EL ÓRDAGO DEL PRESUPUESTO

Vox pone a PP y Cs frente al espejo: viaje desde Andalucía al futuro político

Abascal tiene en su mano aprobar o dejar caer el primer presupuesto del Gobierno andaluz de PP y Cs. Con eso manda un mensaje potente sobre la necesidad de sus votos en Madrid

Foto: El presidente electo de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, saluda al líder andaluz de Vox. (EFE)
El presidente electo de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, saluda al líder andaluz de Vox. (EFE)

"¿Os acordáis de la exigencia de que el día de Andalucía fuera el de la toma de Granada por los Reyes Católicos para la investidura andaluza? Pues ahora, igual". La frase, es de un alto cargo de Cs respondiendo a cómo cree que acabará el órdago de Vox en Andalucía. Pueden tumbar el primer Presupuesto del Gobierno "del cambio". Aunque es poca broma que caigan las cuentas, desde el Ejecutivo andaluz enmarcan el gesto como una bravuconada más de Santiago Abascal en plena negociación de otros pactos en España y con la vista puesta en Madrid.

El mismo líder de Vox dijo abiertamente que los dos asuntos políticos estaban ligados. Vox deja claro lo que los números dictan, por mucho que PP y Cs quieran disimular, que en Andalucía gobierna una coalición, pero que de facto es un trío. Son imprescindibles. Los bloques son compactos y ni PSOE ni Adelante Andalucía piensan moverse. En Madrid el mapa político es muy similar. Los 12 diputados de Vox, los "12 gladiadores", como los llamaba Abascal en sus mítines, en una y otra comunidad tienen la llave.

En Vox vuelven el espejo al sur para dejar claro que son imprescindibles, que si los orillan ahora, más pronto que tarde tendrán que darles sitio a la mesa. El calendario ha hecho el regalo. Si los Presupuestos andaluces se la juegan el miércoles 12, los ayuntamientos se cierran el sábado 15 de junio. Mejor arma de presión imposible aunque suponga convertir a una comunidad de ocho millones de habitantes en rehén de una estrategia política. A Vox, que no cree en el Estado de las Autonomías, eso debe resultarle menor.

Seis meses atrás

Estos días se revive el ambiente de aquellas negociaciones andaluzas de primeros de enero. Entonces las derechas acariciaban la posibilidad de tocar poder en Andalucía tras 37 años de gobiernos socialistas. Era el hecho diferencial andaluz, el motivo aducido por unos y otros para pactar con Vox, un partido que el propio Pablo Casado tildó de "ultraderecha". En Madrid ese motivo no existe ni en otros 35 ayuntamientos de España donde PP y Vox ya han cerrado un acuerdo y las dos fuerzas se bastan, pero hay otros. Lo que pasa es que el tercer actor de la obra, Ciudadanos, no acaba de ver claro el guion.

En Andalucía, Vox se quejó durante días del "ninguneo", del "desprecio" o de la "humillación" en las negociaciones para formar gobierno tras el rechazo de Cs a sentarse a la misma mesa que el partido de Santiago Abascal. Sin embargo, las lamentaciones quedaron en nada. Pasó en 48 horas de dar de lado un documento de imposibles políticos, que hablaba de "expulsar a 52.000 inmigrantes" o de dar "un pin parental" para controlar los contenidos que sus hijos estudian, a rubricar un pacto con el PP donde se soslayaban los asuntos más espinosos. Cs logró su objetivo, no se fotografió con Vox. El PP asumió el papel de bisagra entre ambas fuerzas.

La segunda parte

Ahora Vox ha dejado claro que el guion a la andaluza no le satisface. Si Cs tardó una legislatura en entrar en los gobiernos, Vox quiere tardar dos elecciones. Si está, quiere poder, quiere mandar o como mínimo, advierten, sentarse a la mesa de los de Albert Rivera. Que "ya está bien" o "hasta cuando", preguntan en voz alta los diputados andaluces de la formación de extrema derecha.

