TIENE 10 PUNTOS DE PARO MENOS QUE SU ENTORNO

Trebujena, el pueblo 'rojo' que combate el paro ayudando a los demás

Están tan acostumbrados a echarse un cable entre ellos que se han expandido por España. Puede ser su enfermero, el celador y el de la radiografía: no se fíe, hay trebujeneros por todas partes

Foto: La primera generación de auxiliares de enfermería de Trebujena, en 1983
La primera generación de auxiliares de enfermería de Trebujena, en 1983

En abril, los habitantes de Trebujena, Cádiz, se echaron a la calle. Exigían a Exteriores que encontrase a su vecino, Manuel Tundidor, desaparecido en Ecuador unos días antes. Lamentablemente 'Lete', como le llamaban en el pueblo, apareció ahogado poco después.

No hay nada de extraño en que un pueblo pequeño como Trebujena, de 7.000 habitantes, se movilice por un paisano, pero sí en que 900 kilómetros al norte, en Zaragoza, 300 personas se reuniesen en la Plaza del Pilar preocupadas por 'Lete'. Todos eran de Trebujena. "Eran sus compañeros y sus vecinos, la comunidad de trebujeneros en Aragón es muy importante", dice Jorge Rodríguez, alcalde del pueblo.

'Lete', de 30 años, era técnico de radiología, estudiaba Enfermería y se encontraba haciendo un voluntariado fuera, en este caso en Ecuador. Se iba a graduar este mismo año y, por tanto, iba a empezar a ejercer de enfermero. A partir de ese momento, su objetivo sería seguramente acumular puntos en el sistema de Salud en cualquier punto de España para, a medio plazo, poder escoger una buena plaza en los hospitales cercanos a Trebujena. Aunque parezca mentira, este es un perfil mayoritario en el pueblo. "De 2.300 personas que tenemos con capacidad de trabajar aquí, hasta 1.400 trabajan en Sanidad", dice el alcalde.

Imagen de Trebujena
Imagen de Trebujena

En 1983 la Cruz Roja abrió un puesto de socorro en el pueblo. Al principio solo formaba a mujeres como auxiliares de enfermería, pero con los años la escuela se ha convertido en el centro neurálgico de Trebujena. Ahora pertenece a una fundación del Ayuntamiento y ofrece cursos de auxiliar de enfermería, técnico de rayos, celador y pinche de cocina. "Por aquí ha pasado todo el pueblo, muchos de ellos dos o tres veces", dice Manolo Cala, director del centro. "Comenzamos como una iniciativa para dar trabajo a las mujeres del pueblo, que por entonces solo trabajaban en el servicio doméstico, y ahora es la primera salida laboral de Trebujena", dice.

Aquí tenemos muy interiorizado el concepto de 'ganarse la peoná'

Hasta entonces, en Trebujena la gente vivía del campo, normalmente de la plantación de viñedos para la producción de mosto y de la pesca de angulas en la desembocadura del Guadalquivir, una actividad prohibida en 2009. "Pero la gente joven quería un trabajo de más calidad, más estable, porque el campo es muy duro y cada vez da menos dinero, no es nada fácil vivir de los cultivos", dice Cala. "Aquí tenemos un concepto que en otras zonas de España no se entiende: ganarse la peoná. Tenemos muy claro que para vivir hay que estudiar y trabajar duro, ya sea en el campo o yéndose a 800 kilómetros a cubrir una suplencia de celador de cinco días. Te coges tu coche y te ganas la peoná", remata el alcalde.

Los trebujeneros conocen el sistema y lo exprimen hasta la última gota. Una figura clave en el pueblo es José Juan Arellano, el conseguidor municipal. Arellano conoce todas las bolsas de trabajo sanitario de España y es un consumado experto en presentar solicitudes. Sabe cuánta experiencia se necesita para cada puesto y cuántos puntos reporta en el sistema de meritaje de Sanidad. Él decide los candidatos y, cuando se publican las listas de acceso, siempre consigue colocar a varios trebujeneros en los primeros puestos: "A veces llamo a algún hospital de Cantabria, Aragón o donde sea, y me dicen: 'Sí, hombre, de Trebujena, os conocemos perfectamente. Hemos tenido que buscar en internet dónde estábais, lo que no sabemos es cómo tenéis a tanta gente aquí'", explica entre risas.

Arellano, frente al centro de formación sanitaria (A.P.)
Arellano, frente al centro de formación sanitaria (A.P.)

