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El campo resucita su rebelión contra el Gobierno: "Somos un problema de Estado"
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PROTESTAS EN ANDALUCÍA

El campo resucita su rebelión contra el Gobierno: "Somos un problema de Estado"

Las organizaciones agrarias se unen de nuevo tras el parón de las protestas por la pandemia. La meta está el 20 de marzo en Madrid, con la convocatoria de una gran manifestación. Advierten de que la situación es "insostenible"

Foto: Agricultores cortan la AP-4. (EFE/Julio Muñoz)
Agricultores cortan la AP-4. (EFE/Julio Muñoz)

"El ministro de Alemania lo primero que ha hecho es sentar allí en su despacho a los de Aldi y Lidl y decirles a la cara que son unos usureros, que están desangrando el campo. Nada más llegar, y aquí, un inútil, y me callo...". Tras el megáfono está Miguel López, secretario general de COAG Andalucía, que no puede contenerse en una catarata de insultos. Junto a él están los líderes de Asaja, la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) y Cooperativas Agroalimentarias. Las banderas de plástico blanco con los logos de las cuatro organizaciones dejan clara la unanimidad de todo el campo andaluz en las protestas. La diana de las críticas más duras es el ministro de Agricultura y Pesca Luis Planas. "Vamos a ver si Pedro Sánchez se entera de que esto es un problema de Estado y nos pone en la primera fila de agenda. La situación es insostenible", repiten en los grupos quienes están organizando la marcha. Piden la destitución del ministro.

"Que somos un problema de Estado", vociferan. Precios en origen que siguen estando por debajo de los costes. Importaciones de terceros países que no cumplen las normas alimentarias y de seguridad y que los hunden. Costes disparados, triplicados en algunos casos, del gasóleo, fertilizantes, luz, semillas... Una política comunitaria diseñada en Europa y avalada por el Gobierno que les pega un tijeretazo muy importante. "Ni siquiera el tiempo nos ayuda", se quejan. La pertinaz sequía les ha puesto el rejón de muerte. "Que no podemos más", gritan.

placeholder Varios antidisturbios junto a un tractor. (EFE)
Varios antidisturbios junto a un tractor. (EFE)

El motor de la protesta que este viernes sacó a cientos de tractores y más de un millar de agricultores y ganaderos de las provincias de Sevilla y Cádiz, los organizadores hablaron de 4.000, fue el reparto de la Política Agraria Común (PAC). "Una reforma que agrava el problema", advierten los agricultores. Denuncian que el campo andaluz perderá 450 millones de euros en el próximo quinquenio. La provincia de Sevilla, 260 millones. Los manifestantes han logrado cortar la autovía N-IV, ocasionando importantes retenciones en la carretera más importante entre las provincias sevillana y gaditana. Quieren, insisten, que se les vea, que se les oiga. Se palpa el enfado, la impotencia y en algunos momentos la furia. La Guardia Civil se desplegó con decenas de agentes para impedir que saltaran a la autopista. Hubo un pico de tensión, con algunos palos. Saltaron chispas. La algarada duró minutos y fue Juan Sánchez, presidente de la Cooperativa de las Marismas, el que se llevó la peor parte.

Foto: Manifestación contra la PAC en Bruselas, en diciembre de 2020. (Reuters)

Palos de la Guardia Civil

"Me han dado unos pocos de escudazos, pero en peores plazas hemos estado. Mi hija, que es muy brava la niña, y me tuve que meter para que no le dieran a ella", relata restando hierro al enfrentamiento vivido con la Guardia Civil. "Unos momentos muy tensos, ya está". Efectivamente fue su hija, una chica joven y aguerrida, la que se echó sobre la columna de agentes para pedir que dejaran pasar a los cientos de manifestantes. "Mañana vais a comer porras, porras", jalean los agricultores enfadados por la operación policial. "Es que nadie se da cuenta de que estamos hablando de algo básico, de la alimentación, que con la comida no se juega", grita otro jornalero antes de saltar la valla metálica que previamente habían cortado con unos alicates para ocupar la autopista. "No somos delincuentes, que quede claro. Que somos gente de campo, pacífica", vociferan ante los agentes de la Guardia Civil.

