La España que cerró los balcones a los rastreadores: "Lo vais a pagar muy caro"
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Crisis sanitaria

La España que cerró los balcones a los rastreadores: "Lo vais a pagar muy caro"

Ola tras ola de la pandemia, los sanitarios que contactan con los contagiados y detectan brotes han sufrido agresiones verbales. Un grupo de ellos cuenta su experiencia a El Confidencial

placeholder Foto: Un equipo de rastreadores de Asturias en plena faena. (EFE)
Un equipo de rastreadores de Asturias en plena faena. (EFE)

Ciudadana. "Vais a caer todos. Y tengo unas ganas. Unas ganas de que caigáis todos y dejéis de maltratar a los niños".

Rastreadora. "Vale".

C. "No, vale, no. Vale, no, que ya estoy harta. Porque yo estoy encerrada por culpa de tus jefes. No vais a meterle a mis hijos un palo, que estáis locos, porque no sirve para nada. Tengo pruebas del inventor de que no sirve. ¿Tienes pruebas de que sirve? ¿Me puedes dar un fichero?".

R. "Yo no voy a entrar a discutir contigo…".

C. "¡Que yo no soy una 'covidiana'! […] Seguro que llevas hasta dos mascarillas ahí sentada hablando. Estáis enfermos, no tenéis perdón, lo vais a pagar muy caro. Yo me voy a quedar encerrada, pero cuando salga voy a ir a por todos vosotros, lo tengo clarísimo".

Foto: Un enfermero de Urgencias realiza un test PCR. (EFE)

Este es un pequeño extracto de unos 50 segundos de una grabación de casi diez minutos difundida a través de un perfil de negacionistas del coronavirus en el que una ciudadana que podría haber estado en contacto con un contagiado de covid se revuelve contra la trabajadora que realiza indagaciones y ofrece información y recomendaciones para contener un posible brote. Un ejemplo de las situaciones de tensión, agresiones verbales y ataques revividos ola tras ola que los denominados rastreadores padecen a lo largo del país. La demostración de una actitud reprochable que un grupo de estos profesionales ha querido trasladar a El Confidencial contando algunos de los casos vividos. Episodios violentos o despectivos que habitualmente se dejan pasar, sobre los que no existe una estadística, pero que los sindicatos del sector sanitario consideran que se deben poner en conocimiento de la justicia para evitar su propagación.

María, nombre ficticio, es una de estas trabajadoras que ha sido víctima de agresiones verbales. En su memoria tiene una larga lista, pero una de las que más huella le dejó fue la protagonizada por una señora que, "desde el momento cero", comenzó a decir que "todos los sanitarios somos unos flojos, que echamos el culo para atrás, que es nuestra culpa y que era una hija de puta".

La ciudadana, que se quejaba de la fecha que le habían dado para que su hija se sometiese a una prueba PCR, "comenzó a gritar cuando trataba de explicarle lo que debía hacer”. Y finalmente "acabó colgando", no sin antes reiterar que "éramos unos hijos de puta".

Belén, que prefiere no dar su auténtico nombre, es otra de las sanitarias cuya función es el "seguimiento y detección de casos" y explica que días atrás abordó un caso singular que concluyó con un empresario mandándola a la "mierda". Al más puro estilo Fernando Fernán Gómez.

Foto: Cremaciones masivas en Nueva Delhi ante el aumento de muertos por covid. (Reuters)

El escenario fue una empresa del sector de la belleza en el que se detectó una cascada de contagios entre las empleadas, por lo que a esta rastreadora le tocó llamar una a una hasta completar la decena. Y así lo hizo, explicándoles los pasos a seguir, y qué debían hacer para evitar que el coronavirus se extendiese en su círculo próximo.

"A una de ellas le aclaro que, como ha ido a trabajar dos días antes de los síntomas, debe facilitarnos la lista de contactos estrechos que habría generado con aquellas personas con las que hubiese trabajado a menos de dos metros de distancia". Todo va bien. Pero "cuelgo y al minuto siguiente me llama su marido".

"Al parecer, era uno de los jefes o el dueño de la empresa. Me empieza a recriminar que los estábamos tratando como si fueran asesinos, que hacían muy bien las medidas de aislamiento y que lo que teníamos que hacer era quitar el botellón de la calle", explica la sanitaria, que añade que el hombre pasó a chillarle y "a mandarnos a la mierda" porque entendía que "la culpa la teníamos los demás, y no ellos".

"La puta rastreadora"

El perfil de los protagonistas de estas agresiones verbales es variado. Han podido escuchar los casos protagonizados por una mujer, madre de familia, y por un empresario, y en el siguiente la persona que estaba al otro lado del teléfono era un veinteañero que no contaba con el oído fino de la rastreadora.

Esta llamó a un chico que había dado positivo en coronavirus y debía comunicarle las medidas preventivas a adoptar. Un hermano cogió el teléfono, le respondió que su familiar estaba durmiendo y que no lo iba a molestar. Pero ante la insistencia de la sanitaria, le llevó el teléfono y le dijo: "Toma, la puta rastreadora".

Un día después, le tocó llamar a este joven como contacto estrecho de un contagiado. Su sorpresa fue mayúscula porque, no solo no se arrepentía del comentario despectivo que había hecho, sino que "me dijo que, como sanitaria, me tendría que lavar los oídos, porque decirle al hermano que qué barbaridad me había dicho".

