Un 'pepón' letal con un teclado: el joven que 'crackeó' a Obama y al que delató un helado
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Vivía como un prófugo ermitaño

Un 'pepón' letal con un teclado: el joven que 'crackeó' a Obama y al que delató un helado

Llevaba una vida ermitaña en dos habitaciones de su apartamento de lujo de Estepona que únicamente abandonaba unos segundos para recoger en persona su pedido de Häagen-Dazs

Foto: Joseph James O. (d) asiste a la inspección de su equipo informático. (EC)
Joseph James O. (d) asiste a la inspección de su equipo informático. (EC)

Joseph James O. llevaba una vida ermitaña. Apenas se relacionaba con gente en persona y su vida transcurría en dos habitaciones de una lujosa vivienda de Estepona (Málaga) en cuyo aparcamiento comunitario se estacionaban Ferraris y Lamborghinis. Jamás se planteó ir a tomar una copa en ese exclusivo club de playa que acababa de abrir en Costa Natura. Lo suyo era la soledad. Del dormitorio a su centro de operaciones. Y así un día tras otro. Su única ventana al mundo era internet, una existencia paralela donde exhibía todo su poderío.

Un chico de 22 años, "con cara de muñeco 'pepón' y cuerpo desgarbado", de más de 1,90 metros, con las habilidades sociales atrofiadas, pero que detrás del teclado "es letal como una mamba negra". Una mente privilegiada para la computación y el lenguaje informático capaz de hacerse con una fortuna estimada de cuatro millones de euros 'crackeando' las cuentas de Twitter de personalidades como Barack Obama, Joe Biden, Bill Gates o Elon Musk para utilizarlas como plataforma de una presunta estafa de inversiones en criptomonedas. Un joven vengativo que actuaba con furia cuando se sentía ofendido en la red y que llegaba a movilizar a los SWAT norteamericanos para acusar a sus damnificados de graves delitos.

Foto: Foto de archivo de una convención de 'hackers' en Las Vegas. (Reuters)

Pero a pesar de su carácter reservado, meticuloso, obsesivo, no contaba con la constancia de los agentes de la Policía Nacional que seguían su rastro desde navidades y que aprovecharían su pasión por el helado, lo más parecido que tenía a una debilidad carnal, para descubrir su escondite y ponerle las esposas. Ahora pasa los días en la cárcel de Alhaurín de la Torre mientras el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz decide sobre su extradición a Estados Unidos. El mismo juez al que decía que iba a pedir que le dejara salir unas horas para ir a nadar a una piscina y aliviar sus dolores de espalda.

Juan María Cabo es el responsable del Grupo de Ciberataques y lideró el equipo de investigadores que detuvo a Joseph James. No oculta cierta admiración por un chico sobre el que piensa que tiene una mente especial. "Empezó unos estudios técnicos, pero no llegó a terminarlos, así que se podría decir que es un autodidacta", explica, para seguidamente dibujar a un individuo que "ve más allá que una persona normal, capaz de valorar y encontrar con facilidad el fallo o vulnerabilidad de un programa o una aplicación".

"Es una persona inteligente, que capta los detalles rápidamente y, a pesar de que vivía enclaustrado, se mostró simpático y encantador", recuerda el investigador, que advirtió una llamativa singularidad: "Al contrario que la mayoría de los británicos que residen en la Costa del Sol, había aprendido español". "Pensamos que no llevaba ni dos años instalado, pero hay muchos que pasan décadas y no saben decir nada. Se equivocaba al conjugar los verbos y se comía alguna palabra, pero se defendía bien".

"Es capaz de valorar y hallar con facilidad el fallo o vulnerabilidad de un programa"

Cabo explica a El Confidencial que no hay constancia de que el joven, natural de Liverpool, y con parte de su familia en el núcleo marbellí de San Pedro Alcántara, perpetrara algún delito en territorio español. Aquí se refugiaba después de saber que habían detenido a sus tres compañeros y que era buscado por las autoridades de Estados Unidos por el supuesto robo de criptomonedas.

