Andaluces sin complejos, más arriba de Despeñaperros
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28-F, DÍA DE ANDALUCÍA

Andaluces sin complejos, más arriba de Despeñaperros

Cinco andaluces poco convencionales que pasean su talento. Cantautora, escritora, arquitecto, agente de actores o periodista observan Andalucía, tras 40 años de su autonomía

Foto: Andaluces sin complejos, más arriba de Despeñaperros
Andaluces sin complejos, más arriba de Despeñaperros

No tienen complejos. talento. Son creativos. Han optado por un lenguaje diferente, que se sale de los circuitos más convencionales o de los discursos políticamente correctos. Se sienten andaluces aunque no vayan con el pin de la bandera en la solapa ni representen el manido tópico. Crecieron con Andalucía como una autonomía “de primera”, según su Estatuto.

Eligieron salir para crecer, para superar fronteras, con naturalidad. No se sienten expatriados y sí mantienen lazos muy estrechos con la tierra que los vio nacer. Una cantautora que defiende, rodeada de señoras del pueblo, el bar de lesbianas y la opción homosexual con una canción que suena a reguetón por tanguillos. Un arquitecto capaz de saltarse las normas establecidas y construir en una azotea un apartamento con un 'container', que viaja de Berlín a París y de Barcelona a Madrid, en una semana. Un periodista al que nadie nunca, asegura, le ha pedido que modere o esconda su acento y que se atreve a decir que ya está bien de victimismo andalucista lacrimógeno, porque ese complejo de inferioridad no ayuda. Una escritora nacida en Huelva pero cuyas raíces están en Córdoba, en un pueblo de interior de esa Andalucía que está lejos de los tópicos porque su abuela, cuenta, bailaba jotas y no sevillanas. Un agente de los actores y directores que más éxitos cosechan, desde Paco y María León a Leticia Dolera o Eduardo Casanova, que asegura que eso de que los papeles de 'chachas' y gente inculta tengan acento andaluz, afortunadamente, es ya parte del pasado. Hablan de su visión de Andalucía, con naturalidad, sin golpes de pecho pero muy orgullosos, dejan claro, de tener algo que celebrar este 28-F. Aquí, cinco charlas con cinco andaluces diferentes.

María Peláe, cantautora: "Saco mi andalucismo para contar como lo hacía mi abuela"

María Peláe. (Jorge Álvaro Manzano)
María Peláe. (Jorge Álvaro Manzano)

Se quitó la zeta del apellido porque no se pronuncia en andaluz. Tiene sello propio y 12 años de carrera a sus espaldas. Aún no tiene los 30, nació en 1990, pero están a la vuelta de la esquina. Tiene disco nuevo, conciertos vendidos y quiere llenar una sala mítica de Madrid, de esas que cuando ella llegó, hace unos ocho años, miraba con ojos de deseo y se decía: “Algún día, quizás”. Llegó su momento. Peláe tiene capacidad de sonar a reguetón y reivindicar la bata de cola y la copla. Va con la guitarra a cuestas. Posa con la foto mítica de Lola Flores en la Sala Chicote.

Nació en Málaga, estudió Trabajo Social y Antropología y durante un tiempo trabajó frenando desahucios. Ha mamado de la copla y del flamenco desde pequeña, pero ahora le mete “pantum pantum”. Su primer disco, 'Hipocondría', grabado en Córdoba, fue muy flamenco sin perder lo que es: cantautora. Ahora, en su segundo disco, sigue cantando por tanguillos y haciendo pregón, pero "con un sonido más moderno para llegar a más gente".

Aun así, en su espectáculo canta 'Tablas' y habla de la Bernarda y la Fernanda de Utrera, de la Perla de Cádiz o de la Tía Aniica, la Piriñaca. Gracias a ellas, dice Peláe, “las mujeres pueden estar hoy encima del escenario con el respeto que se les debe”. “El flamenco no es machista, es un estilo de música, si es machista es porque es producto de una sociedad. Como el reguetón. La lacra está en la sociedad. No hay que encasillar ningún género por un problema social. El machismo te lo puedes encontrar comprando el pan”.

