arranca el debate en segunda vuelta

Susana Díaz, en su investidura: "Necesitamos un acuerdo de todos contra la corrupción"

El acercamiento de Ciudadanos y PSOE ha abierto el juego político y ha dado a Susana Díaz una nueva baza para tratar de conseguir su investidura en segunda vuelta.

Foto: El presidente del Parlamento andaluz, Juan Pablo Durán, con Teresa Rodríguez (EFE)
El presidente del Parlamento andaluz, Juan Pablo Durán, con Teresa Rodríguez (EFE)

La candidata socialista, Susana Díaz, se enfrenta desde la doce de la mañana a su discurso de investidura. Y desde el principio ha dejado claro cuáles son sus cartas para lograr los apoyos que precisa. "Necesitamos un acuerdo de todos contra la corrupción", expuso, apostando por un paquete normativo que elimine de raíz esta lacra de la vida andaluza. Entre las medidas planteadas, una ley de buen gobierno para los altos cargos, con un código ético, un duro régimen de incompatibilidades y un severo régimen sancionador.

También apostó por incluir la responsabilidad patrimonial de los políticos, y porque los cargos electos publiquen sus rentas y las de sus cónyuges. "Para que pueda haber oposición es imprescindible como condición previa que haya gobierno", arrancó Díaz. En esta línea, inistió en que "quién quiere ejercer la oposición ha de tener claro que para ejercer con tal cometido debe permitir que haya gobierno". Y zanjó: "De lo contrario, ni unos ni otros podremos dar cumplimiento al mandato de los ciudadanos y haríamos un flaco favor a nuestra tierra".

Durante su alocución, insitió en la necesidad de alcanzar un pacto "riguroso, autoexigente y que demuestre la unidad de todos los grupos por combatir la corrupción en todos los ámbitos de la vida pública hasta exterminarla". Entre las medidas propuestas, también apuntó la puesta en marcha de una Oficina de Prevención del Fraude y la Corrupción, así como la separación de cualquier cargo público, electo o designado que resulte imputado por corrupción política". 

El acercamiento de Ciudadanos y PSOE ha abierto el juego político y ha dado a Susana Díaz una nueva baza para tratar de conseguir su investidura en segunda vuelta. Descontado que todos los grupos de la oposición entregarán la papeleta del ‘no’, la clave es convencer a los 15 diputados de Podemos de una abstención. No sólo lo hará dando a entender que asume algunas de sus propuestas contra la banca y frente a los desahucios. Los socialistas planean una estrategia de presión política en los próximos días que se intensificará conforme se acerque el jueves, sesión en la que se votará en segunda ronda la investidura. La foto fija de Partido Popular y Podemos, instalados en el ‘no’, servirá a los socialistas para agitar el viejo fantasma de la pinza. En el seno del grupo parlamentario de Podemos siguen existiendo opiniones enfrentadas sobre qué estrategia es la más rentable para este partido.

La candidata socialista lleva días trabajando en su discurso de investidura junto a sus más estrechos colaboradores. Fuentes socialistas aseguran que incluirá propuestas suficientes para apuntalar la abstención de Ciudadanos y para sacar a Podemos de la indefinición. La aritmética parlamentaria señala que, si ambos grupos se abstienen, abren paso a Díaz antes de las municipales. PSOE y Ciudadanos tienen previsto firmar el miércoles con toda solemnidad un pacto anticorrupción con 22 medidas que permita al partido de Albert Rivera mover ficha. Hay pendiente además un acuerdo en materia económica y de lucha contra el paro al que se enganchará Ciudadanos para justificar la jugada política de su abstención.

Susana Díaz junto al líder de Ciudadanos, Juan Marín (Efe)
Susana Díaz junto al líder de Ciudadanos, Juan Marín (Efe)

 

Cualquier movimiento tiene consecuencias inmediatas para las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo. No sólo porque puede influir en el voto de los electores, sino también porque el tablero andaluz estrena un nuevo mapa político de alianzas y pactos en España. Ciudadanos parece casi convencido de que reforzará su imagen de partido útil y práctico arrancando a los socialistas un puñado de medidas concretas, sobre todo en el terreno de la lucha contra la corrupción. No se sabe cómo le saldrá. Tendrá que explicarlo muy bien porque la sombra de una alianza con el PSOE puede castigar duramente a un partido que capta votos, sobre todo, de los votantes desencantados del PP. Los populares andaluces se frotan las manos con este acercamiento y creen que les beneficia en las urnas, aunque si la alianza se extiende a los ayuntamientos podrían perder varias ciudades insignia. El PP se aferrará al ‘no’ en todas las votaciones. Ya se sabe que van a tensar la cuerda hasta las municipales, pero tienen la orden de Mariano Rajoy de no permitir unas segundas elecciones andaluzas.

