Denunciados por conciliar: por qué los niños son los grandes olvidados de la pandemia
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FAMILIAS SIN ALTERNATIVAS

Denunciados por conciliar: por qué los niños son los grandes olvidados de la pandemia

Un grupo de amigos del colegio de sus hijos buscaron una fórmula para ayudarse y que sus niños pudieran estar con sus amigos, pero la Policía Local les acusa de incumplir la ley

Foto: Foto: Emergencias Sevilla
Foto: Emergencias Sevilla

Nadie piensa en los niños y nadie piensa en los padres de esos niños”. Es la sensación generalizada en muchas familias que llevan tres meses teletrabajando y mal conciliando, sin el auxilio de los abuelos, sin colegio, extraescolares ni planes para sus hijos. En junio, en fase 3 en Andalucía, llega la 'nueva normalidad' para casi todos, menos para los niños. Los padres comienzan a incorporarse a sus puestos de trabajo pero los más pequeños son los grandes olvidados de esta crisis. No hay colegios, ni aulas donde dejar a los niños, aún no hay ni campamentos ni escuelas de verano, aunque están por fin permitidas.

Foto: Un aula vacía en un colegio de Barcelona. (EFE) Opinión

Son algunas de las reflexiones que compartían cinco familias de Sevilla a las que unía que sus hijos eran compañeros en el colegio, lo que les había llevado a una amistad de años. Cuatro profesores de Secundaria, dos arquitectos, una funcionaria, una periodista, un publicista, un profesor de universidad con una media de dos o tres hijos por familia. Su nexo en común es que sus hijos mayores, de ocho años, comparten colegio. Esa amistad ha convertido a los padres también en amigos y a los hermanos pequeños en compañeros.

Es indignante, porque vemos que nuestros hijos también lo están pasando mal. Necesitan relacionarse con otros niños de su edad

Llevaban semanas dándole vueltas. “Es indignante, porque vemos que nuestros hijos también lo están pasando mal. Necesitan relacionarse con otros niños de su edad. Están nerviosos, irascibles, lo pasan mal, no se concentran. Salíamos a la plaza y estaban desde hacía semanas las mesas de los bares repletas de gente sin respetar las distancias de seguridad pero la zona de juegos infantil seguía precintada. Nadie ha pensado en los niños durante toda la pandemia”, asegura Clara, nombre ficticio de una de las protagonistas de esta historia, que quiere preservar su identidad, aunque siente que ya la han expuesto demasiado.

Ayuda entre las familias

Entre los adultos, empezaron a ver la manera de ayudarse unos a otros y de que los niños pudieran volver a socializar. Pensaron turnarse en las casas. Los mayores por un lado haciendo sus tareas, los padres en turnos cuidando a los pequeños pero el espacio era limitado. No tenían casas tan grandes como para que se pudiera teletrabajar y atender a los niños por edades de forma adecuada. "Casi nadie tiene hoy un piso con tres habitaciones amplias para que los padres trabajen y los niños que estén al cuidado de otros adultos hagan los deberes o jueguen", explican.

Foto: Dos niñas disfrutan de la playa de Cala en Porter, en Menorca (EFE)

De repente, vieron la solución. Clara y su pareja firmaron la compra de una nueva casa, en la que harán obras más adelante pero que cumplía con todas las condiciones para que los niños pudieran compartir su espacio y los padres turnarse en los cuidados. Era amplia, tenía un bajo, no había muebles y sí mucho espacio, podían acondicionarla mientras pensaban en la mudanza porque estaba en buen estado y convertirla en un lugar de reunión y encuentro para sus hijos.

Robando horas al sueño

"En mi caso trabajo de 11 de la noche a las tres de la mañana. Imagino que le pasa a todos los padres con hijos. Robamos horas al sueño pero aun así te diría que lo pensamos todo más por ellos que por nosotros, porque ya lo están pasando mal. Los deberes eran un mundo. Si los hacen juntos cuatro o cinco niños con ayuda de un adulto no tiene nada que ver. Esa mañana terminaron estupendamente de hacer las tareas. Era bueno para nosotros y sobre todo para ellos", cuenta. Entendieron que había posibilidades cumpliendo todas las medidas de seguridad, de higiene, reunirlos en esa vivienda recién adquirida, que tenía agua corriente y electricidad.