"Me decían que no podía meter un sonido tan internacional con un acento tan marcado"

Se mudó a Madrid para nutrirse de todas las partes del mundo y proyectarse más, explica. “No es que no se pueda en Andalucía, pero aquí es más fácil”. Su acento está intacto. Nunca ha tenido complejo, pero sí que se le ha insinuado que lo cambie “porque se supone que no se te va a entender”. Admite que en sus pregones “se come más letras que boquerones”. “Me decían que no podía meter un sonido tan internacional con un acento tan marcado. Pues mira, yo no entiendo muchas veces las cosas que dice Becky G pero en lo global la entiendo y no pasa nada y la gente la baila. Son prejuicios”.

“Mientras más años paso fuera, más feliz estoy de que Andalucía sea mi cuna. Yo sé dónde está mi raíz aunque me vaya a la Conchinchina. Andalucía grita muchas veces, porque es el eterno final de España. Pero en Murcia o Extremadura te van a decir lo mismo”.“Se nos han echado complejos encima desde chicos y cada vez hay menos”, dice Peláe. Ella aprendió del proceso autonómico andaluz con el pasodoble de Martínez Ares del ‘4 de diciembre’. “Supe de García Caparrós [asesinado en Málaga en una manifestación por Andalucía en 1977] por el carnaval. A veces, los artistas cuentan más de la historia de Andalucía que los propios libros de texto”.

María Peláe. (Jorge Álvaro Manzano)
María Peláe. (Jorge Álvaro Manzano)

‘La niña’, su último sencillo, es "una fiera" que se te mete en la cabeza por su ritmo pegadizo pero tiene mucho fondo. Reivindica a la mujer homosexual. Hablar con arte de un bar de lesbianas, rodeada de las señoras del pueblo en una mesa de vecinas. “La sociedad andaluza es igual de abierta o cerrada que cualquier barrio de Madrid o un pueblo de Cataluña. Gracias a ‘La niña’ me he dado cuenta de que sin dramatismo, con humor, con ironía, se puede normalizar la homosexualidad de las mujeres".

Ella escribe y compone imaginando la historia. “Me imagino a mí misma como una señora de 70 años con su batita fresquita observando la vida. Es tan bello ese momento. Saco mi andalucismo para contar las cosas de manera natural. Me acuerdo de cómo las contaba mi abuela. Con ese momento Woody Allen de mirar a cámara para que sepas que te lo estoy contando a ti”.

Santi Cirugeda, arquitecto: el capitán del 'Crazy Army'

Santiago Cirugeda. (EFE)
Santiago Cirugeda. (EFE)

Está en París. Rodeado de su equipo, que se ríe ante algunas respuestas. Acaban de montar una carpa bajo la lluvia y a tres grados, con mucho frío. Quería ser militar, por seguir la tradición en su familia, pero acabó en arquitectura como algo casual, de capitán del 'Crazy Army'.

Santiago Cirugeda (Sevilla, 1971), con 19 años se dio cuenta de que no tenía que ser titulado para hacer algo y se puso a construir parques infantiles porque en Sevilla, entonces, Patrimonio no permitía los columpios. “Nadie pensaba en los niños”. Ahora tiene una niña de dos años que “es sevillana”. “Aunque me cuesta, porque su madre es belga y tengo que viajar mucho, porque hay poco trabajo en Andalucía. Pero es sevillana”, recalca. “Tengo mi estudio base en Sevilla, otro en Madrid y en Barcelona”. “No estudié en Barcelona”, aclara, “me dieron el título allí tras mi expulsión de la escuela de Sevilla, porque hubo gente, poca pero importante, a lo que no le gustó mi trabajo”.

Quizás esa “incomodidad” de ser “agitador de conciencias”, activista, de salirse del carril convencional, que le llevó a plantearse desde el primer momento una manera de trabajar distinta, le pasó factura. “Posicionarme así no me ha dado grandes amigos en Sevilla, es verdad. Siempre he tenido disputas por las ocupaciones alegales pero correctas. En 20 años, aparte de los proyectos alegales en azoteas, fachadas o espacios públicos, no he tenido un proyecto público. Solo en Dos Hermanas el comedor y aula de convivencia que hicimos hace dos años con más de 250 personas autoconstruyendo”. “Mi manera de trabajar es disidente. Cambiante. Planteo una manera distinta de trabajar a lo que piden las administraciones públicas. A veces no se entiende”, admite Cirugeda.

