hablan las familias

21.000 denuncias por desapariciones al año y una queja común: faltan medios

Ayuntamientos y familiares de desaparecidos narran en un foro en Sevilla el desamparo que han sentido ante casos muy dolorosos y llaman a reforzar los dispositivos de búsqueda

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Cámaras que registraron imágenes que hubieran sido cruciales y se perdieron. Familias que conviven a pocos metros de quien creen que pudo ser el responsable de la desaparición de su madre y en cuya casa nadie ha entrado a hacer un registro. Gentes que como única respuesta, ante la pérdida de un ser querido, recibieron este mensaje: fue posiblemente un accidente, se los tragó la montaña o el mar e investigación cerrada, a otra cosa. Asúmanlo. O: su madre es demasiado mayor y estaba enferma, como única respuesta.

Oír a los familiares de los desaparecidos en España intranquiliza mucho. Hay unas 21.000 denuncias al año. Actualmente, 4.164 están activas. Los datos anteriores a 2010 no se computan, pero en total desde entonces hay 121.118 denuncias registradas. Atender el testimonio de los ayuntamientos también es preocupante. La falta de medios técnicos y humanos, la poca preparación y la falta de recursos de las administraciones y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, más allá de cuerpos de élite muy especializados y reconocidos, localizados la mayoría en Madrid, la falta de interlocución con los familiares... están entre las quejas comunes.

Foro en Sevilla

Sevilla acogió el Foro QSD, organizado por la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas, que dirige el periodista Paco Lobatón. De la mano de la Federación Andaluza de Municipios (FAMP), se creó la primera red de municipios sensibles frente a las desapariciones. Allí, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, destacó “los avances tecnológicos” y la buena coordinación en la búsqueda de desaparecidos. Puso en valor, desde el pasado junio, la creación del Centro Nacional de Desaparecidos. Un organismo que, tal y como explicó José Luis Araez, uno de sus integrantes, aún está en construcción y se dedicará a coordinar y analizar las informaciones, pero sin tareas de búsqueda.

Fuera de la oficialidad, la realidad es mucho más desoladora. El alcalde de A Pobra de Caramiñal, Xosé Lois Piñeiro, narró con franqueza cómo vivió la desaparición de Diana Quer. Cómo vivió perseguido cada día durante semanas por 20 cámaras de televisión, hizo declaraciones que ahora no repetiría, sintió que el pueblo salió mal parado del tratamiento informativo de este caso, se demonizó a gente y hasta tuvo que mediar para evitar enfrentamientos de los vecinos con los periodistas en la etapa final. “La gente los rechazaba”, contó, “hay que imaginarse cómo esto cambió la vida del pueblo de repente”.

El alcalde de la localidad gallega donde desapareció Diana Quer admitió su falta de formación y herramientas para ayudar a la familia y al pueblo

Admitió que no tenía conocimientos ni recursos para enfrentarse a un caso así y que solo sabía que no podía decir nada que dañara o entorpeciera la investigación. Pidió más formación para las administraciones locales en estos casos y brindó su experiencia. “A mí me llamaron para ofrecerme de todo, drones, ayuda desde Venezuela, pistas que yo que sé, de todo...”, contó Piñeiro. “Necesitamos formación, protocolos, ayuda, haría todo de forma diferente”, concluyó. “Ayudamos a las familias en todo lo que se puede, pero no tenemos herramientas”. Otros siete responsables municipales coincidieron con su vivencia.

Su madre tenía alzhéimer

Esta parte es dura, pero nada como el relato de las familias. La madre de Lucía y Beatriz García desapareció el 22 de octubre de 2016 entre las cuatro y las cuatro y media de la tarde. Todos los familiares dan con precisión las fechas. A partir de ahí, su vida cambió. Ocurrió en Turre (Almería), su madre, Lucía, tenía 78 años y principio de alzhéimer. Se sumaron a la asociación porque ya no sabían qué hacer. “Ella no podía estar cinco minutos sin mi padre”, narran. Saben que su madre es mayor pero no asumen que a los pocos días se dejara de buscar. “Aún no la pueden dar por muerta y queremos saber qué ha pasado”, dicen.

21.000 denuncias por desapariciones al año y una queja común: faltan medios

Isidro y Rosa perdieron a su hijo de 16 años en Córdoba hace tres años. Hoy, Paco Molina tendría 19. El hecho de que fuera menor dificultó mucho la búsqueda. Todo requería de una orden judicial. Hasta hablar con sus amigos o difundir su caso en redes. Ahora vuelven a estar esperanzados porque está en manos de la UDEV de la Policía Nacional en Madrid y eso ha dado un giro total al caso. “Hablan con nosotros casi todas las semanas. Podemos llamarlos en cualquier momento”, cuentan. Es lo primero positivo que pueden comunicar, asegura este matrimonio, tras muchos meses en los que se han sentido muy desvalidos. Hay testigos que sitúan a su hijo dos días después de su desaparición en la estación de autobuses de Córdoba y en Méndez Núñez, en Madrid, y nadie pidió las imágenes tomadas por las cámaras de seguridad. Cuando los investigadores preguntaron, se echaron las manos a la cabeza. Las imágenes se borran aproximadamente cada mes. Nadie preguntó para comprobar si era él o con quién viajaba. Hubiera sido determinante.

