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¿Es irreversible el deterioro de la política nacional?
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Antonio Casado

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¿Es irreversible el deterioro de la política nacional?

"Lo que desilusiona a los electores y hace que cunda el descrédito es la incoherencia ideológica, la omisión de respuestas y el incumplimiento de lo prometido" (Victoria Camps, 1996)

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en una sesión de control al Ejecutivo. (EFE/J.J. Guillén)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en una sesión de control al Ejecutivo. (EFE/J.J. Guillén)
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Les propongo una reflexión sobre dos noticias puntuales que, en mi opinión, hacen un poco más irrespirable el clima.

  1. En el juicio de las mascarillas, hoy escucharemos el "visto para sentencia" en boca del presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Andrés Martínez Arrieta. Es uno de varios procesos al corazón del sanchismo. Eso no ha hecho más que empezar. Lo último es la supuesta connivencia del PP (acusación popular) con el gran corruptor (Aldama) denunciada por el Gobierno, mientras al Gobierno lo denuncian por condicionar el escrito de acusación de la Fiscalía en el mismo caso.
  2. El Gobierno usa indebidamente los fondos europeos para pagar pensiones. La partida presupuestaria destinada a tal fin se había quedado pequeña después de tres prórrogas en los PGE. El Gobierno es "un coche sin gasolina", según decía el propio Sánchez con los papeles cambiados. Eso no le impide desmentirse a sí mismo y seguir aplazando la convocatoria de elecciones, incluso contra el parecer de su sindicato de socorristas.

Y ahora, cita de un libro y una propuesta de reflexión en torno al concepto de "entropía":

La cita: "La deslegitimación de los gobiernos no tiene su causa solo en las transgresiones de la ley sentenciadas por los jueces. Lo que desilusiona a los electores y hace que cunda el descrédito es la incoherencia ideológica, la omisión de respuestas y el incumplimiento de lo prometido" (Victoria Camps en ' El malestar de la vida pública', 1996).

La entropía: Si enfocamos solo la dimensión política de la tendencia al desorden, impulsada por la desvergüenza de los gobernantes y su alejamiento de los gobernados, entraremos en pánico por uno de sus efectos. El de la irreversibilidad. Lo hemos aprendido en los manuales de la Física, en relación con la segunda ley de la termodinámica. Incluso en los de la Filosofía, como tendencia al caos acrecentada por el paso del tiempo en cualquier sistema organizado.

Foto: deterioro-politico-psoe-miedo-oposicion-1hms Opinión

Es como la famosa analogía de la pasta de dientes fuera del tubo. Imposible volver a ponerla en su sitio. O la recomposición de un vaso de vidrio estampado contra el suelo. Más o menos eso es lo que pasa con la desmoralización del ciudadano y su desconfianza en unas instituciones colonizadas por el poder. ¿Cómo recuperarse de eso? ¿Cómo restablecer el orden malogrado?

Antes fue el caso Kitchen (derivada de Gürtel) y ahora es el de la organización criminal formada en torno al corruptor Aldama y el corrompido Ábalos. El tiempo presente los hace coincidir en su respectiva exposición judicial. Coinciden también en el uso de recursos públicos (fuerzas policiales, Fiscalía, poder inversor del Estado, etc.) para lucrativos fines privados o de partido.

Si no dejamos de patear el tablero, los esfuerzos exigibles para recomponerlo van a ser inútiles

Todo eso impacta en la percepción ciudadana de la clase política. El efecto lógico de esos y otros casos de inmoralidad se extiende a dos décadas de corrupción endosable tanto al partido que gobierna como al que puede gobernar. Ocurre cuando no se respetan los usos y costumbres de la democracia.

Y si no dejamos de patear el tablero del sistema asentado sobre las bases del consenso constitucional del 78, los esfuerzos exigibles para recomponerlo van a ser cada vez mayores. Hasta que ya sean inútiles. Hasta que el daño sea irreversible y la vocación de reordenarlo sea menos eficiente que la desplegada en su día para ponerlo en pie.

Creo que estamos en ese punto. El guerracivilismo de buenos y malos, los insultos de ida y vuelta, gobernar a espaldas del Parlamento, la separación de poderes atropellada a diario, el mal funcionamiento de los servicios públicos o la expresa renuncia a concertar políticas de Estado generan incertidumbre y degradación institucional, mientras se apodera de los ciudadanos la sensación de que nadie se ocupa de sus verdaderos problemas.

Les propongo una reflexión sobre dos noticias puntuales que, en mi opinión, hacen un poco más irrespirable el clima.

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