A su mujer, una magnífica arquitecta, le gusta la costura y ya ha hecho un traje de gitana para su hija. “Sí, me gusta la Feria. Me gustan las tradiciones. Eso no es contrario. Hay casetas de feria de partidos de izquierda radical. Lo que no me gusta es que me diga la gente 'si no te gusta esto, vete'. Si estás criticando el urbanismo, la ciudad, vete. ¿Por qué? Puedo criticar todo esto siendo sevillano y gustarme la Feria”, sostiene con mucha claridad.

"A veces hacemos cosas ilegales, para que se conviertan en una nueva práctica social o una nueva jurisprudencia construida"

“Todos mis compañeros de arquitectura en los años del 'boom' hicieron muchos proyectos, casas, yo era el tipo raro. Trabajaba de pintor, de camarero, montando exposiciones... No entendía eso. Tenía mi hermano algunos amigos promotores y ya mi nombre era conocido. Me proponían hacer promociones de lujo. Mi hermano les decía: 'Dejadlo que haga lo que quiera'. Nunca he sido el arquitecto de la crisis, como se me llamó en algunos medios. Hago lo mismo desde hace 22 años. Trabajar con gente que no está en los programas políticos. Por ejemplo, en lo último que hemos hecho en la Cañada Real fue con gente que estaba en la cárcel, con diferencial evolucional, de salud mental. Lo llamamos el ‘Crazy Army’, el ejército de los locos. No hemos hecho un concurso público en nuestra vida. Viene la gente a contarnos sus problemas, a los que las administraciones no dan una solución y vemos cómo podemos colaborar en resolverlos. Por eso llevo siempre camiseta, porque trabajo en la informalidad”, bromea. “No trabajamos por concursos o por encargos directos de los ayuntamientos. Hay equipos de arquitectura en Andalucía o en Sevilla que han estado años vinculados al partido del Gobierno, que me parece estupendo o no, nosotros nunca hemos tenido esta pleitesía”. No busca hacerse rico. “Con lo que ganamos, que es complicado, porque ese trabajo social, de replantear cláusulas sociales en los contratos públicos, de intentar incidir para que cambien las políticas públicas o incluso a tiempo parcial hacer cosas ilegales, para que se conviertan en una nueva práctica social o una nueva jurisprudencia construida, es lo que intentamos hacer desde hace muchos años”.

“Seguiremos en Sevilla, pero el problema grande es que esta semana estoy en París, la pasada en Londres y la anterior en La Habana. El año pasado trabajé en Suecia, Suiza, Bélgica... Tengo muchísimos proyectos. Hay políticos que vienen ahora y me dicen ‘qué bien, Santi, eres de los arquitectos más internacionales que tenemos’, pero no. No hay conexión, porque no hay pleitesía ni voy a dorar la píldora a nadie para que me den encargos en Sevilla”.

Elvira Navarro, escritora: “Andalucía incubó la mejor vacuna contra el nacionalismo

Elvira Navarro. (Rubén Bastida)
Elvira Navarro. (Rubén Bastida)

Hay algo paranormal, algo inquietante en algunos de los cuentos de su último libro 'La isla de los conejos', reconocido como uno de los mejores libros de relatos de 2019. Y también, confiesa, "alguna isla andaluza". La escritora Elvira Navarro, nacida en 1978 en Huelva, es onubense de casualidad. Sus raíces están en Córdoba. Sus recuerdos de infancia, en un pequeño pueblo del valle de los Pedroches, de interior, pegado a Ciudad Real. Su abuela materna, que formó parte importante de su vida, era "muy católica, más castellana que andaluza y bailaba jota en lugar de sevillanas, como mucha gente pensaría". Abordamos por ahí algo que mucha gente olvida, lo grande y diversa que es Andalucía, la de matices que caben en una comunidad de más de ocho millones de habitantes y una extensión de más de 87.000 kilómetros cuadrados.

Navarro es pausada y muy reflexiva. “Para escribir, soy más lenta que la media”, dice, y lleva varios libros a la vez hasta que ya uno está más encauzado y entonces se vuelca en rematarlo. En eso está. Tendrá nueva novela dentro de año y medio, calcula. Es capaz de tener varios compartimentos en su cabeza para los distintos personajes. Como capaz es de sentirte de varios lugares a la vez.