No importa qué hospital público del país visite, a poco que pregunte encontrará a alguien de Trebujena. "Cuando acaban de estudiar, las profesionales no tienen dónde ir. No tienen puntos, así que cogen sustituciones, donde sea. Yo siempre digo lo mismo: en Trebujena ofrecemos a los hospitales formación, trabajo y la máxima disponibilidad", afirma Arellano. "Nuestra ventaja es que en otras provincias no están dispuestos a moverse como nosotros". Así, es habitual que, mientras alguien se está tomando una cerveza un sábado por la tarde, le suene el móvil: "Te tienes que ir a Ibiza mañana, empiezas el lunes para una sustitución de una semana en Rayos X", dice Arellano.

"Este, este es el que va a acabar con la feria de Trebujena, dilo en el periódico: el José Juan nos mata", dice un vecino que pasa por aquí. Arellano se desternilla: "Me lo dicen porque en las fiestas es cuando más se necesitan sustituciones por toda España. En Navidades, Semana Santa o en verano, que es cuando tenemos nuestra feria, está medio pueblo fuera, no tenemos casi manos para montarla", explica. No lo dicen en serio: durante la crisis, cuando la Junta de Andalucía quiso recortar este servicio, el pueblo se echó a la calle para defender a Arellano y su compañera.

La red de apoyo

En Trebujena, la solidaridad entre vecinos se da por descontada. Cuando tocan a uno, tocan a todos. Aquí, más que un mantra hueco de Twitter, es una forma de vivir. "En la época de vendimia, por ejemplo, todos echamos una mano. Cualquier vecino te puede decir que te acerques a su plantación a ayudar, y todos lo hacemos. Y lo mismo sucede con los arreglos en las casas, los turnos de camarero en los bares... estamos todos para todos", dice Lola González, enfermera y vecina.

Estos pequeños trabajos eventuales, que, si se pagan, se hace en mano, complementan la economía de Trebujena, basada en la diáspora. Prácticamente no hay ningún sanitario que no tenga que hacer la 'mili' por media España hasta reunir los puntos necesarios para volver al pueblo. En una misma mesa se sientan Agustín Luza, rondando los 50, Luisa Fernández, 31, y Lola González, de 28. Apenas se conocen de vista, pero todos han tenido que buscarse la vida para trabajar como enfermeros por la zona.

Agustín, junto a su hija, Luisa y Lola (A.P.)
Agustín, junto a su hija, Luisa y Lola (A.P.)

La forma de reconocerse entre trebujeneros es normalemente por aproximación. He aquí un ejemplo real:

- Luisa: Yo estuve en Borja, que es un pueblo de 5.000 habitantes, y ahí había una enfermera de Trebujena, en el centro de salud.
- Agustín: ¿Y quién era?
- Luisa: Pues la Virginia.
- Agustín: ¿La Virginia?
- Luisa: Sí, hombre, la novia de Juanmi el Pepelolas.
- Lola: Ah sí, Juanmi el Pepelolas.
- Agustín: ¿Juanmi el Pepelolas?
- Lola: La madre, una pelirroja que era amiga de mi tía Mimi.
- Agustín: Aaaah sí, ya sé quien es.

Luisa trabaja como auxiliar de enfermería en el Hospital de Valme, en Sevilla. Acaba de regresar de un viaje de seis años en los que ha conocido media España: "¿Que dónde he estado? A ver que haga memoria... Logroño, Barbastro, Borja, Utrilla, Zaragoza y Teruel. Quizá me deje alguno", dice. Ha pasado tanto tiempo fuera que en algunos momentos de la conversación pierde el acento gaditano, cerradísimo en esta zona. Pasan varios años fuera. Cada mes trabajado supone 0,3 puntos, y el corte para trabajar en los centros del sur de Andalucía está, más o menos, en los 30 puntos, aunque se pueden conseguir puntos de mérito adicionales impartiendo conferencias o acudiendo a cursos. Luisa tiene 32 acumulados.

He pasado alguna Nochevieja sola, llorando en casa

"Date cuenta de que la mayoría de los trabajos no nos compensan económicamente", dice la auxiliar. "Entre el viaje, el alojamiento y lo que gastamos en comer y salir... yo en estos años he ahorrado -15 euros. Vamos, única y exclusivamente, por los puntos", dice. "Aquí hablamos constantemente de los puntos. Cuántos tienes, cuántos necesitas, cómo los vas a conseguir...", continúa Lola. "El objetivo siempre es volver al pueblo, y eso se hace consiguiendo puntos".

Encadenan un contrato temporal tras otro. Algunos de un año, otros de tres días, depende de la suerte. El sacrificio les merece la pena: en un pueblo como Trebujena, donde un alquiler cuesta 150 euros y tomarse una Coca-Cola en una terraza solo uno, los sueldos de celador, ligeramente por encima de los 1.000 euros, y aún más de enfermero, cercano a los 2.000, les permiten sobrevivir los meses en los que no hay ofertas de trabajo. "Y no gastamos tanto en comida, porque la mitad de lo que comemos viene de nuestros huertos. Aquí todos tenemos un terreno a las afueras del pueblo", dice Lola.

