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La izquierda extrema y la derecha extrema echan humo
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Antonio Casado

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La izquierda extrema y la derecha extrema echan humo

El bipartidismo cotiza al alza tras la rebelión de Yolanda en el Gobierno de Sánchez y los chanchullos de Abascal en vísperas de su encamamiento con el PP.

Foto: Santiago Abascal, y la vicepresidenta Yolanda Díaz (EP/Eduardo Parra)
Santiago Abascal, y la vicepresidenta Yolanda Díaz (EP/Eduardo Parra)
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A los cinco ministros de Sumar les interesó más filtrar el portazo del viernes a Sánchez que el hecho mismo del portazo. Al final, el motín se sofocó por traslado a un decreto anticrisis condenado al fracaso en el telar parlamentario.

Teatro, puro teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro, como cantaba La Lupe. Lo llamamos "relato" (storytelling) y su finalidad no es otra que la de tunear la mente del votante, como nos enseña Christian Salmon. Un ejemplo: si la izquierda y la derecha extremas echan humo, pues viva el bipartidismo, que cotiza al alza tras las últimas elecciones autonómicas y el salseo de la temporada primavera-verano.

Con la rebelión de Yolanda y los chanchullos de Abascal, arden los grupos que acampan a la izquierda del PSOE. Y arde por dentro el único partido que, con inconfesables aspiraciones de partido único, acampa a la derecha del PP. Aquellos acusan el golpe de las urnas de Castilla y León (cero patatero). Y estos ya saben que se agotó la estrategia de seguir facturando en los sondeos sin entrar en las instituciones

Recapitulemos: Sumar teatraliza su necesidad de diferenciarse del PSOE en el mismo Gobierno. Lógico. Si la gente ignora que no son lo mismo, eso de "la izquierda a la izquierda del PSOE" se habrá perdido en la polvareda política y mediática del tiempo que falta para las elecciones generales. Entretanto, al otro lado de la barricada, Vox teatraliza su necesidad de diferenciarse de la "derechita cobarde" en vísperas de su encamamiento, mediante absurdas apelaciones de Abascal al bolchevismo de Sánchez y su sintonía con los ayatolás.

Foto: sanchez-muro-derecha-vox-1hms Opinión

A Vox le puede salir a cuenta arrejuntarse con el PP. En cambio, la izquierda extrema es una macedonia de difícil realineamiento (demasiados grupos, grupitos, subgrupos y subgrupitos), por mucho que Gabriel Rufián lo intente en su nueva imagen de españolista sobrevenido con ganas de hacer por la izquierda lo que por la derecha no pudieron hacer en el siglo pasado primero Cambó y más tarde Miguel Roca.

En todo caso, por distintas razones y con diferentes formas de afrontar las contrariedades, ambos ya le han visto las orejas al lobo. Tanto la izquierda extrema, que rota y decapitada anda a la busca de un autor para sus personajes, como la derecha extrema, a la que se le han visto las trampas en recientes y oscuros episodios de guerra fratricida en la propia organización.

Foto: unica-pregunta-que-le-queda-contestar-izquierda

Unos y otros tendrán que convivir el resto de la legislatura como las respectivas muletas del PSOE (sigue gobernando con Sumar) y del PP (dispuesto a gobernar con Abascal). Las elecciones generales pillarán a la izquierda republicana, plurinacional y antitaurina buscándose a sí misma. Y a Vox, cogobernando en varias comunidades autónomas. No es lo mismo.

Vox puede declinar con el tiempo, a sabiendas de estar llamado a ser muleta y no alternativa del PP.

Vox puede declinar con el tiempo, a sabiendas de estar llamado a ser muleta y no alternativa del PP. Pero su encamamiento con el partido de Feijóo, bajo compromiso de durabilidad (al menos dos PGE), como golpe de gracia al reinado de Sánchez en la Moncloa, siempre será más rentable que la fragmentación de la izquierda extrema, letal en circunscripciones electorales con pocos escaños a repartir.

A los cinco ministros de Sumar les interesó más filtrar el portazo del viernes a Sánchez que el hecho mismo del portazo. Al final, el motín se sofocó por traslado a un decreto anticrisis condenado al fracaso en el telar parlamentario.

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