En su discurso de ingreso en la R.A Europea de Doctores, explicó el periodista que "el Estado se confunde con el Gobierno, el Gobierno acepta complacido esa confusión y el resultado produce monstruos"
La ministra de Sanidad, Mónica García, quiere que las vacunas encajen en la aportación española al rearme europeo como "gasto militar". Sigue la senda de su jefa política, la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, que hace unos días rizaba el rizo con la sugerencia de que en el concepto de "seguridad", disociado de "defensa", se incluya la lucha contra situaciones de precariedad, exclusión social, hambre, pobreza, etc.
Así tratan en la Moncloa de desactivar a quienes nos rasgamos las vestiduras ante las fintas de un Gobierno que siempre sobrevive a sus amagos de implosión. El plan busca una "propuesta conjunta" que logre maquillar el desacuerdo en el corazón del Consejo de Ministros. Imaginación creativa en el lenguaje y en la contabilidad presupuestaria para eludir discursos belicistas. La idea es encajar los gastos militares en partidas que nada tienen que ver con los tanques, misiles, bombarderos, proyectiles, drones, previstos en el documento que se presentará a los veintisiete en la cumbre del jueves y viernes de la semana que viene.
La trampa es llamar de otro modo a las cosas para justificar el aumento de gastos en "seguridad y defensa" (hasta 2% del PIB antes del 2029). Pero mucho peor que ese juego de palabras es la mordaza al Parlamento en un contexto de desgaste institucional. Si las instituciones no funcionan como deben, el que se resiente es el Estado. Y el Estado no es Sánchez.
Sostiene Fernando Ónega en su discurso sobre "La agonía del Estado" (ingreso en la Real Academia Europea de Doctores) que "el Estado se confunde cada vez más con el Gobierno", que "el Gobierno acepta complacido esa confusión" y que "el resultado produce monstruos". Es de estricta aplicación al ninguneo del Parlamento como recurso de Sánchez para que el pacifismo de sus socios y aliados de izquierdas (Sumar, Podemos, ERC, Bildu y BNG) no le impida cumplir con la UE sin que sus costaleros lo dejen solo en una votación parlamentaria sobre el referido aumento del gasto militar.
Sánchez ningunea al Parlamento para que el pacifismo de sus socios le impida cumplir a la vez con ellos y con la UE
Si son aliados parlamentarios, lo lógico es que se retraten en el Parlamento, uno de los tres pilares básicos de ese Estado que Sánchez se empeña en confundir con el gobierno mediante la colonización de sus instituciones. Hasta el punto de que estas "acaban funcionando como si fueran terminales del poder ejecutivo", dijo Ónega en su discurso del jueves pasado en el histórico Paraninfo de la Universidad Complutense (calle San Bernardo).
Parece normal que Sánchez no quiera desairar a sus aliados pacifistas y, a la vez, hacer los deberes con la UE. Lo deshonesto es exigir para lograrlo la complicidad política y mediática del principal partido de la oposición mientras le niega a todas horas la condición de alternativa de poder ¿Con qué cara le pide al PP de Feijóo, después de ignorarle durante más de un año, que le ayude a impedir que los representantes del pueblo soberano debatan y voten sobre la aportación española al rearme europeo (unos 800.000 millones de euros en los próximos cuatro años) frente al expansionismo ruso?
Seguridad y defensa. Asunto de Estado donde los haya. En este caso, concertado por cesión de soberanía con la UE, a la que pertenecemos desde hace 39 años. Y precisamente la condición del presidente del Gobierno como figura encargada de dirigir la política exterior, la administración militar y la defensa del Estado (artículo 97 de la Constitución) es la coartada de Sánchez para ejercer su particular derecho a decidir y mantener a las Cortes Generales en ayunas de lo que está ocurriendo en furtivas negociaciones con el Reino Unido en el caso de Gibraltar, o con Marruecos en el de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
La ministra de Sanidad, Mónica García, quiere que las vacunas encajen en la aportación española al rearme europeo como "gasto militar". Sigue la senda de su jefa política, la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, que hace unos días rizaba el rizo con la sugerencia de que en el concepto de "seguridad", disociado de "defensa", se incluya la lucha contra situaciones de precariedad, exclusión social, hambre, pobreza, etc.