fabricaban 3.500 cigarrillos a la hora

Descubierta en Málaga la primera fábrica clandestina de tabaco subterránea en Europa

Hasta el 2020 hicieron su agosto. Eran capaces de fabricar 3.500 cigarrillos a la hora, los empaquetaban bajo una marca comercial muy popular en el Reino Unido y los mandaban por tierra

Foto: Fábrica de tabaco en Málaga. (Guardia Civil)
Fábrica de tabaco en Málaga. (Guardia Civil)

Daniel Doobs, un inglés de 30 años condenado en el Reino Unido por tráfico de drogas y falsedad de documentos, usó hace unos dos años un permiso penitenciario para huir de su país. En vez de regresar a la cárcel viajó a España y se instaló en Málaga: playa, sol y buen tiempo. Se asoció con otro británico, un tal Andrew Cook. Ninguno quería trabajar en el lado de la legalidad, así que idearon un negocio muy lucrativo.

Acordaron montar una fábrica clandestina de tabaco ilegal. Las máquinas no las podían adquirir en España sin llamar la atención de las autoridades, así que las compraron por piezas en Polonia y en la antigua Checoslovaquia y se las trajeron a este país. El siguiente paso fue localizar un lugar alejado de miradas ajenas donde fabricar el tabaco. Encontraron un viejo campo de tiro cerca de Coín. El lugar tenía una vaguada. En esa depresión ensamblaron las maquinas, construyeron las dependencias, canalizaciones de aire, electricidad, agua y después lo cubrieron con tierra. Ya tenían la fábrica subterránea, pero quisieron ocultar más el negocio. ¿Qué hicieron? Construyeron un picadero de caballos encima y adquirieron jamelgos de escaso valor, para dar apariencia de normalidad. Los tenían muy limpios, pero poco más.

Hasta el 2020 hicieron su agosto. Eran capaces de fabricar 3.500 cigarrillos a la hora, los empaquetaban bajo una marca comercial muy popular en el Reino Unido y los mandaban hasta allí por vía terrestre. Un negocio que generaba millones de euros de beneficio. No contaban con que en su camino se cruzara la UCO, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Los agentes especializados en delitos económicos sospechaban, por informaciones anteriores que no quieren desvelar, que algo estaba ocurriendo pero no sabían dónde.

Establecieron controles de tráfico, con apariencia de rutinarios. Así comenzaron a detectar furgonetas y camiones cargados de tabaco. Sin muchas alharacas ni fanfarrias, se hacían los sorprendidos, les imponían una multa de tipo administrativo y a correr. Durante meses trabajaron sobre el terreno tratando de localizar el lugar donde se escondía la fábrica. No ha sido una tarea fácil. Todo lo contrario.

Fábrica de tabaco en Málaga. (Guardia Civil)
Fábrica de tabaco en Málaga. (Guardia Civil)

Finalmente lograron centrar un camino de tierra por el que bajaban las furgonetas cargadas de tabaco. La geografía del terreno les hacía imposible establecer una vigilancia más cercana sin llamar la atención. En aquella zona había múltiples negocios y picaderos, podía ser cualquiera y había que atinar. ¿Cómo lo resolvieron? Uno de los agentes de la UCO es corredor de maratones. Se calzó las zapatillas, la ropa de deporte y en cuanto asomó una furgoneta sospechosa, comenzó a correr detrás. Como era un camino de tierra poco practicable, logró, apretando la zancada que no se le escapara. Así lograron ubicar el picadero concreto en el que se escondía la fábrica clandestina.

La geografía del terreno les hacía imposible establecer una vigilancia más cercana sin llamar la atención

A las cinco de la mañana, la Guardia Civil asaltó el lugar. Lo registraron de arriba abajo durante horas, pero no daban con la fábrica de tabaco. Eran las nueve de la noche y seguían allí. Cualquier otro habría abandonado, pero ellos no. Así fue como encontraron la entrada secreta. Con una carretilla empujaron un contenedor pesado de gran tonelaje, como los que se ven en los puertos. Al desplazarlo, hallaron un pequeño agujero, una escalera y un montacargas.

Bajo tierra, a cuatro metros de la superficie, la fábrica clandestina de tabaco ilegal: 153.000 cajetillas listas para su venta, 17.600 kilos de picadura de tabaco, 20 kilos de hachís, 144 kilos de marihuana… Y todo acondicionado para los trabajadores. Literas en línea recta, un baño, una cocina. Los turnos eran de diez días seguidos sin parar. Les metían al agujero con comida y el contenedor no se volvía a mover hasta pasado ese plazo. Cuando salían, entraban otros y el contenedor volvía esconder el acceso.

Bajo tierra, a cuatro metros de la superficie, la fábrica clandestina de tabaco ilegal: 153.000 cajetillas listas para su venta

Durante el registro, antes de encontrar la entrada a la fábrica subterránea, el generador que abastecía de aire a los trabajadores que estaban bajo tierra se quedó sin gasoil. Los empleados se dieron cuenta de que les costaba respirar y que podían morir. Trataron de escapar, pero su única salida estaba bloqueada por el famoso contenedor. Golpearon con fuerza y chillaron pidiendo ayuda, pero los agentes del exterior no les oían ya que los cabecillas ingleses habían insonorizado el interior. Allí en el exterior estaban Daniel y Andrew. Ninguno abrió la boca. Les daba lo mismo que los seis trabajadores bajo tierra perdieran la vida. Si la salvaron fue por la persistencia de los investigadores.

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