Es prudente, mucho, para hablar de Andalucía. Su visión, dice, es parcial. A los cinco años se fue a vivir a Valencia y luego a Madrid. Ahora va a Córdoba cada dos semanas a visitar a su padre. Nunca perdió el vínculo. “Mi madre sí era muy andaluza, tocaba la guitarra, sentía mucho Andalucía”. “Mi referencia es la casa familiar del valle de los Pedroches, en La Carlota, y sí, me siento andaluza, claro. A mi manera, lo soy. Mi sensación de pertenencia es a casa de mi abuela"

“Todos los estereotipos son falsos”, zanja con firmeza, y su visión de Andalucía, agrega, es “parcial”. “¿Qué tiene que ver el carácter del pueblo de interior cordobés que viví de pequeña con el de Sevilla o Cádiz, por ejemplo? Nada”.

"Los nacionalismos surgen en regiones que sienten su riqueza amenazada. Como Cataluña. La pobreza es la mejor vacuna contra el nacionalismo"

Tiene un blog, Periferia, donde cuenta los barrios de Madrid "como espectadora, como vecina, como visitante". “Hay barrios que surgieron por las aglomeraciones de casas tras la inmigración masiva de los cincuenta desde muchos puntos de España. Si paseas por Caño Roto en Carabanchel, que fue un barrio que nació muy precario, veo cosas de mi pueblo. Las macetas en las ventanas, las vecinas al fresco en sus puertas... Es muy andaluz”.

“Los nacionalismos surgen en regiones que se sienten poderosas. Que sienten su riqueza amenazada. Como Cataluña o el País Vasco. La pobreza es la mejor vacuna contra el nacionalismo. No digo ahora que Andalucía sea pobre, no. Pero no ha incubado ese virus porque no sentía que tenía riqueza económica que proteger. Esa identidad nacionalista se construye como una máscara, para proteger lo que hay detrás de verdad, una cuestión económica”, señala la escritora cuando se le pregunta si cree que puede prender un nacionalismo andaluz. “Durante el franquismo, cierto tipo de folklore andaluz se fijó como símbolo de España". Repasa la gitana encima de la televisión, el flamenco, los toros... "Por eso, mucha de la identidad andaluza es compartida con todos los españoles. No se ve como una amenaza. No imagino una identidad andaluza excluyente”, prosigue Navarro. A ella le llama la atención lo que cantan los andaluces. "Hay mucha música, el flamenco está muy enraizado", sostiene. En Córdoba vive en un callejón donde los jóvenes acuden a hacer botellón y "al poco de llegar, dice, ya están cantando flamenco o canciones".

Niega que haya una forma de escribir, de narrar, andaluza como hay un acento andaluz,. Bueno, en realidad, muchos acentos andaluces. Los autores andaluces que sigue no pueden ser más diferentes. Nombra a Sara Mesa, Mario Cuenca Sandoval o Vicente Luis Mora. “Rotundamente no. No hay una forma de narrar andaluza. Sería imposible. Mi generación no solo tiene influencia de autores españoles sino también, por ejemplo, de muchos latinoamericanos”, explica. Las influencias son muy diversas. “La globalización hace que muchas veces no sepas si una calle es de Sevilla, Madrid, Londres o París. Hay las mismas tiendas, las mismas franquicias de cafeterías... Los mismos turistas. No puedes distinguir una calle de una ciudad de otra. Cada vez está todo más globalizado. A veces estoy en Córdoba y me parece que estoy en Madrid y al contrario”.

José Yélamo, periodista: “A los políticos andaluces actuales les faltan talla y colmillo”

José Yélamo. (Jorge Álvaro Manzano)
José Yélamo. (Jorge Álvaro Manzano)

Llegó a Madrid sin saber que era definitivo en 2012. No vino a labrarse un futuro ni a crecer profesionalmente, fue “fortuito”. Se quedó en paro y acabó en Nueva Zelanda. “A la vuelta me llamaron de La Sexta y ocho años después, aquí estoy. Sí que me ha aportado un crecimiento profesional enorme", admite.

José Yélamo nació en Cádiz y es un andaluz sin complejos de ningún tipo por su origen. “Pero ¿por qué?”, pregunta con curiosidad. Nunca se ha sentido mal mirado por el periodismo ‘de la corte’, como a veces se llama a los que desarrollan aquí su carrera. “Habrá profesionales aquí que se crean que hacen un periodismo de más valor que el que se pueda hacer en Alicante o en Murcia. Que eso sea verdad, no lo creo. Para mí, la esencia del periodismo está muy lejos de eso que has llamado periodismo de la corte. Está en el reportero en prácticas que yo era en el 'Diario de Cádiz', cuando me iba con una libreta y un boli a preguntarle a la gente de cualquier barrio y al día siguiente que lo leyera toda la ciudad. No había relaciones personales ni egos que se alejan de lo que debería ser el periodismo”.