Costes disparados, sequía y reforma de la PAC forman una tormenta perfecta

Fue lo que duró la tensión. Los agricultores, flanqueados por cientos de tractores, lograron pasar un primer cordón de seguridad y un segundo que quería impedir que se cortaran las dos carreteras, la nacional y la autopista. Después, la protesta se desarrolló con máxima normalidad hasta las dos del medio día. Calientan motores. "Este es solo el principio", se despiden. De aquí al 20 de marzo, día en el que han organizado una macro manifestación en Madrid, que confían en que sea la más importante organizada en España hasta la fecha. Los chalecos amarillos reflectantes y las banderas de las organizaciones agrarias y de Andalucía fueron las más visibles. Una única del sindicato Solidaridad, afín a Vox, se quedó en un coche en el camino donde habían sido citados los agricultores y ganaderos para emprender la caminata hacia la autovía.

Foto: Manifestación de agricultores en Andalucía el pasado año. (Asaja)

Los tractores ya salieron a la calle antes de la pandemia con la unanimidad de pequeños, medianos y grandes agricultores. Aquellas protestas arrancaron al Gobierno de Pedro Sánchez la modificación de la ley de la cadena alimentaria. Una norma que aseguran que no se está cumpliendo. Entonces, un campo español asfixiado por los injustos precios que se pagaban en origen y acorralado por las exportaciones de terceros países se echó a la calle. La rebelión fue sonada, pero llegó la pandemia y frenaron las protestas y los trabajadores del campo trabajaron más que nunca. "Y aquí estamos, arruinados. Estamos financiando los beneficios de la gran distribución", critica Roque García, de la UPA, quien además denuncia que no se está cumpliendo la norma que se modificó para impedir las ventas a pérdidas.

Este es un año de transición. En 2023 regirá un nuevo reparto de las ayudas comunitarias que el Gobierno defiende que servirá para redistribuir más y mejor el dinero que viene de Bruselas. El ministro Planas justifica una reforma que asegura que dejará de privilegiar a los terratenientes. Los agricultores se indignan con esa afirmación. "Mentira", censuran. En la protesta hay pequeños y medianos agricultores. Muchos sostienen que el palo es para ellos, que han profesionalizado sus producciones y de repente les retiran 10.000 o 15.000 euros. "Nos matan".

Foto: Foto: Juan Bezos.

En varias conversaciones salen los fondos de inversión. "A ellos va a ir el dinero de la PAC", aseguran los manifestantes. María Morales es una agricultora de la provincia de Sevilla, sus producciones son de cítricos pero también de maíz, algodón, trigo o almendro, en Villaverde del Río y Lora, localidades sevillanas. "Están pagándonos el kilo de naranjas a 12 o 14 céntimos y eso es un tercio de lo que nos cuesta producirlo", explica. En el supermercado se vende a 1,80. "Dime si es rentable. Vendemos por debajo de los costes de producción". Dejarían las naranjas en el árbol, pero se estropean los frutales.

Los fondos de inversión

"Los fondos de inversión han encontrado en el campo un nuevo valor refugio. Invierten aquí como en el oro o antes en el ladrillo. Han conseguido fincas de agricultores que estaban ahogadísimos. La tierra nunca va a perder valor. Ellos se van a beneficiar de la PAC sin ser agricultores ni nada de nada", denuncia Morales. La mayoría de las críticas, muy duras, contra el ministro Planas apuntan a que desconoce la realidad del campo andaluz. Le reprochan que hable de los agricultores como si fueran grandes terratenientes cuando explican que hay muchos profesionales, pequeños y medianos productores, y que la radiografía ha cambiado mucho. "Es un inútil y no sigo. Sabe muchísimo de la Unión Europea, pero qué daño le está haciendo a Andalucía", insiste López (COAG).

El cancionero que resuena en los megáfonos que acompañan a la marcha desde algunos coches incluye a Rocío Jurado cantando el Himno de Andalucía, a El Lebrijano o a Jarcha con su 'Libertad sin ira'. "¿Qué dicen que somos todos de derechas? Mírame las manos", se defiende un hombre septuagenario que sale en estampida cuando se le pregunta por la politización de las protestas que denuncia el Gobierno. "Unos yupis, esos son los de la izquierda de ahora, no como antes. Que no tienen ni idea, no saben del campo, sinvergüenzas", agrega una mujer con gorra y mochila dispuesta a hacer todos los kilómetros que haga falta, dice, mientras aprieta el paso.