Pero a veces la singladura se les hace larga, porque todos extrañan la tierra: "He pasado alguna Nochevieja sola, en un piso de Huesca... con 23 años y mi familia al otro lado del teléfono, riéndose y pasándolo bien... anda que no me he hartado de llorar", dice Luisa. "Pero gracias al apoyo de los trebujeneros seguimos adelante". Cuando un vecino recibe destino, lo primero que hace es conectarse al grupo de Facebook 'Trebujeneros' y preguntar si hay alguien en la zona. "Si lo hay, y es lo más normal, ya puedes estar tranquila. Te van a buscar a la estación, te presentan a todo el mundo y te dejan dormir en su casa el tiempo que necesites hasta encontrar un sitio", dice Fernández. ¿Siempre? "Siempre. Y después tú haces lo mismo con los nuevos que vienen, es que no hace falta ni decirlo". En algunos lugares, como en Zaragoza, la colonia es tan grande que se siente uno como en casa: "En pleno centro de Zaragoza está el bar El Tuno, que tiene un bocadillo que se llama Trebujena en honor a todos los que hemos pasado por el Miguel Servet y por el Clínico", dice.

Concentración de sanitarios de Trebujena en Zaragoza (Efe)
Concentración de sanitarios de Trebujena en Zaragoza (Efe)

Cuando Agustín Luza, enfermero, marchó a Mallorca a trabajar, hace 21 años, era aún más difícil. "Antes no había redes sociales, no había forma de contactar con vecinos. Te ibas a un sitio donde había un familiar tuyo, alguien que te pudiera alojar durante un tiempo", dice. "Yo dejé aquí a mi novia, pero muchos han tenido que dejar a su mujer y a sus hijos en Trebujena, viéndolos solo un par de meses al año", continúa. "Y luego tienes que vernos a los de Trebujena de viaje", dice Agustín, "nos faltan las gallinas para ser Paco Martínez Soria, cada vez que vamos a un sitio, las madres de los que están allí nos dan jamón, chorizo...", ríe.

Tienes que ver a los trebujeneros viajar, nos faltan las gallinas para ser Paco Martínez Soria

Como tantos otros, Agustín se recicló como técnico de rayos a los treinta: "Acabé el COU y no quise estudiar más. Me puse en el campo con mi padre, estuve un año y me dije: 'Agustín, a estudiar que esto es el infierno'", dice provocando la carcajada de toda la mesa. "Tenía 29 años en una clase de chavales de 20, pero los había más mayores que yo. Fontaneros, electricistas... todos hemos pasado por allí". Luza pasó más de cinco años rebotando por la geografía nacional, de Baleares a Galicia y de allí a Aragón hasta completar su hoja de servicios. Hoy trabaja como interino en el hospital Virgen del Rocío de Sevila, a 50 minutos en coche, y ha acumulado 87 puntos de enfermero, más que suficientes para escoger cualquier centro del servicio público de salud: "Aquí me quedo, estoy muy agusto. ¿Que cuántos estamos allí de Trebujena? Incontables, quillo, y con buenísima fama: pregunta en un hospital de Madrid, donde quieras, los de Trebujena tenemos fama de currantes y de no fallar nunca".

Son tantos que cada mañana salen dos autobuses que hacen la ruta de los hospitales: uno los de la provincia de Cádiz y otro los de Sevilla. Llevan a los que trabajan en el primer turno y traen de vuelta a los que han hecho noche. "A las seis de la mañana, en la parada del autobús, es el momento de mayor aglomeración de trebujeneros del año", bromea Luisa. El alcalde aporta otro detalle para comprender el fenómeno: "El año pasado tuvimos que retrasar el desfile del carnaval porque por la mañana había oposiciones a celador. No se podía hacer otra cosa, había 700 trebujeneros inscritos. Ese es el nivel de implicación del pueblo con el sistema sanitario".

Mientras hablamos, varias personas se acercan a saludar: "Este es celador en Mallorca", "el primo de ésta coincidió conmigo en Teruel", "con tu cuñado he estado yo en Barbastro". Son una gran familia sanitaria. "Es que incluso los que estudian para pinche de cocina acaban en hospitales", dice Lola. "La mayoría de los trebujeneros son celadores, pero técnicos de rayos y auxiliares de enfermería tenemos a patadas también", explica. Lola, ha estudiado Enfermería sin hacer la selectividad, como Agustín y otros tantos. En Trebujena empiezan a trabajar en el campo desde la adolescencia y suelen dejar pronto los estudios. Pero para eso está José Juan y su conocimiento del sistema: "A través de la formación profesional se puede acceder perfectamente a la Universidad, además en muchos casos te convalidan una buena parte de la carrera", afirma el trabajador municipal.

