La ruta inversa del hachís: de moda en Sudamérica y los cárteles lo cambian por cocaína
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"kilo por kilo"

La ruta inversa del hachís: de moda en Sudamérica y los cárteles lo cambian por cocaína

El escaso precio que tiene la coca en los países productores hace que intercambien a pelo los alijos con narcos del hachís europeos, pues el precio de esta sustancia se multiplica allí

placeholder Foto: Hachís incautado en una operación de la Policía Nacional. (PN)
Hachís incautado en una operación de la Policía Nacional. (PN)

Un kilo de cocaína por uno de hachís. Este es el sorprendente trueque que están realizando las redes internacionales de tráfico de hachís con organizaciones de narcos dedicadas al envío de grandes cantidades de cocaína a Europa. Una estrategia comercial provocada por el creciente consumo de ‘chocolate’ en los países sudamericanos.

Un agente experto en la lucha contra el narcotráfico asegura que el único factor conocido para que una droga tan común en Europa salte el ‘charco’ es que “se ha puesto de moda”. Brasil es el destino prioritario en América del sur, pero también comienza a introducirse en Colombia y “hace dos años se recopiló información de pequeñas incautaciones en Argentina”, donde también la marihuana parece estar ganando terreno a las sustancias de diseño.

Los alijos que llegan a estos países no son de lo que en la calle se conoce como ‘apaleao’, un hachís de muy baja calidad, ni el llamado polen, el más buscado por el consumidor habitual por su grado de excelencia. “Lo que cruza el Atlántico se sitúa en un término medio, ‘chocolate’ normal”, explica la citada fuente, que precisa que esta ruta, a pesar de la distancia y los numerosos días de navegación que requiere, parece consolidarse.

Una de las explicaciones es que el narco sudamericano ha encontrado una nueva vía de ingresos en su mercado interior. Continúa inundando de cocaína Europa y Estados Unidos e ingresa importantes cantidades vendiendo hachís en de su país.

Debido a que el coste de producción de ‘polvo blanco’ es una ridiculez para los cárteles, no tienen ningún problema en cambiar “kilo por kilo” con sus suministradores de hachís. Es cuestión de números, de números muy rentables: “El kilogramo de ‘chocolate’ se paga últimamente en España a unos 1.650 euros. El importe se eleva a 4.000 o 5.000 euros en Francia. Y si hablamos de los países nórdicos, esa cifra se dispara por la misma cantidad”, detalla el investigador, que apunta que la escalada de precios que experimenta la cocaína es inversamente proporcional conforme sale de los países productores y llega a Europa. “En Colombia se están pagando 2.500 euros por un kilo ya cortado y que en España se venderá posteriormente por unos 34.000 euros”, añade.

Es un ejemplo de la rentabilidad que puede reportar el hachís en Sudamérica, muy solicitado por un consumidor que está dispuesto a abonar importantes cantidades de dinero en países donde el gramo de coca se vende en la calle al visitante extranjero por en torno a un dólar. Pura ley de oferta y demanda.

Mitko, el capo que confirmó la ruta

La investigación policial que reveló este singular cambio de tendencia en el mundo del narco se personificó en un cincuentón de origen búlgaro llamado Dimitar Mitrin. Conocido como ‘Mitko’ entre su círculo más próximo, este delincuente natural de Plovdiv se trasladó a nuestro país hace aproximadamente una década para supuestamente perpetrar robos de joyas y ‘vuelcos’ a traficantes.

Su primera base de operaciones fueron las Islas Canarias. Después dio el salto a Madrid y, tras un corto espacio de tiempo, acabó asentándose con su banda en la Costa del Sol. Acompañado por su hijo, Georg Mitrin, que despuntaba dentro de la organización, comenzó a sellar acuerdos con productores de hachís que le permitieron tejer una de las redes de tráfico de drogas más grandes jamás antes desarticulada en España. Siempre con el apoyo de su mano derecha, Dobrin Hristov, trazó rutas para mover los alijos escondidos en veleros.

Mitko dirigía su imperio desde sus lujosas residencias en Marbella y Baleares sin ser consciente de que era investigado

Mitko dirigía su floreciente imperio desde sus lujosas residencias en Marbella y Baleares sin ser consciente de que era investigado desde octubre de 2019. Los responsables del caso fueron descubriendo que su principal objetivo tenía importantes “contactos para la adquisición, almacenamiento, transporte y suministro de la droga” y que sus tentáculos se extendían por Bulgaria, Portugal, Guinea Konakri y Grecia.

Las pesquisas constaron que la organización, presuntamente vinculada con el transporte de 35 toneladas de hachís en veleros, tenía bases en países del noroeste del continente africano y que utilizaban como punto de encuentro e intercambio de clorhidrato de cocaína. Una droga que pagaban con alijos de hachís, que después hacían la ruta inversa y eran llevados a Sudamérica.

Una de las embarcaciones que hacía esta travesía fue Amaalta, de bandera alemana y 17,2 metros de eslora, escondía en su casco 4.500 kilos de hachís cuando fue abordada en aguas internacionales frente a las costas de Mauritania. Otra de las que utilizaban era ‘Carla’, un velero de pabellón holandés y 16,2 metros que fue interceptado al sudeste de Fuerteventura cuando transportaba 6.000 kilos. Las sospechas de los investigadores es que los narcos querían llegar a Guinea Konakri u otro país del África occidental desde el que posteriormente dar el salto y cruzar el Atlántico rumbo a Brasil.

Con escalas y marineros experimentados

Fuentes cercanas al caso explicaron que los posicionamientos lograron desentrañar patrones comunes en las rutas de las embarcaciones: “Los veleros partían de la Península y se desplazaban hasta Canarias, donde hacían una parada técnica. Seguidamente, solían poner rumbo a Cabo Verde para acopiar combustible, y después bajaban hasta el sur de la costa africana, desde donde iniciarían el viaje a Sudamérica”.

No existía una certeza de la duración de la travesía, condicionada por la meteorología y otros factores, aunque la media solía ser de unos 20 días. La tripulación estaba compuesta por ciudadanos búlgaros cuya pericia sorprendió a los investigadores. “Eran auténticos especialistas en la navegación”, que percibían grandes salarios. “Si el piloto de una ‘goma’ puede cobrar 36.000 euros por cruzar el Estrecho, pues imaginen lo que percibirá alguien que tiene que cruzar el Atlántico en un velero”, señalan las fuentes consultadas, que aclaran que el sueldo está condicionado por “la distancia, la cantidad de droga o las garantías que ofrezcan los marineros”.

La investigación realizada por distintas unidades de la Policía Nacional, como el Greco, entre ellos el asentado en la Costa del Sol, y la Udyco, así como por el Servicio de Vigilancia Aduanera, se saldó con un balance de nueve detenidos y su fase de explotación se desarrolló durante cinco días del pasado mes de septiembre en distintos puntos del Atlántico. La compleja operativa de la organización, que modificaba con frecuencia el nombre y bandera de los veleros, requirió actuaciones en cinco países europeos para lograr la identificación plena de los objetivos.

Las fuentes policiales consideran este caso como un gran golpe a la mayor organización criminal dedicada al tráfico de hachís por vía marítima compuesta por delincuentes de países del Este. Un trabajo policial conjunto que frustró la introducción de más de 34 toneladas de hachís, permitió la incautación de seis veleros valorados en más de cinco millones de euros y puso de manifiesto un curioso cambio de tendencia. “Tenemos informaciones que apuntan a que esta ruta habría sido empleada por otras organizaciones, pero hasta esta investigación no quedó confirmado”.

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