"No nos ayuda ni el tiempo", dicen alertados por la sequía. Exigen el cese de Planas

Hay mayoría de hombres, pero hay jóvenes y hay mujeres. Alejandro Mateos viene de El Coronil y tiene 21 años. "¿Qué cómo estamos? Bastante mal. Hay costes que se han triplicado. Los abonos, los fertilizantes, la gasolina, la luz, estamos pagando el doble o el triple", señala. Es el rosario de quejas que todos encadenan. "Los precios no son razonables", dice Mateos. "Yo estoy aquí porque el campo es lo que me gusta y no pierdo la esperanza de que la cosa cambie. Por supuesto que muchos de mis amigos han dejado el campo o se han dedicado a otra cosa", dice este veinteañero. Un veterano que le acompaña deja claro que "no hay relevo generacional". Cada vez, avisan, hay menos tractoristas. "Esto no es una actividad que se pueda cerrar y ya está. Es que la gente no piensa qué vamos a comer", señala otro agricultor del mismo grupo. "Todo es política. A mí que me dejen tranquilo. Y claro que hay que castigarlos en las urnas, con los votos, que es lo único que les duele. Es que cuando dicen que somos de derechas lo único que hacen es desmoralizarnos más todavía", se suma un cuarto agricultor a la tertulia.

La complicidad de la sociedad

Hay propuestas, tras negociar con la Guardia Civil, de hacer cortes de tráfico intermitentes en uno y otro sentido de la marcha para dejar circular algunos vehículos y descongestionar el tráfico. Finalmente no hay acuerdo. "De aquí no nos movemos. Que no. Esto no lo vamos a abandonar", señalan desde la primera fila tras las pancartas. "Ni un paso atrás". "Esto es un derecho constitucional". "No somos delincuentes", repiten varias veces a gritos para que la Guardia Civil los oiga. Detrás está el asalto al Ayuntamiento de Lorca, en Murcia. Quieren marcar diferencias.

En los corrillos se quejan de que ellos cumplen con todos los controles sanitarios y llegan de terceros países productos que son "bombas" y no pasa nada. "300 alertas sanitarias hemos tenido este año. Importaciones que nos hunden", señala López, de la COAG. Desde Asaja, Ricardo Serra le pide a los consumidores que cuando vayan a comprar se fijen en el origen de los productos, porque no es lo mismo. "Que miren de dónde vienen cuando vayan al supermercado". Es un gesto fácil que puede ayudar mucho. Quieren tener la complicidad de la opinión pública. El 20 de marzo en Madrid hay que hacer más ruido que nunca, se despiden, y hasta entonces seguirán convocando protestas provinciales. Calientan motores. Quieren garantías. De vuelta se les oye hablar mientras caminan. "¿A cuánto dices que has pagado la urea? Madre mía de mi alma, da miedo", dicen sobre el precio de los fertilizantes. Tienen prisa por llegar al campo. Han dejado mucha tarea por hacer. "Illo, el 20, hay que ir. Que no se rían más de nosotros".

"El ministro de Alemania lo primero que ha hecho es sentar allí en su despacho a los de Aldi y Lidl y decirles a la cara que son unos usureros, que están desangrando el campo. Nada más llegar, y aquí, un inútil, y me callo...". Tras el megáfono está Miguel López, secretario general de COAG Andalucía, que no puede contenerse en una catarata de insultos. Junto a él están los líderes de Asaja, la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) y Cooperativas Agroalimentarias. Las banderas de plástico blanco con los logos de las cuatro organizaciones dejan clara la unanimidad de todo el campo andaluz en las protestas. La diana de las críticas más duras es el ministro de Agricultura y Pesca Luis Planas. "Vamos a ver si Pedro Sánchez se entera de que esto es un problema de Estado y nos pone en la primera fila de agenda. La situación es insostenible", repiten en los grupos quienes están organizando la marcha. Piden la destitución del ministro.

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