ENTREVISTA CON EL CONFIDENCIAL

Josep Piqué alerta: “Corremos el riesgo de una confrontación civil en Cataluña”

El ex líder del PP catalán dice que Mas ha sido “el peor político en los últimos 100 años” y cree que hubo dejación de funciones de los Gobiernos centrales en Cataluña

Foto: Josep Piqué (Efe).
Josep Piqué (Efe).

Ex ministro de Asuntos Exteriores y de la Portavocía del Gobierno con José María Aznar. Josep Piqué habla tranquilo, pero no oculta que está alicaído. Piqué está en Málaga en el Foro España-Japón que él pilota como presidenta de la Fundación Consejo España-Japón. Atiende a El Confidencial en el hall del Gran Hotel Miramar, sede de este encuentro empresarial entre los dos países.

PREGUNTA. ¿Cómo valora la convulsa situación política?

RESPUESTA. Las cosas han llegado a unos límites insospechados probablemente porque nunca pudimos llegar a sospechar que iban a llegar tan lejos. Todos pensábamos que al final no iban a ser capaces de transgredir la legalidad, despreciar la Constitución, de dividir de esta manera a la sociedad catalana y de despreciar a las instituciones del autogobierno como el Parlament que ha dejado de ser un Parlament y empequeñecer y perjudicar a la ciudad de BCN, pero en cualquier caso el daño está hecho y mis sensaciones son malas. Me gustaría verlo de otra manera, pero es así. Va a costar mucho reconstruir eso, pero todos tenemos que hacer el esfuerzo para hacerlo y ojalá vuelva a la normalidad como antes, restablezcamos el orden constitucional y vuelva el sentido común.

P. Y con una sociedad catalana dividida por la mitad.

R. Los % son los de menos, 45-55- o 40-60, no lo sabemos, la división es evidente entre dos partes significativas de la sociedad catalana. Es una división transversal que atraviesa familias, grupos de amigos, compañeros de trabajo y ahora lo que hay que intentar es que esa división y desgarro no se conforme en una confrontación de carácter civil. Esperemos que no, pero corremos ya ese riesgo y los responsables son los que han logrado esa divisIón, que no son otros que los dirigentes separatistas.

P. ¿Puigdemont, la CUP o ERC?

R. No. Si hay que buscar a un responsable de todo situaría en primer término a Artur Mas, que probablemente es el peor político que ha dado Cataluña en los últimos 100 años.

P. ¿Se arrepiente de no haber dialogado más, de no haber convencido a los dirigentes del nacionalismo moderado catalán en su etapa de líder del PP de Cataluña?

R. Todos estamos de acuerdo en que ha faltado política. En el sentido de dar argumentos, contrarrestar los argumentos de los adversarios y transmitir una idea ilusionante de eso que llamamos España que es un proyecto compartido, que tiene que ser colectivo y compartible. Probablemente ha habido dejación a la hora de ‘vender’ ese proyecto en Cataluña. Más allá de que la expresión del concreta del separatismo vaya a salir derrotado de este envite lo cierto es que una parte muy importante de la sociedad catalana sigue pensando que la independencia es algo que puede ser positivo para ellos. Para eso hay que trabajar mucho y eso significa hacer política. Y en eso todos tenemos que hacer autocrítica.

P. ¿Quiénes?

R. No distinguiría entre un Gobierno u otro. El proceso que ellos llaman, entre comillas, de construcción nacional empezó hace casi 40 años, a principios de la década los ochenta y si hay algo en lo que nos tenemos que autocriticar es de no haber sido conscientes de lo que se estaba haciendo. El independentismo ha tenido una clara estrategia y no hemos sabido verlo.

P. ¿Con qué principales aliados ha contado a su juicio el proceso independentista?

R. Ha habido varias palancas. Una desde luego es el sistema educativo. También los medios de comunicación públicos y desde luego también los privados. No sólo TVE3 y Catalunya Radio, sino medios privados muy importantes.

P. ¿Se refiere a ‘La Vanguardia’?

R. A algunos medios del grupo Godó. Me refiero más a la radio y televisión, sobre todo a RAC1. En algunos momentos ha sido más radical que Catalunya Radio. La tercera palanca ha sido la aceptación de un progresivo oscurecimiento de la presencia del Estado, de la idea de España y de sus símbolos en Cataluña. Y también no haber contrarrestado esa especie de agravio permanente, muchas veces no concretado y basado en falsedades que ha ido transmitiendo la sociedad catalana y que en contra de toda evidencia era una sociedad maltratada y le convenía irse de España. Ahora se está viendo que solo con la hipótesis de una posible salida de Cataluña de España quien más sufre e l tejido económico y empresarial y la capacidad de generar riqueza y empleo

P. ¿Le hubiese venido bien a España y a Cataluña ministros de CIU en el Gobierno de España?

R. Una mayor participación catalana en la gobernación del Estado siempre hubiera sido deseable. Se le ofreció a CIU entrar en el Gobierno y fue CIU la que no quiso. Aquí las responsabilidades están bastantes compartidos, pero todo lo que suponga una mayor involucración de catalanes y de la sociedad catalana y sus expresiones en la sociedad civil ayudar a la gobernabilidad de España. Eso es algo que tenemos que aprender.

