Entre las bravatas de Trump, los zarpazos del oso ruso y el expansionismo israelí, la Europa dormilona ha normalizado el apagón del derecho internacional
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen (i), y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se abrazan al inicio de una sesión plenaria de la Cumbre de la OTAN en La Haya. (EFE/Jonas Roosens)
Cuando el mundo alcanza el pico más alto de conflictos bélicos desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Índice de Paz Global, el brazo armado de las democracias liberales se convierte en su brazo tonto. Treinta y dos tripulantes y un piloto borracho reunidos en La Haya para reírle las gracias a Donald Trump, a los mandos del avión con destino a no se sabe dónde.
"Ni yo mismo sé lo que voy a decidir", decía en vísperas de los recientes ataques a instalaciones nucleares de Irán. El mismo Irán de los ayatolas que Estados Unidos y Europa (Francia, Alemania y Reino Unido, básicamente) decidieron implantar hace cuarenta y cinco años como dique de contención a los partidos comunistas de aquel país, tras la revolución popular que acabó con el sha, Reza Pahlavi, en 1979.
Una mueca burlona de la historia, con la vaga esperanza de que aprendamos sus lecciones. Así de frágil es el trasfondo del conflicto en Oriente Próximo. Pero la cosa no para ahí. Si el régimen teocrático de Irán fue una criatura de EEUU frente al expansionismo soviético en plena Guerra Fría, Israel incubó el huevo de la serpiente de Hamás a finales de los años ochenta del siglo pasado confiando en que los nuevos palestinos crecidos en un ambiente religioso y asistencial desactivarían el nacionalismo de la OLP que lideraba Yasser Arafat.
Sabemos por las hemerotecas que el entonces presidente Carter y el francés Giscard d'Estaing forzaron la salida del sha, Reza Pahlavi, en enero de 1979, para alfombrar la llegada del imán Jomeini un mes después. Y que el responsable israelí en asuntos religiosos hasta 1994, Avner Cohen, confesó en una entrevista alWall Street Journal: "Hamás, a mi pesar, es una creación de Israel, fue un error enorme y estúpido".
Según Donald Trump, España es un problema para la OTAN, solo porque sus prioridades no coinciden con las de Pedro Sánchez
Ahora el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, traslada los apremios del más poderoso a que Europa se rasque el bolsillo ("esa será tu victoria", ha dicho al gran jefe) porque "el mundo se ha vuelto más peligroso". Lo es desde que Trump se ha puesto a los mandos para repetir los mismos errores. Treinta y tantos años después de consolidar a Hamás, Israel se afana en la explanación de Gaza a sangre y fuego dizque para eliminar esa organización, no solo su brazo terrorista. Y las noticias de bombardeos sobre instalaciones nucleares de Irán, a modo de videojuego para Trump ("¡¡guau, ha sido increíble!!"), nos llegan entre confusas declaraciones sobre el conflicto. Más cerca del abismo: bravatas de Trump, zarpazos del oso ruso, expansionismo israelí y papelón de una Europa dormilona que asume el ninguneo de la Casa Blanca y el apagón del derecho internacional.
Consecuencia del síndrome del piloto borracho y gritón -ora contra enemigos, ora contra amigos, y al revés- es la confusión, el desbarajuste y las decisiones inconsistentes, donde encaja hasta una extravagante candidatura al premio Nobel de la Paz.
Alba Sanz. La HayaEnrique Andrés PretelJuan Fernández-MirandaGráficos: Miguel Ángel Gavilanes
De esos efectos colaterales tampoco se libra España por cuenta de la negativa de Pedro Sánchez -absolutamente defendible, en mi opinión- de apostar por la diplomacia y no gastarse en cañones lo que ha de gastarse en mantequilla. Dice Trump que España se ha convertido en un problema para la OTAN porque sus prioridades no coinciden con las de Sánchez, pero nadie sabe de verdad si hay excepción española o no.
Es lo más parecido a un pulso con valor de apuesta sobre lo que le va a costar a nuestro país cubrir los objetivos que se le asignen en los próximos 10 años. Sánchez sostiene que bastará con gastarse el 2,1 % de su riqueza, mientras que Rutte está convencido de que tendrá que llegar al 3.5 %. Veremos cómo cursa esa apuesta en el comunicado de la cumbre, que conoceremos hoy mismo.
Cuando el mundo alcanza el pico más alto de conflictos bélicos desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Índice de Paz Global, el brazo armado de las democracias liberales se convierte en su brazo tonto. Treinta y dos tripulantes y un piloto borracho reunidos en La Haya para reírle las gracias a Donald Trump, a los mandos del avión con destino a no se sabe dónde.