PERFIL

Chaves, el presidente eterno

Fue 19 años el presidente de la Junta de Andalucía, ganó cinco elecciones y sus adversarios no lograron tumbarlo en las urnas, pero la justicia y el caso ERE han marcado su final

Foto:  Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.

Cuando en la Semana Santa de 2009 Manuel Chaves (Ceuta, 1945) dejó la presidencia de la Junta de Andalucía en manos de José Antonio Griñán nadie podía presagiar que diez años más tarde iban a estar ambos afrontando el amargo momento de esperar sentencia por el caso de los ERE.

Chaves se marchó como vicepresidente del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero después de amanecer durante 19 años ininterrumpidos, desde 1990, como presidente de la Junta de Andalucía. Desde 1994, encadenó cinco victorias en las urnas, dos mayorías absolutas, en 2004 y 2008. Superó la pinza de PP e IU de 1994 a 1996, precipitó entonces las elecciones, se alió con los andalucistas y mantuvo al PSOE en el poder recuperando la hegemonía para frustración de sus adversarios.

Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en una de las sesiones del juicio de los ERE. (EFE)
Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en una de las sesiones del juicio de los ERE. (EFE)

El PSOE andaluz era entonces una máquina imbatible de ganar elecciones y el Gobierno andaluz sabía reinventarse cada vez que veía señales de alarma o agotamiento entre el electorado andaluz. De la "Segunda Modernización", a la "Andalucía Imparable" de las células madres, la biomedicina y la sanidad pública pionera en el mundo. De ahí a la reforma del Estatuto de Autonomía, que brindó a los socialistas, en paralelo a la reforma catalana, brío para seguir pidiendo el voto sin que ningún escándalo agitado por la oposición política les robara el sueño ni prosperara en los tribunales.

El PP entonces con "el campeón" Javier Arenas alimentaba las denuncias por las redes clientelares y "el Régimen andaluz" pero aún les quedaría mucho por tragar.

El triángulo del poder

Fueron años muy dulces para el PSOE andaluz. Con un triángulo de poder perfectamente engrasado por el que Gaspar Zarrías, del PSOE de Jaén y consejero de Presidencia, se encargaba de San Telmo y Luis Pizarro, secretario de Organización ascendido a vicesecretario general del PSOE-A cuando hizo falta, hacía lo propio con el partido. Y siempre ahí, el gran sostén, el PSOE de Sevilla, que hacía y deshacía a su antojo gracias a la importante cantidad de votos que, lloviera, tronara o diluviera, inyectaba cada elección.

La falta de alternancia acomodó a los socialistas en el poder y cuando en 2018 Susana Díaz perdió la Junta muchos admitían que creían que aquello era su casa, "el cortijo", como denunciaba la oposición.

Chaves, un candidato “a palos”, como en 1990 lo apodaron sus adversarios cuando Felipe González le ordenó dejar el Ministerio de Trabajo y bajarse a Andalucía para acabar con la batalla entre ‘guerristas’ y ‘renovadores’, se convertiría con el paso de los años en un hombre de partido, elegido siempre para mediar y resolver los conflictos internos y conocido por muchos de sus compañeros como “el bueno de Manolo”. Lo harían famoso ‘Los Guiñoles’ de Canal Plus, que caricaturizaron con éxito su dislexia y sus lapsus lingüísticos, de los “minolles” (por millones) a la inauguración del campeonato de “espí alquino” de Granada en 1996.

El vértigo de la sucesión

La sucesión de Chaves fue la prueba más evidente del vértigo que sentían los socialistas andaluces a que se moviera algo que pusiera en peligro el poder. Quien fue secretario general del PSOE andaluz desde 1994 había dicho ya en varias ocasiones que quería ir cediendo responsabilidades pero los suyos no se lo permitieron. Incluso había proclamado que elegiría a una mujer para sucederle pero cada vez que daba un paso en esa dirección los propios cortocircuitaban su salida.

La magistrada Mercedes Alaya. (EFE)
La magistrada Mercedes Alaya. (EFE)

Cuando las encuestas encendieron las alarmas y desde Ferraz vieron que el caladero socialista andaluz estaba empezando a dar señales de agotamiento, Zapatero movió ficha y precipitó la sucesión en sólo seis días.

