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Nietzsche, Borges y el bostezo de Sánchez
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Antonio Casado

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Nietzsche, Borges y el bostezo de Sánchez

La máquina del fango de la derecha política, judicial y mediática contra "el Gobierno más limpio de la historia" es su burladero frente a las cornadas de la realidad

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Eduardo Parra)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Europa Press/Eduardo Parra)
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Al todavía presidente del Gobierno siempre le quedará remitirse a Dios y la historia, como haría un dirigente con alma de tirano. Todo se andará. De momento, nada tan inspirador como el irónico bostezo de Sánchez. En vez de tirar piedras a la Luna, arremetió contra los periodistas descreídos del paraíso irrefutable que tiene a bien regalarnos. Viene a ser lo mismo.

Una metáfora perfecta de su alejamiento de la realidad. La que le permite decidir, tras consultar consigo mismo, que este Gobierno le sienta bien a España, aunque casi la mitad de los españoles (47,4%) tenga serias dificultades para llegar a fin de mes, según le recuerda Gabriel Rufián (ERC) al pedirle dos minutos de realidad fuera de su burbuja narcisista.

Como en El Aleph de Borges, todo aparece en el teatralizado bostezo de Sánchez. Ahí están sus mentiras, sus ataques de contrariedad porque ya ni sus socorristas le hacen la ola y su impotencia para sobreponerse a la credibilidad perdida.

Sus referencias a la máquina del fango ya no cuelan. Como supuesta conjura de la derecha política, judicial y mediática contra "el Gobierno más limpio de la historia", era su burladero frente a las cornadas de la realidad. Una mala hierba crecida en el huerto cerrado de la mismidad de Sánchez. Es absurdo endosar a una conspiración los tres hachazos que le han dejado malherido. Y los tres son de cosecha propia: corrupción, machismo y cainismo de última hora.

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El resto lo pone él mismo en su propia mismidad, donde arraigó el mantra de que "la mentira es la primera fuerza que mueve el mundo" (Jean-François Revel). Sánchez lo ha hecho suyo. "Hasta el punto de instalar la mentira en el corazón del Estado", oigo decir en distancia corta a una conocida figura de la judicatura. Pero los españoles le han tomado la medida.

Fue premonitoria la pregunta de Carlos Alsina en vísperas de las elecciones generales del 23 de julio de 2023, "¿Por qué nos ha mentido tanto?", pues lo peor estaba por llegar en el uso y abuso de semejante herramienta de apego al poder.

Sánchez ha hecho suyo el mantra de que "la mentira es la primera fuerza que mueve el mundo" (Jean-François Revel)

La renqueante pero todavía viva legislatura nos regala datos fehacientes de que Sánchez siguió mintiendo. Miente cuando sostiene públicamente que este es el Gobierno más limpio de la reciente historia democrática. Con sus apremios a la necesidad de "hacer algo" para huir del inmovilismo y frenar la escalada de la desvergüenza, porque "no somos iguales", sus socios le desmienten cuando dice que el Gobierno está más fuerte que nunca. Era mentira su proclamada aversión a entenderse con los enemigos del Estado. Es mentira que Ábalos y Cerdán fueran dos desconocidos para él. Era mentira su compromiso de traer a Puigdemont a España para ponerlo a disposición de la Justicia. Es mentira que los escándalos que le acorralan sean el resultado de una conspiración para matarle políticamente.

Y así sucesivamente. Así que nos motiva releer a Nietzsche cuando se explaya sobre la mentira como fuerza devastadora de las relaciones humanas. Y donde explica que lo más doloroso de una mentira no es el engaño, sino la pérdida de la confianza. Equivale a lo que llamamos pérdida de credibilidad de un dirigente político.

No es lo peor el hecho de haber mentido tantas veces. Lo peor es que, a partir de un determinado momento, ya no es creíble, diga lo que diga, anuncie lo que anuncie, prometa lo que prometa. Nietzsche lo expresó así: "No es que me hayas mentido, es que yo ya no puedo creerte"

Al todavía presidente del Gobierno siempre le quedará remitirse a Dios y la historia, como haría un dirigente con alma de tirano. Todo se andará. De momento, nada tan inspirador como el irónico bostezo de Sánchez. En vez de tirar piedras a la Luna, arremetió contra los periodistas descreídos del paraíso irrefutable que tiene a bien regalarnos. Viene a ser lo mismo.

Pedro Sánchez
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