Rojos entre los rojos

Las peculiaridades de Trebujena no se comprenden sin su política. Paseando entre sus habitantes, se nota cómo las políticas sociales impulsadas desde el ayuntamiento y las constantes reivindicaciones y luchas colectivas de los ciudadanos son dos caras de la misma moneda. Y puede explicar también que tanta gente en un mismo lugar tenga la predisposición necesaria para ejercer empleos tan vocacionales como son los sanitarios. Desde que arrancó la democracia en España, siempre ha gobernado el Partido Comunista o Izquierda Unida con mayorías absolutas. Solo una vez, en 1987, ganó otro partido, y fue el PSOE. La derecha, que aquí se interpreta como la ideología de los señoritos, la dejan para sus vecinos de Jerez de la Frontera: "Aquí somos todos trabajadores. En el Ayuntamiento hay siete concejales de Izquierda Unida y seis del PSOE. El PP, Ciudadanos o Vox son partidos que no existen. Se presentan, pero apenas consiguen una decena de votos", dice el alcalde. "Uy, aquí votar al PSOE está visto regular. Mi padre, por ejemplo, me mata, que es muy comunista", dice Luisa. "¡Y el mío ni te cuento", le chista Lola.

Los trebujeneros no son rojos tipo 'Franco-vivienda-contaminación-patos en el Manzanares', sino más bien tipo 'aquí está la cosa complicada, o nos juntamos todos o no salimos adelante'.

Jorge Rodríguez, alcalde de Trebujena (A.P.)
Jorge Rodríguez, alcalde de Trebujena (A.P.)

A nuestro alrededor, cincuenta personas, la mayoría de más de 50 años, escuchan una versión de Jimmy Hendrix interpretada por una banda del pueblo. El ruido es atronador, amplificado por las paredes de la plaza, pero a nadie parece molestarle. Las abuelas hablan con las veinteañeras del pueblo y un hombre de unos 60 años, con una larga coleta blanca, se acerca con el cubata a unos chavales vestidos de negro. "Piensa que aquí el Ayuntamiento nos trae a Barón Rojo, a Obús o Delinqüentes. ¡Aquí, contra más viejo, más rockero!", dice Lola.

Como muestra, un botón. En 1987 Steven Spielberg se fijó en las marismas y los impresionantes atardeceres del pueblo para rodar 'El imperio del Sol'. Se decantó por Trebujena, en detrimento de las otras opciones, Kenia e Israel, por los servicios y la cercanía a las playas gaditanas. Le recibieron con un enorme cartel a la entrada del pueblo que decía 'Welcome, Mr. Spielberg'. Sin embargo, el director se empeñó en contratar los extras de la película por medio de un casting, en contra de la opinión de los vecinos, que le habían presentado un listado de parados de larga duración. Comisiones Obreras le montó una huelga y los vecinos terminaron lanzando al aire los contratos de la película en la plaza del pueblo. Al final Spielberg se salió con la suya, pero los trebujeneros se quedaron con su jefe de efectos especiales, que nunca más ha dejado el pueblo.

¿Recuerda esta escena? Efectivamente, es Trebujena
¿Recuerda esta escena? Efectivamente, es Trebujena

La apuesta por la rama sanitaria permite a Trebujena, ubicada en la provincia con menos empleo de España, presumir de diez puntos menos de paro que Sanlúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera, sus vecinos. "Durante los años de la crisis llegamos a tener 15 puntos menos. Ahora, incluso en verano, el paro baja más aquí que en Conil de la Frontera, que tiene un aluvión de turismo y servicios impresionante", dice el alcalde.

Aquí Izquierda Unida gobierna sola, con más del 50% del voto, sin Podemos. En las últimas municipales quedaron 2.160 a 108. "Ya sé que Podemos e Izquierda Unida son lo mismo para la mayoría de los españoles, pero en Cádiz y otras partes de Andalucía no es así. Aquí tenemos un largo historial de movilizaciones y cooperativismo, estamos muy arraigados. Es la famosa bandera roja que Pablo Iglesias le reprochó a Cayo Lara durante unas negociaciones. Podemos es bueno en imagen, en vender sus políticas, pero en Trebujena somos nosotros los que hacemos las cosas. Y, al final, medio Trebujena se va y casi todos terminan volviendo, será que no lo estamos haciendo tan mal", concluye el alcalde.

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