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Susana Díaz ultima el adelanto electoral bajo la sombra de su derrota en las primarias

Cuenta atrás en la comunidad. La presidenta de la Junta ha trasladado en su círculo más estrecho que en los próximos días despejará la incógnita

Foto: La presidenta de la Junta, Susana Díaz, el pasado 16 de septiembre en El Borge, Málaga. (EFE)
La presidenta de la Junta, Susana Díaz, el pasado 16 de septiembre en El Borge, Málaga. (EFE)

Cuenta atrás en Andalucía. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha trasladado en su círculo más estrecho que en los próximos días despejará la incógnita. O convoca elecciones el martes 9 de octubre, justo con 54 días de antelación como marca la LOREG, para que se celebren el 2 de diciembre, o aclara su intención de agotar la legislatura e ir a elecciones en febrero. Haga lo que haga, Andalucía lleva semanas en mitad de una frenética campaña electoral 'clandestina' protagonizada por todos los partidos. Díaz tiene además la ventaja de hacerla como presidenta desde el poder y su maquinaria electoral está más que bien engrasada.

La mayoría de quienes han recibido la llamada o la consulta de la presidenta sobre qué opinan han trasladado sin dudas a Díaz que debe adelantar. No hay nada que pueda ganar para mantener esta legislatura unos pocos meses más, señalan al unísono en su entorno. Las encuestas están a su favor. ¿Qué pesa a Díaz en tanta indecisión? "Cuando las primarias también teníamos todas las encuestas sin duda a favor nuestra", desliza alguien de su total confianza. La ceguera que tuvieron entonces les preocupa ahora.

Dejó pasar el 28 de octubre, que querían algunos dirigentes del PSOE andaluz por la simbología de la fecha (primera victoria de Felipe González). Dejó pasar el 18 y el 25 de noviembre. La dirigente de CCOO-A, Nuria López, fue de las que expresó que debería preservarse el Día contra la Violencia de Género, como ya habían señalado otras mujeres de la izquierda. Y queda el 2 de diciembre como posible opción. La Consejería de Justicia trabaja desde junio en cálculos y documentos para cumplir todos los preceptos legales en caso de adelanto. Serían las undécimas elecciones andaluzas desde 1982, todas excepto unas (2012) ganadas por el PSOE, con cinco mayorías absolutas y 36 años ininterrumpidos de gobierno.

Cruel derrota hace año y medio

Susana Díaz pregonó en su campaña de primarias, hace año y medio, que no le gustaba perder ni al parchís y que siempre sale a "ganar, ganar y ganar". De ella vendieron que nunca perdía elecciones. Frente a Pedro Sánchez, contra pronóstico, se enfrentó a una cruel derrota que ahora condiciona sus pasos. No solo porque es humano que un traspiés de esa envergadura acreciente el vértigo y el temor a errar de nuevo, sino también porque desde entonces no ha logrado recomponer relaciones con el secretario general del partido, y hoy presidente del Gobierno, y eso acrecienta la incertidumbre. El PSOE andaluz no cuenta con Ferraz ni se fía del 'Gobierno amigo'. Y es recíproco.

El PSOE andaluz no cuenta con Ferraz ni se fía del 'Gobierno amigo' y es recíproco

Según las reflexiones de diputados socialistas, miembros de su Gobierno o de su ejecutiva, a la presidenta de Andalucía le pesan dos asuntos más que el resto para convocar elecciones. Uno, que no quiere coincidir de ninguna manera con Sánchez en unas generales. "No podría soportar quedar de nuevo por debajo de Pedro (Sánchez) y eso puede ocurrir", dicen los 'sanchistas' en Andalucía. "Es importante que Andalucía recupere foco nacional y se hable de Andalucía en España", apunta un dirigente provincial. Dos, le preocupa que Cataluña eclipse el debate andaluz y sobre todo le atemoriza que su discurso sobre la unidad de España se empañe con los envites de PP y Cs, acusando al PSOE de ser "rehén" y "congraciarse" con los independentistas. "La imagen de Inés Arrimadas envuelta en la bandera de España le inquieta", resume un veterano socialista. La candidata catalana está volcada en la precampaña de su partido en Andalucía.