"Creemos que Andalucía es lo mejor del mundo, pero el mundo es muy grande"

“Nunca me han pedido que cambie el acento. Jamás. Afortunadamente”, asegura. Con perspectiva, a veces le asombran los ecos del debate que le llegan de Andalucía. “Veo ciertas cosas que están ahora en el debate y me llaman mucho la atención. Hablamos mucho del complejo de inferioridad de Andalucía. Nunca he tenido esa sensación. Sé que existe, pero no lo he percibido, y pienso que es una minoría quien desprecia lo andaluz. Más que quejarnos o victimizarnos, creo que podríamos ser más autocríticos, porque a veces somos muy autocomplacientes. Creemos que Andalucía es lo mejor del mundo, te lo digo yo que soy un fatiga de todo lo andaluz y presumo siempre, pero el mundo es muy grande. Tenemos que exigirnos más a nosotros mismos como andaluces. Vivimos un momento en nuestro país que tiende a lo centrípeto, y eso genera más quejas, estamos todos en ese proceso, hasta Teruel. Hay que ser reivindicativos en infraestructuras, mejor educación, mejor sanidad. Hay que empezar a exigir lo que nos corresponde y dejar de llorar porque nos vean inferiores, porque hay poca gente que sienta eso ya así. De verdad”, suelta tras dudar ante una pregunta demasiado genérica sobre cómo ve la comunidad en estos momentos.

“Tenemos siempre un déficit de seguimiento en la audiencia andaluza. A veces cuesta vender los temas de política andaluza, no te digo ya si se compara con Cataluña. Tuve una agradable sensación en las últimas elecciones autonómicas, cuando muchos medios, como La Sexta, se volcaron. Creo que esto también tiene que ver con el perfil de los políticos andaluces en estos momentos. Les faltan talla y colmillo, les falta capacidad de poner Andalucía en la agenda política. En general, en todos los partidos. Tenemos que intentar competir en la primera división de la información política. Los andaluces deberían exigir más altura, porque estamos borrados del debate nacional”, asegura el periodista.

José Yélamo. (Jorge Álvaro Manzano)
José Yélamo. (Jorge Álvaro Manzano)

Conoce el proceso autonómico desde pequeño porque su caso es particular. Su padre es periodista y desde chico vivió rodeado de periódicos, de radios, de políticos... Yélamo teme que se alienten nacionalismos absurdos en el actual contexto político nacional. “Hay que tener cuidado de que Andalucía no se despierte en contra de otros territorios de España. Vamos a poner en valor lo nuestro, pero si eso va a suponer, en este proceso de polarización, que nos enfrentemos a otros territorios, no lo entiendo ni lo comparto. No hay una alternativa política en Andalucía que pueda liderar un proyecto andalucista para entrar con el máximo nivel en la agenda, honestamente”, recalca.

Pese a su carrera, como todos los de su generación y los de generaciones anteriores, nunca ha tenido una oportunidad en la cadena autonómica andaluza. “Canal Sur ha perdido el talento de una generación, pero sobre todo ha perdido la conexión con Andalucía. Esta comunidad es campo, gente mayor, pueblo. Son fiestas, coplas y toros, pero no se pueden olvidar del resto de espectadores, de otras generaciones, más jóvenes, de núcleos urbanos. Hay generaciones que se han desconectado de Canal Sur y eso es producto de muchos años, muchos, de decisiones equivocadas. Además, traslada al resto de España una imagen de Andalucía muy pobre, muy distorsionada y muy anclada en tópicos, de los que me siento orgulloso, pero todo en Andalucía no es feria, carnaval y Semana Santa. Ojalá que se abra una nueva etapa en Canal Sur que supere todo esto, aunque creo que aún es pronto para juzgar porque habría que cambiar muchos malos hábitos”.

Antonio Abeledo, agente de actores y directores: “Ahora lo difícil es ser catalán”

Antonio Abeledo.
Antonio Abeledo.

