crisis interna

Arenas y Cospedal vuelven a desafiarse en Sevilla a las puertas del congreso del PP

El líder regional, Juanma Moreno, logra ‘in extremis’ aplazar la guerra interna y pospone al congreso provincial del próximo invierno el pulso por la renovación del partido

Foto:  El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy (c), junto a la secretaria general, María Dolores de Cospedal (i), y el vicesecretario de Política Territorial, Javier Arenas. (EFE)
El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy (c), junto a la secretaria general, María Dolores de Cospedal (i), y el vicesecretario de Política Territorial, Javier Arenas. (EFE)

A Juan Manuel Moreno, líder del PP andaluz, no le han dejado disfrutar a gusto de su primera victoria en las urnas desde que llegó hace dos años y medio como ‘el heredero’ de Javier Arenas en Andalucía. Lejos de celebrar que el PP le ha doblado el pulso al PSOE de Susana Díaz, ganando por tres escaños el pasado 26-J, la crisis interna se ha exhibido con toda su plenitud semanas más tarde con Sevilla como epicentro. Tema tópico: si al presidente del PP andaluz, malagueño de cuna, le da auténticos quebraderos de cabeza una provincia, esa no podía ser otra que la sevillana.

En el último minuto, la dirección regional del PP ha logrado desactivar el comité ejecutivo extraordinario y urgente previsto la tarde de este miércoles. El cónclave convocado por el presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno, pretendía revocar las competencias de la número dos en funciones, Virginia Pérez, designada y amparada por el presidente del PP andaluz. Detrás de esta guerra civil, hay dos bandos y dos generales. De nuevo, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el vicesecretario nacional, Javier Arenas. Íntimos enemigos que vuelven a medir sus fuerzas en Andalucía a las puertas del congreso nacional que tiene que convocar Mariano Rajoy en cuanto consiga formar Gobierno.

Desde el 'dedazo' de Rajoy

Javier Arenas (d) y el presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno. (EFE)
Javier Arenas (d) y el presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno. (EFE)

En el lado del presidente del PP de Sevilla, Juan Bueno, se alinean pesos pesados como José Luis Sanz, Ricardo Tarno o Juan Ignacio Zoido. Este equipo fue el mismo que perdió en 2014 en el tiempo de descuento. Tenían cerrada la designación de José Luis Sanz, senador y alcalde de Tomares (Sevilla), para tomar las riendas del PP andaluz tras la marcha de Arenas y la presidencia interina de Zoido. Sanz era el elegido, quien tuvo el visto bueno y el apoyo de Cospedal hasta que en el último minuto el dedo de Rajoy, dicen que influenciado por Arenas y Soraya Saénz de Santamaría, se posó en Moreno Bonilla. Han pasado más de dos años desde aquello, pero de aquellos polvos, estos lodos.

El líder del PP de Sevilla se plantó este lunes con una convocatoria urgente del comité ejecutivo donde pretendía defenestrar a Virginia Pérez, que hace las veces de número dos, metida con calzador en la dirección sevillana por orden de Moreno Bonilla. Pérez es también número tres en el organigrama regional del partido, pero a nadie se le escapa que la misión que le había dado el presidente era meter en cintura al PP sevillano. Cuando la nombró, muchos la vieron como un topo, una especie de infiltrada del líder malagueño en una estructura donde el tándem Sanz y Zoido sigue mandando frente a un Javier Arenas que continúa mangoneando en esta provincia más que en ninguna otra.

Cospedal ha vuelto a equivocarse y no ha medido bien las fuerzas del bando al que ha dado amparo. Queda claro que Andalucía no es lo suyo

Cuando se planteó el cónclave interno de este miércoles, Bueno dejó claro que contaba con el plácet del PP en Génova. ¿De quién?, se preguntaron muchos. En concreto, de la secretaria general, María Dolores de Cospedal, a la que de nuevo convencieron de que “esta chica”, Virginia Pérez, “concejal de Gines”, un pueblo del Aljarafe sevillano, era irrelevante y no tenía peso interno en el partido. Posiblemente, Cospedal, que siempre ha tenido en el PP andaluz su piedra en el zapato, ese rincón del partido que ha sido incapaz de controlar y donde siempre ha terminado ganándole el pulso Arenas, vio una oportunidad en este lance y dio luz verde. La vertiginosa sucesión de movimientos internos en las últimas 48 horas dejó al descubierto que, una vez más, se equivocó.

