el exconsejero de empleo declara hoy ante el supremo

Viera: el ungido por Chaves para llegar a la cima del PSOE sevillano

El ex consejero ante el Supremo tomó las riendas de la división más importante del PSOE andaluz obligado por la cúpula en una guerra fratricida. Años después, salió como entró

Foto: El exconsejero andaluz de empleo José Antonio Viera en una imagen de archivo (EFE)
El exconsejero andaluz de empleo José Antonio Viera en una imagen de archivo (EFE)

Comienza el paseíllo de aforados ante el Supremo. El primer imputado que declara hoy ante el Alto Tribunal es José Antonio Viera, exconsejero de la Junta de Andalucía. El próximo 9 de abril llegará el turno de Griñán; el 14 de abril comparecerá Manuel Chaves; el 16 de abril, Gaspar Zarrías, y el 21 de abril, Mar Moreno.

Sin embargo, no es la primera vez que el dirigente político pisa los tribunales. Viera ya estuvo imputado por prevaricación, malversación de caudales públicos y tráfico de influencias. Fue por una denuncia del Partido Popular, por la utilización de un edificio en Burguillos como sede del Partido Socialista. Año y medio después se archivó el caso por falta de indicios sólidos. Antes también fue apercibido por un juez por autorizar, como delegado de la Junta en Sevilla, el traslado de un cadáver desde el municipio sevillano de Sanlúcar la Mayor. Así se presentó Viera, hace ahora dos años y medio, ante la comisión de investigación de los ERE abierta en el Parlamento andaluz, donde hizo un alegato de su honradez similar al que hoy habrá hecho ante el juez del Tribunal Supremo. Pero sobre su defendida imagen de político sin mácula hace mucho tiempo que caen salpicaduras. “Empecé con honor en el año 1983 y terminaré con honor”, proclamó. Entró en política como concejal de un modesto pueblo sevillano, Tocina, y hoy es un diputado escondido en el Congreso, tapado por su propio grupo socialista, con cero intervenciones en la legislatura.

Ya en agosto de 2012 se quejó de que llevaba dos años señalado como “el ideólogo de todo un proceso para delinquir”. Hoy son ya cinco años, un lustro, en el punto de mira de la mayor trama corrupta destapada hasta la fecha en Andalucía. Es su primera oportunidad de responder ante el juez. En 2010 compareció ante la prensa avalado por actas notariales para alejarse de cualquier irregularidad en las ayudas sociolaborales. Ha llovido mucho. Las acusaciones contra Viera se han sucedido en los informes de la Guardia Civil y los autos de la juez Mercedes Alaya desde casi la primera fase de la instrucción. Apuntan a su “papel esencial” en el presunto fraude. Al principio encontró el respaldo expreso de su partido. Ahora nadie pone la mano en el fuego por su actuación en los ERE. Se revolvió. Advirtió que no iba a dejar su acta de diputado hasta que no fuera condenado. Aseguró que tenía el respaldo del actual secretario general, Pedro Sánchez, y obligó al líder socialista a desmentir sus palabras. Él siempre se ha sacudido responsabilidades hacia abajo, salpicando al organigrama de su consejería, y hacia arriba, asegurando que nunca fue avisado de irregularidades, dejando intencionadamente a los pies de los caballos a José Antonio Griñán, que sí recibió varios informes de la Intervención. Con él mantuvo una dura guerra política. Un pulso fratricida que acabó también de hacer añicos su estrecha relación con la actual presidenta de la Junta, Susana Díaz.

Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía (EFE)
Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía (EFE)

 

Viera ha entonado cada vez que ha podido todo un discurso victimista sobre su “indefensión” y el daño a su familia. Pero jamás ha renunciado a su acta de diputado, la misma que le permite comparecer como aforado ante el Supremo y no ante la juez Alaya, como hizo su sucesor en la Consejería de Empleo, Antonio Fernández, que conoció en primera persona durante meses la vida en la cárcel. Con él como viceconsejero en 2001, Viera firmó el famoso convenio que sacó las ayudas sociolaborales del control de la Consejería a manos de la empresa pública IFA, después a Agencia Idea. El diputado sevillano ha alegado que se trató de “buscar instrumentos rápidos, eficaces” para poder “combatir  el drama individual de miles de trabajadores que perdían su empleo”. Siempre ha defendido que los ERE era legales y que los intrusos se colaban en las pólizas tras recibir el aval de la Junta. Su director general, Francisco Javier Guerrero, de quien su chófer dijo que gastaban el dinero en cocaína y fiestas, fue uno de los principales imputados en la trama.

