Andalucía medio millón de votos. Los socialistas admiten que será difícil —salvo una carambola como la que llevó a Moreno a la Junta— que Espadas pueda alcanzar el Gobierno autonómico. Trabajan con ese escenario en el medio plazo, porque dan por hecho que el PP sumará mayoría absoluta con Vox en Andalucía.

Sí creen que pueden mejorar sus datos respecto a los últimos comicios, o en eso trabajan. Quieren recuperar a sus votantes desmovilizados, llevarse voto de Ciudadanos, que irá en gran parte al PP, y también pescar a su izquierda, donde de momento solo hay una marca con candidato, la de Adelante Andalucía, con Teresa Rodríguez, porque Unidas Podemos y Más País siguen sin cartel y deshojando la margarita de la confluencia.

El PSOE se dejó en el camino 400.000 votos en las elecciones andaluzas de diciembre de 2018. Fue la clave de aquellos comicios que propiciaron el cambio político en Andalucía después de 37 años. Los socialistas calculan que buena parte se quedó en la abstención y no hubo trasvases importantes a otros partidos. El partido cosechó la victoria más pírrica de su historia. También el PP sufrió un revés en sus bastiones urbanos más importantes. No hay que olvidar que Juan Manuel Moreno gobierna con la marca más baja de su partido en unas autonómicas. Ambas formaciones pelean por crecer y ambas se sienten, de una manera u otra, amenazadas por Vox, el partido que tiene más auge y potencial de crecimiento, según las encuestas.

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