Había tanto vértigo a que Chaves se fuera tras 19 años en la Junta, que fue Zapatero quien tuvo que precipitar su salida en menos de una semana

No sería hasta dos años después de dejar Andalucía cuando la juez Mercedes Alaya abrió el caso ERE. La instrucción arrancó en 2011. En diciembre de 2010 fue cuando el exdirector general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero, señaló en su declaración ante la Guardia Civil que había “un fondo de reptiles” para pagar estas ayudas extraordinarias a prejubilados andaluces. Justo un año más tarde, diciembre de 2011, la juez Alaya apuntaba en un auto judicial a “la cúspide de la pirámide” y dejaba claro que iba a llegar hasta los expresidentes andaluces.

La salida del partido

En junio de 2015, el Tribunal Supremo imputó a Chaves y a Griñán. Un mes más tarde, Chaves dejó su escaño en el Congreso y un año después, 2016, tramitó su baja en el PSOE después de 48 años. Antes confesó que a su sucesor “Pepe, Susana nos ha matado” y tuvo una dura conversación con Pedro Sánchez en los pasillos del Congreso que supuso su despedida definitiva de la vida política.

Chaves, compañero de despacho laboralista en Sevilla de Felipe González, ingresó en el PSOE en 1968 y fue uno de los que aparecía en la famosa "foto de la tortilla". Fue elegido diputado nacional por Cádiz en las primeras elecciones de 1977 y reelegido en 1979, 1982, 1986 y 1989.

Tras la segunda victoria socialista, en 1986 fue nombrado ministro de Trabajo, cargo del que cesó en abril de 1990 para ser candidato a la Junta. Posteriormente se hizo cargo de la gestora creada tras la dimisión del candidato a la Presidencia del Gobierno en el 2000, Joaquín Almunia, tras la mayoría absoluta del PP. En el 35 Congreso del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero fue elegido nuevo secretario general del partido y Chaves presidente. Repetiría cuatro años más tarde.

Rubalcaba (d), Zapatero (c) y Chaves (i), en el 38º Congreso del PSOE. (EFE)
Rubalcaba (d), Zapatero (c) y Chaves (i), en el 38º Congreso del PSOE. (EFE)

Ya imputado en el caso ERE tuvo que ver como la vicepresidenta Carmen Calvo, a quien lanzó a la política como consejera de Cultura de su Gobierno en 1996, le llamaba “ciudadano Chaves” y ha permanecido siempre en un discreto segundo plano, sobrellevando momentos dolorosos como la muerte de su amigo Alfredo Pérez Rubalcaba. Siempre ha mantenido que "sabía que se daban ayudas para grandes crisis, pero no cómo" y ha defendido su honestidad.

Adiós a la vida pública

Tras dejar la vida pública, el barón andaluz sí mantuvo con más normalidad, aunque no sin esfuerzo, su vida. A diferencia de Griñán nunca tuvo miedo a la calle, de hecho siempre dice que recibe muchas más muestras de cariño que broncas o abucheos. Impartía conferencias en la Universidad Internacional de Andalucía (Unia) y estuvo colaborando con varias universidades marroquíes.

La preparación de estas charlas lo mantenían ocupado. No era difícil encontrarlo enfrascado en los libros en la biblioteca del Parlamento, aunque elegía días sin actividad plenaria. Esperando el juicio, estudiaba inglés y leía mucho. A su conocida afición al cine se suman ahora las series que, como muchos otros, devora por canales como Netflix o HBO, o la lectura de novelas.

Quien ocupó durante año altas responsabilidades en el PSOE está siempre atento a la situación interna de su partido pero no opina en público pese a que es sabido que le preocupa, y mucho, la “deriva” socialista. Este octubre el Supremo condenó a la empresa minera Matsa, donde trabaja su hija Paula Chaves, a devolver una ayuda de 10,1 millones de euros que recibió en 2009, con Chaves de presidente. La sentencia subraya que hubo irregularidades en la concesión de este incentivo. Fue el primer palo judicial. Ahora, toca afrontar los ERE.

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