Nos cita en la calle Mayor, en pleno centro castizo de Madrid. Tiene una oficina llena de luz en la que hay cuatro personas trabajando y acaban de celebrar un 40 cumpleaños. Una de las habitaciones está llena de regalos. “Se los mandan a los actores y aquí me los dejan. Ya he puesto un plazo, si no, aviso, los entrego a alguien que los necesite”, dice Antonio Abeledo. Este gaditano de San Fernando, nacido en 1983, capitalizó su paro para montar su propia agencia. Emprendió sin miedo y le va muy bien. “No puedo quejarme”, repite varias veces en la charla. “En ningún momento he pasado miedo, pero sí que siento mucha responsabilidad por las nóminas que tengo a mi cargo. Pero ya se me pasó el ardor”. Parece serio, pero no lo es. Entre sus representados están María y Paco León, Leticia Dolera o Eduardo Casanova. Son más. Algunos de los actores y directores más rompedores del cine español.

De Sevilla se vino a Madrid a trabajar en un periódico, volvió a casa para estar cerca de sus padres, pero duró seis meses. Acabó en la Expo de Zaragoza y de ahí de vuelta a la capital. Donde lleva ya casi una década. Su agencia tiene un lustro y cuida a los suyos como si fueran familia, estrecha lazos entre sus actores. “Eso también es muy andaluz, ¿no? Me gusta que hagamos piña”.

En Madrid, tiene ahora a tres sobrinas estudiando la carrera. No tiene una mirada ajena sobre Andalucía porque no puede. “No noto la distancia. Voy mucho”. Su padre falleció hace poco y su madre está allí. Conserva además a sus amigos. “Muchos se vinieron como yo, pero cuando se casaron y tuvieron hijos, regresaron”. “Mi trabajo no lo puedo desarrollar en Andalucía. Es absurdo. No tiene sentido. Si fuera economista en un banco, me buscaría una sucursal en Cádiz, en La Caleta, pero represento actores y directores y todo ocurre aquí”, admite Abeledo.

"Ahora lo que gusta es que cada uno tenga su acento, su color, lo otro es una ordinariez completa"

Sobre si los papeles reservados a andaluces o a actores con acento andaluz siguen siendo los de las empleadas domésticas o las clases más bajas, disiente. “Es que ya no hablamos de andaluces, canarios o gallegos. Hablamos de chilenos, argentinos, mexicanos. Esto ha crecido mucho. Parece que hasta que no llegó Netflix no nos dimos cuenta de que hablábamos el mismo idioma. Hemos hecho 'La Casa de las Flores' en México y es que ya no hay fronteras en el mundo”. Recuerda que cuando se hacía el máster en Televisión Española, en las clases recomendaban “el castellano neutro”. “Ahora lo que gusta es que cada uno tenga su acento, su color, lo otro es una ordinariez completa”.

Para él, “ahora, lo difícil en Madrid es ser catalán". "El andaluz siempre cae bien”. “Ahora soy más gaditano que nunca, pero me siento ciudadano del mundo, me siento de donde estoy siempre un poquito”. Abeledo destaca el trabajo que ha hecho la Andalucía Film Comission y la calidad de los técnicos del audiovisual en la comunidad andaluza, gracias en parte a lo que han consolidado los grandes rodajes que se han hecho en esta tierra. “Sabes que puedes trabajar con equipos de gente muy buena, de mucho nivel, y eso es una garantía. El talento andaluz está muy cotizado, de verdad. En lo técnico, en actores y en directores”. Toca, apunta, concentrarse en otro tipo de discriminaciones. “Como las que sufren las mujeres, porque una actriz con 40 años está acabada, parece, y un actor a esa edad puede empezar a recibir los personajes más interesantes de toda tu carrera, porque ya no te buscan por guapito sino por otras cosas. Ahora dime una protagonista femenina que haya sido primera en importancia, que tome decisiones, que lleve el peso de la película. No hay. Y la mujer de un personaje de 40 tiene 26”. Habla con cuidado sobre las subvenciones porque no quiere más polémicas, pero tiene muy claro que sin apoyo de dinero público el cine de autor no sobrevivirá. “Las cadenas de televisión privadas apuestan por películas de mucha taquilla. Son empresas que quieren ganar dinero. Es lógico, pero ¿quién apoya el cine de autor?”, se pregunta. En el siglo XXI, lo que castiga de verdad no es el origen de un actor ni un acento sino las redes sociales, dice con ironía. “Eso sí que es un horror. Solo cabe desaparecer”.

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