falleció la semana pasada con otras tres personas

Ibrahim, 25 días en una patera: el senegalés que estudiaba Derecho y murió de hambre

Mohamed, su hermano, es albañil en Barcelona. Está en Melilla intentando expatriar el cadáver a su país. El fallecido viajaba en una balsa con amigos de la infancia

Foto: Llegada a Melilla de 35 inmigrantes, entre ellos un bebé, este pasado fin de semana. (EFE)
Llegada a Melilla de 35 inmigrantes, entre ellos un bebé, este pasado fin de semana. (EFE)

En un locutorio en la plaza Primero de Mayo de Melilla, junto a una cruz gigante, Mohamed estaba intentando contactar con Senegal. Mohamed, que vive en Barcelona y trabaja de albañil, llevaba la peor de las noticias para su familia. Ibrahim, su hermano, acababa de morir de inanición tras 25 días de travesía en una patera. Fue uno de los cuatro muertos que iban en una barca hinchable que Salvamento Marítimo rescató entre las Islas Chafarinas y Melilla.

Sara Ouchen, de 34 años, es periodista 'freelance'. En plena avalancha migratoria, Sara acoge en su casa a Mohamed hasta que consiga reunir el dinero suficiente (el traslado cuesta 9.000 euros) para expatriar el cadáver de su hermano y darle sepultura en su país. “Estaba con una actitud respetuosa, sin creerse lo que había pasado. Mostraba un aspecto de lo más normal, educado, limpio e incluso con una sonrisa en la cara intentando quitarle gravedad. A mi hermano y a mí nos sorprendió su naturalidad”, cuenta Sara en conversación telefónica con El Confidencial.

Ibrahim tenía 25 años y era estudiante de la Facultad de Derecho. Nada hacía presagiar que pagaría a unas mafias para enrolarse en una patera, con varios amigos de su infancia, rumbo a Europa, como avanzó 'El Faro de Melilla'. Nadie de su familia lo sabía. “Si lo hubiera sabido, no lo hubiera permitido”, cuenta Mohamed, que recibió la llamada de estos amigos supervivientes nada más estar a salvo tras sufrir una travesía muy larga, con temporales incluidos.

Trabajo duro y educación

Mohamed llegó a Barcelona en 2001 con un visado de trabajo en la mano. Sus padres siempre le dieron mucha importancia al trabajo duro y la educación. No paraban de repetirlo. Por eso no le encajaba que Ibrahim, siendo estudiante universitario junto a otro hermano menor, decidiera irse en patera en vez de esperar su momento y llegar a España con un contrato y ya graduado en Derecho. “Él tenía que haber llegado a Europa de otra manera”, resalta el operario de la construcción.

“Le vamos a acoger todo el tiempo que precise. Cuando se lo encontró mi hermano, junto al locutorio, le preguntó que qué iba a hacer. Estaba perdido y no sabía adónde dirigirse, ni dónde dormiría. Le dijimos que mientras estuviera aquí no le iba a faltar ni techo ni comida”, relata Sara, también musulmana. El viernes festejaron el fin de la fiesta del Ramadán. “No se trata de religión, sino de ofrecer ayuda solidaria, sin nada a cambio, para los que lo están pasando mal”.

Observa con gratitud el movimiento de pateras que llegan a Melilla y a las costas españolas, pero tiene muy claro que no merece la pena arriesgar la vida

La periodista narra que para acoger un inmigrante hay que tener “cuidado”. “No está en nuestra casa alguien ilegal. Tiene la residencia española y permiso de trabajo. A veces te implicas en historias como las de los refugiados sirios. Les veo muy cercanos. Proceden de una familia normal, trabajadora. Me siento identificada porque también son gente de bien y de repente están en la nada”. En Melilla (también en Ceuta) los CETI (centros de Estancia Temporal de Inmigrantes) se encuentan a más del 90% de ocupación.

Mohamed está a la espera de que el juez dé la orden para poder trasladar el cadáver a Senegal. Ayer reconoció el cuerpo. Y no ha contactado con la embajada de su país en Madrid. Él observa el movimiento de pateras que llegan a Melilla y a las costas españolas con mucha gratitud hacia el Gobierno español, pero por otro lado tiene muy claro que no merece la pena arriesgar la vida.

“En mi país muchos creen, como creería mi hermano, que en España la vida es fácil. Aquí también es muy dura, y una vez que has llegado al destino tienes que empezar desde abajo”, explica Mohamed. En Senegal esperan la esposa de Ibrahim y su niña de un año, rotas del dolor. Ibrahim soñaría con reunir a toda la familia en España, quizá también en Barcelona.

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