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El Carnaval de Cádiz vuelve a su origen: callejero, 'ilegal' y autogestionado
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El oficial se celebrará en primavera

El Carnaval de Cádiz vuelve a su origen: callejero, 'ilegal' y autogestionado

160 años después la ciudad celebra su fiesta grande con una programación al margen del Ayuntamiento. La oposición de un sector de los vecinos ha permitido la celebración

Foto: Una agrupación alegra las calles de Cádiz durante el carnaval de 2018. (EFE/Román Ríos)
Una agrupación alegra las calles de Cádiz durante el carnaval de 2018. (EFE/Román Ríos)
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El cambio de fecha suponía renunciar por segundo año consecutivo a la celebración del Carnaval gaditano en febrero, una tradición que pasa de padres a hijos y que ha motivado centenares de coplas presentes en el imaginario colectivo (Llegó febrero del papelillo / al que yo quiero / al que yo adoro desde chiquillo, cantaba la chirigota Los Inventores). “Lo que nos lleva a salir es la tradición; a mediados de enero algo se mueve en los biorritmos del cuerpo”, explica Ana López Segovia, autora de la chirigota de Las Niñas de Cádiz.

placeholder Una chirigota femenina en el Carnaval callejero. (Historia general del Carnaval de Cádiz)
Una chirigota femenina en el Carnaval callejero. (Historia general del Carnaval de Cádiz)

El anuncio de un Carnaval en junio provocó una oleada de críticas en la ciudad y desde el primer momento medio centenar de agrupaciones callejeras anunció su intención de no acatar la norma. Las también consideradas agrupaciones 'ilegales' representan la expresión más popular y subversiva de la fiesta: la forman grupos de gaditanos que eligen un tipo (traje), elaboran un repertorio y salen a la calle sin un itinerario establecido para ofrecer su ‘performance’ y cantar sus coplas con total libertad. En su concepción está la idea de evitar mandatos públicos y escapar de la oficialidad, que cante quien quiera, lo que quiera y donde quiera.

Será una semana con menos ornamentación y más improvisación

En las últimas semanas se unieron a su propuesta peñas, asociaciones, autores y hosteleros, convencidos de que la capital no podía ser el único municipio de la provincia, junto a Barbate, que se quedase sin celebrar la fiesta en febrero. El resultado: una programación diseñada sin presupuesto y al margen del Ayuntamiento y un Carnaval interpretado por muchos como una reivindicación del espíritu más espontáneo, anárquico y rebelde de la fiesta.

Vuelta a las raíces

Será una semana con menos ornamentación y más improvisación, pero que evoca más que nunca a los orígenes, cuando lo ilegal era la norma. Hasta finales del siglo XIX, las coplas eran “del pueblo, creadas por los obreros” y estaba prohibido cantarlas en la calle, tal y como explica David Monthiel, autor de ‘Historia general del Carnaval de Cádiz’. La prensa de la época refleja las numerosas quejas de la burguesía por las burlas de aquellos incipientes carnavaleros.

Finalmente, el Ayuntamiento entendió que la única forma de controlar esa expresión subversiva era instrumentalizarla. “En 1861 se empezó a utilizar la semana de Carnaval como un evento para la promoción de la ciudad y el turismo, para que hubiera rédito económico”, explica el escritor. Siempre hubo resistencia al control institucional, pero el poder municipal empezó a regular, con mayor o menor intensidad, esta manifestación cultural popular: el concurso de coplas y la censura moldearon un “producto más encorsetado y ajustado a las normas” y la dictadura franquista reduciría la crítica a la mínima expresión.

placeholder La Coqui, histórica y pionera en el Carnaval. (Historia general del Carnaval de Cádiz)
La Coqui, histórica y pionera en el Carnaval. (Historia general del Carnaval de Cádiz)

Fue con la llegada de la democracia cuando se asentaría la idea del Carnaval ilegal o callejero que ha convivido hasta ahora con la oficialidad y que este año asume el primer plano: agrupaciones bajo la filosofía de “la no organización” ofrecen cada febrero una versión más transgresora que lo que se encuentra sobre las tablas del Teatro Falla. Las autodenominadas ‘ilegales’, un calificativo que servía para diferenciarlas de la oficialidad, apuestan por letras más críticas, temáticas “más crudas”, humor más negro, “más borde”. Un producto menos profesional pero más fresco, sin un formato fijo, sin cortapisas.

Ese “movimiento cultural y musical que se vertebra cantando”, en palabras de Monthiel, ha consolidado agrupaciones conocidas por todos los aficionados, pero que se mantienen alejadas del foco mediático. Pese a su impacto –muchas cuentan con miles de seguidores en redes-, no tienen una autoría individual protagonista ni exposición destacada en los medios. “Mi opinión importa poco”, rehúye uno de los chirigoteros callejeros más conocidos cuando se le solicita participar en este reportaje. “Prefiero no salir, que me voy a poner ‘mu visto’“, responde uno de los creadores del Carnaval callejero actual, admirado por media ciudad pero siempre en un segundo plano.

La chirigota de Las Niñas, Luci, Pepi y Bom, y otras monas del montón.

Una de las agrupaciones más conocidas es la chirigota de Las Niñas, cuyas integrantes triunfan en el teatro con la compañía homónima, recientemente reconocida en los premios Max, el galardón más importante de las artes escénicas. Ana López Segovia, directora de la compañía y miembro de la chirigota, define el Carnaval de la calle como “un espacio de creatividad, libertad, espontaneidad y locura”.