Pero la vinculación del ex consejero socialista no solo figura en su “papel esencial” en el convenio que, según la juez Alaya, permitió el desvío sistemático de fondos públicos. La clave está en la Sierra Norte de Sevilla, un área de su influencia política que recibió más de 50 millones de euros de ayudas sociolaborales frente a los 30 millones destinados al resto de Andalucía. Allí, en El Pedroso, el pueblo en el que Guerrero fue alcalde, tenía Viera una casa. En esa comarca medió, según la Guardia Civil, para que se adjudicarán subvenciones con criterios dudosos. En muchos casos, según uno de los últimos autos de la instructora Alaya, sin mediar ni siquiera solicitud y con una simple nota al margen: Viera. En los informes policiales han salido a la luz sus conexiones con dos conocidos empresarios de la zona, José Sayago y Enrique Rosendo, un tándem que se benefició de la mayoría de las ayudas bajo sospecha. En sus empresas trabajó la hija del diputado socialista, Sonia Viera. “Mi hija es un persona adulta, que vive independiente hace ya muchísimos años, y con la que yo no mantengo, no mantengo esa relación de un chico de 15 años o de 14 años que duerme o vive en tu casa”, alegó en la comisión de investigación sobre este punto. Todavía quedaba mucha información por trascender.

Viera tiene dos personajes públicos. El de antes y el de después de estallar el escándalo de los ERE. El primero dibuja a un hombre prudente que fue durante seis años delegado de la Junta en Sevilla antes de ser designado consejero de Empleo y Desarrollo Tecnológico en abril del año 2000. Lo fue hasta 2004. Fue su salto a la primera línea política. Había sido profesor de enseñanza Secundaria durante veinte años antes de entrar en política a mitad de los 80. Ocupó su primer cargo público en la Consejería de Educación.

Imagen de archivo de la juez Mercedes Alaya (Reuters)
Imagen de archivo de la juez Mercedes Alaya (Reuters)

 

Hizo una carrera lenta, de fondo y llegó a la cima del PSOE sevillano casi sin querer. Tras salir del Gobierno andaluz ocupó la delegación del Gobierno en Andalucía pero esa cómoda atalaya institucional solo le duró unos meses. El entonces secretario general del PSOE andaluz, Manuel Chaves, y su eterno número dos, Luis Pizarro, lo empujaron a tomar las riendas del partido en Sevilla. Se tuvo que enfrentar a un histórico del partido, José Caballos, que sigue aún en la órbita del poder en Andalucía. Caballos, entonces también portavoz parlamentario, osó en 2004 a levantar la voz y pedir más peso del PSOE sevillano en el partido que estrenaba un flamante José Luis Rodríguez Zapatero. Chaves lo castigó. Provocó un congreso fratricida entre Viera y Caballos. Hasta entonces, Viera había sido un destacado caballista. Arropado por todo el aparato, venció por la mínima.

De discreto político pasaba a ser un todopoderoso del PSOE. Lo fue ocho años. Convirtió a Susana Díaz en su mano derecha, su secretaria de Organización en Sevilla, cargo que la actual presidenta ocupó hasta 2010, cuando saltó a la sede regional. Después la historia se repetiría pero sería Díaz la que descabalgaría a Viera. Libraron una dura batalla interna. El caso ERE estaba ya detrás. Viera se negó a respaldar a Carme Chacón frente a Alfredo Pérez Rubalcaba, como impuso Griñán. La relación fue deteriorándose hasta que a un mes y medio de las autonómicas de 2012, dimitió y abrió a un debilitado presidente andaluz un gran boquete. Susana Díaz ocuparía su sitio al frente del todopoderoso PSOE sevillano.

Viera se declara “un político que está en el tramo final de su vida política”. Así se despidió en la comisión de investigación del Parlamento andaluz hace ya dos años y medio: “La política no es mala por sí: es una tarea noble. Quienes hacemos a veces el deterioro de la política somos los seres humanos con nuestros comportamientos demagógicos, que no nos llevan absolutamente a ningún sitio. Por eso reclamo hoy aquí un respeto”. El capítulo final posiblemente lo escriba el juez Alberto Jorge Barreiro.

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