DESDE LA ÚLTIMA FILA

Los atletas de la Semana Santa: "Las bandas son escuelas de ciudadanía"

La banda de las Tres Caídas revolucionó el estilo musical de las procesiones y atesora una legión de adeptos que aprenden solfeo y partituras al son de marchas cofrades

Foto: Tambores y palillería de la banda de las Tres Caídas de Triana. (Juan Bezos)
Tambores y palillería de la banda de las Tres Caídas de Triana. (Juan Bezos)

Nunca han calculado los kilómetros que recorren pero son, sin duda, los auténticos atletas de la Semana Santa. Van a la cola pero marcan el paso. Se llevan los empujones de quienes creen que tras el último nazareno ya todo es jauja. La banda de las Tres Caídas de Triana ya suena en Spotify y hace gala de una historia que revolucionó los sonidos de las vírgenes y los cristos de Sevilla. Cada día acompañan a una hermandad. En la ‘madrugá’, llega el día grande y el uniforme blanco de gala para salir con el primer paso de la Esperanza de Triana, de la que todos son hermanos.

Julio Vera, rezando antes de la salida. (J. Bezos)
Julio Vera, rezando antes de la salida. (J. Bezos)

Julio Vera es el responsable de que la música de la Semana Santa sonara distinta. Eran los años ochenta cuando nació como agrupación musical para convertirse después en banda de cornetas y tambores, y años más tarde imponer un nuevo estilo con sonidos de fliscorno, trompeta, trombón o tubas, que nunca antes habían flotado en el aire de las procesiones. Hoy, la banda Tres Caídas de Triana es una institución musical que se disputan no solo en las cofradías sevillanas sino en toda España. “Son muchas las bandas grandes en Sevilla”, dice Vera, que insiste en que todas merecen su homenaje.

La revolución del sonido

“No nos equivoquemos. Llevar nuevos instrumentos no tiene nada que ver con perder la esencia. Eso nunca”, dice quien fue miembro fundador de la banda y responsable de la evolución de las marchas sonoras desde finales del siglo XX a nuestros días. “Esto se hace por vocación y por devoción, por afición, es un 'hobby' muy bonito, pero con mucho compromiso, eso sí”, explica Vera.

Afinación de instrumentos de viento antes de la salida. (Juan Bezos)
Afinación de instrumentos de viento antes de la salida. (Juan Bezos)

En un momento en que el civismo está en cuestión en la Semana Santa de Sevilla, cuando se oyen las quejas por las faltas de respeto del público que acude a las procesiones, este pionero lo tiene muy claro: “Sin duda ninguna, las bandas de música son hoy auténticas escuelas de ciudadanía. Aquí los niños aprenden valores que no se ven ya ni en las escuelas. El compromiso, el compañerismo, la disciplina, el respeto... Sin eso, no hay banda”. Hoy son 150, “y seis que están en el cielo”. Cada día están todos convocados, aunque se dispensa a quien no haya podido tener permiso en su trabajo. Este día faltarán siete miembros que están trabajando y llegarán más tarde.

Entrada en Campana con la Hermandad del Polígono de San Pablo. (Juan Bezos)
Entrada en Campana con la Hermandad del Polígono de San Pablo. (Juan Bezos)

Una vocación que dura todo el año, con un mes de descanso en agosto y otro en navidades. Hay ensayos dos o tres días a la semana que se intensifican cuando llega la cuaresma. Disciplina militar que se viste de 'hobby' y vocación, pero que esconde privaciones y sufrimiento. “Esto te tiene que gustar mucho a ti y también a tu familia, porque es a ellos a quienes les quitas tiempo. Son muchas horas de ensayo y muchos fines de semana fuera”, cuenta Miguel Cazorla, un cuarto de siglo ya vistiendo el uniforme inspirado en la Marina.

Miguel Cazorla y su hijo Francisco. (Juan Bezos)
Miguel Cazorla y su hijo Francisco. (Juan Bezos)

Las escuelas de música

Casi siempre se repite el mismo patrón. El niño de 10 o 12 años que vive la Semana Santa a través de su música, que se mete en el ‘mundillo’ y que de repente va creciendo y se da cuenta de que se ha convertido en músico. Una afición que se hereda de padres a hijos, explica Miguel, que señala a su izquierda y presenta a un adolescente, su hijo Francisco, que ya es miembro. “Le metes el gusanillo y aquí está”.

Gorra y baquetas sobre un tambor, momentos antes de la salida. (Juan Bezos)
Gorra y baquetas sobre un tambor, momentos antes de la salida. (Juan Bezos)

Los tiempos han cambiado. “Antes, toda Sevilla tocaba de oído, la gente que sabía te enseñaba y tú te ibas fijando cómo se ponían los dedos”, cuenta Miguel. Ahora hay escuelas de música dentro de las bandas, canteras donde se enseña solfeo y a interpretar partituras. En Sevilla, hay más niños aprendiendo música en las bandas que en los conservatorios. Paloma Pinto, 21 años, es de esa escuela, y lo tenía claro desde que de chica la llevaban a la salida de la Esperanza de Triana. Ella ahora vive en el Polígono San Pablo, a cuya hermandad acompañaron el Lunes Santo, y empezó su formación con 13 años.