Encuestas a su favor

La decisión corresponde exclusivamente a Susana Díaz y lleva ya muchos meses dándole vueltas. Tardó cinco meses en anunciar que se presentaría a las primarias tres años después de anunciar que se quedaba en Andalucía. Ha tenido la habilidad de conseguir que la oposición le pida el adelanto a gritos y no necesita ni un relato para explicar por qué convoca. Tiene las encuestas, todas, a su favor. Su leyenda dice que tiene un gran olfato político y capacidad de controlar los tiempos como armas principales de su liderazgo. Sin embargo, pese a tanto argumento favorable, nada ha tenido que ver este camino hacia un adelanto electoral en Andalucía al que se recorrió en enero de 2015, cuando anunció la ruptura con IU que planeaba desde un mes antes.

Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)
Pedro Sánchez y Susana Díaz. (EFE)

El clima político no es el mismo y la rapidez con la que se suceden los acontecimientos políticos en España en los últimos meses, esa sensación de "volatilidad" o de "tiempos líquidos", como dicen desde el equipo de la presidenta andaluza, no ayuda nada. Cuando en junio Pedro Sánchez desbancó con una moción de censura al PP y se convirtió en presidente, ya los dirigentes del PSOE andaluz habían hecho cálculos sobre la conveniencia o no de celebrar ya elecciones en Andalucía. Argumentaban que en los anteriores comicios la cercanía en el tiempo con las municipales de mayo mantuvo en suspenso la investidura de Díaz durante 80 días, fruto de las cábalas de los partidos en clave electoral e incluso con ofertas de cambalaches de alcaldías por la investidura andaluza. Defendían que era conveniente distanciar las urnas.

Desde antes de la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, los socialistas andaluces ya calculaban que sería mejor adelantar las andaluzas

La llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa obligó a Susana Díaz a reinventarse. Ya no valía ejercer el poder en Andalucía y confrontar con Mariano Rajoy. Tampoco valía el blindaje del PSOE andaluz frente a Ferraz. La inestabilidad política desde entonces, la erosión del Gobierno central, la sucesión de polémicas y ministros caídos, dos en cien días, y, sobre todo, el polvorín en Cataluña provocó que Susana Díaz mandara parar y se cuidara mucho de dejar entrever un adelanto electoral. Dejó de presumir de la estabilidad política en su comunidad, pero insistió en que agotaría la legislatura. Achacó el adelanto a una invención de una oposición nerviosa. Poco a poco, sobre todo tras la ruptura de Ciudadanos del pacto de investidura con una sobreactuación digna de los Óscar, Díaz empezó a deslizar que mantendría la legislatura hasta que fuera imposible gobernar. Situó con habilidad la pelota en el tejado de enfrente y dejó claro una cosa, que es lo único que ha dicho sin medias tintas: quería elecciones en solitario, con "acento andaluz", sin coincidir con las generales.

En Andalucía se medirán los efectos de la inestabilidad política en la que lleva inmersa España muchos meses

El próximo 26 de octubre el Consejo de Ministros se celebrará en Sevilla. La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha ejercido de portavoz para asegurar que Sánchez no piensa en convocar para coincidir con las andaluzas, opción preferida por otros ministros como José Luis Ábalos y que estuvo sobrevolando en varios momentos. La comunicación entre Sánchez y Díaz es muy escueta, se limita a lo mínimo. El miércoles es posible que el consejero andaluz de Economía y Hacienda acuda al Ministerio estando ya en precampaña oficial. Allí reclamará más inversiones y compensaciones económicas para Andalucía, preocupado por las ambiciones de Cataluña y la vuelta a "una España a dos velocidades". Encontrarán, según fuentes del gabinete de Sánchez, "la mano tendida del Gobierno". Si Díaz convoca ya, Andalucía será el territorio donde se medirán los efectos de la vertiginosa etapa política en la que España lleva sumida largos meses.

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