En estos seis meses, Vox en Andalucía no ha puesto en aprietos serios al Gobierno de PP y Cs. Algún rapapolvo en rueda de prensa, advertencias altisonantes que se diluían en el cara a cara con el presidente del Gobierno, Juan Manuel Moreno, en el pleno del Parlamento andaluz. Algún toquecito vía Twitter con Santiago Abascal como protagonista, pero nada tangible más allá de los titulares sentenciosos. Ahí está el Diario de Sesiones. En momentos claves, PP, Cs y Vox han unido sus votos.

El vicepresidente de Cs sí que negoció directamente con Vox la renovación de Canal Sur, pero entonces nadie pidió una foto

Apoyó Vox la reforma fiscal con la que se estrenó el Gobierno andaluz y aceptó el acuerdo para la renovación de los órganos de extracción parlamentaria tras años de bloqueo con el anterior Ejecutivo. Incluso asumiendo una presentación en la que PP y Cs pusieron el foco en su pacto con el PSOE en solitario, para admitir después que Vox también estaba de acuerdo y el consenso era a cuatro bandas. Para desbloquear Canal Sur, el Defensor o la Cámara de Cuentas sí que acudieron a negociar el vicepresidente Juan Marín (Cs) y el consejero de Presidencia, Elías Bendodo (PP), con todos los grupos, también con los diputados de Vox. Sin problema. Sin cámaras, eso sí.

Ni Vox pidió la foto ni Cs tuvo reparo alguno en sentarse con la ultraderecha. Ahora sí. La clave no está en Andalucía, donde poco ha cambiado el escenario, sino en Madrid. El PP achaca el cambio de estrategia a la irrupción de Iván Espinosa de los Monteros, que advierten que es mucho más correoso que el negociador, Javier Ortega Smith. Aquí no estaba Rocío Monasterio, como nueva protagonista en Madrid, "insensible a la presión mediática", como a ella misma le gusta presumir.

El "espíritu" de las cuentas

La enmienda a la totalidad registrada por Vox para tumbar el Presupuesto no precisa qué habría que mover en las cuentas. Se mencionan un "espíritu continuista", partidas del Instituto Andaluz de la Mujer, los "chiringuitos ideológicos", la falta de una apuesta clara para luchar contra "la inmigración ilegal" o la Agencia Idea. El consejero de Hacienda, Juan Bravo, podría hacer cambios o no hacerlos, moviendo partidas para escenificar que hay concesiones a Vox y atraerlos al acuerdo. Pero el margen real es muy estrecho.

¿Merece la pena? Responde el ala naranja de San Telmo: no. Habla el ala azul: sí. El vicepresidente Juan Marín, de Cs, ya ha dicho que si Vox deja caer el Presupuesto no pasaría nada. El Gobierno puede seguir funcionando con las cuentas prorrogadas, limitado en su gasto, con el guion del anterior Ejecutivo de Susana Díaz, pero sin ningún riesgo. Se trataría de concentrar esfuerzos en el de 2020, que deberá empezar a negociarse en septiembre. Entonces creen que los gobiernos del país no estarán abiertos en canal y será más fácil cerrar acuerdos con Vox.

Cs prefiere dejar caer las cuentas y centrarse en las de 2020 que hacer cesiones a Vox en este momento

El PP piensa pisar el acelerador en las negociaciones a partir del lunes, informan desde el Gobierno, aunque no han cesado los contactos. Mantienen un perfil muy bajo. Las perspectivas son buenas. "Creo que lo conseguiremos", dicen. En el aire están también los gobiernos de tres capitales, Córdoba, Granada y Jaén, pendientes de que Cs acepte pactar con PP y Vox.

En el PP andaluz aspiran a "normalizar" a Vox, darle cabida en las instituciones, obligarlos a entrar en el circuito oficial, exactamente como ocurrió con Podemos en 2015, cuando entraron en los parlamentos y se vieron obligados a orillar la radicalidad, argumentan. El presidente Moreno lleva meses repitiendo que con ellos los empresarios perciben calma y estabilidad, que se acabó la incertidumbre, que las empresas vuelven a mirar a Andalucía para hacer grandes inversiones. Que se caiga el primer Presupuesto de su gobierno no solo arroja una imagen de debilidad política sino que es un torpedo en este discurso económico.

En Andalucía tienen para pactar hasta el miércoles. En Madrid, 48 horas más.

Andalucía

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