Podemos no lo ve claro. Esperan la contraoferta del PSOE con las dos condiciones que han situado en la mesa. Exigen que se castigue a los bancos con que no frenen los desahucios utilizando como arma de presión las cuentas de la Junta. Los socialistas están dispuestos a asumir cláusulas sociales en los futuros contratos con la banca, pero no aceptarán la retirada unilateral e inmediata de los fondos públicos de las entidades bancarias que sigan desahuciando. No obstante, ambos partidos entienden que en este terreno hay posibilidad de acuerdo. La otra condición gira sobre los altos cargos, directivos  y asesores de la Junta y sus empresas públicas. Podemos reclama una drástica reducción y los socialistas se resisten.

La foto fija de Partido Popular y Podemos instalados en el ‘no’ servirá a los socialistas para agitar el viejo fantasma de la pinza

Al margen de las propuestas concretas, el PSOE tratará de arrastrar a Podemos junto a Ciudadanos hacia la abstención advirtiendo del alto coste político que puede tener para este partido aparecer “aislado” junto al PP votando no a la investidura. Se olvidan de que esa instantánea estará también Izquierda Unida, que con cinco diputados ha pasado de ser los socios de Gobierno a tener un papel irrelevante en la suma de votos. IU aún destila veneno por la ruptura del pacto en la Junta y asegura que no se moverá del ‘no’. Desde el PSOE insisten en que no hay otra alternativa de Gobierno, ningún otro grupo presenta candidato, y que solo cabe dejar paso a Susana Díaz o que PP y Podemos sumen sus votos para tratar de acceder a la presidencia de la Junta. Una opción que evidentemente es rechazada frontalmente por ambos partidos. “Ni ofrecen una alternativa ni dejan gobernar”, ese será el nuevo mantra de los socialistas. Para adornar su discurso recuperarán el fantasma de la pinza que PP e IU suscribieron en Andalucía entre 1994 y 1996 y que llevó a adelantar las elecciones autonómicas tras dos años de  bloqueo político. El PSOE salió triunfador en las urnas de esa estrategia. Este argumento será aderezado con llamadas a la responsabilidad por la situación económica y la necesidad de aprovechar los primeros atisbos de recuperación. En ese discurso, Díaz se ha hecho con el apoyo de la patronal, los sindicatos y la mayoría de colectivos sociales y económicos de Andalucía.

Podemos afronta el brete político en una situación interna complicada. Tras la marcha de Juan Carlos Monedero, se ha recrudecido el cisma entre las bases y la cúpula de Pablo Iglesias. En Andalucía, la secretaria general, Teresa Rodríguez, se aupó al poder tras un pacto con Iglesias pero siempre ha mantenido posiciones críticas y cercanas a las demandas de poder interno de los círculos. La corriente crítica en Andalucía, defensora de las bases, dejó claro su rechazo a la candidata socialista y exigieron que se consultara a los círculos sobre la votación final. Desde la dirección nacional de Iglesias, en una estrategia de reconversión hacia el centro y que trata de alejarse de las posiciones más radicales, se han mostrado más proclives a una abstención que permita reforzar su imagen de partido de gobierno. El PSOE conoce todas estas debilidades internas y trabajará para convencer a Podemos. Este partido también teme que Ciudadanos se anote tantos políticos que creen que les corresponde. Ha ocurrido con la retirada política de los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Ciudadanos y Podemos abrieron una carrera para apuntarse el punto. Este ha sido el momento más delicado para Susana Díaz. Ha tenido que maniobrar para empujar a sus antecesores a la inmolación pública. Un gesto que ha ahondado las brechas abiertas en el interior del PSOE.

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