Así que lo organizaron todo al milímetro. Clara y su pareja ofrecían su casa, habría dos padres por turno y una cuidadora, que tienen contratada como empleada del hogar y dada de alta legalmente, para que siempre hubiera tres adultos como mínimo para un máximo de 10 niños. La Policía en su denuncia aseguró que no tenía papeles. No es verdad. "Incluso habíamos organizado por turnos la recogida de los pequeños para que no hubiera más gente de la cuenta y no coincidir nunca más de 15 en casa", explica. La sorpresa fue lo que les ocurrió el primer día que estrenaron su fórmula de conciliación. Fue el viernes pasado.

Foto: Foto: Emergencias Sevilla

Un vecino llamó, denunció una actividad ilegal y la Policía Local se plantó en la vivienda y por más explicaciones que ofrecieron los adultos allí reunidos "hicieron oídos sordos". Eso cuentan los afectados. Además, Emergencias Sevilla lanzó en redes fotos de la vivienda, con los rostros de los menores pixelados, y anunció públicamente que había "precintado una guardería ilegal en el centro de Sevilla". Alertó de una escuela clandestina y todos los medios se hicieron eco de la nota oficial sin más.

placeholder Un menor colorea. (Pixabay)
Un menor colorea. (Pixabay)

"Les explicamos que éramos los padres y una cuidadora que trabaja en casa. Hablan de 12 niños y eran diez. En las fotos pueden contarse. El décimo no aparece porque es el mío más pequeño y lo tenía sobre mis rodillas, que estaba dándole el pecho. Otro de los que aparece es el padre del niño que sale en la foto. No quisieron oír nada de lo que le estábamos contando", asegura Clara con mucha indignación.

"Directamente entraron a denunciar una guardería ilegal, nos explicaban cómo tendríamos que proceder para de dar de alta la actividad de forma legal, es mi casa, es una propiedad privada, no es ninguna guardería les explicaba, pero nada", cuenta esta madre de tres niños. Los días anteriores habían acudido a llevar algunos muebles, cada uno lo que pudo aportar, y acondicionar la vivienda para que los niños estuvieran cómodos. Como aún no se han mudado, estaba vacía. En eso insistía la Policía. “No tengo muebles porque la acabo de comprar pero es mi domicilio. Es una propiedad privada. Cuál es el problema”, insiste Clara.

"La información que dio la Policía es parcial y muy tendenciosa", aseguran estos padres, que se preparan para poner una denuncia, aunque deben esperar que haya sanción firme y legalmente les ha recomendado que esperen. “¿Dónde queda la ley de protección de datos? ¿Por qué hay fotos de mi casa en todos los medios sin que yo lo haya autorizado? Siento que es un atropello grave. Es mi libertad, en mi casa, mientras cumpla las normas, viene quien quiere. Me exponen públicamente, me señalan, mis vecinos pueden pensar que estaba haciendo algo ilegal y no es así”, agrega la dueña de la casa.

"La información que dio la Policía es parcial y muy tendenciosa", aseguran estos padres

Ahora no saben sin seguir haciéndolo porque están preparando una demanda. "Yo estoy más convencida que antes", asegura Clara, "es mi casa y estoy en mi derecho". Los otros padres lamentan causarle problemas a los propietarios de la vivienda.

Los padres plantean en un escrito conjunto, que han elaborado para poner sus ideas en orden ante "el atropello" sufrido, que no hay respuestas sin alternativas de las administraciones para que los progenitores vuelvan a sus puestos de trabajo con los niños en casa. “En nuestro caso, cinco familias amigas propusimos organizarnos para que cada mañana una madre y un padre se quedaron con los diez niños de todos nosotros, seis menores de seis años y cuatro de ocho”, dicen. Iban a hacerlo de 10:30 a 14:30, unas horas para darse todos un respiro. No hay ningún ánimo de lucro. La Policía Local sigue adelante con su investigación y el Ayuntamiento de Sevilla no quiere hacer ninguna otra declaración sobre este asunto.

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