Paloma Pinto y Cristina Castaño. (Juan Bezos)
Paloma Pinto y Cristina Castaño. (Juan Bezos)

“Seguí, seguí hasta que conseguí mi objetivo”, dice con orgullo esta estudiante de Educación Infantil mientras se atusa el uniforme. “Hoy somos siete mujeres en la banda, y llegamos hace poco”, añade Cristina Castaño. Hace justo tres años que acompañan a sus compañeros en la banda ‘grande’. Tras la escuela musical, se pasa a la banda de San Juan Evangelista y ya después a ‘la de los mayores’. Cada vez hay más demanda. Julio Vera explica que no hay discriminación en la entrada pero que luego se elige a quienes más progresan.

Recuerdo de un componente fallecido en el interior de la gorra de su compañero. (Juan Bezos)
Recuerdo de un componente fallecido en el interior de la gorra de su compañero. (Juan Bezos)

Del 11-S a 2019

Tras la Semana Santa, vendrán los pasos de gloria, el Corpus, las fiestas de los pueblos, los viajes a Huelva, Cádiz, Málaga, los conciertos, certámenes... Un no parar hasta agosto. Se cobra por evento, pero nadie desvela las cantidades. Aquí no se habla de precios. Eso sí, todos coinciden en que no se puede vivir solo de esto. “Quizá los directores musicales, que ahora están siendo reclamados desde muchos puntos de España y viajan a otras comunidades a formar a sus bandas”, apunta uno de los músicos. “Te aseguro que de esto solo no se vive”, sostiene Julio Vera. Él fue de los miembros de la banda que estaban en Nueva York cuando el atentado del 11-S. Aquella noche estrenaron en Broadway ‘Carmen’, del dramaturgo andaluz Salvador Távora. La banda puso música para aliviar la tragedia.

Álvaro Rodríguez, director de la banda. (J. Bezos)
Álvaro Rodríguez, director de la banda. (J. Bezos)

“Este es un veneno que no tiene cura ninguna”, bromea Álvaro Rodríguez, que lleva 23 años y da las últimas instrucciones. Él admite que ya no sabe vivir la Semana Santa desde fuera. “A nosotros nos sueltan en la calle ahora y ya no sabemos ni por dónde van los pasos”, bromea. Fernando Povedano suma 31 años desde que lo “fichó el tito Julio”. “Esto es una forma de vivir. Somos una familia. Aquí están mis amigos. Vamos juntos a la Feria, al Rocío”, cuenta. Su mujer está con sus mellizos de tres meses en la playa y no llegará hasta el jueves, para que sus hijos estrenen traje de monaguillo en la Esperanza de Triana. Él es comercial y esta semana se la pide de vacaciones para cumplir con su otra obligación-devoción.

Al voltearse la gorra de Fernando, aparece en una fotografía junto a Miguel Ángel Ruiz, cuando ambos eran mucho más jóvenes. “Es un amigo que entró conmigo en la banda y falleció muy joven. Le entró leucemia cuando estaba en la mili”, cuenta. Siempre le acompaña. No es el único que ha convertido el interior de la gorra en un pequeño altar donde se guardan los secretos más dolorosos, los agradecimientos más emocionados y los homenajes más íntimos.

Repartiendo los turnos antes de la salida. (Juan Bezos)
Repartiendo los turnos antes de la salida. (Juan Bezos)

"Cómo suena Triana"

Los músicos apuran los pitillos. Uno de ellos pasa con un móvil donde una ‘app’ mide la afinación de los instrumentos. Un grupito comenta sobre 'Juego de tronos', porque uno de los que conversan ya ha visto el primer capítulo de la nueva temporada. “No digas nada, no digas nada”, dice otro temiendo el maldito ‘spoiler’. La partitura que seguirá a la Marcha Real ya está a punto, a la altura de los ojos.

Servicio médico de la banda. (Juan Bezos)
Servicio médico de la banda. (Juan Bezos)

Con la cruz roja en el brazo, Isidro Domínguez se dirige a un músico que busca la sombra. Son casi las cuatro de la tarde y el sol abrasa el Martes Santo a la salida de La Candelaria. “Como profesional sanitario y como compañero, te lo digo, vete a casa, descansa, queda mucha semana por delante”, le dice a un hombre que bebe a pequeños sorbos de una botella de agua. Una medicación para el corazón le está jugando una mala pasada. Cuesta trabajo, pero logran convencerlo de que una retirada a tiempo no es ninguna derrota. Isidro está preparado. Atenderá lipotimias por calor y bajadas de tensión. Estará ahí cuando el cansancio haga mella y dispensará antiinflamatorios cuando las comisuras de los labios traten de boicotear el último solo de trompeta. Empiezan los compases. “Cómo suena Triana”, dice una señora desde el público. Los músicos la oyen pero disimulan el gozo. Están concentrados. Julio Vera da la última orden desde el pinganillo: “Tambor templado. Tírala ya”. Entre el público, un francés cierra los ojos para dejarse llevar por la música.

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