P. ¿Cómo se puede cambiar en estos momentos la imagen que empieza a dar Cataluña fuera de España como un territorio conflictivo, donde se van las empresas?

R. El propio independentismo ha fomentado esa imagen. Se ha magnificado hasta límites estrambóticos lo que sucedió el 1 de octubre. Esos famosos 900 heridos se transformaron en dos ingresos hospitalarios. Se ha mentido muchísimo. Tendríamos que darnos una vuelta por Europa para saber cómo actúa la Policía antes determinados acontecimientos. Se ha transmitido una imagen de Cataluña y Barcelona como lugares conflictivos y que pueden ser peligrosos desde el punto de vista de la seguridad y eso perjudica a la economía y la imagen internacional de Cataluña. Lo estamos viendo con una caída drástica de las reservas hoteleras, con una parálisis de las inversiones y con una gran inquietud entre las empresas ya instaladas en Cataluña de capital extranjero que piensan que lo mejor que pueden hacer para garantizar sus inversiones es trasladar su domicilio social fuera de Cataluña.

Todo eso es dramático. Después va a ser muy difícil de reconstruir. Los costes y los daños están ya hechos. Volver a cohesionar la sociedad catalana va a ser complicada y volver a reconstituir una institución democrática como tiene que ser el Parlament va a ser muy difícil. Volver a convertir a Barcelona en la ciudad de proyección internacional que siempre ha tenido, también. Y, aunque pueda parecer frívolo tampoco lo es tanto, va a costar mucho hacer del FC Barcelona el club universal que siempre ha sido.

P. ¿Se refiere a la utilización del FC Barcelona como una herramienta política?

Exacto. Todo es limitar y empequeñecer. Cuando se quiere hacer de Barcelona sólo la capital de un Estado independiente la hacemos pequeño y cuando se quiere convertir al Barça en el club nacional de un Estado independiente y deja de ser universal salimos perdiendo todos.

P. ¿Tiene algún mensaje de esperanza para solucionar la grave situación política?

R. Todo esto tiene una condición necesaria: hay que instaurar la ley y el respeto a las reglas del juego. Y desde esos parámetros todo se puede discutir. Hay que encontrar soluciones políticas a problemas políticos, pero no desde la imposición y la transgresión, sino desde la lealtad y el respeto a los demás. Hay una cosa básica: el futuro de Cataluña, que es el futuro de España, no lo pueden decidir sólo los catalanes, sino que tiene que ser una decisión que corresponde al conjunto de los españoles, como tenemos claro desde la Constitución de 1812 de Cádiz.

P. ¿Es partidario de organizar un referéndum en toda España para votar si Cataluña sigue o no en el Estado español?

R. Para toda España sería si hay que reformar las instituciones. Eso se puede debatir. No habría ningún problema. Las Constituciones están para ser reformadas. Todas las que han durado mucho, como la de Estados Unidos, se ha reformado en muchísimas ocasiones. Pero es importante retener otro dato: la Constitución de 1978 es la número 12 que tenemos los españoles desde 1812. Ninguna ha sido reformada porque todas han sido derogadas cuando cambiaba el escenario político. Eso ha sido así porque no eran Constituciones de consenso. La del 1978 ha sido la de única de gran consenso. Claro que se puede reformar y es bueno que se reforme porque las cosas son muy distintas ahora que hace 40 años y hay muchísimas cosas, como estas que estamos discutiendo en el Foro España-Japón, que eran completamente desconocidos, pero es muy importante que conservemos la necesidad de esos consensos básicos. Lo que no podemos hacer es reformar desde una perspectiva de parte. Hay que reformar, pero siempre y cuando no estemos al albur de cambios políticos coyunturales, sino con una Constitución que pueda ser duradera.

P. Insisto. ¿Tendrían entonces que votar los españoles si Cataluña debe seguir o no en España?

R. Eso lo decidirá la soberanía nacional a través de las Cortes. Si las Cortes llegara a plantearse que la soberanía pueda ser troceable, algo que yo ni creo ni deseo, pues efectivamente se les podría preguntar también a otras partes de España. Yo creo que esa opción no se va a presentar en ningún caso. Lo más razonable es que si queremos reformar las instituciones democráticas lo decidamos entre todos los españoles y si dentro de esa reformas puede haber un nuevo Estatut para Cataluña eso lo tendrán que aprobar los ciudadanos españoles en referéndum y no pasaría nada. Sería la tercera vez que lo harían en Democracia, ya lo han hecho en dos ocasiones anteriores.

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