"Las familias de los desaparecidos estamos olvidadas del mundo", lamenta el padre de Paco Molina

Durante mucho tiempo, la policía de Córdoba pensó que se había ido por su propia voluntad y no echaron cuenta, dicen los padres de Paco. Él había pedido que le compraran una moto dos días antes de desaparecer y había comentado con su madre planes inmediatos para acabar sus estudios. No llevaba dinero. Ni ropa. Isidro y Rosa tienen otro hijo un año menor. “Aquí seguimos, sobreviviendo”, dice la madre. “Sin perder la esperanza”, añade. “Mi hijo era un niño bueno”. “Solo pediría que estemos atendidos. Las familias de los desaparecidos estamos olvidadas del mundo”, añade su marido.

En el mar o la montaña

Carmen Gómez perdió a su hermano, Juan Antonio, en la sierra de Mijas (Málaga) en julio de 2010. Era un experto montañero y salió sin documentación, ni móvil, ni GPS. Durante 14 años había estudiado cada palmo de esa sierra para escribir una guía. La montaña se lo tragó. La Guardia Civil hizo tres búsquedas. No hallaron nada. Su hermana se enteró en 2013 de que el caso se había cerrado un año antes. Nadie se lo comunicó. Tampoco que la familia podía personarse en la causa. No tuvieron ayuda, ni información ni un trato que consideren que era el merecido. En Mijas hay cinco desapariciones recientes. Entre ellas no han podido establecer ninguna conexión. “Todavía pienso que se pudo dar un golpe en la cabeza, tener daños cerebrales y andar por ahí perdido en cualquier rincón de Europa. Pudo ser un accidente, claro, pero no lo sabemos”, cuenta Carmen.

Remedios Cruz perdió a su hijo, Manuel Ríos, hace ocho años. Hoy tendría 37. Viajó a Málaga el 3 de noviembre de 2009 y la embarcación en la que iba con otros dos compañeros se la trago el mar. Los efectivos de Salvamento Marítimo vieron el barco bocabajo pero tuvieron que desviarse para repostar. “Nos dijeron desde Salvamento Marítimo que ese día a las ocho de la mañana vendría más ayuda, pero que habían entrado muchas pateras y en ese momento eran su prioridad”, narra Remedios. Acudió al defensor del Pueblo y al Ayuntamiento de Sevilla y le dijeron que no eran competentes. “Si Manuel hubiera sido hijo de alguien importante, no paran de buscar hasta encontrar los cuerpos. A mí me dijeron que se lo habrían comido los de abajo del mar”, añade.

"Si Manuel hubiera sido hijo de alguien importante, no paran de buscar hasta encontrar los cuerpos", dice Remedios, su madre

El más joven es José Antonio Menese. Tiene apenas 23 años. Justo este martes, mientras habla, cuenta que su madre, Francisca Cadenas, cumple 60 años. Desapareció el 9 de mayo. Su historia es increíble. Se perdió su pista apenas a 30 metros de su casa. Salió a acompañar a una pareja de amigos y a la hija de ambos al coche y le dijo a José Antonio que no se preparara la cena que ella se la hacía al volver. Nunca lo hizo. Se despidió de la pareja a la que acompañó en el coche y otro vecino fue el último que la vio antes de entrar en un pasaje que debía conducirla en pocos pasos a su domicilio. Su hijo se queja de que no reciben información, el equipo de personas desaparecidas de Badajoz solo habla con su hermano mediano.

Falta de información

Estuvieron tres días sin dejar de buscar. Tiene sus sospechas, pero la policía no las atiende. Creen que el responsable, por varios indicios, puede vivir a escasos metros de su casa. “Los investigadores son nefastos”, repite indignado. No hubo indicios criminales y a los pocos días se cerró la vía judicial. “Las declaraciones que hicieron a los medios personas cercanas que considerábamos amigos no eran verdad. Se inventaron la vida de mi madre”, lamenta. “Cualquier día va a pasar algo en ese pasaje”, prosigue José Antonio. Es lo que pasa, todos los familiares confiesan que cuando la policía o la Guardia Civil no actúan lo primero que se piensa es en tomarse la justicia por su mano. Emilia Chavero, la hermana de Manuela, desaparecida en Monesterio, y Ana María Herrero, la madre de Borja Lázaro, desaparecido en Colombia, también estremecieron con su historia.

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