"Entonces aún no se sabía su presunta relación con el ‘crackeo’ de las cuentas de algunos de los vips más famosos del mundo", un "ataque de ingeniería social de lo mejor que ha habido en los últimos años". El jefe de unidad lo asemeja a un golpe de "la banda de Ocean's Eleven". "Estaban muy bien coordinados y durante meses trabajaron para hacer creer al personal de Twitter que gestionaba las cuentas de estas personas tan importantes que formaban parte de su equipo. Los investigaron, bucearon en sus redes sociales, obtuvieron datos personales. Estudiaron todo con el fin de suplantarlos sin despertar sospechas". Y lo consiguieron. "No les hizo falta hacerse con las claves, cuando supieron las preguntas de seguridad, simplemente las cambiaron y lograron un acceso ilimitado".

Foto:  Opinión

¿Pero para qué querían controlar estas cuentas? Pues para realizar lo más parecido al timo de la estampita o el tocomocho en internet. “Publicaban mensajes en las cuentas de Obama y Bill Gates haciendo creer a sus seguidores que los habían escrito ellos. Animaban a la gente a que entregara 1.000 dólares para invertir en criptomonedas”. Con que un 1% de esas personas picara el anzuelo, se harían ricos. Ensayo y error. De primero de fraude.

El citado agente apunta que se estima que Joseph James O. habría acumulado un patrimonio en bitcoins que rondaría los cuatro millones de euros. Con este medio de pago, supuestamente adquirió su lujosa vivienda de Estepona, valorada en 800.000 euros, así como la que ocupaban su madre y su hermano en Marbella y una tercera en Dubái que los investigadores consideran que también es suya y que costaría un millón de dólares.

placeholder Agentes del Grupo de Ciberataques de la Policía Nacional. (EC)
Agentes del Grupo de Ciberataques de la Policía Nacional. (EC)

"Cuando estaba detenido en su apartamento, nos comentó en 'spanglish': 'Ahora covid, sino yo no aquí, yo en Dubái", manifiesta el responsable de la investigación, que recalca que el joven inglés "vivía como un ermitaño en su mundo virtual". Era en este contexto donde mostraba su otra cara. La inquietante y rabiosa. Dominada por la irascibilidad de un matón que se siente 'letal' frente las pantallas de su ordenador. "Era como una mamba negra". No pensaba en las consecuencias.

Esta personalidad, cuenta Juan María Cabo, surgía cuando quería machacar a cualquier internauta con el que se cruzara en la red y osara soliviantarlo. Entonces era capaz de todo. "Se hacía con información sensible de estas personas y la publicaba en internet", pero quizá la práctica más peligrosa que desplegaba en estas situaciones era el 'swatting'. "Utilizaba un número virtual para llamar a los servicios de emergencia y hacer creer a las operadoras que lo atendían que llamaba desde esa misma ciudad norteamericana. Entonces informaba de algún incidente grave en la casa de su objetivo para obligar a que intervinieran los SWAT", manifiesta el investigador, que afirma que puso en grave riesgo la vida de estas personas porque los agentes de intervenciones especiales entraban con todo. "En una ocasión", rememora, "supuestamente llegó a decir que había escuchado disparos y gritos en una vivienda y que alguien estaba matando a una familia". En esa casa, al parecer, vivía un chico con el que se había enemistado en internet.

Los agentes afirman que el joven perpetró un golpe como "la banda de Ocean's Eleven"

La búsqueda

Cabo cuenta que la primera petición de colaboración del FBI la recibieron poco después de que el joven huyera en mayo del año pasado. La pista más solvente para dar con su paradero era su entorno y comenzaron a seguir los pasos de la progenitora, una abogada de derecho financiero que hacía vida entre España y Reino Unido, que dio su apellido a sus dos hijos y que siempre se desplazaba en coches alquilados.

Las 'tronchas' —vigilancias, en el argot policial— se sucedieron en el tiempo, pero no fue hasta el pasado mes de diciembre cuando pareció que arrojaban sus frutos. "Entonces, los compañeros que estaban apostados cerca de la vivienda de la madre observaron a un chico, pero no pudieron identificarlo plenamente porque llevaba la mascarilla". Después se supo que era el hermano de Joseph James O., pero ese chute de adrenalina que provocó la situación fue un rayo de esperanza para la investigación.

Los agentes se percataron de un curioso detalle, la madre compró un caro coche

Se intensificaron los seguimientos y los investigadores se percataron de un curioso detalle: la mujer, por primera vez, había comprado un coche. Un Range Rover Evoque, cuyo precio mínimo ronda los 40.000 euros. Una lujosa posesión con la que, según relató la citada fuente, circulaba sin respetar demasiado las señales de tráfico. Como si quisiera dejar atrás a alguien.