Las compañía Las Niñas de Cádiz se nutre a nivel creativo de esta mezcla, el Carnaval y teatro “en una especie de catarsis” que tiene “algo dionisiaco” y báquico”. En la calle la interacción con los aficionados, que se agolpan frente por frente de las agrupaciones en cada esquina, es imprescindible. “Nos interesa la improvisación, la ruptura de la cuarta pared, la relación, cercanía y participación del público. Nos hace soñar con cómo sería el teatro clásico, del siglo de oro, cuando se vivía tanto el momento como lo que pasaba en escena”, resume la gaditana, ahora de gira, desde el camerino.

Carnaval fuera del Carnaval

El nacimiento del Carnaval Chiquito representa bien el espíritu anárquico y rebelde de la fiesta. En 1987, varias agrupaciones se organizaron el domingo siguiente de la semana de Carnaval, cuando la fiesta había terminado, para alargarla un fin de semana más. El nombre derivó del Corpus Chiquito, una procesión que se celebraba el domingo siguiente de esta festividad católica. “Cogieron una pancarta y se dirigieron todos a las escalinatas del edificio de Correos para cantar”, recuerda Monthiel. La tradición se ha mantenido cada año e incluso se incluye en el programa oficial. “Y como cada vez viene más gente”, apunta, “ya hay gaditanos que reivindican otro día aparte”, más que chiquito, enano: “El ‘nanoCarnaval’”.

placeholder Comparsa 'El bache' cantando en el Carnaval Chiquito. (Historia general del Carnaval de Cádiz)
Comparsa 'El bache' cantando en el Carnaval Chiquito. (Historia general del Carnaval de Cádiz)

Esa informalidad, espontaneidad y rechazo al orden establecido ha facilitado durante décadas la integración de sectores de la población que siempre estuvieron en un segundo plano. “Cuando salimos por primera vez sólo había otra chirigota femenina, pero hoy hay casi más mujeres que hombres”, apunta López Segovia, que este año cumplirá 25 años saliendo a la calle con su grupo y siendo una referente para las jóvenes gaditanas: “En el Concurso las mujeres salimos menos por su exposición. El ser institucional, oficial, lo hace más conservador; aunque eso también va cambiando y espero ver algún día un Primer Premio de mujeres”.

En Cádiz, una de las ciudades con mayor tasa de paro del país, salir a la calle en febrero se asume como una experiencia terapéutica que este año es más necesaria que nunca. Muchas de las agrupaciones abordarán temáticas relacionadas con la pandemia en un rato de risas que servirá, en palabras de López Segovia, de “exorcización”: “Hemos sufrido mucho y lo que tenemos dentro está pidiendo salir; necesitamos depurarnos y reírnos de lo que ha pasado con todo el dolor, que al final son las buenas risas, el dolor superviviente. Me planteé si la gente se ofendería, pero necesito sacar y canalizar todo lo traumático”.

Un bando para la convivencia

Ante la organización del Carnaval no oficial, el alcalde se ha visto obligado a emitir un bando en el que apela a “la convivencia entre vecinos y agrupaciones”. El equipo de Gobierno pretendía evitar brotes en los ensayos y aglomeraciones en las calles, pero ante la respuesta popular se ha resignado a aceptar la realidad con medidas de contención.

Habrá servicios extraordinarios de limpieza y refuerzos de la Policía Local, que actuará como cada año y no desalojará las zonas más concurridas. Ante las multitudes, será difícil controlar el uso de mascarilla en los callejones cuando no se cumpla el metro y medio de distancia. En una medida que miembros del Cuerpo de Policía consideran “un brindis al sol”, el equipo de Gobierno de Adelante Cádiz –una coalición conformada mayoritariamente por Anticapitalistas e Izquierda Unida-, ha difundido el teléfono de un concejal que estará de guardia para “mediar” en los conflictos entre agrupaciones y vecinos.

La chirigota del Airon, 'Los masoquistas'.

Por otra parte, la improvisación no beneficia al sector turístico, que obtiene importantes ingresos por la celebración de la fiesta. A falta de las reservas de última hora, las previsiones de la patronal de hosteleros, Horeca, muestran que los establecimientos de Cádiz capital tendrán este Puente de Andalucía una de las ocupaciones más bajas de la provincia.

En el resto de municipios gaditanos sí habrá programación oficial y hay dudas sobre cuál será el resultado de esta organización espontánea en la capital. Sin duda será una fiesta más local, pero se prevé que decenas de agrupaciones de toda Andalucía visiten la ciudad igualmente. “Hace un mes y medio nadie daba un duro por que se fuera a celebrar y al final hemos salido ganando: pudiendo tener dos Carnavales, ¿para qué tener uno? Vamos a reírnos y a honrar a todos los que hemos perdido”, concluye López Segovia.

El cambio de fecha suponía renunciar por segundo año consecutivo a la celebración del Carnaval gaditano en febrero, una tradición que pasa de padres a hijos y que ha motivado centenares de coplas presentes en el imaginario colectivo (Llegó febrero del papelillo / al que yo quiero / al que yo adoro desde chiquillo, cantaba la chirigota Los Inventores). “Lo que nos lleva a salir es la tradición; a mediados de enero algo se mueve en los biorritmos del cuerpo”, explica Ana López Segovia, autora de la chirigota de Las Niñas de Cádiz.

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