Sánchez juega con dos cartas. Una, la irreductible fidelidad de ERC y Bildu para llegar a 2027. Y otra, el control del PSOE para cuando los electores le echen de la Moncloa
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Marcos Cebrián)
La Comunidad Autónoma de Aragón se convertirá este domingo, en el segundo de los cuatro aldabonazos diseñados por el Partido Popular de Núñez Feijóo (Extremadura que fue y los de Castilla y León y Andalucia que serán), con la indisimulada intención de acelerar la caída del sanchismo.
Otra cosa es que lo vaya a conseguir. Eso solo depende del sindicato de socorristas de Sánchez, que no está por la labor de anticipar la llegada de Feijóo al Palacio de la Moncloa por aquello del "malmenorismo".
El recuento de los votos aragoneses será una buena ocasión para que los finos analistas se pregunten por qué el todavía presidente del Gobierno puso la otra mejilla cuando el PP programó el encadenamiento de cuatro procesos electorales donde gobierna y donde seguirá gobernando, sin responder con una llamada a las urnas en toda España como una forma de evitar el hundimiento por entregas del PSOE compensando el castigo en unos territorios con un mejor resultado en otros.
Aunque cueste creerlo, Sánchez asumió las cuatro caídas de este calvario electoral programado por el PP con la esperanza de recomponer sus pactos de investidura durante el primer tramo del año 2026, incluida una eventual aprobación de los Presupuestos Generales y algunas medidas "progresistas" que movilizasen al desalentado votante del PSOE.
En esas sigue Sánchez, braceando a diario contra una realidad cada vez más adversa. Solo juega con dos cartas a su favor. Una, la irreductible fidelidad de ERC y Bildu para llegar a 2027. Y otra, el absurdo empeño en priorizar el control del PSOE para cuando los electores le echen de la Moncloa. De ahí el sacrificio de sus ministros en los territorios donde luego reinarán como jefes de la organización.
Atención pregunta:
¿Qué votante aragonés va a disociar a pie de urna las imágenes de Pedro Sánchez y Pilar Alegría?
Y falta lo peor: Andalucía, donde ha de comparecer la número dos del Gobierno y del partido. Basta saber que María Jesús Montero todavía espera un milagro que la exima de ir al matadero político en su propia tierra.
Los teólogos de la Moncloa creían que en estos trances pesarían las oportunistas medidas "sociales" del Gobierno. Como la subida de las pensiones, de especial impacto en Aragón, donde el 22,4 % de la población es mayor de 65 años (datos a 1 de enero de 2024). De ahí el amontonamiento en un decreto ómnibus que garantizase un "no" del PP para presentarlo en la campaña aragonesa como enemigo de los pensionistas. Esa pueril maniobra del PSOE solo habrá engañado al votante muy desinformado.
El domingo las miradas se fijarán en el subidón de Vox, un partido instalado en el crecimiento a coste cero. Es decir, sin posibilidad de ser evaluado como titular de tareas institucionales que le son ajenas. Planea la tendencia a presentarlo como el vencedor de la noche.
Está por ver si Vox correrá el riesgo de quemarse en los territorios antes de entrar en el Gobierno de la Nación
Menos lobos. Me parece acertada la alusión de Azcón a lo ocurrido con Podemos cuando pisó moqueta por todo lo alto después de crecer en las urnas casi sin esfuerzo. Se llama populismo (ora por la izquierda, ora por la derecha). Da votos, pero tiene fecha de caducidad.
Está por ver si Abascal correrá el riesgo de quemarse en los territorios antes de entrar en el Gobierno de la Nación. No podrá seguir predicando desde la barrera cuando todas las encuestas siguen cantando una sobradísima mayoría absoluta PP-Vox.
La Comunidad Autónoma de Aragón se convertirá este domingo, en el segundo de los cuatro aldabonazos diseñados por el Partido Popular de Núñez Feijóo (Extremadura que fue y los de Castilla y León y Andalucia que serán), con la indisimulada intención de acelerar la caída del sanchismo.