En una de las vigilancias observaron que se ponía en marcha y siguieron sus pasos. Paró en un supermercado de la cadena Mercadona y realizó una gran compra. La metió en el coche y se dirigió hacia la vecina localidad de Estepona. Una vez allí, se adentró en una lujosa urbanización ubicada en la zona de Costa Natura. Los agentes fueron conscientes de que desde ese instante tenían dos escenarios que investigar. Y así lo hicieron.

Foto: El hacker logró colarse en la cuenta de Trump en Twitter (EFE EPA/Doug Mills)

Las primeras indagaciones revelaron que en el complejo había un chico extranjero que apenas salía a la calle y el responsable del caso decidió apostar por esa línea de trabajo que parecía descongestionar la situación. Su instinto no le fallaría.

La chica de los Häagen-Dazs

Las vigilancias pusieron de relieve que la madre del sospechoso acudía una vez al mes a ese complejo y siempre para llevar bolsas con alimentos, por lo que debía tener una estrecha relación con la persona que allí se encontraba. Pero los policías no cantaron victoria hasta que un día vieron llegar un exclusivo Mercedes del que se bajó una atractiva chica rubia. Se dirigió al portal y llamó. Esperó unos segundos y de repente abrió un joven con media melena y aspecto descuidado que obligó a los policías a frotarse los ojos. Era él. Joseph James. Por fin sabían dónde estaba.

Rápidamente prepararon una entrada y registro para proceder a su detención y el FBI envió a dos observadores para estar presentes en una operación que se reventó a finales de julio. El joven no prestó resistencia y hasta se mostró afable. "Hacía preguntas y parecía querer saber cosas", señala el jefe del Grupo de Ciberataques, que hasta consiguió sacarle una sonrisa cuando le explicó cómo lograron identificarlo.

placeholder El 'centro de operaciones' del 'cracker'. (EC)
El 'centro de operaciones' del 'cracker'. (EC)

"Esa chica rubia que vimos se encargaba de llevarle cada cierto tiempo un surtido de helados Häagen-Dazs, su gran pasión, pero como temía que se derritiesen si los dejaba en la conserjería, bajaba expresamente a recogerlos. Era para lo único que salía de casa. En dos meses pudo dejar su casa cuatro veces", relata, para añadir que, durante la inspección de las dos habitaciones de la vivienda —el resto estaba deshabitado—, vacilaba a uno de los policías al que "le decía que ya se había comido los mejores sabores". Porque dejó claro que sus preferidos eran los de “nutella y vainilla”.

Las pesquisas apuntan a que la mujer del Mercedes trabajaría para una singular empresa que se encargaba de gestionar sus compras y que supuestamente cobraba en criptomonedas. Una especie de Glovo para vips al que pocos tienen acceso. "Intentamos averiguar más, pero se cerró en banda. Dijo que lo había puesto en contacto un amigo, pero no quiso decir nada más".

Una especie de Glovo para vips que cobraba en bitcoins era el conseguidor del joven

La investigación ha revelado posteriormente que ese exclusivo apartamento en el que se había enclaustrado estaba a nombre de la madre del arrestado, aunque inicialmente los agentes no se percataron de ello porque, al igual que ocurrió con la casa de San Pedro, emplearon para su adquisición el NIE temporal que se concedió a la mujer.

Juan María Cabo sostiene que Joseph James “vivía en su mundo virtual” y que, a pesar de su brillantez, a veces tenía respuestas ilógicas, como cuando dijo que iba a hablar con el juez Santiago Pedraz, que debe decidir sobre su extradición a Estados Unidos, para que le permitiera ir a nadar a una piscina y tratar sus dolores de espalda. "Estaba convencido de que le iban a poner una pulsera telemática y saldría a la calle", por eso no pudo borrar la preocupación de su rostro cuando los agentes le explicaron que dormiría en prisión y que las autoridades norteamericanas le buscaban por delitos muy graves.

Inicialmente, está acusado de delitos relacionados con ciberamenazas, ciberextorsión y ciberacoso después de que supuestamente 'crackeara' 130 cuentas de Twitter y hostigara a usuarios de TikTok y Snapchat. Cargos que en Estados Unidos pueden suponer pasar más de media vida en prisión. Media vida sin acceso a un ordenador… ni a litros de Häagen-Dazs.

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