"Le expliqué lo que debía hacer y punto pelota. Le dije que mi labor como rastreadora había terminado y que se había acabado el vacile", recuerda.

Foto: Un trabajador médico prepara una dosis de Pfizer-BioNTech. (Reuters)

La total ausencia de responsabilidad y colaboración es, en ocasiones, tan grande como las faltas de respeto que viven estos profesionales. María rescata otra de las 'anécdotas' vividas para ponerlo de relieve. Ocurrió recientemente y la persona que había contraído la enfermedad era un joven que acabó negándose a proporcionar los nombres de las personas con las que había estado.

"Habían pasado menos de 48 horas de la realización del test, porque aún no estábamos en el apogeo de la quinta ola, y me responde que valiente hora para avisarle, que ha estado paseándose por Málaga. Le intento explicar que su obligación, cuando se hace una prueba, es quedarse en aislamiento hasta que conozca el resultado, y que tiene que entender que hay que procesar la muestra en un laboratorio", relata.

La rastreadora cuenta que, al ser asintomático, le dijo que debía facilitarle los contactos de las personas con las que se había relacionado en los dos días anteriores. A pesar de que la conversación no había arrancado de forma fluida, la contestación no fue la esperada: "Antes de colgarme el teléfono, me responde que no le daba la gana".

Sin querer justificar estos comportamientos fuera de lugar, Luisa, otra empleada que prefiere guardar el anonimato, apunta a que algunos de estos episodios se podrían evitar si la maquinaria administrativa estuviese mejor engrasada. Concretamente se refiere a las falsas contradicciones que se pueden generar con las comunicaciones por SMS que se han realizado en algunos puntos del país como Andalucía. Y recuerda el caso de un chico que fue a un centro de salud con un dolor costal: "Allí le hicieron un test de antígenos y, posteriormente, una PCR. El primero dio negativo y se le comunicó vía mensaje; mientras que la segunda prueba dio positivo y le trasladé los resultados. En ese momento, a la gente le puede costar entenderlo, y eso se malinterpreta y nos dicen que nos aclaremos".

Los rastreadores se topan con contagiados que se niegan a facilitarles sus contactos

Esta profesional señala que, con base en su experiencia, hay un porcentaje de personas que percibe que no van a cumplir el periodo de aislamiento porque "tienen miedo a perder su puesto de trabajo" y están cobrando en B. "Te dicen que no están dados de alta y que no tienen derecho a baja".

La posibilidad de denunciar

Pero regresemos al caso con el que arrancaba este reportaje. A esos casi diez minutos de conversación subidos a las redes sociales y protagonizados por una mujer residente en la Comunidad de Madrid a la que en algunos foros jalean con frases como: "Así defiende una madre a sus hijos".

Tras una retahíla de extraños argumentos, con alguna traza conspiranoica, comienza a decir a la rastreadora: "¡Os estáis volviendo locos, no tenéis perdón!", mientras la sanitaria aguanta pacientemente todos sus exabruptos. "¡Me tenéis hasta los cojones!", continúa, para seguidamente decirle: "vais a caer" y "os vais a suicidar, como están haciendo muchos médicos".

"El día que llegue el juicio vas a llorar sangre, toda la sangre que habéis derramado y toda la pena que habéis metido en el cuerpo de los niños. Es que te da igual. Eres fría, no tienes corazón", reprocha a la profesional, que sin conseguirlo trata de tranquilizar a la mujer y explicarle que su "trabajo es contactar con la gente". Pero su interlocutora no entra a razones y le responde: "No escucho a 'covidianos', a mí no me vas a pegar tu locura, quiero acabar con la llamada".

"Somos conocedores de que se están registrando casos de agresiones verbales —insultos, descalificaciones…— hacia enfermeras y enfermeros cuyo único objetivo e interés es preservar la salud de las personas con las que se ponen en contacto para realizar la detección y seguimiento de casos de covid-19", explican a este periódico fuentes del Sindicato de Enfermería (SATSE) a nivel nacional.

Los sindicatos recuerdan que estos ataques verbales se pueden denunciar

Pablo Vicente, de la Federación de Sanidad de CCOO, recuerda a los profesionales sanitarios que padezcan este tipo de actitudes que pueden acogerse a los protocolos habilitados por las distintas administraciones autonómicas para iniciar un proceso judicial. "El legislador tipifica este tipo de comportamientos", señala, antes de precisar que "después hay que demostrarlos".

SATSE, a este respecto, recuerda que "hoy en día, muchas agresiones siguen sin ser notificadas por lo que también resulta fundamental que los profesionales no dejen pasar estos episodios que atentan contra su dignidad profesional y personal. Hablamos de una lacra que —por ejemplo— afecta a ocho de cada diez enfermeras y enfermeros a lo largo de su trayectoria profesional".

Ambos sindicatos coinciden a la hora de reclamar un registro estatal de agresiones al personal sanitario en el que también se contabilicen las que tienen como víctimas a los profesionales encargados del seguimiento y detección de casos de coronavirus con el objetivo de "tener información detallada y poder actuar en consecuencia".

Foto: Aspecto de la aplicación impulsada para reducir las agresiones a sanitarios. (SMM)

"Entendemos el desánimo, fatiga e, incluso, enfado de algunas personas por el funcionamiento general del sistema sanitario, pedimos que nunca se traduzca en una agresión, sea del tipo que sea, hacia un profesional que busca, en todo momento, ofrecer la mejor atención posible", zanja un portavoz de Satse.

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