De foto en foto

Al presidente del PP andaluz le disgustó profundamente ver cómo la fractura del PP sevillano conducía al partido a un callejón sin salida, con importantes consecuencias internas en un momento delicado. Mientras, en Madrid, Rajoy constata que va a tener más complicado de lo que quisiera formar Gobierno. No es el momento, insistían desde la calle San Fernando, sede de los populares andaluces. Enfrente, Bueno informó de que no había marcha atrás. Habían pasado meses de complicada convivencia interna.

El cabeza de lista del PP por Sevilla, Juan Ignacio Zoido (i), y el candidato al Senado, José Luis Sanz. (EFE)
El cabeza de lista del PP por Sevilla, Juan Ignacio Zoido (i), y el candidato al Senado, José Luis Sanz. (EFE)

Los afines a Virginia Pérez no paraban de mandar señales públicas abogando por la renovación. Desde una foto en la Feria de Sevilla a otra en el día del patrón San Fernando, enseñando músculo y dejando claro quiénes estaban en cada bando. Aunque Javier Arenas no ha aparecido en ninguna de las instantáneas, personas de su estricta confianza, como Patricia del Pozo o Macarena O’Neill, dejaban claro dónde se sitúa el ‘hiperlíder’ andaluz. Estaba, como él nunca ha negado, moviendo los hilos de la llamada “renovación” con la enviada de Moreno Bonilla y otros como el concejal Beltrán Pérez, llamado a tomar el testigo de candidato a la alcaldía si consiguen que Zoido se conforme con ser diputado en Cortes.

Pese a las peticiones de Moreno Bonilla, la cúpula del PP sevillano iba a por todas y no se mostraba dispuesta a dar marcha atrás. La campaña electoral había sido convulsa. El ambiente, según un dirigente del PP sevillano, era ya “insoportable”. Todo estaba pensado para unos resultados mediocres, o malos, a los que acostumbra un PP sevillano en la aldea gala socialista. Pero no. Ganó el PSOE de Susana Díaz en Sevilla, pero lo hizo por un ajustado margen que casi nadie esperaba. Aun así, decidieron seguir adelante, para disgusto del presidente del PP andaluz.

La petición de una votación secreta, apoyada por el 40% del PP sevillano, ha desinflado el envite orgánico

La bravura del equipo de Juan Bueno empezó a desinflarse cuando Pérez, que se siente mucho más fuerte internamente de lo que dicen sus rivales, pidió votación secreta. El 40% se sumó a esta petición, lo que puso a repasar las cuentas al equipo contrario. Esa posibilidad es la que ha llevado a desconvocar dos horas antes de su inicio el comité ejecutivo.

Con esa carta ha jugado la secretaria general del PP andaluz, Loles López, que ha asumido el arbitraje por orden de Moreno Bonilla, que siempre prefiere mantenerse en segundo plano, para disgusto de muchos en su partido. Rápidamente, el vicesecretario nacional, Javier Arenas, dejó escrito en su cuenta de Twitter: “La suspensión del comité del PP de Sevilla, muy positiva para la unidad del partido”. Muchos entendieron que era él quien había logrado pacificar y aplazar la guerra. El PP andaluz lo niega. Casi una hora más tarde, llegó el tuit de Moreno Bonilla: “Los intereses de los andaluces están por encima de los intereses de partido. Los políticos debemos ser ejemplo de unidad y diálogo”.

A las puertas de la batalla final

La guerra se ha aplazado hasta septiembre, cuando se pactarán cambios internos en el PP de Sevilla, aunque la verdadera batalla final se librará en el congreso provincial, que puede llegar antes de que acabe el año, si en septiembre hay Gobierno y Rajoy convoca, por fin, el congreso de la renovación del partido. En Sevilla, se han exhibido estos días los nervios y las tensiones que llevan los dos últimos años corroyendo al PP por dentro.

Por mucho que algunos abanderen la renovación, nuevo no hay nadie. Lo de Cospedal frente a Arenas es ya muy antiguo, y el de Olvera (Cádiz) le vuelve a dejar claro a la secretaria general que en Andalucía no tiene mando en plaza. Muchos en el partido piensan que quien de verdad tiene que ejercer con mano de hierro de una vez es Moreno Bonilla. Los suyos dicen que “no es su estilo” y que no actuará pidiendo cuentas ni cortando cabezas. De momento, al líder regional, en quien parece que no piensa nadie, le han cortado la digestión de su primera victoria frente a Susana Díaz. Y eso que le ha costado trabajo. 

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